FORTIFICACIONES DE LLUTXENT
CASTILLO DE XIO
PALACIO o CASTELL NOU
| La
población de LLUTXENT (2.500
hbts.) fue fundada de nueva planta por Jaime I con 29
cristianos viejos de su propio ejército poco después de
la conquista del territorio, en 1525, ejerciendo su
primera jurisdicción el hijo natural del monarca, Pedro
Fernández de Hijar. En un principio, el nuevo poblado
carecería de cualquier tipo de fortificación,
dependiendo de la protección del vecino Castillo de Xio,
a cuyas vicisitudes bélicas estuvo vinculado durante sus
primeros años de historia. Debido a esta debilidad
defensiva fue saqueada y semidestruida por los moros
sublevados de Al-Azraq en 1276. En 1278 Pedro I constituyó la baronía de Llutxent, cuyo primer señor fue Joan de Pròixida, de linaje siciliano. Posteriormente el título pasaría a los Maça de Liçana (1487) y finalmente (1729) a los marqueses de Dos Aguas, a quienes perteneció hasta la abolición de los señoríos. Aparte de las acciones bélicas en los primeros años de la Reconquista, Llutxent y su término han intervenido a lo largo de su historia en otros hechos de armas. En las Guerras de la Unión (1348-49) fue escenario de enfrentamientos entre realistas y unionistas, y durante la revuelta de las Germanías (1522) la villa fue asaltada por los agermanados de Xàtiva, resistiendo los defensores en el palacio fortificado. Sufrió también la ocupación de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, así como el hostigamiento de partidas carlistas a finales del s. XIX. El CASTILLO DE XIO (también llamado de XIU, de CHIO o CASTELL VELL), una de las fortificaciones más relevantes de la Comunidad por los hechos históricos allí sucedidos y las tradiciones que de ellos derivaron, se levanta a algunos kilómetros de la población sobre una suave loma de 325 mts. de altura junto a la carretera que lleva a la vecina Pinet. El castillo es de construcción almohade, edificado a finales del s.XII o principios del s. XIII, aunque casi con seguridad el emplazamiento estuvo fortificado con anterioridad. Algunas fuentes lo identifican con el 'Lakan Al-Hosum' que cita el historiador árabe Abm-Jaldum. Conquistado por los cristianos en 1244, sirvió en principio como refugio a los colonos cristianos instalados en la nueva puebla de Llutxent. Castillo y entorno natural, conocido como "Monte Santo", están indisolublemente unidos a una de las leyendas y tradiciones más populares de nuestras tierras, el llamado "Milagro de los Corporales". El suceso en el que se basa sucedió durante la Batalla de Llutxent, que tuvo lugar en junio de 1276 con la segunda revuelta de Al-Azraq, y concretamente tras los violentos sucesos ocurridos tras la muerte de este líder rebelde. Los musulmanes sublevados, capitaneados por Aben-Bazel, después de saquear la villa se refugiaron en el castillo, donde acudieron a hacerles frente las fuerzas cristianas, probablemente sin el conocimiento de Jaime I, quien en esos momentos se hallaba enfermo de muerte en Xàtiva, aunque la leyenda quiere que fuera transportando en litera hasta el lugar de la batalla para alentar a sus tropas. En un principio, las fuerzas cristianas sufrieron una severa derrota en la que murieron o fueron hechos prisioneros importantes caballeros. En lo más duro de la batalla, cuando todo parecía perdido para las fuerzas cristianas, el sacerdote rector de Sant Cristòfol de Daroca encontró gotas de sangre en los corporales con los que había envuelto unas hostias consagradas tras celebrar misa, lo que se consideró un hecho milagroso e infundió nuevas fuerzas a los cristianos, quienes recuperaron el castillo, vencieron y expulsaron a los musulmanes que se refugiaron en la fortaleza de Montesa, último de sus baluartes hasta su derrota definitiva. Los corporales fueron, siempre según la tradición, transportados prodigiosamente hasta Daroca (Zaragoza), donde aún se veneran en su iglesia. La fortaleza tenía una estructura compleja, ocupando alrededor de 5.000 m2 de superficie, lo que unido al gran tamaño de su aljibe demuestra que podía albergar a una importante guarnición y a numerosos civiles que en él buscaran refugio. Su recinto amurallado es doble, de forma irregular y alargada, construido a base de tapial y mampostería, con potentes torres rectangulares en las esquinas. Cada uno de los recintos presenta una entrada única, habiéndose conservado el superior en mejor estado. El castillo se mantuvo en uso más o menos permanente hasta el s. XVII, cuando fue definitivamente abandonado, aunque tras la construcción en el s. XIV del Palacio o Castell Nou en el núcleo urbano de la nueva Llutxent ya había perdido su importancia defensiva. Actualmente es propiedad municipal, y aunque se halla en ruinas sus imponentes restos, fácilmente visitables, todavía evocan sus pasadas glorias. El PALACIO DE LLUTXENT o CASTELL NOU ocupa actualmente los números 18 y 20 de la calle del Castillo. Aunque en la época de su construcción se hallaba totalmente exento dominando la villa desde su elevada situación, hoy queda integrado en el núcleo urbano del pueblo y rodeado de edificaciones modernas. La construcción de este palacio-fortaleza debió iniciarse hacia 1325, cuando Francesc de Pròixida, tercer barón de la familia, decidió residir en la villa debido a su delicado estado de salud. Alrededor de este fecha debió levantarse el primitivo edificio, sobrio alcázar caudrangular con cuatro torres en las esquinas. Los nuevos señores no habitaron regularmente en Llutxent, por lo que la primera reforma de importancia debió tener lugar después de 1522 para reparar los desperfectos causados por el frustrado asalto de los agermanados, sobre todo en su parte superior, realizándose además otras obras que le añadirían elementos renacentistas. Desde entonces su aspecto no debió variar mucho hasta nuestros días, ya que los posteriores titulares del señorío no mostraron demasiado interés por esta propiedad. Tras la abolición de los señoríos fue parcelado y vendido a particulares destinándose a viviendas hasta que en 1966 el conjunto fue adquirido por el Ayuntamiento para su recuperación y destinarlo a espacio público, obras que pretender devolverle su esplendor y rehabilitar tan importante patrimonio, que ha llegado hasta nosotros relativamente bien conservado, en comparación con otros edificios similares. El palacio-fortaleza, construido fundamentalmente a base de argamasa y mampostería, tiene la tradicional planta cuadrada alrededor de un patio central con aljibe subterráneo, y esquinas defendidas por cuatro torres rectangulares, todas ellas almenadas en su origen, al igual que los muros que las unen, aunque en el transcurso de los siglos sus remates han sufrido distintas modificaciones. Estas torres se elevan un cuerpo por encima de las dos plantas que tiene el edificio, cuya fachada principal muestra su entrada adovelada y las ventanas gótico-renacentistas que serían abiertas en el siglo XVI. Del interior cabe destacar la escalera gótica que arranca desde el patio, con porche que sostiene una cubierta de madera. El piso superior albergaba las dependencias nobles, mientras que la planta baja se destinaba a caballerías, almacenes y servicios. |
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