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EL PLAN PUEBLA-PANAMÁ COMO REGULADOR DE LA MIGRACIÓN LABORAL CENTROAMERICANA Y DEL SUR-SURESTE DE MÉXICO.
Por:
Dr. Juan Manuel Sandoval Palacios
INTRODUCCIÓN.
Los acuerdos alcanzados durante la Tercera Cumbre de las
Américas (que reunió a 34 jefes de Estado y excluyó al de
Cuba) realizada en abril de 2001 en la Ciudad de Quebec, Canadá,
para la creación de un Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA) en el año 2005, son un paso importante del proyecto
hegemónico de los Estados Unidos de integración regional
hemisférica, no obstante que el gobierno de este país no
hubiera logrado que dicha fecha se adelantara dos años por la
oposición de Brasil y el condicionamiento de Venezuela; y no
obstante las importantes movilizaciones que las organizaciones de
los así llamados globalifóbicos realizaran en todo el
continente oponiéndose a este proyecto integrador, pero
principalmente en la mencionada ciudad canadiense, donde también
se llevó a cabo la Segunda Cumbre de los Pueblos de las
Américas convocada por la Alianza Social Continental (conformada
ésta durante abril de 1998 en la Ciudad de Santiago de Chile por
organizaciones sociales y sindicales de muchos países) para
discutir propuestas alternativas de integración.
El acelerado proceso de integración económica regional
promovido por Estados Unidos en las décadas de los1980s y
los1990s, como parte de su llamada Nueva Gran Estrategia, para
crear un bloque geoeconómico bajo su hegemonía, y hacer frente
a los otros dos bloques (Unión Europea encabezada por Alemania y
APEC con Japón a la cabeza) en la lucha por controlar los
mercados mundiales, logró crear un modelo de integración
subordinada con el Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN) puesto en vigor en enero de 1994 entre Estados
Unidos, México y Canadá. En la mencionada Tercera Cumbre se dio
un importante salto en la consolidación del TLCAN con la
norteamericanización de los mercados de energía (mediante una
carta de intención firmada entre los mandatarios Bush, Chrétien
y Fox), que pone a disposición de la reserva estratégica de
Estados Unidos los hidrocarburos mexicanos (petróleo y gas); y
de los mercados laborales (mediante acuerdos aún de palabra,
pero que ya se encuentran en negociación) disponiendo de la mano
de obra mexicana para los sectores canadiense y estadounidense,
mediante la ampliación de un Memorándum de entendimiento sobre
trabajadores agrícolas temporales para incluir el sector de
servicios; y el establecimiento de un programa de trabajadores
huéspedes, respectivamente.
A partir de la creación del TLCAN, México ha sido el principal
impulsor de este tipo de integración subordinada con
Centroamérica estableciendo tratados de libre comercio con Costa
Rica (1994), Nicaragua (1997) y más recientemente con los
países del llamado Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador
y Honduras), el cual fue aprobado por los gobiernos de estos
países y ratificado por sus respectivos congresos a fines de
2000, entrando en vigor a partir del primero de enero de 2001.
Estos tratados son una réplica del TLCAN, y aún se han
incorporado en ellos aspectos del malogrado Acuerdo Multilateral
de Inversiones (AMI), que fue un intento de las grandes
corporaciones para crear una "Constitución Mundial del
Capital". Actualmente el gobierno mexicano se encuentra
negociando tratados de libre comercio más con dos países
centroamericanos, Belice y Panamá; y con República Dominicana
en el Caribe.
Con estos tratados, que no son sólo de libre comercio sino de
inversiones y de derechos de propiedad intelectual, México ha
venido contribuyendo a crear un área completamente subordinada a
la economía estadounidense que busca aprovecharse de las
ventajas comparativas de la mano de obra barata y los recursos
naturales de la misma. Para ello el Plan Puebla-Panamá (PPP)
propuesto por el presidente Vicente Fox con el propósito de
integrar el sur-sureste de México con Centroamérica, lo que
trata es de crear las condiciones para tener acceso a los
recursos energéticos y de biodiversidad que existen ahí y que
las grandes corporaciones transnacionales estadounidenses buscan
rentabilizar; así como regular los flujos migratorios
centroamericanos y del sur-sureste de México canalizándolos
como mano de obra barata para las industrias maquiladoras, los
grandes proyectos de infraestructura e hidrológicos, silvícolas
y el sector servicios (turismo, comercio, etc) que se impulsarán
en la región; además de crear un puente entre América del
Norte y América del Sur para facilitar el desarrollo de ALCA.
La exclusión de derechos laborales y aspectos ambientales en los
tratados firmados por México con los países centroamericanos
(aspectos que se incorporaron, aunque de manera muy débil, en
sendos tratados de complementariedad laboral y ambiental al
TLCAN, gracias a la lucha de diversas organizaciones, partidos
políticos y congresistas de México, Estados Unidos y Canadá),
obedece a los intereses de las grandes corporaciones que ven en
dichos aspectos (laboral y ambiental) ventajas comparativas
regionales (mano de obra barata; recursos energéticos y de
biodiversidad, etc.) y por ende la posibilidad de una mayor
rentabilidad de los mismos
Así, la regulación del mercado laboral en el nivel regional
(América del Norte y Centroamérica) requiere de una mano de
obra barata, movible hacia Estados Unidos y Canadá, o dentro de
los propios territorios nacionales para ser empleada
principalmente en las industrias maquiladoras que se están
extendiendo por estos territorios. Pero esta regulación implica
la incorporación de unos trabajadores y la exclusión de otros
al mercado laboral norteamericano (léase Estados Unidos y
Canadá).
Desde las negociaciones del TLCAN, la migración laboral quedó
excluida del mismo, bajo el supuesto de que precisamente el libre
comercio sería la solución a largo plazo de la migración
mexicana, por el flujo de inversiones que generarían empleo, el
establecimiento de industrias maquiladoras en todo el país, y
los apoyos financieros internacionales para proyectos de
desarrollo en las zonas expulsoras de migrantes. Este falso
vínculo de libre comercio como solución a la migración laboral
es el modelo para excluir a ésta de todo tratado comercial
bilateral o multilateral en el Continente Americano. De esta
manera la mano de obra migrante queda sujeta a regulaciones
específicas para mantener el carácter de ventaja comparativa
regional por su bajo costo. Mediante diversos mecanismos, la mano
de obra migrante mexicana se ha ido incorporando a los mercados
laborales estadounidense (Holguín, 2000) y canadiense (Vanegas,
2001), a cambio de que el gobierno mexicano estableciera
controles estrictos en su frontera sur para excluir a la mano de
obra centroamericana y de otros países.
