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Sueños víricos...

Bienvenido a este extraño foro dónde ocupo un sítio como algo más de este descerebrado medio... Mis sueños estan ubicados entre el escribir y el soñar, pero no dejan de tener una interrelación común, por lo que acabo de encauzar este asunto tan misterioso del mundo virtual cibernáutico a uno de mis mejores y preferidos deportes. Lo de navegar, en sueños nocturnos me refiero, que no es más que una porción de mi vida fragmentada en tres nocturnas pesadillas recurrentes, aunque siempre está esa luna de testigo de tantos eventos y tantos secretos ocultos, aunque las nubes estén por medio, ella nos ve, pero no nos delata. Una de mis pesadillas, que conste que no quiero dilatarme en mis “flashes”, a los que ya se acostumbrarán los que no me conocen (si quieren, claro) y de los que tanto me sobrellevan y toleran aguantándome, después de navegar durante largos meses en solitario, mi embarcación no soporta una tormenta frente a unos acantilados de una isla llena de escollos y arrecifes, donde termino como un náufrago en esa isla desierta sin más equipaje que una especie de << Código Da Vinci >> y las obras completas de excéntricos y bohemios escritores como Valle-Inclán respaldado por los de su generación (http://comunidad-escolar.pntic.mec.es/634/cultura3.html ). En otra de mis pesadillas, soy atacado por una pitón gigante que me devora tras su aplastamiento de huesos y asfixia mientras farfulla con jactancia y vanidad los siniestros morbos, adversidades y desdichas de la humanidad actual. Y en la última y más inquietante pesadilla, por los efectos secundarios de moretones y cardenales, donde me estrello en un avión durante un viaje de esotérico destino y mientras caigo siento el vértigo y el desfallecimiento haciéndome saltar de mi lecho con la conllevada caída de bruces al duro suelo, por cierto, un mundo muy duro el de este planeta. Contra las dos primeras pesadillas, que juzgo improbables, no puedo hacer nada. La tercera, la del avión, la trato de resolver por el antiguo procedimiento de rezar tres Avemarías y un Padre Nuestro, aunque soy agnóstico, pero ya se sabe... por eso de el << Por si las moscas... >> Es más, cuando voy a viajar en ese en avión que siempre se siniestra, antes de embarcar, suplico que me den el asiento de ventanilla (pues si la diño o la palmo, prefiero ver cómo se acerca el planeta Tierra, que ya conozco su dureza y las contusiones y magulladuras que me ocasiona, que estar embutido en un asiento central dónde desconozco el desenlace final). Por ahora, el resultado combinado de ambas acciones, oración más ubicación, va siendo magnífico (me he estrellado cientos de veces y tengo una colección de moradas contusiones y Avemarías que el día de mañana presentaré a Dios o al que me enjuicie (<< por si las moscas...>>) como atenuante de una más que probable sentencia condenatoria). Además, como efecto colateral de cierta importancia, las ventanillas de este fatídico avión, me han permitido tener una primera impresión de los terrenos geográficos donde caigo, desde el ordenado desierto áspero y brusco omaní hasta el y miserable seco y árido saharaui, hasta en los adinerados campos de golf y estadios de béisbol o fútbol americano de los EE.UU., la triste soledad del Tibet, la dureza de la sierra peruana, el desalmado frío inhumano y despoblado de la Patagonia, el orden de la campiña inglesa o la peligrosa atracción de la amazonía. Sólo en un caso, después de estrellarme, sobreviví al evento comprando “chuches” para mis niños y caprichitos para mi mujer en un << Dutty Free >> de Kabul, aunque reconozco que habría que tener veintiún miopías inoperables para pensar que este aeropuerto ostenta tiendas de este tipo. Aunque dicen que en toda norma hay una excepción (menos en la que se refiere a la inexistencia de vida inteligente en Marte y la Luna, pero eso son otras fábulas). Cuando la nave ya está en aproximación a este aeropuerto árabe, lo que se ve a vista de pájaro son parcelas de tierra seca y carreteras marrones de eternas y aburridas rectas que dan sueño. A tal vista le correspondería una terminal rugosa y fea. Y casi, casi; que el suelo de mi dormitorio es un poco mejor; pero sólo un poco.



Irrupción, Corrupción... ¡¡Vaya solución!!

La grosera Irrupción del hombre bélico en la política y el espectáculo de mi carrera sin meta (o sea, el periodismo tokawebs), la corrupción de la vida cotidiana por el chorreo intermitente de pavadas asesinas, la insolencia de lo castrense convertido en refugio de castrados... La opresión del lenguaje, tan empobrecida por los nuevos autócratas que se hacen llamar gobernantes, el clamor de trompetas victoriosas, las sintonías temáticas televisivas afines a los días guerreros (síncope-taquicardia-síncope), sustituidas sutilmente por las sintonías temáticas televisivas afines a los días de virreinado (violín-reconstrucción-violín). Todo ello da que pensar. Da que temer. Y, porqué no... ¡¡PESADILLAS!!. Decirme si merece la pena un mundo convertido en tremenda lista negra, y los negros lápices de tachar y rechazar, en unas pocas manos... ¡¡Para nada!! Y hay algo peor. La costumbre y el borreguismo. Que nos acostumbremos a estas soeces presencias, que demos por perdido lo que ellos ya han cobrado. Empieza a ponerse bravo esto de ser persona bovina. De pronto, aquél verso de un escritor cualquiera parecido a mi pero muy por encima de lo que yo hago, que siempre me pareció un perturbador, se me revela hoy como un consuelo: "Envejecer, morir / era el único argumento de la obra". Qué bueno sería envejecer, morir, a la manera que temía el poeta cualquiera. Sin otro agobio que el que produce saber el poco tiempo de que disponemos... ¿Verdad? Un fiel Torrelodonense Español de España
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