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El Trono de
Korr es una Campaña de Warhammer entre Guerreros del Caos y
Orcos, donde ambos ejércitos se enfrentan en una cruenta guerra
bélica y política por dominar un extenso territorio. |
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Esta
Campaña está pensada en forma de partida de rol, en la
que hay un jugador guerrero del caos, y un
director de juego orco. |
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Breve
historial
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I |
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Una
compañía de soldados del Señor Oscuro se encuentra en
un pueblo en ruinas, donde descubren a cinco esclavos
que van a ser vendidos... Son cinco fugitivos a los que
todo el mundo anda buscando. |
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Escenarios
anteriores
Ninguno, de
momento...
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Situación Política
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I |
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Las manadas de
orcos se multiplican y amenazan las tierras del Señor Oscuro. El
comienzo de la guerra es inminente. Pero el Señor Oscuro no
parece tomar carta en el conflicto, de momento... |
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Escenario I
Los cinco
prisioneros
Los
soldados caminaban formando a lo largo de la angosta calle.
Aquel pueblo en ruinas era uno de los poquísimos lugares
habitados en cientos de kilómetros a la redonda. Las casas no
estaban cuidadas, y la mayoría estaban destrozadas, algunas
incluso a punto de venirse abajo. Los pocos habitantes del
lugar, no eran más que marginados y almas en pena que por
diferentes historias personales habían ido a parar ahí. Lo que
había sido un pueblo fantasma en otro tiempo, había vuelto a ser
habitado, pero aquello no eran ni personas, eran despojos de la
sociedad, convictos y asesinos. No eran más que ratas de cloaca.
Pero hasta a las ratas de cloaca había que tener vigilados, y el
Señor Oscuro ejercía dominio desde su trono a muchos lugares, su
amenaza era latente. Todos lo conocían, lo servían y lo temían,
sin haberlo visto nunca, si quiera... Por esa razón, por el
miedo que infundaba tan sólo su nombre, que no pronunciaremos
aun, los soldados podían andar tranquilos por aquella calle. En
algún lugar del pueblo en ruinas los soldados tenían un puesto
de mando, y desde allí controlaban el lugar, ejerciendo su
autoridad sin piedad. De vez en cuando, como era el caso, salían
a patrullar por el decadente pueblo. A su paso todos se
apartaban. Nada aparecer ellos, el barullo se convertía en
murmullo, y las miradas se desviaban hacia otro lado.
Aquel día, por llamarlo de alguna manera, pues el pueblo estaba
en algún remoto lugar de aquel inmenso desierto en que siempre
era de noche, se celebraba una venta de esclavos en la plaza.
Todos la llamaban así, la plaza, simplemente, ya que era la más
grande del lugar. Los soldados avanzaban en formación, equipados
con todo su equipo de batalla, como si marcharan hacia un
destino fatal, hacia alguna encarnizada batalla. Pero no, tan
sólo estaban de guardia en aquel pueblo asqueroso, y eso era
algo con lo que Sar’akarr no podía. Estaba destinado a ese
lúgubre sitio, a esa cloaca infestada de pordioseros, desde
hacía poco más de tres meses. Y ya estaba harto. Ya no podía más
con todo aquello. Él sólo quería marchar a la guerra, él quería
matar, saciar su hambre, devorar al enemigo... Había tantos a
los que aplastar... Pero no... Él tenía que estar en ese pueblo
remoto, bajo la orden de mantener la calma. Aquellos no ofrecían
peligro aparente, pero era mejor tenerlos vigilados... cada vez
que lo pensaba sentía ganas de escupirle a alguien en la cara...
Y en ese preciso momento, en aquella plaza con todos su hombres
detrás, formando, iba a darse el lujo de poder hacerlo.
Sí... No se iba a cortar. Al entrar a la plaza vio a una mujer
mayor, de unos cincuenta y pico años, arrastrando a un niño
pequeño de la mano. El chaval había estado pataleando por vete
tú a saber, y al ver a los soldados entrar, la vieja lo cogió,
tratando de llevárselo.
Sar’akarr caminó decidido, con la idea en la cabeza, con unas
ganas de escupirle en la cara a esa vieja que casi no se
contenía. Ella, al ver que él se acercaba, y sus soldados
detrás, soltó al chiquillo y se marchó apresurada. Sar’akarr, al
alcanzar al niño, que había dejado de llorar y gritar, y ahora
miraba aterrorizado, le propinó una patada en el estómago. Éste
volvió a llorar, ahora retorciéndose en el suelo, y el jefe de
los soldados continuó su camino hacia la vieja, que huía. Estaba
mayor, y no le costó alcanzarla. La tomó por el hombro y al giró
con fuerza.
- ¿Qué le hacías a ese pobre chaval?- Dijo muy serio bajo el
yelmo. Ella no contestó, muerta de miedo. Entonces él la arrojó
al suelo, y se quitó el casco negro. Sus lacios y largos
cabellos cayeron por fuera de su armadura, y sin miramientos,
dio un paso y le escupió a la vieja en plena cara. Ella ni se
inmutó. No dio señales de lo impotente que se sentía, estaba
demasiado asustada para mover cualquier músculo de la cara, y se
quedó ahí tirada, mirando al soldado.
Toda la compañía se echó a reír, y él, muy serio, se volvió a
poner el yelmo negro. Se giró, y ordenó al resto continuar. En
ese momento vio algo que no le pasó por alto. Al otro lado de la
plaza, en el puesto del vendedor de esclavos ambulante, había un
carro transformado en jaula móvil, y en su interior cinco
hombres. Bueno... Cuatro hombres y una extraña bestia de porte
humano. Sar’akarr y los soldados se dirigieron al carro, sin
dudarlo, aligerando el paso, incluso.
Aquellos
cinco guerreros eran unos fugitivos, y aquel era el último lugar
de ese inmenso desierto donde Sar’akarr pensaba encontrárselos.
Tenía que apresarlos. Ésta era su oportunidad de largarse de
aquel agujero infestado, e iba a aprovecharla...
Ya está
disponible el Escenario I: Los cinco prisioneros, en su
versión PDF descargable:
Los cinco prisioneros |
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El Trono de Korr
es una Campaña de Warhammer con Director de
Juego. |
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deciros que preparo Campañas de Warhammer por
Internet. |
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Estés donde
estés, podemos organizar una Campaña para ti y
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A dónde
llevan los caminos
- El pueblo en ruinas.
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Próximos
escenarios
Los cinco
prisioneros
El dueño
del castillo
¡A cruzar
el puente!
La
Guardia del Templo
El Desertor
La gran
batalla por el Trono de Korr
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Rumores
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I |
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Nadie lo
dice abiertamente, pero al parecer han sido descubiertos
cinco fugitivos a los que muchos buscan por diferentes
razones... |
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Fuentes
utilizadas en esta presentación
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