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 LA LITERATURA
La literatura ubetense atraviesa todas las etapas de la escritura española, dejando en todas ellas vestigios de su presencia, a la vez que retoma sus raices populares en cantos de entrañable familiaridad:
"En la calle Valencia los alfareros con el agua y el barro hacen pucheros".
Los viajeros se han acercado a la ciudad y se han sorprendido de su encanto, narrándolo con la emoción de las sorpresas más auténticas: "La Plaza de Santa María es monumental. En Úbeda, en cuanto que te descuidas un tanto así, te encuentras con un monumento, un convento, una torre, una iglesia, un palacio antiquísimo que, si se fueran a poner en lista, acababan con una resma de papel" (Juan José Cuadros: "Por los cerros de Úbeda").
Durante la Edad Media las noticias y personajes ubetenses adolecen de la confusión propia del período. No obstante, existen testimonios elocuentes como el llamado Beneficiado de Úbeda, quien escribió en alejandrinos la "Vida de San Ildefonso", dentro del movimiento que conocemos como Mester de Clerecía, al que aporta su orgullo ubetense: "E el de la Magdalena ovo enantes rimado/al tiempo que de Úbeda era beneficiado/ después, quando esto fizo, vivía en otro estado".
La presencia ubetense se continúa en el siglo XV en la señorial literatura de Juan de Mena, quien la menciona en "El Laberinto de la Fortuna" al hablar de las conquistas de los reyes castellanos en tierras de Jaén, donde Femando III: "Úbeda, Andújar e más Montiel,/ Vilchez e Baños ganó con Baeça». No es el único caso de este siglo, puesto que también en las "Coplas de Mingo Revulgo", el mejor ejemplo de poesía satírica medieval, se hace una alusión al ubetense don Beltrán de a Cueva, como es sabido, el padre que se le atribuía a Juana, la hija del rey Enrique IV.
Hay además referencias a un coplero ubetense de este siglo, Miguel de la Puente, de quien se conservan escasas noticias. En cambio, a caballo con el siglo XVI, encontramos la figura del poeta Jorge Mercado, con una poesía centrada en el devenir histórico ubetense, y composiciones más populares como un villancico recogido en el cancionero de Barbieri.
El siglo XVI marca en Úbeda el esplendor del Renacimiento. Es la época de las grandes familias y del mecenazgo artístico de don Francisco de los Cobos, italianizante y amante del arte y las letras, a las que protegió desde su puesto de secretario de Carlos V. Nuestra ciudad responde a las inquietudes de la nueva literatura, que en España se asienta con una producción novedosa y original entre la que destaca tempranamente Gaspar de Aranda, autor de una épica culta en línea con las directrices del Renacimiento italiano. Todo lo contrario de Gaspar de la Cintera, que responde al prototipo de poeta ciego, coplero popular que recorre los caminos entre versos y aventuras, autor de "Proverbios ejemplares y graciosos" (1.570) y "Coplas y chistes muy graciosas para cantar y tañer al tono de la vigüela" (1.580) ambas pletóricas de picardía.
Mayor interés tiene la figura de Luis de Aranda, el cual, frente a esta literatura de burlas, construye una obra de carácter didáctico moralizador, en línea con la corriente de espiritualidad del XVI. Con la "glosa" como sistema principal de versificación, escribe obras sobre el matrimonio, otras referentes al Misterio de la Pasión y hasta unos comentarios sobre las "Coplas" de Manrique. Este uso de las glosas nos lo muestra como un precedente de los comentarios en prosa de San juan de la Cruz.

De extraordinario interés es el movimiento espiritualista de esta centuria en la ciudad de los Cerros, que, incluso extendió su labor a América, como hiciera el dominico ubetense Domingo Vico, que evangelizó aquellas tierras junto al padre Las Casas. Pero, sin duda, la figura de mayor interés es la de Sebastián de Córdoba (1.510 - 1.582) quien al escribir: "Obras de Boscán y Garcilaso trasladadas en materias cristianas y religiosas, por Sebastián de Córdoba, vecino de la ciudad de Úbeda" (1.575), tendió un puente fundamental entre los dos grandes genios de la poesía del Renacimiento, San Juan de la Cruz y Garcilaso, ya que trasladó la obra de este príncipe de la poesía a una versión, "a lo divino", lo que sirvió al carmelita para adoptar los símbolos e imágenes amorosas del toledano, que más tarde él dotaría de significados espirituales más trascendentes.
