Bitácora de navegación urbana
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Mañanitas por soleares...

Mañana, si Dios quiere, me sentaré como siempre en el retrete a primera hora de la mañana huyendo de mi infernal trastorno intestinal que porto desde mi niñez con el estreñimiento, también suelo sentarme a ojear revistas de poquísimo interés cultural entre la que se encuentra en primer lugar la Revista Municipal de mi Ayuntamiento. Me da el tiempo justo para observar el innecesario gasto en la calidad de papel que emplea comparándolo con el higiénico, este último es como más agradable al tacto y, por supuesto, mucho más económico que dicha edición mensual en la que colaboro económicamente. Paquetes de veinte rollos suaves con doble papel en oferta para un mes en las grandes superficies cercanas; unas treinta páginas rígidas, ásperas y raspantes en un mes y para dos días. «Busque, compare y pague lo honesto y necesario...» Si mañana me da fuerza El Señor como hasta ahora, intentaré leer algo con lo que poderme entretener en tan ardua faena y necesidad vital de cada rutina tempranera del día a día. Aunque he de reconocer que no solo los laxantes son eficaces contra mi fatal estreñimiento, la temática de la propia revista ayuda al proceso intestinal con unas cuantas “seguidillas” por soleares matinales asistido previamente por un café y dos pitillos. La verdad es que lo del saludo del alcalde es algo que me atrae con inquietud sobre lo que esta vez nos quiere trasladar, pues todo el mundo, como bien sabe, no se equivoca, ni miente, no se esconde, ni se contradice, ni puede realizar nada inmoral... Lo poco que más me llama la atención son los temas surrealistas introducidos a modo de distracción y la escasa y denotada fuerza moral con que aparece la oposición para liderar denuncias de incumplimientos y claro... como no, los buenísimos réditos a la urnas por parte del equipo “A” de nuestro Ayuntamiento. Lo que de ningún modo he terminado de comprender es porqué nunca concluye con una moraleja o algo similar a una parábola al estilo de los principales periódicos de España, como por ejemplo: «Podrás engañar una vez a uno, pero no puedes engañar a todos siempre...» firmado por su autor, aunque sea anónimo. Claro, que a lo mejor, las inconsecuencias y las payasadas podrían pagarse con sonrisas vecinales. Las imágenes de esos vecinos sonrientes y contentos porque les han preguntado por alguna misión reciente del Ayuntamiento, son caras propias de un anuncio de pasta de dentífrica o dentadura postiza con el carné de pelota ingenuo, obviamente y con todos mis respetos a los fotografiados por un currante donoso y dicharachero cronista a sueldo de la Intendencia que nos dirige (o sea de nuestros bolsillos). Para mi es como una humillación al pueblo y a todos los vecinos. Luego, no falla, siempre tiene que aparecer una nueva cara, una especie de mediáticos que salen de Dios sabe dónde y que parecen ser de toda la vida de este pueblo al que defienden a capa y espada como si su sangre estuviera entremezclada con los átomos y células que componen nuestro alrededor. Son, indudablemente, gente que desea manifestarse y que provienen de la comarca cero del distrito de ninguna cosa y que buscan alguna oportunidad para subirse al carro del equipo del Ayuntamiento para seguir parasiteando de los demás con esa sonrisa de cinismo que hurta los bolsillos de todos. Lo mejor es cuando nuestro edil les extiende su mano en representación de nuestra elección y en derecho de como tal. Hoy día en nuestro Ayuntamiento tenemos de todo y para todo. También he de reconocer su técnica facultad de mantener el tipo en esa escena mediática, pues pienso que hay que ser un artista, más bien una estrella, con un aguante extraordinario y una formidable imaginación... saber buscarse las habichuelas con todo eso aún avasallando, humillando y tiranizando al hijo de cualquier vecino y si es preciso defraudando y traicionando al mejor amigo, padres o hermanos y mantenerse con la cabeza bien alta en el candelero ante un