La problemática de la migración centroamericana indocumentada a
Estados Unidos, pasando por territorio mexicano ha sido enfocado
con políticas asistencialistas y desarrollistas preventivas (que
no generan empleos), pero principalmente restrictivas, para
cerrarles el paso a los migrantes centroamericanos a los mercados
laborales en Estados Unidos, Canadá y aun en el propio México,
excepto los ya establecidos de manera temporal en los dos
primeros países, o a los que laboran como jornaleros agrícolas
temporales en las fincas chiapanecas, y en otros servicios e
industrias (trabajo doméstico, comercio, construcción, etc)
pero en niveles muy locales, sin que esto signifique que estas
políticas hayan logrado detener completamente los flujos
migratorios, pero si los han hecho más difíciles para los
migrantes que tienen que recurrir a las redes de traficantes de
personas, actualmente vinculadas a las del narcotráfico,
tráfico de armas y otros.
Durante su campaña Vicente Fox planteó que daría prioridad a
la problemática de la migración indocumentada para encontrarle
soluciones. Y en una gira de tres días por Centroamérica en
septiembre de 2000, el entonces presidente electo Vicente Fox
planteó que no permitiría más abusos contra los migrantes de
esa región, para lo cual designaría un zar para la frontera
sur. En febrero de 2001 durante su encuentro con el presidente
estadounidense George Bush, ambos mandatarios acordaron
establecer mecanismos para negociar un nuevo acuerdo sobre
migración. Y a principios de abril se iniciaron las
negociaciones sobre tales acuerdos, proponiendo las autoridades
mexicanas establecer mayores controles sobre la migración
centroamericana a cambio de una mayor apertura para legalizar la
mano de obra mexicana que va a Estados Unidos o que ya se
encuentra en ese país.
Como se puede observar, de lo que se trata es de impulsar
mecanismos para regular el mercado laboral de América del Norte
utilizando la mano de obra barata de los mexicanos como ventaja
comparativa en el nivel regional (Canadá, Estados Unidos y
México principalmente vía las industrias maquiladoras éste
último), a cambio de establecer controles en la frontera sur
para regular el mercado laboral centroamericano de mano de obra
barata que sería empleada principalmente en las industrias
maquiladoras y otros proyectos productivos del Plan
Puebla-Panamá .
En este ensayo se trata de mostrar que la política migratoria
seguida por el actual régimen foxista, es una continuación de
la que llevó a cabo el presidente Carlos Salinas de Gortari,
bajo el supuesto de que el libre comercio sería la solución a
largo plazo de la misma, y dejando que Estados Unidos reforzara y
aún militarizara su frontera para impedir el paso de los
indocumentados, estableciendo medidas similares en nuestra
frontera sur. Esta política fue continuada por el presidente
Ernesto Zedillo para adecuar las regulaciones migratorias de
nuestro país a las estipuladas por el gobierno estadounidense,
constriñendo, por un lado el paso de migrantes centroamericanos
y de otros países por la frontera sur mexicana y penalizando el
tráfico de indocumentados en ambas fronteras; y, por otro lado,
facilitando aún más la entrada de personas calificadas de
acuerdo con el artículo XVI del TLCAN. Además se muestran los
esfuerzos, encabezados por el gobierno zedillista, de
regionalizar las políticas estadounidenses de inmigración a
través de un foro que se ha venido institucionalizando desde
1996 en la región de América del Norte, Centroamérica y el
Caribe, la Conferencia Regional de Migración; y las
negociaciones iniciadas en secreto para establecer un programa de
trabajadores huéspedes entre ambos países, lo cual ha sido
retomado por la administración foxista como uno de sus
principales instrumentos para legalizar la entrada de los
migrantes mexicanos que quieren ir a trabajar a la Unión
Americana, o de los que ya se encuentran ahí de manera
indocumentada.
2. LAS MIGRACIÓNES LABORALES Y EL LIBRE COMERCIO.
El gobierno mexicano, con Salinas de Gortari a la cabeza,
apostó, junto con el estadounidense, a que el problema
migratorio se solucionaría a largo plazo por los beneficios que
traería el Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN). De hecho, esta cuestión se definió desde antes de las
negociaciones del mismo, a partir de la aprobación en 1986 del
Acta de Reforma y Control de la Inmigración (IRCA 86) también
conocida como Ley Simpson- Rodino, por parte del Congreso
estadounidense, en la cual se estableció la creación de la
Comisión para el Estudio de la Migración Internacional y el
Desarrollo Económico Cooperativo. Esta Comisión, conformada por
12 miembros que fueron nombrados por los líderes del Congreso en
julio de 1987, debería, en consulta con los gobiernos de México
y otros países expulsores de mano de obra en el Hemisferio
Occidental, examinar las condiciones que contribuyeran a la
inmigración no autorizada a los Estados Unidos y debería
explorar programas de inversión y comercio recíproco mutuamente
benéficos para aliviar tales condiciones (véase, Section 601 of
the Immigration Reform and Control Act, 1986. Public Law 99-603,
November 6, 1986).
La Comisión se enfocó geográficamente en México,
Centroamérica y el Caribe -áreas de donde salen la mayor
cantidad de migrantes hacia Estados Unidos. Delegaciones de esta
Comisión visitaron México, Guatemala, El Salvador, Honduras,
Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Venezuela, la República
Dominicana, Haití, Barbados, Trinidad y Tobago, Canadá, Perú y
Puerto Rico donde se reunieron directamente con los jefes de
Estado y con altos funcionarios responsables para el desarrollo
económico y la migración; así como con responsables de
organizaciones académicas, empresariales, sindicales, religiosas
y otros grupos relevantes. Se establecieron actividades de
vinculación gubernamental de alto nivel.
La Comisión llevó a cabo entre los años de 1988 y 1990 una
serie de audiencias públicas en las cuales presentaron
testimonio decenas de funcionarios de gobierno, académicos,
religiosos, activistas de los derechos humanos de los inmigrantes
y refugiados, líderes comunitarios, y otros. Al mismo tiempo se
llevaron a cabo diversas investigaciones por parte de
especialistas de Estados Unidos, México, Centroamérica y el
Caribe, enfocados a responder a dos cuestiones planteadas como
objetivo de dicha comisión: a) las condiciones que contribuyeron
a la migración no autorizada de países del hemisferio
occidental a Estados Unidos; y, b) las iniciativas de desarrollo
económico que podrían ser tomadas de manera cooperativa para
aliviar las presiones que causan la emigración en los países
expulsores (Commission for the Study of International Migration
and Cooperative Economic Development, 1990a, b y c).
