La Safor


Alfauir:



Almiserà:

l'Alqueria de la Comtessa:

Benifairó de la Valldigna:

Castellonet de la Conquesta:

La Font d'En Carròs:


Gandia:
Castillo de Palma
Torre
Monasterio de Sant Jeroni de Cotalba

Castillo de Almiserà o de Vilella

El Rabat

Castillo de Alfàndec o de Marinyén

Castillo

Castillo de Rebollet
Murallas

Castillo de Bairén
Murallas y Torres
Palacio Ducal
Alqueria del Duc
Alqueria dels Pares

Oliva:




Piles
:

Rótova:


Simat de la Valldigna
:


Tavernes de Valldigna:


Vilallonga
:

Xeraco:

Castillo de Santa Ana
Palacio de los Centelles
Murallas y Torres
Castillo de Castellar

Torre Vigía

Castillo de Borró
Palacio de los Condes

Monasterio de Santa Maria
   de la Valldigna

Els Castellets
Torre d'Alfàndec o Guaita

Castillo

Torre de la Serp o Guaita



La comarca de La Safor -que el propio Cavanilles definiría como "uno de los rincones más preciosos del antiguo Reino de Valencia"- limita, al norte, con la Ribera Alta y la Ribera Baixa; al este, con el Mar Mediterráneo; al sur con la comarca de La Marina Alta (Alacant); y al oeste, con La Vall d'Albaida y La Costera. Queda situada, pues, en el extremo sudoriental de la provincia de València.
Es una comarca creada administrativamente en fecha reciente, y en realidad está formada por dos subcomarcas diferenciadas histórica y geográficamente: La Valldigna, al norte, y La Safor propiamente dicha o l'Horta de Gandia al sur, separadas por el macizo montañoso del Montdúver.
Son tierras abiertas al mar, ricas para el cultivo agrícola (parece ser que el témino "Safor" proviene de una voz árabe que designaría los campos fértiles). Es lógico, pues, que la ocupación humana de las mismas sea muy antigua, y en la comarca existen numerosos yacimientos prehistóricos, entre lo que destaca el de la Cova del Parpalló. Pero fue aquí también donde la cultura islámica dejó mayor huella tras los siglos de ocupación, siendo sus alquerías el origen de la gran mayoría de las poblaciones actuales.
También son andalusíes la práctica totalidad de los castillos de la comarca, siendo el de Bairén en Gandia el de mayor importancia militar y estratégica. En lo administrativo por lo general la zona más septentrional dependía de Alzira, mientras que la meridional lo hacía de Dénia. Precisamente fue la conquista de este Castillo de Bairén por Jaime I en 1239 lo que propició la rendición del resto de fortalezas y la rápida ocupación del territorio por los nuevos señores feudales, quienes se mantuvieron durante poco tiempo en los castillos musulmanes, bajando pronto al fértil llano para residir en palacios señoriales, con lo que los castros roqueros quedaron rápidamente abandonados.
Tras la Reconquista, las dos subcomarcas de La Safor quedaron integradas, casi de forma completa, en uno u otro de los dos señoríos que iban a regir sus destinos históricos desde entonces hasta el s. XIX: La Valldigna pasó a depender del Monasterio cisterciense de Santa Maria, mientras que Gandia se erigió en ducado que al fusionarse con el condado de Oliva constituyó uno de los poderes económicos y políticos más importantes de la península, así como un foco cortesano y cultural comparable a los de la Italia renacentista.






 

Aparte de los castillos y palacios señoriales, en La Safor abundaron otros tipos de construcciones defensivas, como fueron los recintos amurallados en las villas, las alquerías fortificadas y, sobre todo, las torres de vigilancia costera que desde el s. XVI protegieron el largo litoral de la comarca de la constante amenaza de los piratas berberiscos. La gran mayoría de estas construcciones han desaparecido ante el empuje urbanístico que ha convertido esta zona en un destino turístico de primer orden, y que no siempre ha sabido respetar la naturaleza y el patrimonio histórico que nos legaron nuestros antepasados.