La “ciencia moderna” o manifestación socio-cultural irrumpe como resultado de una serie de cambios socioculturales y de la misma historia de las ideas. En el siglo XVI, aconteció el “giro copernicano” en la ciencia y lo que Ortega y Gasset llama la “Anabásis de Descartes” o arreglos de cuentas. Casi todas las “revoluciones científicas” testimonian la unión indisoluble entre el descubrimiento de nuevos hechos y la invención de nuevas teorías para explicarlo, con una nueva imagen y visión en el mundo. Este interés pragmático, mecánico-casualista, va a preguntar por el “cómo” más inmediato y práctico de los fenómenos y sus consecuencias, que van desde el 1543, año de la aparición de la obra de Copérnico “De revolutionibus orbium coelestium”, hasta 1638, fecha en que ve la luz los “Discorsi” de Galileo.
En éste “umbral de la nueva ciencia” se cristaliza un nuevo método científico, una nueva forma de considerar que requisitos tienen que cumplir una explicación que pueda llamarse científica. Las “Fuerzas sociales intervinientes” son los factores sociales que facilitan el surgimiento e institucionalización de la ciencia moderna o galileana.
El capitalismo incipiente nace en el siglo XIII alrededor de las ciudades italianas y su comercio con Oriente. F Bacon será el gran apóstol de esta actitud “científica”. El aspecto más importante re-ganado a la tradición pitagórica-platónica y arquimédica y reformulado por le genio de Galileo, fue el énfasis en el valor de la abstracción e idealización de la ciencia. Algunos científicos que pisan ese umbral de la nueva ciencia son: Copérnico, Galileo, junto con Simon Stevin y W. Gilbert. La nueva ciencia que reemplaza a la aristotélica va a considerar como explicación científica de un hecho, aquello que venga formulada en términos de leyes que relacionan fenómenos determinados numéricamente, es decir, matemáticamente. Tales explicaciones tomarán las formas de hipótesis casuales. La hipótesis casualista vendrá determinada por el análisis experimental. Será la comparación de la hipótesis con las consecuencias deducidas mediante la observación de la realidad o experimentación, la que nos dirá su valor explicativo. La física griega y, en general, toda la ciencia hasta Galileo, se ha montado sobre el supuesto de que el entendimiento gira en torno a las cosas.
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