
La Canal de Navarrés limita al norte con la Foia de Buñol; al este con la Ribera Alta; al oeste con la Vall d'Aiora y al sur con La Costera. En ocasiones el término
de Millares, el más septentrional de
la comarca, se asimila al territorio de la Foia de
Buñol, con el que también comparte muchas de sus
características.
Son tierras mayoritariamente abruptas fuertemente
erosionadas por la acción fluvial y con extensos
bosques, con una estrecha y alargada depresión en forma
de media luna (la "Canal"), en la que se hallan
sucesivamente las distintas capitales municipales y la
carretera que las une.
Comarca poblada desde muy antiguo, conserva numerosos
yacimientos prehistóricos, entre ellos manifestaciones
únicas del arte rupestre levantino, como la famosa Cueva
de la Araña de Bicorp. Durante la época
musulmana al menos la población de Enguera tuvo cierta importancia ya
que llegó a ser capital comarcal de un distrito que
abarcaba hasta Dénia.
Estas tierras fueron reconquistadas por Jaime I al mismo
tiempo que la vecina Xàtiva, ciudad bajo cuya área de
influencia siempre ha estado la comarca. Precisamente en
esta época ocurrió un suceso que fue determinante para
el futuro de parte del nuevo Reino: violando los acuerdos
de Tudilén y Cazorla, tropas castellanas conquistaron la
villa de Enguera, lo que provocó la
reacción de Jaime I, fijándose nuevamente las áreas de
influencia territorial entre Castilla y Aragón en el
Tratado de Almizra.
La expulsión de los moriscos en 1609 tuvo una especial
incidencia en esta comarca, ya que no sólo quedó su
ámbito rural prácticamente despoblado -y tardaría
mucho en recuperarse- sino que también fue uno de los
centros de rebelión de los musulmanes sublevados contra
ese Decreto, que se hicieron fuertes en la vecina Muela
de Cortes hasta su derrota y deportación.
Como corresponde a su geografía montañosa y fronteriza,
en esta comarca existieron numerosos castillos que
respondían a esas circunstancias: fortalezas roqueras
situadas en puntos estratégicos y normalmente de
pequeño tamaño, adecuadas a la labor de alerta y vigía
y no a mantener a una nutrida guarnición. A pesar de
encontrarse en un estado de ruina lamentable, la mayoría
de estos castillos han llegado hasta nosotros y podemos
contemplar sus derruidos muros y torres, algunos de ellos
en emplazamientos espectaculares como el Castillo de Coves en Millares.
Peor suerte han corrido las que debieron ser numerosas
torres vigía que conectaban visualmente las fortalezas
dado lo abrupto del terreno, y que han desaparecido en su
práctica totalidad o no han podido ser localizadas. Lo
mismo ha ocurrido con los elementos fortificados que
dispusieron muchas alquerías y masías rurales, y que
tras cumplir su función fueron demolidas o englobadas en
edificaciones modernas.
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