En México, de donde proviene el 75% de los migrantes
indocumentados, la Comisión trabajó muy estrechamente con el
Consejo Nacional de Población (CONAPO) -entidad
intersecretarial-, el cual fue designado por Miguel De La Madrid
para ser la contraparte oficial de los estudios realizados
conjuntamente en México, incluyendo la selección de
investigadores calificados (Consejo Nacional de Población,
1992). La investigación en otros países fue realizada por
académicos centroamericanos y del Caribe. También participaron
cuatro grandes centros universitarios estadounidenses.
La Comisión Ascencio, llamada así también por el apellido de
su presidente, se reunió con los presidentes Joaquín Balaguer
de la República Dominicana y con Carlos Salinas de Gortari de
México el 18 de abril y el 9 de mayo de 1990, respectivamente,
para discutir algunos de sus principales resultados. Esta
Comisión presentó su informe final el 6 de julio de 1990, en el
cual establece algunas recomendaciones que, según Diego
Ascencio, fueron bien recibidas por los gobiernos de los países
involucrados. Según este informe, después de las audiencias
domésticas y de las investigaciones se confirmaron dos
conclusiones fundamentales:
"1. Aunque hay otros factores importantes, la búsqueda de
oportunidades económicas es la motivación primaria de la mayor
parte de la migración no autorizada a Estados Unidos.
2. Mientras que el crecimiento económico para la creación de
empleos es la solución última para la reducción de estas
presiones migratorias, el proceso del desarrollo económico mismo
tiende a estimular la emigración, a corto y mediano plazos, al
levantar expectativas y facilitar la capacidad de la gente para
emigrar. El desarrollo y la disponibilidad de nuevos y mejores
trabajos en su país, sin embargo, es la única manera para
disminuir las presiones migratorias con el tiempo"
(Commission for the Study of International Migration and
Cooperative Economic Development, 1990a).
Estas conclusiones llevaron a la Comisión, según Ascencio, a
enfocarse en las medidas que los Estados Unidos y los países
expulsores podrían tomar cooperativamente para proveer empleos
en sus países de origen a los crecientes números de potenciales
migrantes no autorizados. El informe plantea recomendaciones que
"cuando sean tomadas conjuntamente por los Estados Unidos y
los países expulsores, contribuyan al crecimiento económico
mutuamente benéfico, disminuyendo por tanto el flujo migratorio
indocumentado con el tiempo". En este sentido, "La
Comisión está convencida que -al estimular el crecimiento
económico- un comercio expandido entre los países expulsores y
los Estados Unidos es el único remedio más efectivo para el
problema que le fue asignado estudiar." (ibid, p. 2)
Las recomendaciones de la Comisión se refieren fundamentalmente
a "impulsar una mayor integración económica de los países
expulsores a Estados Unidos a través del libre comercio",
ya que "lo más pronto que los países expulsores de
migrantes puedan mejorar sus economías, más corta será la
duración de las presiones para emigrar a los Estados
Unidos". Por lo tanto, "la política económica
estadounidense debería promover un sistema de comercio
abierto". Para ello, el informe de la Comisión sugiere la
integración económica regional, ya que
"el acceso mejorado a los mercados estadounidense y de otros
países desarrollados es la llave para el futuro económico del
área. Los Estados Unidos reconocieron esto en 1983 cuando fue
establecida la Iniciativa de la Cuenca del Caribe; en 1987,
cuando se negoció el Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones
entre Estados Unidos y México; y, en una escala mayor, en 1989,
cuando entró en vigor el Acuerdo de Libre Comercio entre Estados
Unidos y Canadá. México es un importante competidor en el
mercado mundial. Las economías más pequeñas de países
centroamericanos y caribeñas no tienen ese potencial. La
Comisión aboga fuertemente por su integración -y la de México-
en áreas más grandes de libre comercio." (Ibid) .
Aquí es donde se establece el puente entre libre comercio y
migración, éste como problema, aquél como solución. En esta
perspectiva, las recomendaciones apuntan sus baterías a una
mayor apertura económica y comercial, formalizándola por medio
de tratados:
"Los Estados Unidos deberían acelerar el desarrollo de un
área de libre comercio México-Estados Unidos, y alentar la
incorporación con Canadá a un área de libre comercio
norteamericana..
Estados Unidos debería examinar el efecto del libre comercio
norteamericano sobre el comercio de otros países del Hemisferio
Occidental para minimizar cualquier daño. Debería también
apoyar un libre comercio más amplio dentro del Hemisferio, pero
debería permitir que la iniciativa viniera de los países
interesados" (Ibid).
Se sugería ya, de esta manera, la urgente necesidad de crear el
Área de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN), y
continuar con el resto del continente para impulsar la creación
del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). De hecho, ya
para entonces, y como resultado de una reunión entre los
presidentes George Bush y Carlos Salinas de Gortari en junio de
1990 (un mes antes de la presentación del informe Ascencio), el
gobierno mexicano hizo claro su deseo de negociar un acuerdo de
libre comercio con los Estados Unidos, y se comenzaron los
preparativos para su negociación, a la que se incorporó poco
después el gobierno de Canadá. Cuatro años después, y a casi
un año de entrado en vigor el TLCAN, durante la llamada Cumbre
de las Américas realizada en Miami, Florida, el gobierno
estadounidense propuso a 33 jefes de Estado del continente (con
excepción de Cuba), y éstos la aceptaron, la creación de ALCA
para el año de 2005.
En esta perspectiva, resulta claro que al apostarle todo al TLCAN
el gobierno mexicano aceptó tácitamente las reglas del juego
impuestas unilateralmente por Estados Unidos en lo que respecta a
la migración, entre muchos otros factores. Ambos gobiernos
consideran que la liberalización económica y comercial de
nuestro país fijará, a largo plazo, a la mano de obra
migratoria en su propio territorio.
Se observa claramente cómo el proceso de integración regional y
el manejo de la problemática migratoria hoy en día por parte de
los regímenes gubernamentales de Estados Unidos y México en
estos países y en su entorno regional inmediato (Centroamérica
y El Caribe), se apegan estrechamente a las recomendaciones de la
Comisión Ascencio, cuyo informe muestra que se trataba más bien
de un plan del gobierno estadounidense para impulsar su
estrategia de integración regional, por lo cual los países
expulsores tendrían que avanzar más rápidamente en los
procesos de ajuste estructural, pasando completamente de un
modelo económico dominado por el Estado al modelo en el cual el
mercado juega el papel principal. En este sentido, el informe
planteaba que:
"Estados Unidos debería condicionar la ayuda bilateral a
los países expulsores para que éstos tomen los pasos necesarios
hacia el ajuste estructural. Similarmente, el apoyo
estadounidense para préstamos por parte de las instituciones
financieras internacionales debería estar basado sobre la
instrumentación de programas de ajuste satisfactorios. Se
deberían hacer esfuerzos para facilitar los costos de
transición en el sufrimiento humano.