público que ya está, por albricias y regocijo mío, bastante resabiado, después de cuantiosos envenenamientos y dañado de tanto moho y tanta pus, dando como resultado una idea más politizante y cabal dentro de lo razonable de la que piensan, presumen y se afanan los mandatarios de nuestro Ayuntamiento. Estos personajillos de la nada, me dan como un fuerte sabor a retro y un hedor a tropel bajo el tribulete de un pesebre que escenifican todo aquello que se les requiere. Esto es un claro efecto de reflejo bajo unos efectos secundarios con transparentes resultados derivados de un derrotismo que ya se ve venir. Volviendo a mi retrete, perdón, a la Revista del Ayuntamiento. A sabiendas de que mi psiquiatra me ha aconsejado mantenerme al margen de cualquier situación desapacible o irritante, he decidido vulgarizarme con estos lapsus de historias con temática ramplona y toscos episodios de chascarrillo que me perjudican desvariando, aún si cabe, mi salud mental. Pero es como y cuando mejor me descubro y me hallo, sobre todo cuando tiro de la cadena y las aguas se llevan lo que tanto deseo expulsar; mis detritos, mis desechos y todas mis aguas menores de pensamientos fundados, razonables y correctos para mi. También podría tener la libre disposición de hacerme el loco, que no deja de ser una actitud muy común en esta sociedad nuestra que, curiosamente es más propia de los «listos», pero con la incompatibilidad de que es fácilmente detectable por los «tontos» de turno, a no ser que llegue un instante en que te tropieces con unos señores vestidos con bata blanca ávidos en encontrar cortocircuitos en la mente humana y se presenten en mi WC acompañados de la Policía Local para probarme una camisa de fuerza a medida confeccionada por el sastre del edil de mi Ayuntamiento y pagada con parte de mi bolsillo. Claro. Pero no importa. Al fin y al cabo tengo la gran suerte de poder decidir ser un náufrago desheredado sin ambición alguna, perezoso de estar en estar entre esta “civilización”... No es mala idea, apuntarme al carro del Ayuntamiento hasta que se confirme mi interpretación, con unas vacaciones pagadas por las arcas en un psiquiátrico de lujo y yo intentando mantener el tipo y las habichuelas a costa de ese aura enigmática que indudablemente poseo. Yo si que soy dueño de mi destino.



Buen día y vaya Ud. con Dios...

Hay que ver, qué cosa con más lindeza y qué perfección puede haber que los rasgos de identidad espiritual como detalle del alma y que sean gestos cargados de tanto simbolismo. Ofrecer media racioncilla de espíritu humano para compensar la esencia de los buenos propósitos y enmendar la oveja negra que todos acarreamos en nuestro rebaño hacia la más pura materia y substancia de la luz divina por el bien del prójimo. Con denotados excesos de misterio enigmático, sin contar los aburridísimos espacios publicitarios que todos, desde hace años y de forma ignorada nos saltamos, se empapan las páginas de las revista mensual salpicándonos de folletines y comunicados del Ayuntamiento. Un misterio impulsado por un gobernante que ya aburre con sus aspiraciones ansiosas de propósitos de convencimiento como bienhechor y de su excelente cometido como tal. A no ser que uno sea nuevo en el censo y se la “papée” desde su inicio hasta el final, al igual que ya hicimos todos en su día admirados de la novedad del servicio informativo y comunicativo de nuestro municipio. Un exceso de empape de papeles de gran calidad, fantástico tacto y colores de cuatricomías en sus ilustraciones, y todo, porque lo más probable es que lo su equipo traslada a la vecindad deja mucho que desear dada su fundamentada inhibición por las relaciones públicas y trato social con los que les votan y los que no. Siquiera el responsable de Relaciones Públicas, otro asalariado más, es conocido entre los vecinos. Posiblemente el duro trabajo en el Ayuntamiento sea tan ajetreado y extenuante como para no dedicar un pequeño hueco en el día como para consagrarse a sus ciudadanos, moradores y contribuyentes de quien depende su remunerado