Y ya que citamos a San Juan de la Cruz, imposible silenciar su presencia en la ciudad, a donde acudió, enfermo de "unas culenturillas" a finales del mes de septiembre de 1.591, y donde moriría finalmente en la madrugada del 14 de diciembre, impregnando de aroma mistico la ciudad y creando una escuela de literatura religiosa, entre las ramas masculina y femenina del Carmelo local, de un interés extraordinario.

Precisemos que también la prosa narrativa tuvo su representación local, concretamente en uno de los géneros de mayor difusión de la centuria, tanto es así que motivó la aparición del Quijote. Nos referimos a la novela de caballerias, anunciada en Úbeda por el "Tratado de la Caballería de la gineta", 1.551, que, aunque no es una novela, preludia su ambiente. Ya dentro del género, destaca la obra de Melchor Ortega, autor de "Felixmarte de Yrcania", 1.556, mencionada en el escrutinio de la librería de Don Quijote, que contiene todos los elementos aventureros y fantásticos de un género cuyos excesos irritaron a Miguel de Cervantes.
El siglo XVII tiene menos interés literario que el precedente, iniciándose en este sentido una decadencia de la que Úbeda no iba a recuperarse hasta el siglo XIX, ya que en el siglo de la Ilustración no conocemos autor alguno que merezca citarse por méritos propios. No obstante, este siglo, que en el conjunto nacional dio muestras de tanta vitalidad, en Úbeda se reduce en poesía a unos nombres que recogen lo que en ese género doctrinal y religioso se produjo en el XVI, además de una serie de poetas de circunstancias, ganadores de fiestas y justas literarias diversas, que, más que verdadera poesía, realizan puros ejercicios retóricos. No obstante, salvaremos para el recuerdo los nombres de Mateo de Castroverde, Andrés Cuevas de las Vacas, Francisco de Avalos y Orozco, Diego Ortega y Cabrio, Alonso de Castro y la única representación femenina, que, parece ser, alternó la poesía con la música, Luciana del Castillo.
Tampoco el teatro tiene representación adecuada en el XVII, pero, en cambio, el personaje real del condestable ubetense Ruy López Dávalos, se convierte en protagonista de piezas dramáticas de los mejores autores del periodo, destacando su presencia en obras de Salucio del Poyo, Tirso de Molina, Mira de Amescua o Lope de Vega.
También aparecen personajes y situaciones ubetenses en la novela cortesana de ámbito nacional, como sucede en "Engaños desde siglo y historia sucedida en nuestros tiempos, dividida en seis partes", 1.615, del francés (que escribe en español) Francisco Lubayssin de Lamarca, y en "La industria vence desdenes", 1.663, de Mariana de Carvajal y Saavedra, donde los personajes y situaciones son de nuestra tierra.
Pero será, como decíamos, el siglo XIX el que implique el renacer literario ubetense, si bien no será tampoco la poesía quien marque ese resurgimiento. Pese a todo existen testimonios de honestos versificadores, que pasaron con más pena que gloria por el panorama local, como fueron Francisco Aguilar y Lora, Juan Antonio Cobo Mora, Francisco García de Pretel y Castillo, Luis Garrido Latorre y Manuel Ráez Quesada entre otros, lo que viene a preludiar, calidades personales aparte, la floración lírica que algo más tarde se adueña de la población.

Es, en cambio, el siglo en el que los grandes autores de prestigio nacional, comienzan a interesarse por Úbeda, en una tendencia que se incrementaría en el siglo XX. Así, costumbristas de la talla de Ramón Mesonero Romanos, cita frecuentemente a la población en sus "Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid" (1.880), aunque sería el teatro romántico el que escogería con delectación temas ubetenses, como hiciera Mariano Capdepón Maseres en su drama histórico "Pero-Gil", cuya acción se desarrolla íntegramente en Úbeda. Aunque tampoco es justo olvidar a José Zorrilla, el cual, en un género distinto, la poesía narrativa, con base en leyendas tradicionales, retoma con maestría el viejo tema medieval del favorito ubetense Beltrán de la Cueva, en su leyenda "Príncipe y rey".
Capítulo aparte merece la prosa, en un siglo que asiste al despegue espectacular del periodismo, actividad que Úbeda acoge con entusiasmo, y si bien hubo empresas efímeras, otras perduraron y contribuyeron a la formación e información de la ciudad, como "La Opinión", dirigido por José Ignacio Gallego Díaz, o "El trovador de La Loma", de Luis Garrido Latorre, de contenido más literario y menos noticioso, actividad esta última que don Luis realizó en otros periódicos de su creación como fueron "La Ruleta" a "El Cantón granadino".
