Iglesia Anglicana Del Buen Pastor
Testimonios

ESTO NOS CUENTA ALGUIEN QUE HIZO E.J.E.

Hola, yo soy Andy y quiero compartirte algunas cosas que me tocaron vivir.
Yo era una persona a la que consideraban como segura, firme y siempre de-cidida . Recuerdo que en una charla con amigos y amigas del secundario , intercambiábamos qué era lo que cada uno admiraba del otro y casi todos me dijeron que me veían como una persona segura de sí misma y con mucho autocontrol, que siempre sabía lo que quería. Sin embargo, esa era sólo una imagen. Una imagen que pretendía defender al Andy inseguro y dubitativo que había adentro y que no quería ser descubierto ni expuesto. Esa gran insegu-ridad que tenía era producida por la falta de respuestas satisfactorias a pre-guntas que me hacía y que me hago: ¿quién soy? ¿qué quiero? ¿para qué vine
a este mundo? ¿estamos solos en el universo? En busca de esas respuestas comencé a estudiar antropología. Duré 2 años y creí que el panorama comen-zaba a aclararse. Sin embargo las teorías y paradigmas no contestaban mis preguntas. Después estudié para profesor de educación física. Pero ni bien me recibí las dudas y las inseguridades empezaron a aflorar. Claro que para todos yo me seguía mostrando como una persona segura. Segura no sé de qué, ya que por dentro me sentía solo, en una cueva fría y oscura. Hace unos años atrás mi esposa y mi hermano comenzaron a ir a la iglesia a donde iban mis viejos. Empecé a ver que ellos sí tenían respuestas a las preguntas que yo me hacía. Sin embargo yo siempre creí que mis respuestas las encontraría en un sabio, erudito o filósofo, y no en Dios. Cada vez que alguien tocaba el tema de Dios
en mi casa, me encargaba de refutar y tirar abajo todos sus conceptos. Estaba tan engañado que hasta me convencía a mi mismo que lo lograba. Al poco tiempo me invitaron a hacer E.J.E. Al principio dije que no. Pero luego acepté
el desafío. Les dije que viviría el fin de semana sólo para tener datos y pruebas concretas para argumentar contra ellos y así poder seguir ocultando mis inseguridades. Yo ya había hecho varios campamentos con dinámicas de grupo y esas cosas, pero nunca había sentido lo que sentí esos dos días. Jesús me amaba sin que yo me lo mereciera. Mis preguntas comenzaban a encontrar respuestas en una persona que había dado su vida por mí, en una persona que tiene la verdad, el camino y la vida. Hoy esas inseguridades se han ido. Hoy sé quien soy: un hijo de Dios. Sé qué quiero: alabarlo de día y de noche. Sé que vine a este mundo para dar testimonio de la gloria de Dios. Y sé que no estoy solo, porque Jesús vive en mí y yo vivo en él.