
La Comarca de la
Plana Baixa, en su conjunto la más meridional de la
provincia de Castellón, limita al norte con L'Alcalatén y La Plana Alta a través del Río Millars
y la Rambla de la Viuda; al Este con el Mar
Mediterráneo; al Sur con la valenciana comarca del Camp de Morvedre, y al Oeste con las
comarcas de L'Alt
Palància
y L'Alt Millars, con las que comparte una
extensa zona de la Serra d'Espadà.
Geográficamente presenta dos áreas claramente
diferenciadas: la llanura litoral con la costa de playa y
los fértiles campos de naranjos y la zona montañosa
occidental que forma parte de la Serra d'Espadà, cuyas
últimas estribaciones llegan hasta el llano. Esta
disparidad se muestra también en sus fortificaciones:
torres de vigilancia para prevenir los ataques
berberiscos en la costa; ciudades amuralladas en el llano
y los castillos roqueros en los puntos estratégicos de
las montañas.
La comarca ha estado habitada desde la Prehistoria. Son
significativos los yacimientos de la Edad de Bronce y
diversos poblados fortificados íberos de importancia. La
romanización fue también muy intensa, tanto más cuanto
nos aproximamos a la vecina 'Saguntum', bajo cuya
influencia se hallaba buena parte de su zona más
meridional.
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Tras la dominación
musulmana y el pasajero episodio de El Cid, la comarca
tuvo una importancia capital en la Reconquista ya que Borriana, que fue tomada en 1233
tras un asedio de dos meses, se convertiría en centro de
operaciones para futuras conquistas. La zona más
tardíamente reconquistada fue, naturalmente, la de los
castillos de la Serra d'Espadà y concretamente el
'alcadiazgo de Eslida', que no se rindieron
hasta la Cuaresma de 1238, es decir, poco antes de la
conquista de la ciudad de València.
Tras la Reconquista, las fértiles tierras del llano
fueron repobladas por cristianos, relegando al interior a
los musulmanes, cuya religión y costumbres fueron
respetadas en numerosas ocasiones por los pactos
establecidos con el rey Jaime I. La Serra d'Espadá fue
el núcleo de la feroz resistencia que ofrecieron
capitaneados por Almamín al ser obligados a convertirse
al cristianismo en 1525: un auténtico ejército,
convocado como Cruzada, fue necesario para rendirlos el
19 de septiembre de 1526. La expulsión definitiva de los
moriscos en 1609 despobló buena parte de estas tierras,
que aún conservan valiosas muestras del patrimonio
cultural y arquitectónico de aquellas gentes, incluso
poblados enteros prácticamente intactos.
En épocas modernas, esta comarca también fue escenario
de importantes hechos de armas: la Guerra de la
Independencia, las Guerras Carlistas e incluso
recientemente la Guerra Civil pasaron por estas tierras
con episodios significativos. Tras todo ello, las
fortificaciones de la Plana Baixa han sudrido numerosos
avatares: las torres costeras y los amurallamientos de
las ciudades del llano -con la admirable excepción de Mascarell- han desaparecido casi en
su totalidad derribadas por el crecimiento urbanístico.
Lo remoto del emplazamiento de los castillos de la sierra
ha permitido, en muchos casos, la conservación de sus
restos, a pesar de los numerosos hechos bélicos en los
que participaron.
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