Pero serían dos autores los verdaderamente representativos de la prosa ubetense del XIX, que tuvieron en el periodismo amplio cauce para sus ideas. El primero en antigüedad fue Manuel Muñoz Garnica, hombre enciclopédico en cuanto a sus múltiples dedicaciones, no así en cuanto a la apertura de su intransigente y puritana actitud religiosa, lo que ocasionó que en 1.869 fuera separado de su cátedra por negarse a jurar la Constitución de ese año. En publicaciones como "La ciudad de Dios", y en multitud de folletos y prólogos de libros, como el que realizara a "Nobleza de Andalucía" de Argote de Molina, deja constancia de su sólida formación, que sólo ese apego a una ortodoxia intransigente malogró en cuanto a sus mejores frutos.
Diferente es el carácter de Alfredo Cazabán Laguna (1.870-1.931), el mejor investigador y estudioso ubetense de finales de siglo y cuya fructífera actividad intelectual, iniciada siendo casi un niño "Apuntes para la historia de Úbeda", culminaría en la capital con la publicación, desde 1.913 a 1.930, de la revista "Don Lope de Sosa", válida aún para el estudio de nuestra provincia. El cronista, que toma el nombre de su publicación de la "Cena jocosa" de Baltasar del Alcázar, a través de una amplia red de colaboradores, peina culturalmente todo el Santo Reino en busca de noticias sobre historia, arqueología, literatura o costumbres populares, acumulando la experiencia ínvestigadora que él había desarrollado en otras obras personales como "Cosas de antaño", "El Reino de Jaén y San Fernando", etc, además de colaborar en todas las publicaciones periódicas de ámbito provincial.
No obstante, el gran siglo literario ubetense ha sido el XX, con un plantel indiscutible de escritores, a la cabeza de los cuales se encuentra Antonio Muñoz Molina, una de las más grandes representaciones narrativas de la centuria. Pero, para empezar, parece justo señalar el interés y la admiración que la ciudad ha despertado en cuantos escritores y viajeros de este siglo la han visitado: desde el vecino Antonio Machado, que la miraba desde su posición baezana: "Cerca de Úbeda la grande/ cuyos cerros nadie verá,/ me iba siguiendo la luna/ sobre el olivar", todos los poetas han rendido tributo a sus encantos: Antonio Carvajal: "¡Qué graciosa/ la piedra canjuntada y el remate/ de la torre,/ como una rosa/ cálida, contra el mate del olivar!". Luis García Montero: "Como cuando se crece de repente/ todo fue más pequeño/ y una lejana sensación de asombro/ se adueño de nasotros./ Ubeda estaba al pie del campanario". Pero, sobre todo, el poeta granadino Antonio Enrique, profesor en el Instituto de Enseñanza Media, quien en 1.980 compuso el mejor libro de poemas dedicado a Úbeda: "La ciudad de las cúpulas", que es un deber volver a reeditar. Debemos advertir, que no sólo los poetas han glosado a Úbeda, ahí están los elogios de investigadores como Andrés Amorós, dramaturgos como Antonio Gala a narradores de la talla de Medardo Fraile o Michel del Castillo, para demostrar que ante esta ciudad nadie es insensible.
 
La literatura local presenta un claro dominio de la actividad poética, aunque el teatro, la investigación y la narrativa tengan una entidad propia. Grandes investigadores locales han sido algunos, desgraciadamente desaparecidos, camo Juan Pasquau, Molina Hipólito, Manuel Martell o Fernández de Liencres, pero no podemos olvidar la pléyade actual de los Aurelio Valladares (ubetense por derecho propio), Bellón Cazabán Bellón Zurita, José Biedma o Ramón Quesada Consuegra, entre multitud de nombres que harían la cita interminable.

 El teatro, por su parte ha sido una actividad constante en Úbeda, y que hoy, gracias a agrupaciones como "Tirsos y Caretas", a el grupo "Maranatha", goza de extraordinaria vitalidad. Nombre destacado fue, después de la guerra civil, Juan Martínez de Úbeda, especialista en obras históricas como "La morilla de Ubbadza", o ese gran caballero, Juan de la Torre Ruiz, primer director de "Tirsos" y actor en la capital de España. Una labor teatral en la que Rafael Bellón Zurita, en su dedicación escolar, ha realizado espléndidos montajes. En cuanto a textos actuales, digamos que merecen citarse los nombres de Alfonso Hortal Barba, dedicado al estudio del flamenco, cuya obra jonda "El vuelo de la perdiz" ha sido recientemente galardonada. Triunfos que acapara sobre todos Ramón Molina Navarrete, inquieto profesor y buen poeta, quien ha logrado su mayor éxito con "Maranatha", su personal recreación de la Pasión de Jesús; además, y con el grupo de igual nombre, ha ampliado su actividad a obras sobre la Natividad de Cristo o la presencia en la ciudad de San Juan de la Cruz, en unos textos sensibles y de acertada puesta en escena.