Las políticas estadounidenses deberían complementar y no
frustrar los mecanismos de ajuste en los países expulsores de
migrantes. En términos prácticos esto significa, por ejemplo,
que un movimiento hacia la promoción de la exportación no
debería ser negado por barreras estadounidenses a las
importaciones." (ibid)
Y para avanzar más en esta transición sin posibilidades de dar
marcha atrás, el informe planteaba: "Los países expulsores
de migrantes deberían impulsar la modernización tecnológica
fortaleciendo y asegurando la protección de la propiedad
intelectual y removiendo los impedimentos existentes para la
inversión" (Ibid).
En este esquema, la fuerza laboral migratoria sería la reserva
laboral que necesitaría ser regulada para ser empleada en
cualquier parte donde el capital la requiriera, para lo cual
sería importante que mantuviera su carácter de ventaja
comparativa regional por su bajo costo tanto para la producción
como para su reproducción. Para aprovechar esta fuerza laboral
en los países expulsores, se proponía que: .
"Los Estados Unidos deberían apoyar las solicitudes de
fondos presentadas por México a las instituciones financieras
internacionales para mejorar la infraestructura en locaciones del
interior capaces de albergar actividades de las maquiladoras.
La Comisión urge a los dos gobiernos, y a los gobiernos de otros
países expulsores de migrantes, a estar vigilantes de la
protección de los derechos de los trabajadores y de los
estándares laborales en las maquiladoras y otras plantas
ensambladoras. (Esto debido al "éxito" que las
maquiladoras han tenido en México y la República Dominicana.
Para las economías más pequeñas centroamericanas y caribeñas,
las maquiladoras "ofrecen la oportunidad de un crecimiento
acelerado y el incremento de empleo").
Las instituciones financieras internacionales deberían dar
prioridad a proyectos de desarrollo que se enfoquen en el
crecimiento descentralizado en las regiones más pobres de
México.
(Debido a que las pequeñas empresas en los sectores formal e
informal son una gran fuerza en las economías de México,
Centroamérica y el Caribe) los organismos nacionales e
internacionales para el desarrollo deberían trabajar con los
gobiernos de los países expulsores para reducir los impedimentos
burocráticos y legales para el desarrollo de las pequeñas
empresas.
Los sectores empresariales privados locales e internacionales
deberían incrementar el apoyo para los programas de asistencia
para las pequeñas empresas. Se deberían buscar las vías para
una mayor participación de los bancos comerciales privados en el
financiamiento de pequeñas empresas, incluyendo aquellos que son
propiedad de las familias de los migrantes
Las inversiones individuales de los migrantes deberían ser
complementadas por otros recursos financieros de instituciones
oficiales y privadas, y vinculadas a programas de apoyos al
sector de pequeñas empresas. La AID debería tomar el liderazgo
en apoyar los mecanismos de cooperación para llevar a cabo este
objetivo" (Ibid).
Pero también era importante procurar que la población de estos
países disminuyera para evitar que siguieran fluyendo grandes
cantidades de migrantes hacia Estados Unidos. Para ello: "La
Comisión respalda el financiamiento continuo de los esfuerzos
voluntarios de planificación, incluyendo aquellos que promueven
la planificación familiar natural (
)".
Asimismo, se tendrían que promover mecanismos de control y
penalización de la migración indocumentada. Para ello:
"La Organización Internacional para las Migraciones (OIM)
debería jugar un mayor papel en las discusiones sobre migración
en el Hemisferio Occidental organizando reuniones y seminarios
con la participación de alto nivel de los gobiernos de Estados
Unidos y de América latina.
Los Estados Unidos deberían dar la más alta prioridad a la
cuestión de la migración no autorizada y buscar una mayor
cooperación de parte de los países expulsores respecto a
ciertas medidas de aplicación de la ley (por ejemplo, restringir
los círculos de tráfico de personas o las actividades con
documentos fraudulentos)." (Ibid)
En el caso específico de Centroamérica, si bien se proponían
medidas para la integración regional, como la revitalización
del Mercado Común Centroamericano (formado durante 1958-1963 por
Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, y que
fue la iniciativa de integración regional más exitosa en
América Latina en esa época), así como la integración de
estos países, y México, en áreas más grandes de comercio,
dicha región fue considerada por el informe de la Comisión
Ascencio como excepción para otorgarle asistencia financiera
directa: "Excepto para Centroamérica -donde más de dos
millones de personas fueron desarraigadas por los conflictos de
los 1980s- no proponemos directamente asistencia
financiera." (Ibid)
En este sentido el informe plantea:
"De los dos millones de personas en Centroamérica que
fueron desarraigados por el conflicto y la inestabilidad, casi un
tercio son desplazados dentro de su propio país. Los otros han
cruzado en países vecinos. Otros 500 000 a un millón han
emigrado a los Estados Unidos. La difícil situación de estos
migrantes y personas desplazadas posee uno de los desafíos más
difíciles que enfrentan los gobiernos centroamericanos y es uno
de los problemas políticos más volátiles relacionados al
proceso de paz. Estas personas han sido identificadas por los
gobiernos centroamericanos y la comunidad internacional como un
grupo prioritario para recibir asistencia.
Existe un creciente consenso internacional que programas
orientados al desarrollo, más que la asistencia humanitaria a
corto plazo, puede ofrecer un mejor tratamiento a las necesidades
de los refugiados y las personas desplazadas en Centroamérica.
Este es un cambio de enfoque necesario y bienvenido. Porque para
tener éxito, es esencial una mayor cooperación de los Estados
Unidos y otros donantes. " (Ibid)
Y como resoluciones el informe de la Comisión propone:
"-Estados Unidos debería apoyar el proceso adoptado por la
Conferencia Internacional sobre Refugiados Centroamericanos
patrocinado por las Naciones Unidas en Guatemala en mayo de 1989
y canalizar más fondos a través del Alto Comisionado para los
Refugiados (ACNUR), el Programa de Desarrollo de las Naciones
Unidas (PDUN) y otras organizaciones internacionales relevantes
que tratan con la migración y el desarrollo.
-De manera más importante, Estados Unidos, y ACNUR deberían
enfocar más atención y recursos a los esfuerzos de
repatriación y reintegración voluntarias, incluyendo la
asesoría y el establecimiento de mecanismos apropiados para
monitorear el bienestar y la seguridad de los retornados."
