ÚBEDA EN LA RED - TRADICIONES Y FIESTAS





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TRADICIONES Y FIESTAS


    El año, con sus estaciones, con sus fases marcadas por el sol y la luna, ha servido de modo fundamental para fijar un orden pasional, al que se somete el individuo dentro de su sociedad y al que parecen someterse también los elementos. Vida y muerte, alegría y tristeza, desolación y esplendor, frio) y calor, todo queda dentro de ese tiempo cargado de cualidades y de hechos concretos, que se mide también por medio de vivencias.

    En nuestra cultura el año surge así como algo que padece y en que se padece, en el que viven aconteceres múltiples, pero que llegan repetidos inexorablemente. Quizás porque la religión cristiana ha permitido que el calendario, que el trascurso del año, se ajuste a ese orden pasional, repetido siglo tras siglo. Por eso, a la alegría familiar de la Navidad y de las hogueras de San Anton le sucede el desenfreno del carnaval, y a éste, tras la obligada tristeza de la Cuaresma, la Semana Santa que enriquece a la ciudad no solamente con el patrimonio propio de las cofradís sino con partituras, creadas para las mismas por maestros de la talla de D. Victoriano García, D. Emilio Sánchez Plaza o D. Manuel Antonio Herrera Moya.


    En Ubeda ésta se presenta como tradición y fiesta total de los sentidos. Fundamentalmente para la vista, en su variada gama de colores, que van desde el verde y amarillo del Domingo de Ramos hasta el morado y negro del Viernes Santo, para acabar con el rojo y blanco del resucitado. Pero también para el oído, con su amplía pluralidad de sonidos, que crean ese peculiar contraste de las marchas procesionales lentas y tristes, escuchadas en silencio o entre trompetas de dolor, con las más alegres, zarzuelas o casi flamencas. Y para el olfato, con los olores de flores, incienso, aceite o cera; y para el gusto, con su sabor a bacalao, hornazos, torrijas o roscos de Jesús. Y para el tacto.., y así hasta llegar hasta ese sexto sentido del estado de cansancio somnoliento del viernes al llegar amanecer o del bienestar al sentarse, con su consiguiente dolor de pies, después de haber realizado un gran derroche de energías al ir y venir más de cien veces por la ciudad. De tal modo que, de muy distintas formas y maneras, podemos decir que todo el cuerpo participa también de las mil sensaciones de esta completa fiesta de los sentidos que es la Semana Santa y que tiene por espacio a la ciudad medieval y renacentista, convirtiendo a Úbeda en el escenario de una hermosa representación artística.

    Después de esta gran fiesta barroca de la primavera, llega con mayo florido la romería de la Virgen de Guadalupe, que significa la vuelta de la patrona a la ciudad, y el festival internacional de música que, sin ser propiamente una fiesta a fecha fija, se ha convertido en una tradición cultural llena de calidad y prestigio. No obstante, en claro contraste con la música clásica, encontramos por esta época del año las alegres fiestas de primavera y verano que, organizadas con entusiasmo por las asociaciones de vecinos de los distintos barrios, vienen a desembocar finalmente en la feria de San Miguel.

    Sin embargo la feria, que fue un medio para intercambiar productos y llegó a convertirse en verdadero mercado anual de la ciudad, cumple ahora las funciones psicológicas y sociales de las fiestas. En este sentido la de San Miguel, fiesta de transición del estío al otoño, del final de cosecha al comienzo del año agrario, fue importante feria ganadera hasta que, con la mecanización del campo, languideció hacia mediados de la década de los sesenta. Pero aparte de su función económica, estas fiestas responden a otras de carácter social y cultural, como elemento de liberación psicológica e integración familiar, de promoción individual e identificación colectiva sin olvidar su dimensión estética, tan evidente en una ciudad adornada de bellos edificios. Y seguramente sean sus ingredientes culturales los que distinguen en la actualidad a la feria de San Miguel, haciendo compatible la continuidad en el tiempo de corridas de toros y fuegos de artificio: con la celebración de numerosos conciertos, representaciones teatrales y demás actividades que subrayan una tradición artística y destierran para siempre el tópico de que una ciudad histórica como Úbeda no puede ser divertida.

    En oposición al espíritu alegre de la feria y fiestas de San Miguel está la triste y otoñal celebración del día de los Santos y de los Difuntos, con su peculiar gas- tronomía y sus visitas familiares al cementerio. Finalmente en los últimos tiempos viene desarrollándose a primeros de diciembre el festival de música antigua, que subraya el hermanamiento de Úbeda y Baeza en su búsqueda de reconocimiento como Patrimomo de la Humanidad. Con esta nueva tradición se cierra un ciclo qrie propicia la identidad grupal y crea las condiciones para que la comunidad emerja en su totalidad, continuando así el ritmo y carácter de las fiestas que se repiten a lo largo de los meses y de los años.





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