8:30 AM

 8:30 AM. Lock abrió los ojos, despertado por el chip de su cerebro. Impermeabilizó su brazo mecánico y se duchó. Usó el vestidor automático, el cual se atascaba a la hora de calzarlo. “Tendré que mandarlo reparar” pensó. Su robot-cocina le tenía el desayuno listo. Tras desayunar, cogió su portátil y salió hacia la estación de tren. Solo tuvo que esperar un par de minutos antes de que se acercara el suyo, levitando magnéticamente sobre los raíles. En diez minutos estuvo ante la puerta de las oficinas. Saludó al robot-portero con una leve inclinación de cabeza y cogió el ascensor hasta el quinto piso. Una vez allí, se dirigió a su mesa, conectó el portátil a la red interna y empezó a trabajar. No paró de teclear hasta la hora del almuerzo, a la una. Bajó hasta el comedor, en la planta baja, donde se sentó junto a Riya, una compañera con la que se llevaba más o menos bien. Hablaron acerca del nuevo chip de la compañía GRIT, con cual decían que se podía elegir los sueños. Entonces, Riya, sacó algo de su maletín.

-Mira, Lock ¿sabes qué es esto?

-Ni idea. Jamás había visto nada parecido.

-Es un libro.

-¡¿Un libro?! Pero si están prohibidos.

-No alces la voz.- dijo mirando a su alrededor. Nadie parecía haberse dado cuenta.

-¿Para qué quieres eso? Son inútiles. Si quieres hacerte con algún conocimiento, no tienes más que hacerte con el chip correspondiente y un par de segundos es tuyo.

-Ya, pero así es demasiado fácil. Además, gracias a los libros, ya no me aburro en casa.

-¿Aburrirte? ¿Y para qué está la televisión?

-¿No la encuentras aburrida? Todo el día con lo mismo, no dan nada interesante.

-Tal vez, pero evita que hagamos cosas peligrosas, como leer.

-Leer no es peligroso, es algo fantástico. ¿Por qué no lo pruebas?

-Ni loco. Y tú también deberías dejarlo antes de que te pillen. ¿Acaso quieres acabar en la cárcel como una insociable?

-Tranquilo, soy más astuta que ellos. Nunca me descubrirán.

 Se guardó de nuevo el libro y salió hacia el ascensor. Lock se quedó un rato más, pero no mucho. Tenía que volver a su puesto. Al volver a su casa, cenó y vio un rato la televisión. En el noticiario anunciaron la detención de un insociable en la ciudad. Se trataba de Riya Garek, de veintiocho años de edad. Lock se quedó mirando la pantalla durante un segundo. Se levantó, se desnudó y se metió en la cama. Programó su chip para que lo despertara. Al día siguiente, cogió su portátil y volvió a la oficina. Saludó al robot-portero con una leve inclinación de cabeza. Subió al quinto piso. A la hora de almorzar, se sentó junto a Jack, un compañero de administración. Y nunca nadie se acordó de Riya, la insociable.