MONTESA (1.400 hbts.) conserva en
su término algunas huellas de ocupación humana más antiguas, pero
documentalmente entra en la historia durante la ocupación musulmana,
cuando la villa y su castillo debieron tener cierta importancia ya que
son citados desde el siglo X, en periodo califal.
Como parte de los acuertos tomados tras la rendición de
Xàtiva en 1244 a las tropa de
Jaime I, el monarca cristiano ofreció al alcaide islámico de dicha
ciudad los castillos de Montesa y de la vecina
Vallada. En estas poblaciones se
mantuvieron los musulmanes hasta que en 1277 Pedro III los expulsó
definitivamente por su apoyo al rebelde al-Azraq.
Incorporada al patrimonio real, Alfonso I le otorgó, nuevamente junto a
Vallada,
Carta Puebla a favor de 120 familias cristianas en 1289.
En 1312 se disolvió la Orden del Temple y Jaime II, temiendo
que sus bienes fueran a pasar a la poderosa Orden Hospitalaria,
consiguió del papa autorización para crear la Orden de Santa María de
Montesa, a la que se cedieron la gran mayoría de bienes templarios,
estableciéndose la sede de esta nueva institución en el Castillo de
Montesa. Se inicia entonces el periodo de esplendor de esta villa y de
su fortaleza, que se prolongó durante siglos, ya que tras la Guerra de
Sucesión llegó a ser la capital de una de las nuevas gobernaciones
borbónicas.
Los fuertes terremotos que asolaron la comarca en 1748 destruyeron gran
parte del castillo, muriendo muchos de sus moradores, con lo que su
comunidad fue transladada y la fortaleza abandonada, no recuperándose
jamás.
Las imponentes ruinas del CASTILLO DE MONTESA se hallan sobre el
montículo a cuyos pies se extiende la población, en un estratégico
emplazamiento dominando el valle. Una carretera, parcialmente asfaltada,
permite llegar hasta sus muros con todo tipo de vehículos. Fue declarado
Monumento Histórico Artístico en 1926.
Fue una destacada fortaleza islámica, citada como se ha dicho por
antiguas fuentes de la época, construida casi con seguridad sobre
asentamientos de civilizaciones anteriores. Tras la expulsión definitiva
de los musulmanes debió sufrir pocas modificaciones hasta que Jaime II
la entregó a la Orden de Montesa en 1312. Ya entonces era uno de los más
poderosos castillos del Reino, pudiendo albergar en su plaza de armas a
más de 2.000 soldados. Las reformas más importantes se produjeron en el
periodo de 1327-1374, bajo la dirección del tercer Maestre de la Orden,
Fray Pere de Tous, cuando se construyeron la sala capitular, el
refectorio, la iglesia, las murallas que rodeaban el convento y otras
edificaciones, labores que continuarían durante el resto de ese siglo y
el siguiente.
Los terremotos de 1748 derrumbaron buena parte de la fortaleza,
transladándose los miembros de la Orden que la habitaban al Palacio del
Temple de València, quedando abandonado el castillo y sus dependencias.
Tras la desamortización de Mendizábal pasó a ser propiedad particular
hasta que el Ayuntamiento lo recuperó en 1978.
El CASTILLO DE MONTESA es una de la piezas histórico-artísticas más
importante de la que podemos disfrutar los valencianos. A su valor
intrínseco hay que añadir el que se trata del único castillo-convento
del antiguo Reino de València. Lo que hoy podemos contemplar de él se
corresponde con las profundas reformas efectuadas por los
monjes-soldados de la Orden, queienes siempre que fue posible siguieron
las directrices constructivas del Cister, del que dependían.
De la fortaleza musulmana se conservan restos en el recinto antemural
que la rodea, edificado en mampostería. El castillo propiamente dicho,
levantado sobre la montaña en cuyas rocas se funden las murallas de
hasta 30 metros de altura, corresponde a las construcciones de la Orden
de Montesa, conformando una fortaleza de planta poligonal alargada con
dos torres salientes principales y una tercera, la llamada "Torre
Prisión", en la parte este. En la parte exterior predominan los sillares
rectangulares, mientras que en el interior abunda la mampostería.
El recinto religioso se halla separado del militar por un pasillo,
llamado "de los conversos", que cruza la fortaleza de norte a sur. Tras
la puerta de acceso, arco de medio punto con reja de hierro, encontramos
el patio de armas, con aljibe y restos de habitaciones con escaleras. En
la zona del convento encontramos el claustro con la iglesia adosada a la
muralla, la sala capitular y otras dependencias nobles.
Desde 1997 se vienen realizando es este monumento trabajos de
restauración y consolidación. Aunque su estado general está muy
deteriorado, sigue siendo una de las ruinas más impresionantes de toda
la Comunidad, ya anunciadas por su imponente silueta en la lejanía.
La
visita al castillo y a la población es inexcusable para cualquier persona
mínimamente interesada en la historia de nuestras tierrasy en sus
tesoros artísticos.
El horario de visitas es de 10 a 14 horas y de 15:30 a 17:30 horas todos
los sábados, domingos y festivos. Puede solicitarse más información en
turisme.montesa@hotmail.es.
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