salario. Obviamente, cuando uno sale de la oficina en el rutinario ejercer de cada día, lo primero que habitualmente se hace es dirigirse a sus respectivos domicilios a dedicar lo que a uno le queda del día a su familia o a sus obligaciones personales, por ello, nuestros concejales no se les puede ver más que a distancia en el mismo bar o restaurante y a la misma hora, todos reunidísimos con asuntos vitales para nuestro bienestar. No lo reprocho, es lógico que en ese único momento del día se despachen las muchísismas novedades de cada jornada en esta, su “segunda oficina”. Yo, en mis tiempos de comercial hacía lo mismo, pero reunido con unos colegas, un “gin-tonic” en cada mano y dando las novedades a las almendras, eso si, todo escotado de nuestros humildes y agujereados bolsillos o dependiendo del azar de los “chinos”. Porque, ya se sabe, que eso de irse a seguir vendiendo la moto como que no apetece y lo de ir a casa donde la televisión sorbe la sangre y la familia o el perro chupan lo único de nuestra energía del día y absorben la poca sangre que nos queda recreándose en cada instante de la imbibición y repartiendo cuantas raciones de amonestaciones e increpaciones que, a cualquier hijo de su madre, hace tender hacia el recurso deportivo de jugar a la partida de naipes en la versión perezosa y españolísisma del “gandul”. Si algún vecino tiene alguna duda, sepa que los resultados de cada jornada están compendiados en forma de bosquejo en los comunicados y en la Revista Municipal del Ayuntamiento de cada mes, una información que nos ofrece como servicio prestado de manera quasi-actualizada del gobierno actual de cada alcaldía que pasa por nuestro Ayuntamiento. Totalmente imparcial , equitativa y ecuánime en cuanto a las realidades que existen en el municipio donde convivimos y con la ventaja de poder ver y leer las opiniones de los vecinos que enjuician de manera sublime, espléndida y soberbia sobre las trajinadas actuaciones realizadas por nuestro esti-amadísimo edil y su equipo. Lo que pasa es que en épocas vacacionales, temporadas de estío y sequía, de playa, piscina y rabas en el chiringo, las noticias como que se van de fiestas patronales por los pueblos y los incendios ya empalagan a cualquiera prefiriendo desertar por unos días evaporándonos de este sofocante calor. Entonces las noticias se quedan secas y ásperas haciendo el agosto, la información de desmadeja como culebras en el verano y a falta de cosas que contar, algunos sacamos agua potable de pozos pozo negros. El equipo en cuestión se ha diluido momentáneamente entre las temporadas estivales, esta vez diluyéndose y sin necesidad de disfraces, cuando la noticia nos llama a las puertas de nuestras casas desocupadas por el verano y manifestándose como una Norma Duval a que la vean y que se note y se sienta que el equipo está presente y en plena forma para afrontar el invierno que ya se nos acerca. Ya lo escribí en otra ocasión “Políticos o Cómicos” y también articulé entre las fiestas Patronales de las dos que disponemos; las actuaciones de nuestros concejales no dejan de ser una obra teatral incluyendo la simplicidad de un humilde pregón que, ahora hasta nos lo narran los actores de “modé” como hermanados a los “antiguos vecinos” de siempre, como si de una toma de posesión se tratara y a sabiendas de que más que algo serio, no deja de ser una pura feria y vaya usted a comparar, Sr. Vecino. ¿A qué estamos jugando?. Para mi no dejan de ser cuestiones de fondo y voy a tener que acabar pensando en que en estos comunicados tipo “BANDO” y en esta Revista Municipal con todos sus espacios publicitarios incluidos no hay más distancia para la alcaldía que el exaltado clamor popular manipulado que las separa. Y la estrategia, claro. La pura pericia y táctica como rasgo de identidad espiritual que les define el detalle de su alma en gestos cargados de simbolismos figurados con el lobo feroz vestido de Caperucita de respaldo. Porque a su oveja negra, como a la abuela, ya se la ha comido.

Evolución de los gases venteantes...

