CANCIONERO DE ÚBEDA - PROLOGO

PROLOGO
(Antonio Parra Cabrera)



    Nos tenía, últimamente, con el alma en vilo, esperando a que cumpliera los cien años. Pero al final, como decía Séneca, "se ha adelantado en el camino". Aunque: "Morir más temprano o más tarde es cosa de poca importancia. Lo importante es morir bien o mal".

    En la distancia, quiero creer que murió bien, en los brazos amorosos de Mariquita, de doña María, de Mercedes y Emilio, de sus amigos...

    Vino del mar, del Mare Nostrum, se metió tierra adentro, y cumplió su destino, de cinco cosas: Desde la A de Almería a la U de Úbeda... y el pentagrama.

    Llevaba la música en el corazón y la sonrisa en los labios.

    Cuando él se jubila desaparece la Banda Municipal de Música de Úbeda.

    Pero lo que no desaparece es lo que ha hecho para que Úbeda lo nombrase Hijo Adoptivo de la Ciudad.

    A Don Emilio Sánchez Plaza le ha pasado lo que a tantos otros que han llegado de fuera y se han entregado al amor de esta tierra: ha llegado el momento en el que olvidan su nacimiento y se sienten cautivados sin saber cómo ni porqué. Tal vez porque como decía el poeta "el amor entra poco a poco, como la sed".

    Un buen, excelente, entrañable amigo de Don Emilio, fue otro forastero, malagueño, que hasta quiso que trajeran sus huesos desde Italia para reposar en Úbeda, Paco Palma Burgos.

    Si Paco Palma ha sido el innegable artífice, escultor principal de la Semana Santa de Úbeda, el Maestro Sánchez Plaza lo ha sido de la música que esa Semana suena: Santo Entierro, Nuestra Señora del Amor, Resurrexit, Amor...

    Siempre, en la música, hay un momento asombroso; Están todos los instrumentos afinándose, poniéndose «en suerte», en un caos sonoro, cuando el Maestro levanta las manos... y se hace el silencio. Así, piensa uno, debió ser el instante, el segundo, de la creación del mundo. Se suspenden hasta los latidos del corazón. Bajan las manos, se mueve la batuta... y el mundo comienza a surgir, poderoso, triunfal, ordenado.

    Uno no sabe las veces que el Maestro se habrá dado cuenta de que Dios dijo bien cuando dijo hacer al hombre «a su "imagen y semejanza», pero dificilmente podrá nadie pensarlo con más propiedad que un músico.

    La música es el primer lenguaje universal, la lengua que todos entienden, la que amansa a las fieras, la que conduce ejércitos, la que encoge el corazón, la que mueve pies, la que hace que se batan las palmas, la que saca sonrisas, la que aflora lágrimas...

    El Cancionero de Úbeda se hizo «al revés»: No se recogieron las letras de la tradición popular sino que Juan Pasquau encargó a quienes con él colaboraban en la Revista "VBEDA" que las dieran a la luz, como paridas por el pueblo.

    No entremos a valorar si los autores acertaron o no. Quien acertó plenamente fue el músico, el Maestro Sánchez Plaza.

    Nadie mejor que Don Emilio podrá entenderlo ahora, cuando ya se halla en ese Paraíso donde todos creemos que la recepción se hace mediante la entrega de una cítara o un arpa y una túnica rosa o azul para el concierto de la eternidad. Digamos nosotros: Salve a Don Emilio, a quien le habrán dado una batuta para dirigir y un papel pautado para componer.