(Ibid)
Se buscaba, y se sigue buscando, que los centroamericanos dejaran
de fluir hacia Estados Unidos en las cantidades que lo hicieron
durante la segunda mitad de la década de los 1980s, y que
generó una "crisis" que los estadounidenses no estaban
dispuestos a que se repitiera.
3. DE LA "CRISIS DE LOS CENTROAMERICANOS" EN LA
FRONTERA MÉXICO-ESTADOS UNIDOS, AL "SELLAMIENTO" DE LA
FRONTERA MÉXICO-CENTROAMÉRICA.
La problemática de la migración laboral y de refugiados
centroamericanos a México y Estados Unidos tuvo sus antecedentes
a mediados de los 1980s. A principios de los 1980s, la política
militarista del presidente Ronald Reagan en Centroamérica
obligó a cientos de miles de personas a buscar refugio en
México y Estados Unidos, además de otros tantos a desplazarse a
otros países centroamericanos o a las zonas montañosas de sus
propios países. (Sandoval, 1993; The U.S.Committee for Refugees,
1991.)
Ante la eventualidad de una acción militar directa en
Centroamérica, en 1984 el gobierno de Reagan estuvo a punto de
poner en acción un plan elaborado en 1982 para suspender la
Constitución estadounidense y poner al país bajo la ley marcial
en caso de que se produjera una crisis nacional. Este plan
preveía la movilización de la Agencia Federal para Emergencias
(FEMA) y las unidades de defensa estatal (Guardia Nacional) para
localizar y arrestar a cerca de 400 mil indocumentados
centroamericanos en la Unión Americana. Fort Huachuca, en
Arizona, sería utilizado como punto de partida de esta
operación y habría 10 centros de detención donde serían
confinados los refugiados.
Esta intervención, sin embargo, no fue necesaria ya que en su
lugar se incrementó la ayuda militar a las fuerzas armadas de
esos países y a la Contra nicaragüense, lo que llevó a un
escalamiento en el flujo de migrantes que alcanzó su zenit
cuando el Procurador General Edwin Meese invitó a los
nicaragüenses a solicitar asilo político y a obtener permisos
de trabajo en 1987.
El hecho de que más de un millón de centroamericanos haya huido
al "Norte" en la década mencionada, es pues resultado
de la política económica (principalmente por el endeudamiento
excesivo) y de la política militarista e intervencionista
estadounidense. De acuerdo con cifras del censo de ese país,
para 1979 sólo 50, 000 salvadoreños indocumentados se
encontraban en esa nación. Para principios de la siguiente
década había ya un millón de ellos y centenas de miles de
guatemaltecos, nicaragüenses, hondureños y panameños. La
pobreza no puede explicar por sí sola el éxodo masivo, porque
ésta ha sido endémica y consistente en las décadas anteriores.
Sólo la violencia y la creciente represión conectada
directamente con la ayuda militar a la región, así como la
crítica situación económica provocada por la política
estadounidense, explican el inmenso flujo de refugiados.
Sólo que este inmenso flujo provocó una respuesta de alarma
estadounidense ante un fenómeno que consideraron como de riesgo
a su seguridad nacional, y que esa misma nación ayudó a crear,
la llamada "Crisis de los Centroamericanos". Esta
respuesta fue provocada principalmente debido a que la política
inmigratoria del vecino país del norte, combina, quizá más que
nunca, el prejuicio racial y étnico, la explotación laboral, la
alarma de la seguridad nacional y el intervencionismo económico
y militar, debido a diversos factores, entre los que destacan:
los mayores flujos de inmigrantes proceden actualmente de países
subdesarrollados, de gente "de color" (principalmente
de América Latina y del Sureste Asiático); y, esta población
está creciendo a una tasa más alta (por una combinación de los
índices de natalidad y de inmigración) que la población
blanca, anglosajona, la cual está envejeciendo y ve dicho
crecimiento como una amenaza a la cohesión cultural y social del
país, así como a la distribución actual del poder político.
Estos aspectos, entre otros más, han provocado en diversos
sectores de la población estadounidense actitudes racistas y
xenofóbicas que se expresan, en no pocos casos, en
hostigamiento, violencia física y asesinatos de los inmigrantes
(principalmente de los indocumentados y los refugiados), por
considerarlos culpables de diversos problemas económicos,
sociales y de otra índole que afectan a ese país.
Para enfrentar la "Crisis de los Centroamericanos" en
su frontera sur, el gobierno estadounidense estableció un plan
específico de contingencia denominado Plan de Intensificación
para la Frontera Sur (Enhancement Plan for the Southern Border)
(Immigration and Naturalization Service, 1989), el cual tenía su
justificación en un plan anterior, elaborado en 1986 por el
Servicio de Inmigración y Naturalización a solicitud del
Departamento de Justicia, y que se denominó Plan de Contingencia
contra Terroristas e Indeseables Extranjeros (Alien Terrorists
and Undesirables: A Contingency Plan) (Immigration and
Naturalization Service, 1986). A principios de 1989, con la
utilización de grandes centros de detención (verdaderos campos
de concentración) para la ubicación forzada de miles de
refugiados centroamericanos en el sur de Texas (lugar por donde
entraron a Estados Unidos la mayoría de éstos), se inició este
plan en contra de los refugiados, quienes solicitaban asilo
político en un intento desesperado por legalizar su situación
migratoria, aprovechando el resquicio abierto en 1987 para dar
asilo a los nicaragüenses que "huían" de los
sandinistas.
Se establecieron mecanismos expeditos de rechazo y deportación
inmediata -con muy pocas excepciones, sobretodo entre los
nicaragüenses-; y se reforzaron las medidas para impedir la
entrada a más refugiados, incrementando los números de agentes
de la Patrulla Fronteriza. De hecho, los refugiados se
enfrentaban, ya de entrada, con un grave problema al solicitar el
asilo político, puesto que el gobierno estadounidense sostenía
que la mayoría de los haitianos, centroamericanos y otros grupos
nacionales en Estados Unidos no son refugiados. El Departamento
de Justicia, del cual depende el Servicio de Inmigración y
Naturalización (SIN), planteaban que aquellos no eran personas
que huían de la devastación social y económica resultado de la
guerra y la persecución política, sino que simplemente eran
personas que buscaban un beneficio económico. Los refugiados
eran "trabajadores indocumentados" en la perspectiva
estadounidense, y como tales estaban sujetos a los efectos de las
leyes de inmigración de ese país como los otros indocumentados.