Este verano he pasado parte de las vacaciones en Levante, como casi todo madrileño que esté a dos velas me he alquilado un microapartemento con vistas al mar, claro que además de céntrico en la más pura zona del movimiento hip-hop y del botellón, estaba ubicado en la planta 14, más que vistas al mar, por poco veo hasta mi Sierra del Guadarrama. Cada día, según los oriundos de la zona, el viento entra por diferentes puntos cardinales y puede variar (rolar) conforme le venga en gana a la meteorología favorable o adversa según para quién. Entre los términos que emplean están los vientos de poniente, los de levante, los de leveche, la racha de galerna... etc. Incluso cuando es perniciosa para algún sector como el de la pesca costera, entre ellos parafrasean que gran parte de la culpa es de el Satélite ese «Meteosat», porque, según comntan, cuando no estaba este artilugio por encima de nuestras cabezas, esto no pasaba. Es curioso, cuantas verdades nos sobrevienen sin que sepamos aplicar las culpas con los argumentos apropiados sobre motivos que en realidad tienen otros fundamentos reconocidos, vinculados y atribuidos científicamente y que no son otros más que las simples certidumbres, si cabe, que nos ofrece a su libre albedrío la propia Naturaleza sobre la Tierra, bien por causas de regeneración o substitución de algo afectado por los motivos que fuere o por la simple cronología de la evolución en la transformación del planeta o la galaxia en conjunto. Pues bien. No me deja de ser paradójico que en mi pueblo de la Sierra de Guadarrama, se esté preparando un cambio morfológico dentro de la historia evolutiva del terreno. El espíritu sopla por donde uno menos se lo espera y sus impulsos determinan tanto las evoluciones como las revoluciones en el devenir de las instituciones con fundamentos pétreos y fachadas cambiantes. Adorados y vilipendiados ideales legendarios de la generación del viejo germen por herencia , con arquetipos y paradigmas ya obsoletos, aún se plantean proponiendo figuradas convicciones relativas frente a las futuras generaciones de movimiento alcoholero del Botellón y del palabrotero Hip-Hop, sin tener en cuenta que son los futuros gobernantes de nuestro pueblo. Es una lástima que hoy día no aparezca un ideal que disponga de un espíritu de credibilidad y con los medios necesarios para popularizarse entre esta juventud y sus futuras generaciones, entre muchas otras razones porque las dichosas famas y los postizos virgos no dejan de ser un gazpacho que se repite con exceso y es notoriamente indigesto. Un ideal diplomático que ponga con ingenio en el sitio del desprecio a tanto gobernante de pacotilla. Estas instituciones cimentadas en el más viejo verbo de la mentira especuladora, como base del comportamiento político y social y contra todo aquello que plantea bocetos con novedosos propósitos o proyectos de resolución a tanta discordia o a aquél que se oponga con novedades fundamentadas en la lógica constructiva para una sociedad de convivencia, de comprensión y entendimiento común, al menos dentro de lo que se pueda sin sujetarse el la renombrada utopía en la que tantos nos respaldamos y nos excusamos como salida cómoda al complicado y trabajoso intento de, cuando menos, fomentarlo. Y aquellos que tienen la capacidad de acceder a la cofradía de la política no vuelvan la espalda a los trascendentales problemas de cada día. El alcalde de mi pueblo, tal y como dice la canción folclórica popular, tiene mucha ilustración. Es probable, al menos no tengo, ni busco motivo alguno para reprocharlo, pero de lo que no dudo (puedo estar muy equivocado) es de su soberbia, su vanidad y su altanería. Y, particularmente, tiene la errada osadía de no consultar los asuntos a los vecinos, cuando menos a aquellas agrupaciones que los representan. Que, si bien no disponemos de tanto “pedigreé” político o democrático, si somos mucho más dialogantes y considerados y, al fin y al cabo, somos quien los sustentamos, tanto a él como a su equipo. Y digo yo, si lo que sobran al parecer son las rachas de ventiscas y lo que faltan son cobijos para los resguardos de estas, igual se podría llegar a un acuerdo mutuo con las borrascas ¿no? O es que es necesaria la intemperancia destructiva para que las cosas se tengan en cuenta... Indudablemente, lo que si está claro es que estos obsoletos vientos son aires en movimiento caduco que ya tienen hedor a corrompido y putrefacto. Y, entre todos podríamos apoyarnos llenando nuestros corazones dándonos a los demás y olvidándose de uno mismo y, por