De la mano del autor y director teatral Juan Enrique García-Blanca Roa, y más recientemente (en el año 2000), nace la compañía "PEQUEÑO TEATRO UBETENSE" que viene a llenar un cierto vacío, dado que otras compañías ubetenses se dedican al teatro religioso o a la producción meramente española y este "PEQUEÑO TEATRO UBETENSE" tiene por objetivo promocinar en Úbeda el teatro europeo y el teatro de creación propiamente dicho. Ha representado espectáculos como "Esas locas cabecitas cuadradas", "El Casamiento forzoso", "La familia Ideal" o "Un Ricachón Andaluz", con una gran acogida por parte del público y de la prensa local. Con sus obras pretende divertir, pero también hacer reflexionar al espectador. Se trata de un teatro que plantea cuestiones que afectan al mundo de hoy, siempre que sea posible con la sonrisa y que no quiere dejar al público indiferente.

La narrativa local tiene un nombre decisivo, al que vamos a dedicar un espacio aparte: Antonio Muñoz Molina, lo que no impide la existencia de otros autores con entidad propia y gran categoría, y eso ya desde tiempo atrás, con las aportaciones de gentes como Manuel Fernández Liencres, Antonio Parra Cabrera, ambos nacidos fuera de Úbeda pero ligados a ella por fuertes vinculos. También la figura de Martínez de Úbeda, que destacó en poesía, merece mencionarse como autor de narraciones breves.
Prolifera también una narrativa costumbrista que describe tipos peculiares y disfruta con airear costumbres de arraigo local; a esta faceta se dedicó hasta su muerte el infatigable Pedro Nieto y sigue ocupándose Ramón Quesada Consuegra, imprescindible en esbozos festivos, semanasanteros o de cualquier otra tradiciónn, y que ha aportado a la investigación local su libro: "Úbeda, hombres y nombres", completo índice onomástico ubedí.
La gran figura del pensamiento reposado y el boceto histórico fiel, fue Juan Pasquau Guerrero (1.918-1.978), quien rebasó sobradamente los límites locales para ocupar un papel destacado a nivel nacional, desde su atalaya periodística inimitable, que culminó con sus brillantes colaboraciones en el diario ABC. Sólo por dos obras merecería ya este destacado papel, sin que ello signifique que menospreciamos otras como "Temas de Úbeda", o ese reducto de filosofía humanista que significó "A la busca del hombre perdido", en donde Juan desarralló sus ideas de un cristianismo progresista y sus claras iluminaciones culturales. Pero, sería su "Biografía de Úbeda", de 1.058, y la dirección, paciente y sistemática, de la revista "Úbeda", las dos grandes empresas que demostraron su gran categoría humana, profesional e intelectual.
Nacido a finales del siglo anterior, Juan Aguilar Catena (1.888-1.965) ha merecido más atención fuera de la población que dentro de la misma, donde apenas es conocida su actividad narrativa, mientras que críticos de todo el país se han ocupado de su obra, consistente en una incursión novelística de tintes rosáceos, aunque, no es difícil encontrar, en su amplia producción, temas del campo andaluz que rozan la novela social, además de unas interesantes incursiones en la literatura infantil.
LÓPEZ MUELA, Alfonso.
(Úbeda, diciembre 1.911-Madrid, diciembre 1.983)
Escritor, poeta y orador. Fue discípulo del eminente pedagogo D. Antonio Medina, del que adquirió estudios básicos y el Bachiller Elemental. En Úbeda y Madrid trabajó en artes gráficas.
Aunque sus aficiones literarias casi nacieron con él, posiblemente su primer verso Canto a la infancia, del que obtiene un primer premio en un concurso celebrado en el teatro Rey Alfonso de Úbeda, sea el que le anima a no interrumpir sus iniciados afanes literarios. En todas sus obras, prosa o verso, nos muestra este escritor, muy sensible, al amor que siente por todas las bellezas terrenas y divinas. En su poesía lo interesante esta en la descripción en los efectos sorprendentes del verso; musical, colorista, fluido. Su obra encuentra eco, resonancia, en el alma y ánimo de los lectores porque está plena de vida, de calor, latente.
Pronunció muchas conferencias en la provincia de Jaén, en centros literarios de Madrid y los pregones de Semana Santa de Ibros en 1963 y de Torreperogil en 1965. fue promotor de la Agrupación Cultural Ubetense, en la que organizó un cuadro artístico que tuvo muy relevantes actuaciones.