En su trato a los refugiados indocumentados, el gobierno
estadounidense violaba sus propias leyes y el Protocolo de las
Naciones Unidas para los Refugiados. El Acta de Refugiados de
1980 no se ha aplicado a los haitianos y a los centroamericanos.
Estos no fueron definidos colectivamente como refugiados y debido
a ello, su única posibilidad de socorro en el marco de la
legislación estadounidense de esa época era bajo la forma de
Asilo Político. Pero el asilo político era una vía muy
estrecha y cara para el alivio de los refugiados indocumentados.
Entonces, era casi imposible para los haitianos y
centroamericanos conseguir una estadía legal, y debían
permanecer en ese país de manera clandestina al igual que otros
centroamericanos indocumentados que siguen arribando a ese país,
cruzando por México.
Las leyes establecidas en 1991 para la protección temporal a
salvadoreños y guatemaltecos en los Estados Unidos (Temporal
Protection to Salvadoreans -TPS, y ABC para los guatemaltecos,
logradas por la lucha de organizaciones que defienden los
derechos de los refugiados en ese país) resolvieron de manera
perentoria un grave problema (Grossman, 1993), el cual vuelve a
agudizarse al término de su período, ya que la mayoría de los
que se acogieron a dichas leyes están expuestos a la
deportación en cualquier momento. Aunque recientemente, el
gobierno estadounidense otorgó más TPS para los salvadoreños
después de los sismos de principios de 2001 que afectaron a El
Salvador.
Por otro lado, la parte más importante del plan de contingencia
puesto a funcionar en febrero de 1989 contra los refugiados
centroamericanos, (y que aún sigue en marcha, inmerso en las
nuevas leyes de inmigración y en contra del terrorismo aprobadas
por el Congreso de ese país en 1996), se refiere a
"(
) e) incrementar los esfuerzos de 'inteligencia'
para determinar las fuentes de flujo 'ilegal', aislar los puntos
de estrangulamiento que puedan ser encontrados e identificar a
contrabandistas (de seres humanos) y facilitadores fraudulentos
que alientan la migración 'ilegal' a Estados Unidos".
(Ibid)
En esta perspectiva se consideró importante recolectar
información de 'inteligencia' en los países de donde provenían
los inmigrantes, actuando de manera conjunta con funcionarios de
diversas dependencias locales. Para ello, se enviaron equipos de
agentes del Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) y
otras dependencias estadounidenses a las ciudades de Guatemala y
Tecún Umán en el sur, y se pusieron en acción a otros agentes
ya ubicados en las ciudades de México y Monterrey, para
"determinarlas fuentes y rutas de migración, para que los
agentes de la Patrulla Fronteriza" pudieran ser colocados
apropiadamente. Los equipos de información de
"inteligencia" en Guatemala, Distrito Federal y
Monterrey, Nuevo león, deberían mantener esta actividad para
asegurar que el corredor móvil de la Patrulla Fronteriza y de
los recursos anti-contrabando fuera más efectivo.
Para "identificar los incentivos en los puntos de origen que
alientan la migración a Estados Unidos, incluyendo la
disponibilidad de visas de salida y fácil transportación a lo
largo de México", los equipos asignados deberían también
recolectar información de "inteligencia" en apoyo a
este objetivo. Además, la Oficina Distrital del SIN en la Ciudad
de México debería continuar el vínculo ya establecido con la
nueva directora de Servicios Migratorios de la Secretaría de
Gobernación de México, para manejar la cuestión de nacionales
de terceros países en tránsito por México hacia los Estados
Unidos.
Se trataba de "identificar a traficantes, facilitadores
fraudulentos y otras fuentes de corrupción que 'abusen' del
sistema"; "incapacitar a los violadores de la ley de
migración por medio de su detención y arresto"; e
"identificar las condiciones crónicas en los países
fuentes, que contribuyen a la emigración hacia el norte".
Para esto último, el Programa de Inteligencia del SIN
continuaría su vinculación con otras agencias estadounidenses,
particularmente la CIA, la DEA y el Departamento de Estado, para
monitorear los cambios en aquellas condiciones que impactan
mayormente en la emigración de los países expulsores.
Y aunque las autoridades mexicanas afirmaron que era falso que
México colaborara con el SIN para detener el flujo de
indocumentados, en tres memoranda fechados el 22 y 23 de febrero
de 1989, el Director Distrital del SIN en la Ciudad de México,
E.M. Trominsky, informaba a la Oficina de Operaciones Exteriores
del mismo SIN en Washington, D.C., acerca de las actividades de
sus equipos de "inteligencia" en diversas ciudades en
nuestro país y en Guatemala, con la colaboración de los
delegados de Servicios Migratorios de la Secretaría de
Gobernación de México, y con el conocimiento de la directora
general de esta dependencia en ese entonces, Susana Torres
Hernández, con la cual funcionarios del SIN se entrevistaron en
diversas ocasiones (Memoranda SIN-DF 22 y 23 II 89).
Además de la colaboración de estas autoridades migratorias en
dicho programa, otras fuerzas policiacas, particularmente la
Policía Judicial Federal y una sección especial de ésta en la
lucha antinarcóticos, comenzaron a participar en esta
estrategia, y actualmente lo hace también la militarizada
Policía Federal Preventiva, el Ejército y la Armada. Desde
entonces data la colaboración de las autoridades mexicanas con
las estadounidenses para detectar, detener y deportar a miles de
migrantes y refugiados centroamericanos y de otros países que
cruzan la frontera sur de México, en donde se aplican medidas
"MADE IN U.S.A." (Sandoval, 1996ª). Cientos de miles
de migrantes han sido detenidos y deportados de territorio
mexicano antes de llegar a puertos de entrada a los Estados
Unidos.
Y aún esta colaboración se da ya también en los propios
países centroamericanos. Por ejemplo, durante los meses de
septiembre y octubre de 2000, la Dirección General de Migración
de Guatemala instrumentó un proyecto piloto denominado plan
"Coyote 2000", cuyos objetivos eran: 1) capturar y
deportar a extranjeros indocumentados que permanecían sin
documentos en ese país; y 2) terminar con las bandas de
traficantes de seres humanos en el país y en la región, para lo
cual se requería de acciones coordinadas con los gobiernos
cercanos. De acuerdo con el director de Migración de Guatemala,
Luis Mendizábal, el plan operativo contó con el apoyo de los
gobiernos de El Salvador, Honduras, Panamá y México, pero el
"principal soporte" del programa provino de la embajada
de Estados Unidos, la cual cubrió los fondos económicos de
dicho plan.