supuesto sin convertirse en un “culebrón” tal y como lo han deformado, como siempre y con la repetitiva constancia basada en el más puro interés para la recompensa personal, los de la empalagada, hastiada y aburrida oposición con todos sus “relatos” mensuales y de panfleto nos llegan a casa con la única intención de promover el deporte del estrago y el menoscabo entre todos nosotros los vecinos que estamos metidos en la misma borrasca sin comerlo ni beberlo, pero desembolsando. Todos estos no dejan de ser de esos bisoños grumetes de poca monta que a lo tonto a lo tonto, navegando por alta mar en plena borrasca, se van metiendo en la cocina ha sabiendas de que si hay que naufragar, es mejor irse a pique con la manduca a dos carrillos y bebiendo el espirituoso aguardiente de los demás que no faenando al sufragio común por la cubierta del bajel. Por ello y por todo esto, y como un vecino más metido a los cuatro vientos, hago uso de mi supuesto atributo, más propio de encontrar la armonía en la estabilidad humana por convivencia que de un trascendental encopetado y desdeñoso de la crítica al tun tun, sosteniendo mi razón de política imparcial y este es el reclamo que exijo de los hechos a mis votados, sin necesidad de tantas solideces de agudeza fábula y virtuosas palabras ante la inclemente tempestad borrascosa que ya tenemos encima y de la que de manera denotada algunos hasta disfrutan con asombroso masoquismo con el que, al parecer, deben anhelar de forma ignorante irse a pique en un fatal zozobre insalvable de por vida con la historia. Ya en estos principios del S. XXI, la situación de cabotaje de España es una navegación de travesía complicada, pero la de mi pueblo, aunque solo disponga de un trecho de un río y un simple pantanillo, los tripulantes y pasajeros seguimos dependiendo de donde provengan los vientos y de quien gobierne a sus ufanas anchas y con una tarambana de timón en sus manos para el control de nuestro destartalado navío. Mientras los viejos vecinos hemos desatendido ese arte de encandilar con palabras a las generaciones posteriores, nuestras sucesiones con la historia del pueblo se desvarían convirtiendo el sextante en un obsoleto instrumento para evocar aquel arte como tesoro que hoy día ha quedado encerrado en un cofre abandonado en el interior de una gruta de la covacha en la nostálgica isla que existe dentro de cada uno. Somos la casposa marinería de tercera que solo se limita a fregar la cubierta y pelar patatas, apocados en la comodidad y la cachaza de la necia conveniencia y el ingenuo consentimiento por dar la popa a nuestro ideal trasnochado; un patrón de fantasía que compartíamos cada noche con la almohada en el catre, con cada oración ilusoria del crepúsculo y de la particular claridad vespertina con ese ánimo por el afán del ensueño en nuestras vidas. Yo sigo intentado mantenerme con vida aunque sea como el naufrago de la isla perdida, resistiendo a morir entre tanta morralla y tanta cutrez de lo aparentemente intelectual. Aunque haya políticos y culturetas modernos dispuestos a acabar con la esencia de mi navegación sobre la ruta que trazo a cincel imborrable con el compás en cada amanecer sobre la mesa de cartas de mi pequeña goleta y, en definitiva, sin mayor intención que arribar al puerto en un angelical transbordador con los anudados cabos que amarren inseparable a nuestro pueblo sobre mis presentidos decorados celestiales de las estrellas en las vísperas de cada anochecer. Por los cuatro costados de mi pueblo, por los cuatro puntos cardinales, por cada linde y desde ella, donde antes olía a musgo, tomillo y jara... quizá comience a tomar forma mi leyenda y comience a reconocerse todo lo que se ha olvidado y que injustamente se arrastra en los últimos tiempos de silencios infaustos y sigilos ominosos. Ahora, después de este verano, el que saca pecho y lucen bronceados vuelven con la misma intención de acomplejar a los que conservan la piel lechosa coincidiendo con las estadísticas anuales postvacacionales, con los detalles descriptivos que sitúan a nuestro pueblo en el puerto la de los piratas en la isla de Bararroja, dónde cada uno pisa el callo al de al lado con el tacón de la bota y ni siquiera es capaz de pedir disculpas, vendetas, perpetraciones y abusos salpicados con mermelada de sobornos sobre el pan untado en los desayunos de la dársena del muelle. Donde se hacen acertados todos los interrogantes de cada tripulante y surgen de la nada los nuevos marineritos de a pié en busca de cualquier navío para la próxima temporada

La verdad.

