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"Basmala. Hizo levantar esta mezquita Ahmad
Ibn Hadidi, de su peculio, solicitando la recompensa ultraterrena de Allah por ello. Y se
terminó, con el auxilio de Allah, bajo la dirección de Musa Ibn `Ali, el arquitecto, y
de Sa`ada, concluyéndose en muharram del año trescientos noventa." Esta inscripción fundacional, que
recorre la parte superior de su fachada Noroeste, indica que esta mezquita, edificio
emblemático del pasado islámico de la ciudad de Toledo, ha cumplido ya mil años, y que
fué financiada y construida por iniciativa particular. De época medieval es poca la
documentación existente acerca de la misma,a pesar de lo cual aporta un número
considerable de datos sobre el edificio. En lo que respecta a la
época musulmana,la única fuente documental conservada, lo constituye precisamente la
inscripción fundacional. Y las pocas noticias que de ella se tienen, ya en época
cristiana, hacen referencia a la pérdida de su carácter anterior, con la concesión del
edificio a la orden de Hospitalarios de San Juan, bajo la advocación de la Santa Cruz. En
algunos documentos mozárabes se alude a ella, y generalmente con el único objeto de
servir de límite o medianería a algunas ventas efectuadas. Y sin embargo, su carácter,
excepcional en muchos sentidos, ha motivado, a lo largo de los años, un interés
generalizado por parte de historiadores, tanto nacionales como internacionales, culminando
en los actos celebrados y en las aportaciones y publicaciones aparecidas con motivo de la
celebración de su milenario.
Tras el descubrimiento de
la inscripción fundacional, en Febrero de 1899, Amador de los Ríos, en una primera
traducción de la misma, sugirió el origen de la mezquita como reconstrucción de un
edificio anterior, dando origen así a la teoría sobre los fundamentos visigodos de la
misma. La tradición toledana, en forma de leyenda, apuntaba en esa dirección, puesto que
según la misma, el edificio fué consagrada al culto cristiano en el mismo momento de la
conquista de la ciudad por Alfonso VI. Al entrar en la ciudad el caballo del Cid se arrodilló, repetidas
veces, ante la puerta de la mezquita, e investigado el hecho, por su extrañeza, se
descubrió la imagen tapiada de un Cristo, con una lamparilla que continuaba luciendo
después de 364 años. De ahí el nombre de Cristo de la Luz que, según la leyenda, los
cristianos escondieron en el edificio visigodo existente entonces, para evitar su
profanación.
Sin embargo, a partir del
primer estudio, realizado por Amador de los Ríos, y a lo largo del tiempo, se han
sucedido significativas aportaciones y referencias a este singular edificio, intentando
reafirmar su originalidad y desechando cualquier referencia arquitectónica anterior,
aunque a este respecto hay bastantes dudas. Y la primera referencia que se tiene de la
mezquita, ya en época cristiana,la confirmación documental de su uso como iglesia, es
cien años posterior a la ocupación de la ciudad por las tropas de Alfonso VI.
Probáblemente entonces, se modificó el nicho del mihrab, para colocar un altar, lo que
se corresponde con los cimientos encontrados en 1909.
En realidad,
se desconoce cual era su nombre en época islámica. Su verdadero nombre está perdido en
el tiempo. Se encuentra en el barrio medieval de San Nicolás,que incluye Zocodover, en la
calle a la que da su nombre actual, Cristo de la Luz, y en las proximidades de la puerta
de Bad Al Mardum (puerta Tapiada), de la que lo recibe. En los documentos cristianos, de
época medieval, aparece con el nombre de Puerta de Valmardum o Mayoriamo. Su ubicación
en este barrio de la ciudad, probablemente fuese debida, en primer lugar, a su proximidad
con el al-Hizam, y en segundo por ser un barrio residencial, y asentamiento de familias
ricas e influyentes de la época musulmana. De hecho, algunas de las casas de este barrio
fueron, ya en época cristiana, conquistada la ciudad por Alfonso VI, origen de diferentes
fundaciones religiosas, algo que requería de edificios de categoría. Apunta también en
este sentido el que Ahmad Ibn Haididi debía ser miembro de una familia adinerada y de
prestigio en la ciudad, y que tuvo papel importante en el periodo taifa de la misma.
Oculta tras la
iglesia, llamada del Cristo de la Luz, sus adiciones e incontables capas de yeso, y muy
deteriorada, la mezquita fué descubierta en el siglo XIX, recuperando su disposición
primitiva tras la restauración de 1909, y resultando evidente su adscripción al arte del
Califato, avalada por la utilización de las mismas formas arquitectónicas, y de
similares sistemas constructivos.