Estuvo en posesión de diversos premios y escribió en los diarios "Jaén", "Informaciones", Revista "Gavellar" y otras publicaciones de carácter provincial. Desplazado expresamente de Madrid, el 9 de septiembre de 1976 realiza en Úbeda la despedida de la virgen de Guadalupe, sorprendiendo con su oratoria. Es premio especial en el certamen literario convocado por "Gavellar" con motivo del VI Centenario dela aparición de la Virgen de Guadalupe, 1981.
Para finalizar, mencionar la obra, en pleno proceso creativo, de José Biedma López, profesor y filósofo, lector infatigable, que, apartándose de todas las influencias provincianas de corto vuelo, está desarrollando una personal obra narrativa, la mayoría inédita aún, pero que ya apuntara en "El libro de los cien lapos" o la más reciente "El reino de las libélulas", en la cual desarrolla parcelas subjetivas de los personajes que se agrupan en torno al ambiente hostil de un cuartel militar. Aunque residiendo fuera de Úbeda, Adelardo Fernández Arias nos dejó una obra narrativa y biográfica de extraordinario interés.
El panorama de la poesía contemporánea, es prácticamente inabarcable y en continuo crecimiento. Unos autores como independientes, y otros apoyados en esa columna vertebral que es el "Rincón poético Juan de Yepes", han sabido crear registros variados con sus versos, aunque con la sombra de espiritualidad sanjuanista planeando sobre casi todos. Aparte debemos considerar las magníficas letras y poemas del cantautor Joaquín Sabina, llenas de resonancias urbanas y temas actuales. Por su parte, de entre los autores del "Rincón", es un deber resaltar la calidad humana de Jerónimo Martínez Gallego; Antonio del Castillo Vico, sensible a la belleza de las piedras de su pueblo; Vicente Alises, de temprana desaparición y gran fuerza poética; Pedro González Navarrete, autor de "Manuscrito" e interesantes indagaciones visuales sobre San Juan de la Cruz; Maria Luisa del Río Muro ("Testamento abierto") la voz femenina del grupo, de finísimos matices elaborados con versos sencilios, y los hermanos Antonio y José Vico Hidalgo, con una poesía de orientación marcadamente religiosa, línea que sigue también Felipe Toral.

Toda una floración lírica, de la que destaca además la poesía de Juan Ramón Martínez Elvira, investigador de las calles y anécdotas ubetenses, y, sobre todo, los inicios que marcara en fecha bien temprana Juan Martínez de Úbeda, con libros de tanto interés como "Voz en vuelo" "Campanas" o sus primeros escarceos en "Gresca lírica".
Cosmopolitas, aunque sin perder sus raíces ubetenses, y afincados en una vanguardia diferente, tenemos a los poetas Manuel Molina Cortés, versificador en varias lenguas y cuyos títulos dan idea de su actitud experimental: "Calidoscopio para el crisol" o "Romanticismo eticoniricorificoatávico", y también a Fernando Adam Cruz, quien, aparte de obras teatrales y narrativa breve, expuso su vena vanguardista en libros poéticos como "Oro parece" (1.976) en el cual, la propia materialidad del volumen se convierte en materia lírica a explorar.

María Sánchez Fernández, nacida en Almería, pero residente en Úbeda desde su infancia, se ha dado a conocer en varias facetas artísticas a partir del año 1.994 con la publicación del libro de poemas "Notas íntimas".
Desde entonces viene colaborando en revistas y periódicos con artículos, ensayos, narraciones, poesía, como también en la composición musical. En poesía tiene publicados los libros "Notas íntimas", "Júbilo, Pasión y Gloria", "Desde mi orilla".En el terreno musical, numerosos cantos y canciones. Así mismo ha publicado "Retablo de Navidad" (obra poético-musical). En prosa, "Doce relatos breves".
Pertenece al Grupo Literario "El Olivo" (Jaén), Institución Literaria "Federico Mayor Zaragoza, y al Rincón Poético "Juan de Yepes" (Úbeda) y es miembro de la Sociedad General de Aurores de España. Fue la primera mujer que, en el año 1.995, pronunció el Pregón Oficial de la Semana Santa de Úbeda, y el Ateneo de Almería le dedicó un encuentro poético. En el año 1.997 se le concedió el premio literario "Revista GAVELLAR" por la Casa de Úbeda en Madrid, en 1.998 el Primer premio del Certamen Nacional de Poesía "Virgen del Carmen", en 1.999 el Primer Premio del Certamen Nacional de Poesía, convocado por la Unión de Cofradías de Úbeda.
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