
La Foia de Bunyol
(también conocida como Foya de Buñol-Chiva) limita al
norte con el Camp del Túria y Los
Serranos;
al este con L'Horta Oest y la Ribera
Alta;
al sur con la Canal de Navarrés y la Vall
d'Aiora;
al oeste con la comarca de Requena-Utiel. Se trata de una comarca
de transición, que ocupa el centro de la provincia de
València, con una superficie irregular y montañosa y
una red hidrográfica poco importante, aunque con
numerosos manatiales.
En la zona se encuentran abundantes vestigios de
asentamientos neolíticos, así como de la presencia de
íberos y romanos. De hecho, muchas de las fortalezas
islámicas se levantaron sobre construcciones anteriores.
Los musulmanes habitaron en todos los municipios
actuales, y la zona tuvo una elevada importancia
estratégica al ser durante un largo periodo terreno
fronterizo.
El territorio fue reconquistado por Jaime I en fechas
cercanas a la conquista de la ciudad de València.
Concretamente fue el caballero Rodrigo de Liçana, con un
ejército propio, el principal responsable de la victoria
cristiana en esta comarca. En la mayoría de los casos se
mantuvo la población árabe, por lo que la expulsión de
los moriscos en 1609 supuso una verdadera catástrofe
demográfica, siendo necesaria la repoblación con
colonos.
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La Foia de Bunyol fue una
comarca mayoritariamente antiagermanada, por lo que tras
la derrota de éstos no tuvieron que lamentar la feroz
represión que la Corona ejerció en otras partes del
Reino. Sin embargo, durante la Guerra de Sucesión sus
habitantes tomaron partido por la causa del archiduque
Carlos, y a causa de ser un lugar de paso obligado entre
Castilla y València las tropas borbónicas se
comportaron habitualmente como un ejército invasor en
tierra enemiga. La misma situación se repitió en la
Guerra de la Independencia, en el transcurso de la cual
se llegaron a refortificar algunos de los antiguos
castillos para hacer frente a las tropas francesas.
Durante las Guerras Carlistas fue también escenario de
numerosas acciones de armas, especialmente en los
términos de Cheste y Xiva, donde se libraron
importantes batallas.
Esta comarca participó, pues, en numerosas contiendas
bélicas a lo largo de la historia, lo que promovió el
mantenimiento y rehabilitación de muchas de sus
fortificaciones, si bien por otro lado estos hechos de
armas provocaron el deterioro y hasta la destrucción de
las mismas. Exceptuando el de Bunyol, ninguno de los
castillos de la zona han llegado a nosotros más que como
ruinas o vestigios. Otros han desaparecido por completo,
como el de Cheste (derribado a finales del siglo XIX), el
de Yátova (del que no queda ni rastro), o el de
Alborache (arrasado por el duque de Segorbe durante la
Guerra de las Germanías). También existieron, debido a
lo accidentado del terreno, numerosas torres aisladas de
defensa y vigía que servían de apoyo a las fortalezas
principales: de la inmensa mayoría de ellas tan sólo
queda el recuerdo o mínimos restos materiales.
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