La Vall d'Albaida limita,
al norte, con la comarca de La
Costera
de la que la separa la Serra Grossa; al este con la
comarca de La Safor; al sur con la provincia
de Alicante (comarcas de l'Alcoià y El Comtat) a través de la cadena
montañosa Agullent-Benicadell; al oeste con el Valle de
Montesa, el Vinalopó y las cuencas manchegas. Su
territorio se extiende en un amplio valle, más ancho
cuanto más al este, salvo el término de Bocairent, más al sur, a los pies
de la Serra de Mariola. El paisaje es casi siempre
ondulado, debido a las estribaciones de las cadenas
montañosas que limitan la comarca, con dos cimas que
superan los 1.000 mts.: la de Mariola y el Benicadell.
Fundamenta su economía en la
agricultura y la industria, principalmente en el sector
textil. De hecho, el triángulo
Ontinyent-Bocairent-Albaida es una de las áreas fabriles
más antiguas de España. La población tiende a
concentrarse en las grandes zonas industriales, mientras
que las estrictamente agrícolas están experimentando un
descenso demográfico continuado. Ontinyent es la capital comarcal e
industrial del valle.
Desde el asentamiento humano más antiguo conocido en la
comarca (Cova de la Petxina, en Bellús), el valle ha mantenido un
denso poblamiento que se prolonga por la Edad del Bronce,
la cultura ibera y la época romana, en la que sin
embargo no tuvo ninguna ciudad, tan sólo asentamientos
rurales. La islamización fue intensa, con numerosas
alquerías, origen de las actuales poblaciones, y dejando
abundantes toponímicos (al-Baida es un adjetivo árabe
que signific "tierras blancas"). Durante el
periodo de taifas perteneció a la de Xàtiva-València.
La mayoría de sus fortificaciones son de la época
almohade, y se levantaron en espolones rocosos a media
altura, con planta irregular o poligonal, usando la
técnica constructiva típica del encofrado o tapial.
Pocas de ellas han llegado a nosotros, y
todas en un estado lamentable, destacando el castillo de
Xio en Llutxent, escenario del famoso
"Milagro de los Corporales". La mayoría de los
musulmanes permaneció en estas tierras, por lo que la
expulsión de los moriscos afectó profundamente a su
demografía, repoblándose con mucha lentitud.
La zona del Benicadell y sus castillos sufrió las
correrías de El Cid en tiempos previos a la Reconquista,
completada en estas tierras por Jaime I en 1245, tras el
tratado de Almizra. La mayoría de las poblaciones
quedaron por donación o venta sujetas a régimen
señorial, aunque las ciudades más importantes y las de
nueva planta se mantuvieron en manos de la Corona.
Jurisdiccionalmente la comarca quedó mayoritariamente
incorporada al término general de Xàtiva.
Al contrario que los castillos musulmanes, que fueron
pronto abandonados, los conquistadores cristianos
aprovecharon con frecuencia los alcázares islámicos
urbanos, transformándolos con frecuencia en palacios
fortificados feudales. Muchos de ellos han llegado a
nuestros días en mejor o peor estado, normalmente muy
modificados. Igualmente, las poblaciones más importantes
han mantenido sus núcleos medievales o "vilas"
constituyendo centros urbanos de alto valor histórico y
artístico.
|