Según todos los estudios
realizados, se puede establecer que le
mezquita es un edificio pequeño, de planta casi cuadrada, y con dimensiones 7,74 m. por
8,60 m. Su altura es de 8 m., y de 10,60 en la cúpula central. Su
espacio interior se encuentra distribuido, mediante cuatro columnas, en nueve tramos
cuadrado cubiertos por otras tantas bóvedas, y destacando la central, con una mayor
altura que las restantes. En el lado suroeste se encontraba el mihrab, en la actualidad
desaparecido, que era también de base cuadrada, y de dimensiones ligeramente superiores a
las de cualquiera de sus tramos.
En lo que concierne a su
exterior, sus cuatro fachadas ofrecen diversidad decorativa. En sus materiales de
construcción predomina el ladrillo con mortero de cal, aunque en los paramentos aparece
asociado a la mampostería, con cajas que oscilan entre 0,25 . y 0,30 m., excepto en
las fachadas sudeste y sudoeste, que aparece sillería de piedra reutilizada . Estas
últimas se abrían, una hacia la calle, y la otra hacia el patio, posible entrada
principal del edificio. Y de estas dos fachadas, organizadas en cuatro cuerpos, destaca la
suroeste, abierta a la calle Cristo de la Luz, por encontrarse en su parte superior, la
famosa inscripción en cúfico, descubierta en 1899.
El interior de la mezquita
está organizado en tres cuerpos, a excepción del tramo central, que es de cuatro. El
primero de ellos se configura a partir de cuatro columnas sin basa y coronadas por
capiteles, procedentes de otros edificios,
tres de ellos visigodos, y el cuarto que fué añadido en las restauraciones de 1909,
según consta en el propio capitel. A partir de ellos, las impostas generan unos cimacios,
de planta cuadrada, que distribuyen los arcos en todas las direcciones, quedando así el
espacio interior dividido en nueve compartimentos, cuyas dimensiones medias son de 1,85 m.
por 1,72 m. Los arcos, a pesar de su restauración, presentan características comunes,
con ligeras diferencias. Son de herradura prolongada en la mitad del radio, enjarjados a
un medio por encima del radio, y con dovelaje de despiece radial, convergente por debajo
de la linea de impostas. Todo este primer cuerpo va recorrido por dos cornisas en nacela,
hasta una altura de 4,50 m., y que sirven, al mismo tiempo, para delimitar el segundo
cuerpo, formado por nueve tramos, y cuyos paramentos van horadados por vanos. La
ordenación y características formales de esos vanos refuerzan la existencia de dos ejes
que confirman un esquema en "T".
Sobre el segundo
cuerpo, discurren otras dos cornisas en nacela, hasta una altura de 6 m,, que en el
compartimento central son 6,5 m. A partir de ellas se
desarrollan las diferentes bóvedas, a excepción del tramo central, que va antecedido con
un cuerpo a modo de tambor. Todas estas bóvedas corresponden a variaciones sobre un
sistema de arcos entrecruzados.
Según King se puede
afirmar que esta mezquita es una síntesis de un tipo islámico de arquitectura y de los
modelos decorativos de Córdoba. Las bóvedas y las composiciones de arcos de la
decoración están inspiradas en la ampliación de Alhakam II en la mezquita cordobesa, y
sirven de modelo para la construcción y decoración de los edificios mudéjares
toledanos.
Pertenece a un tipo de
mezquita localizada en edificios existentes tanto en Túnez como en al Andalus y Egipto,
caracterizada por una estructura cuadrada de pequeñas dimensiones, organizada
internamente mediante cuatro soportes que conforman nueve tramos con cubierta abovedada o
cupulada.
Y por último, señalar el
hecho de que actualmente está incompleta al faltarle el mihrab que se situaba en el muro
sur. Sin embargo en el muro oriental, cuando a finales del siglo XII fue transformada en
iglesia cristiana, se añadió un ábside mudejar de arquerías ciegas, prototipo de
elemento decorativo toledano, cuyo interior se decoró con pinturas al fresco. Por encima
de la arquería, se conservan restos de las pinturas que decoraron el ábside. Y siguendo
la iconografía habitual del románico, en la bóveda está representado el tema de la
Maiestas Domini, del que apenas se distingue la figura del Pantocrátor, rodeado por el
Tetramorfos. Las figuras femeninas que ocupan los nichos, en el tramo recto de la
cabecera, se identifican como de santas toledanas, según la interpretación de ciertas
letras, visibles en los años de su descubrimiento, pero hoy inexistentes. El mal estado
de las pinturas hace difícil el análisis de lo conservado y explica, en parte, el escaso
interés que éstas han recibido. |