LEVANTE - EL
MERCANTIL VALENCIANO
Miércoles, 11 de mayo de 2003
[ Más información en noticia de Levante-EMV del
24 de noviembre de 2002 ]
[ Más información en noticia de Levante-EMV del
12 de marzo de 2003 ]
NO EN
NUESTRO NOMBRE.
El Departamento de
Prehistoria y Arqueología de la Universitat de València y su
sección del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados
reivindican el valor arqueológico de las casas adosadas a la
muralla y desconfían de la administración por su desinterés
habitual hacia el patrimonio.
Departamente de
Prehistòria i Arqueologia de la Universitat de València.
Secció d'Arqueologia del Colegio Oficial de Doctores y
Licenciados de Valencia
La operación urbanística a lo largo del tramo de muralla
islámica del barrio del Carmen está generando un gran debate
que en parte está saltando a las páginas de los diarios.
Algunos vecinos, arquitectos e historiadores del arte han
expresado su oposición al proyecto y a todos se les ha
contestado con el tono y con los argumentos adaptados a su caso.
Estos últimos son variados, pero todos se fundamentan en uno
principal: toda la operación tiene como motivo el salvamento de
la muralla islámica, que se va a poner en valor, y añaden que
forma parte del patrimonio arqueológico y que el resto es caos y
desorden. Se ha llegado a utilizar el término chapapote para
definir estas construcciones posteriores, término que quiere
buscar un paralelismo -desde nuestro punto de vista
desafortunado- en otro problema totalmente distinto. Quizá por
ello, nosotros hemos elegido como título unas palabras que se
están oyendo también en otro contexto mucho más grave.
Como arqueólogos, consideramos que estamos facultados para
opinar sobre esta argumentación que es, a la postre, la base de
todo lo demás: el salvamento y puesta en valor del patrimonio
arqueológico. Ante todo, recordar que la definición de
Patrimonio Arqueológico es bastante amplia: "todo aquello
que puede ser estudiado con metodología arqueológica".
Dicho de otro modo, el método define el objetivo. Según esta
definición, aceptada y establecida por ley, reducir el
patrimonio arqueológico de este trozo del barrio sólo a la
muralla es, si se desconoce lo anterior, un error y, si se sabe,
una selección interesada.
Desde hace bastantes años, la metodología arqueológica se
aplica con éxito a los edificios históricos. La arqueología
mural, mediante la excavación de los revestimientos -cuando no
han sido picados en intervenciones inmediatas- permite conocer la
evolución constructiva de cada edificio y la datación con
bastante certeza de cada muro. Allí donde se ha realizado, ha
permitido sacar a la luz una historia bastante compleja con
muros, en ocasiones, mucho más antiguos de lo que se pensaba. Y
decimos allí donde se ha realizado, porque sólo se ha llevado a
cabo, en general, en algunos grandes edificios, mientras que
otros muchos y la mayoría de las casas antiguas se han
rehabilitado sin haber sido estudiados y se han catalogado en una
época determinada sólo por su planta y aspecto exterior cuando
muchas veces los revestimientos ocultan un pasado mucho más rico
de lo que se imagina.
Dicho lo cual, creemos que queda claro que las casas adosadas a
la muralla también son patrimonio arqueológico. Nos felicitamos
de que se estén llevando a cabo en los solares afectados las
excavaciones arqueológicas previas que la ley impone, pero
dudamos que la decisión de demoler los edificios se haya tomado
después de los pertinentes estudios arqueológicos murales. Al
menos, ni
tenemos noticia de que se hayan hecho ni sabemos
de la existencia de informes al respecto redactados por los
arqueólogos que los hayan realizado. Y, metodológicamente, la
documentación de los restos históricos previa a su retirada es
innegociable. Con esto, no queremos decir que nos opongamos por
sistema a que sean demolidos, pero nos preguntamos si saben con
certeza qué están demoliendo.
Esta necesidad ha sido denunciada en numerosas ocasiones por la
Sección de Arqueología del Colegio Oficial de Doctores y
Licenciados de Valencia en otros lugares, donde se ha visto cómo
edificios históricos, apenas poco más antiguos que la muralla,
han sido demolidos sin estudio previo e incluso a veces tras él.
También se han hallado, en excavaciones del mismo barrio del
Carmen, pavimentos de época islámica que se adosaban a muros
que todavía formaban parte de viviendas en uso que, a
continuación, se demolieron, pero en ningún caso hemos
encontrado esta preocupación patrimonial.
Y aunque afortunadamente en algunos lugares la muralla se ha
podido poner en valor de forma magnífica, como en la plaza del
Tossal o en el edificio Rector Peset, también hemos asistido a
recuperaciones de la muralla en diversos pubs y bares de la zona
de forma totalmente asistemática y sin aplicar metodología
arqueológica alguna, ante la pasividad de las administraciones
competentes -dicho sea usando sólo el término legal-. También
hemos visto cómo restos de esa misma muralla se han destruido,
en ocasiones tras la excavación arqueológica pero en otras, sin
ella y sin provocar la preocupación que ahora se esgrime de
forma tan ostensble. Curiosamente, en uno de los casos en que se
ha conservado, el edificio de la Universidad, en la calle de la
Nave, no se han eliminado las viviendas que se adosaron a ella,
sino que se han mantenido como parte de la historia del barrio.
Ahora, sin embargo, asistimos a una operación gigantesca en la
cual se actúa sobre cuatro manzanas con el objetivo -no queremos
usar el término excusa- de salvar el Patrimonio Arqueológico. Y
todo esto, después de asistir durante años a una
despreocupación continua por parte de la Administración que
sólo por imperativo legal exige las preceptivas excavaciones. Y
todo esto, después de ver cómo estas mismas excavaciones se
realizan sin más objetivo que el de acumular sin rigor ni orden
informes, planos y restos muebles, en este último caso incluso
sin sitio para su almacenamiento. Y todo esto, después de
asistir impotentes a un cada vez más creciente desinterés por
la recuperación, estudio, conservación y divulgación del
patrimonio arqueológico. Para nosotros, la conclusión es obvia:
o estamos ante una actuación que usa el estandarte del
patrimonio con fines muy distintos de lo que se afirma o la
Administración ha decidido actuar del mismo modo que llueve en
esta ciudad: pocas veces, pero a lo bestia.
Así pues, nosotros sólo podemos dar unos consejos a los
responsables del proyecto: si así lo han decidido, urbanicen
siguiendo los mismos criterios -aunque ahora al menos salvando el
callejero- que en los siglos XIX y XX quisieron arrasar el casco
urbano histórico y que, ciertamente, nos dejaron las calles de
la Paz y la avenida del Oeste, pero no digan que lo hacen en pro
de la arqueología; modifiquen el paisaje urbano y llévense
lejos a los vecinos donde piensen que vivirán más felices, pero
no digan que lo hacen para poner en valor el patrimonio; eliminen
los edificios históricos que consideren que sea necesario para
crear un nuevo urbanismo, pero no digan que lo hacen sabiendo
exactamente lo que eliminan. Y por favor, no les llamen
chapapote. No en nuestro nombre.