Mendizábal señaló que debido a la posición geográfica de
Guatemala, los traficantes ven a este país como ideal para
introducir a los indocumentados, quienes deben luego viajar a
México y de ahí tratar de penetrar en territorio
estadounidense. Señaló que hasta ese momento fueron detectadas
cinco bandas de traficantes, de las cuales dos operan en la zona
fronteriza con México y las otras en la parte norte de México.
Explicó que la zona fronteriza de Guatemala con México, en
especial Tecún Umán, ha experimentado un fuerte repunte de
violencia delincuencial y prostitución debido a que esa ciudad
llega la mayoría de extranjeros que son deportados desde
México. En dos semanas de acciones del Plan Coyote se capturó a
más de 1000 indocumentados, los cuales fueron deportados a sus
respectivos países. La mayoría eran salvadoreños, hondureños,
peruanos, ecuatorianos, nicaragüenses, colombianos e incluso
paquistaníes. (Shetemul, 2000).
Este plan se inscribe en las estrategias de lucha contra el
tráfico de personas que son parte de los acuerdos de la
Conferencia Regional de Migración, que se instauró en marzo de
1996 cuando, a instancias del gobierno mexicano, se llevó a cabo
la primera Conferencia en la Ciudad de Puebla, México, con la
participación de 10 países que incluyen Canadá, Estados
Unidos, México y las naciones de Centroamérica. Los gobiernos
participantes emitieron un COMUNICADO CONJUNTO, en el cual entre
otras cuestiones se planteaba que:
"(...) Los gobiernos reconocieron que los orígenes,
manifestaciones y efectos de la migración incluyendo refugiados,
son temas importantes en la agenda de la comunidad internacional.
En términos generales la migración es un fenómeno benéfico
con ventajas potenciales tanto para los países de origen como
para los países de destino; sin embargo, y para que estos
beneficios se concreten, es esencial que la migración sea
ordenada.
(...) los gobiernos destacaron la necesidad de cooperar
recíprocamente para promover el crecimiento económico y el
empleo, con el fin de reducir los niveles de pobreza.
(...) reconocieron la necesidad de promover la cooperación
regional dirigida a atenuar aquellos factores estructurales que
motivan la migración en la región, sin prejuicio de los
programas de cooperación bilateral.
Los gobiernos reconocieron el derecho soberano e interés
legítimo de cada país para salvaguardar sus fronteras y aplicar
sus leyes migratorias, observando siempre un estricto respeto a
los derechos humanos de los migrantes, tal como se definen en la
Declaración Universal sobre Derechos Humanos de 1948, y otros
instrumentos internacionales pertinentes, independientemente de
su nacionalidad, raza, edad, religión, sexo o condición
migratoria".
Y, entre los acuerdos, se planteaba:
"1.- Impulsar el desarrollo y adopción de un enfoque
integral, objetivo y de largo plazo sobre el fenómeno
migratorio, que atienda de manera efectiva tanto a sus causas
como sus manifestaciones.
(...) 3.- Promover el desarrollo económico y social de la
región mediante el fomento al comercio y a las inversiones
productivas, así como la instrumentación de políticas
económicas y sociales como elementos que, a la par de la
cooperación internacional, puedan contribuir a la atención de
algunas de las causas de la migración.
4.- Reconocer que la migración puede hacer una contribución
económica y cultural positiva tanto a los países de origen como
de destino.
(
) 9.- Alentar a los Estados de la región, y en particular
aquellos con fronteras comunes, a promover mecanismos de consulta
sobre asuntos migratorios y de protección de los derechos
humanos de los migrantes (...)
10.- Promover en los foros apropiados el intercambio de
información y experiencias en asuntos laborales de la
migración.
(
) 12.- Establecer un intercambio de legislaciones y
procedimientos migratorios como recursos para el uso de los
países de la región en el análisis, revisión y mejoramiento
de leyes y procedimientos migratorios.
(
) 14.- Con pleno respeto a la soberanía nacional y
jurisdicción territorial de cada país, y en el marco de los
arreglos jurídicos establecidos con otros Estados coordinar
esfuerzos para combatir a las organizaciones criminales dedicadas
al tráfico de migrantes. Con este fin, los gobiernos se
comprometen al intercambio de información oportuna de manera que
se brinde a los países de la región la posibilidad de adoptar
acciones apropiadas para combatir las redes y conexiones de
traficantes de migrantes; e intercambiar datos adicionales para
la prevención y detención de estas organizaciones delictivas.
15.- Promover el establecimiento en las legislaciones nacionales
de los Estados que no la tienen, la tipificación penal de la
actividad de traficar con migrantes, con el fin de contribuir a
la erradicación de las organizaciones de traficantes que operan
en la región.
(...) 17.- Ampliar la cooperación regional en materia de
asistencia técnica y capacitación para perfeccionar los
sistemas nacionales de investigación, manejo de pruebas y
enjuiciamiento de los traficantes de migrantes.
18.- Fomentar el intercambio de experiencias sobre el fenómeno
migratorio en los foros multilaterales adecuados y, cuando sea
apropiado, impulsar las consultas con los organismos
internacionales pertinentes.
19.- Celebrar consultas periódicas entre los países de la
región con el fin de impulsar la cooperación respecto a temas
específicos relacionados con la migración. En este sentido,
entre otros, propiciar reuniones de Directores de Migración,
tomando como experiencia la labor realizada por la Comisión
Centroamericana de Directores de Migración (OCAM), así como
otras instancias regionales de coordinación.
20.- Promover el intercambio de información y cooperación
regional orientada a la asistencia técnica y capacitación de
recursos humanos, para controlar los flujos de migrantes
indocumentados extraregionales.
21.- Impulsar mecanismos más eficaces para la luchar contra la
falsificación y adulteración de documentos migratorios.
(...)" (Conferencia Regional de Migración, 1996).
La Conferencia Regional de Migración se ha institucionalizado,
llevándose a cabo anualmente en diferentes países, al mismo
tiempo que se realizan reuniones y seminarios específicos para
analizar, discutir e instrumentar mecanismos de regulación de
los flujos migratorios en los países expulsores, y mecanismos de
colaboración para atacar el tráfico de indocumentados en la
región. En realidad, lo que hace la Conferencia Regional de
Migración es, por la vía de los hechos, regionalizar las
políticas de inmigración estadounidenses en toda el área, como
una extensión de las actuales leyes estadounidenses de
inmigración y contra el terrorismo, aprobadas por el Congreso
estadounidense en 1996, y que incluyen y amplían las cuestiones
consideradas en el ya mencionado Plan de Contingencia para
Intensificar la Frontera Sur de Estados Unidos en 1989. Dichas
leyes intentan regionalizar estas políticas al considerar entre
otros aspectos la instalación de puestos de
"pre-inspección" en aeropuertos de países expulsores
de migrantes. (Kesselbrenner, 1996; Sandoval, 1998).