La verdad, intentando hacer uso del raciocinio, cosa extraña hoy día, no consigo comparar mi pueblo con mi país, pero lo más parecido es lo del terrorismo, económicamente hablando se entiende. Mi Alcalde es como el Arnaldo Otegui ese, pero más pijo y con una especie de Kale Borroka en versión inmobiliaria pero a lo aparentemente fino y todo respaldado por una oculta Batasuna pija pero como clara interpretación de constructora y a favor de la violencia urbanística desmesurada. Por mucho que se diga que esto, lo de mi pueblo, no es terrorismo, que vengan a pasarse un año como ciudadano, vecino y contribuyente, y verá lo que es el terrorismo mafioso y rastrero en su más pura esencia. Y todo esto no es política, simplemente es una desgracia más para todos. Bajo ningún concepto quisiera calumniar a nuestro gobernante ni a su séquito, diciendo que son fieles seguidores al partido político al que dicen representar. Simplemente, lo que expongo con estas palabras es lo que me dicta el sentido común que poseo y que, porqué no, podría englobarse dentro de las hipótesis de mi concebible ubicación psiquiátrica de hallarme en una condición poco cuerda basándome en mi trastorno de la monomanía. Ya sabemos casi todos, incluido un servidos, que el «absoluto» es posible dentro de las probabilidades en la verosimilitud matemática. Aquí, en este, nuestro pueblo, primero contribuyes económicamente, luego atrévete a hablar vilipendiando con la expresividad liberal democrática de la que tanto se alardea en el partido político de nuestro alcalde acerca de lo que a uno, personalmente, no le agrada... «Política de acercamiento al pueblo». Entonces la estancia en el pueblo será un hospedaje terrorífico que no desearías ni a tu peor enemigo deseando volver a tu lugar de origen... Eso si, apenas uno no tendrá que preocuparse demasiado de la venta de su vivienda actual en este lugar, para ello ya estarán al acecho unas poquísimas inmobiliarias con información reservadamente favorecida o bajo el enigma del privilegio como secreto del sumario de la corrupción dispersa del Término Municipal, haciendo ofertas infravaloradas sobre sus pertenencias. Casualmente, algunas de estas empresas están relacionadas con familiares o hermanados de alguna forma al Concejo del Municipio. Lo peor de todo es que aquí no existe ni está permitido una mesa negociadora ni diálogo alguno como en otros partidos contra el terrorismo. Autodeterminación personal de un humilde y mero vecino; llanamente hablando, un sincero sufragio universal digno de nuestra colectividad. Pues retorcer la realidad, privativamente, no tendría valor alguno a nivel personal, eso queda para los simples y los ocurrentes que vivan de ello. Algunos se preguntan cómo me mantengo firme sin haber sufrido ningún atentado visible, aunque haberlo lo ha habido y, por suerte, no ha tenido repercusión generalizada ni daño colateral al estilo militar. Aún no he llegado a la edad octogenaria, tampoco sé si ciertamente llegaré, no solo por mi atroz historial en cuanto a la “vida sana in córpore sano” o la transición vital de calavera que he llevado, sino porque hoy día, en mi pueblo, te puede sacudir un infarto cerebral diagnosticado por el médico rural que a su vez este está fundado según el informe garantizado y avalado por el incuestionable hábito facultativo y ducho en cuanto al “securitas mortem” que dictamina el Juéz de Paz, sin más dilación, remisión o derecho a la autopsia. El único que puede opinar sobre la defunción es el responsable de la adjudicación de nichos, si será con vistas a la montaña o con vistas a la ciudad o de la oferta promocional del momento. La última era de dos nichos al precio de uno con el correpondiente deuvedé de regalo. La verdad, también, es que muchas veces salgo en el coche a dar un paseo y me siento como si alguien me estuviera vigilando, no me fío ni del