Un ejemplo claro de ello es la Ley de Población de México y 20
programas de trabajo instrumentados por el Instituto Nacional de
Migración, elaborados en 1996 y derivadas de las mencionadas
leyes estadounidenses de inmigración y antiterrorismo y de la
Conferencia Regional de Migración. Según el entonces
Subsecretario de Población y Servicios Migratorios de la
Secretaría de Gobernación, César Bécker, "la política
migratoria del gobierno mexicano se formula y aplica a partir del
reconocimiento de que somos un país de origen, destino y
tránsito de importantes flujos migratorios". En este
sentido, apunta Bécker (1996: 17-18), esta política se propuso
tres objetivos centrales:
"Primero, definir y actualizar de manera permanente normas,
criterios y procedimientos en la materia que contribuyan al
desarrollo nacional en todos los ámbitos: económico, social,
cultural, científico y tecnológico, mediante el otorgamiento de
facilidades a los flujos que se consideren benéficos para el
país.
Segundo, ejercer las facultades de vigilancia migratoria en el
territorio nacional, con estricto apego a la ley y pleno respeto
a los derechos humanos de los migrantes.
Tercero, elevar la calidad de los servicios migratorios mediante
la simplificación de trámites, el desarrollo del personal, la
modernización tecnológica, el fortalecimiento de la eficiencia
administrativa, la colaboración interinstitucional, la
precisión del ejercicio de la facultad discrecional y el fomento
de una cultura y honestidad"
Los 20 programas de trabajo instrumentados por el Instituto
Nacional de Migración dentro de estos objetivos y el marco
jurídico establecido para tales aspectos, mediante la iniciativa
de reformas a la Nueva Ley General de Población enviada por el
presidente Ernesto Zedillo al Congreso, apuntaban principalmente,
por un lado, a ejercer un mayor control sobre los flujos
migratorios, tanto de mexicanos hacia Estados Unidos, como de
otros países, principalmente centroamericanos a México; y a
establecer mayores sanciones al tráfico de indocumentados, todo
ello bajo la bandera de "salvaguardar los derechos humanos
en el país" para dar cumplimiento a "los compromisos
internacionales adquiridos en la materia, particularmente con
nuestros vecinos países de Centroamérica" y para "dar
congruencia a las acciones de política exterior y contar con la
autoridad moral para defender los derechos de nuestros
connacionales en EUA" (Instituto Nacional de Migración,
1996)
Para contar con esa autoridad moral, Zedillo había manifestado
que en nuestro país también se violaban los derechos de los
migrantes centroamericanos, como lo había dado a conocer la
oficial Comisión Nacional de Derechos Humanos en un Informe
Sobre Violaciones a los Derechos Humanos de los Inmigrantes en la
Frontera Sur, publicado en 1995 y reimpreso en 1996. Entre las
sugerencias que hace la Comisión en este informe, además de las
de proponer reformas legislativas que limiten las facultades
discrecionales de las autoridades en materia migratoria, promover
y defender los derechos humanos de estos migrantes, realizar
registros confiables sobre los flujos migratorios en la región y
en todo el país, se plantean otras acordes a la nueva política
restrictiva:
"I. A la Secretaría de Gobernación
(
) 2) Se le sugiere analizar la posibilidad de presentar
una propuesta de iniciativa de reformas a la ley correspondiente,
a fin de aumentar las sanciones que se aplican a quien por sí o
por medio de otros y sin permiso de la autoridad competente,
pretenda introducir o introduzca de manera indocumentada, a uno o
varios extranjeros, los albergue o transporte por el territorio
nacional con el propósito de ocultarlos para evadir la revisión
migratoria. Al aumentar la sanción, se pretende que esto sirva
como un disuasivo para quienes cometan este tipo de ilícitos.
(
) 4) Se sugiere a la Secretaría de Gobernación que
promueva la construcción de más estaciones migratorias en la
zona, debidamente acondicionadas en cuanto a instalaciones y
servicios, con objeto de albergar ahí a quienes violaron las
disposiciones en materia migratoria y se encuentren en espera de
ser expulsados o de que se regularice su permanencia en
territorio nacional." (Comisión Nacional de Derechos
Humanos, 1996, pp.165-166)
Estas medidas fueron promovidas por Zedillo en la Nueva Ley
General de Población y en los 20 programas de trabajo
instrumentados por el Instituto Nacional de Migración en ese
año. Además, 10 de abril de 1996 se establecieron dos Grupos
Beta Sur, uno en Tapachula y el otro en Comitán, similares a los
que ya funcionaban a lo largo de la frontera norte, compuestos
por policías municipales, estatales, federales y/o agentes
migratorios para, según el Instituto Nacional de Migración,
"proteger a la población migrante de actos de violencia de
delincuentes comunes y traficantes de indocumentados y de los
abusos de las autoridades". En septiembre de 1997 se crea
otro Grupo Beta Sur en Tenosique, Tabasco, donde un par de años
después, un agente del mismo, involucrado en las redes del
narcotráfico y el tráfico de indocumentados, asesina al Jefe de
los Grupos Beta Sur, quien ya andaba sobre las pistas de estas
redes.
En 1998 el huracán Mitch provocó un flujo masivo de
centroamericanos hacia el norte, y para evitar que éste de
desbordara, los gobiernos de Estados Unidos y México
intervinieron enviando ayuda material y económica para paliar
los efectos del mismo. Pero al mismo tiempo se incrementaron los
mecanismos regulatorios de los flujos migratorios en el marco de
los acuerdos de la Conferencia Regional de Migración. Por
ejemplo, el gobierno de Guatemala impuso serias restricciones a
la movilización de personas del llamado C4 (Guatemala, El
Salvador, Honduras y Nicaragua) para llegar hasta su frontera con
México cruzando por territorio de ese país, y en el año 2000
llevó a cabo el mencionado proyecto piloto "Plan Coyote
2000". Los devastadores sismos ocurridos a principios de
2001 en El Salvador y Guatemala también produjeron un flujo
masivo de migrantes.
Todo esto ha llevado al nuevo gobierno de Fox a buscar reforzar
el control de esta región, para lo cual "sellará" la
frontera sur del país con efectivos del Ejército y de la
militarizada Policía Federal Preventiva (PFP), lo cual se
inscribe dentro de los acuerdos sobre materia de migración que
negocian actualmente los gobiernos de Fox y de Bush.