barrendero que está todos los días a la misma hora frente a mi portal. A esto creo que se le llama esquizofrenia persecutoria, pero si es así... ¿qué hace el barrendero todos los días a la misma hora fumando un cigarro frente a mi casa? Muchas veces, mientras conduzco, me detengo en el arcén a observar mientras me fumo un cigarrillo antes de que lo prohiban en el coche, y miro a mi alrededor viendo todas las nuevas obras que se están realizando, entonces es cuando me doy cuenta de que si en ese momento me diese un jamacuco mortal de necesidad, en este entorno paisajístico que me rodea, me convertiría en uno de los árboles más viejos de mi pueblo. Cada vez que paro, parece que estoy en un pueblo diferente e incluso no sé ni cómo continuar circulando. La verdad, también otra vez, es que llevo una vida un tanto ajetreada y rebelde en cuanto a mis afanes cotidianos, aunque no trabaje en nada en concreto y esté desempleado, no dejan de ser un esfuerzo personal que me hace relativamente joven, aunque mis redaños y mi brío ya no son los que eran y pero manejan bien mis apariencias, ciertamente, hace tiempo que renuncié a los esfuerzos encorbatados de despacho y no digamos a los físicos de pico y pala... La olgazanería y la desidia hasta me producen aperrea para leer los saboríos Bandos expuestos en mi pueblo. Las crónicas de la última Revista Municipal de mi Ayuntamiento las acabé más cansado que un oso perezoso fatigado, a pesar de habérmela ojeado sentado en el sofá con las piernas cruzadas sobre la mesa y un cojín en la nuca para reposar mis ideas. En mis paseos rutinarios procuro no alejarme demasiado de mi casa, más que nada para que, después de los impuestos y recargos, no encarezca,con algún sobreprecio como derrama sacada de la manga, la repatriación de mi cadáver a los míos. Ya se que en el fondo puede tratarse de una obsesión absurda y sin demasiado fundamento, pues aún, bien mirado, no he alcanzado el estado decrépito de aquél que se le puede comparar como mellizo del campanario de la iglesia románica del pueblo. Diría que estoy culminando con la edad de la experiencia sin haber alcanzado aún la del prestigio, este que suele ser en su mayoría el exclusivo achaque de interés que te avisa de la inminencia de lo fatal. La verdad, de nuevo, es que, según los doctos en las cosas, la gente corriente con el transcurso del tiempo coge enfermedades de las muchas que pululan por nuestro alrededor y que, en cambio, los tipejos ocultos contraen prestigios de la nada. Y eso, al parecer, no tiene menoscabo alguno... Recuerdo que hace tiempo una gitana me leyó la mano confirmándome un matrimonio y seis hijos; resultó que me casé una sola vez y he tenido dos churumbeles la mar de entrañables, pero solo dos. Hoy día no me atrevería a dejar mi mano a la gitana, pues estoy seguro de que acertaría mi futuro con la misma precisión con que se anuncian los comerciantes en la Revista Municipal de mi Ayuntamiento. No tendría ningún mérito prever el destino de alguien tan módico como yo. Verdaderamente, me empecino, llega un momento en que a cierta edad el futuro es una cosa minuciosa que admite poco margen de error. Siendo mejor esperar al olvidadizo «alzheimer» y entregar a la gitana un puñado de calderilla suelta para que me adivine al menos dónde está el razonamiento y la reflexión de mi pueblo. La verdad, obstinadamente invoco, que dónde esté la sinceridad que se oculte la falacia, pero que se encierre enclaustrada, sin hacer efecto y guardando silencio. Este pueblo es un pueblo común de todos los vecinos, no es el pueblo de nuestros gobernantes. La realidad de nuestro pueblo no puede estar en el albur y el riesgo de un tarambana botarate o un imprudente zascandíl que juega a coronarse con espinas y al que una disparatada y absurda Ley electoral, al parecer, le convierte en clave esencial de nuestro pueblo. ¿De qué?