Primera escena
. El escenario se ve algunas mesas con sus
respectivas sillas y una barra de bar al fondo. Tras ella, el tabernero limpia
unos vasos mientras habla con algunos clientes. Todos las mesas están vacías a
excepción de una, la más alejada, ocupada por BORGIAS.
Cliente 1- ¡Don Manuel!
Sírvanos otra.
Tabernero- Creo que ya
han bebido suficiente.
Cliente 2- Venga, no sea
usted así. Sírvanos la última.
Tabernero- Pero la
última, eh. Que es tarde y tengo que cerrar.
Cliente 1- Que sí, que
sí… (Señalando a Borgias) ¿Y que pasa
con aquel gachó? Lleva ahí casi una hora sin moverse.
Cliente 2- ¡Chacho! Ven
aquí y tomate una a nuestra salud.
Borgias- No, gracias.
Espero a alguien.
Cliente 1- Como quieras. Tú te lo pierdes. (Bebe un trago) Ahh, que bueno. Tiene
usted el mejor ron de todo el país.
Cliente 2- Y que lo diga.
No le debe resultar fácil conseguirlo tras lo que pasó.
Tabernero- Señores, no
sigan por ese camino.
Cliente 1- ¿Tanto le
molesta? ¿Es que acaso estaba usted con los…?
Tabernero- Yo no estoy
con nadie. Pero en mi bar no se habla de esos temas.
Cliente 2- ¿Por? ¿Acaso
tiene usted miedo?
Tabernero- (Mira a Borgias) Nunca se sabe quién
puede estar escuchando.
Cliente 2- Uy, sí, que
miedo, que va a venir a detenernos el comaaaahm… (Se interrumpe cuando ve pasar por la puerta a un par de soldados.)
Soldado 1- Buenas noches.
Cliente 1- Buenas.
Soldado 1- ¿Decían
ustedes algo?
Cliente 2- ¿Qué?
¿Nosotros?
Tabernero- No, nada
importante. Sólo hablábamos de bebidas. (Se
les acerca) ¿Qué desean, señores?
Soldado 1- Pónganos dos
vasos de ginebra. (Se sientan en una mesa)
Tabernero- Ahora mismo.
Cliente 2- (En susurro) ¿No iba a cerrar ya?
Tabernero- Usted cállese,
que bastante ha liado ya.
Soldado 2- ¡Tabernero!
¿Vienen esas copas o qué?
Tabernero- Ahora mismo,
señores. (Sale de la barras y les sirve.
En ese momento, Juliazar entra en la taberna. Echa un vistazo a su alrededor y
se sienta en una de las mesas libres.)
Tabernero- (A Juliazar) ¿Qué va a querer el señor?
Juliazar- Un vaso de
tinto, si es tan amable. (Borgias deja
unas monedas encima de la mesa y se levanta)
Borgias- Buenas noches. (Sale)
Cliente 1- (A los soldados)
Bueno, señores, cuéntennos: ¿qué tal anda la ciudad?
Tabernero- (Fusilándolo con la mirada) Por favor, no
moleste a estos caballeros.
Soldado 2- No, déjelo.
Las cosas no pueden ir mejor. Precisamente hemos venido a celebrarlo.
Cliente 2- ¿Celebrar? ¿El
qué?
Soldado 1- El fin de la
resistencia. (Ambos ríen)
Cliente 2- ¿El fin de la
resistencia?
Soldado 2- Efectivamente.
Ése será el titular que verán ustedes mañana en la primera página de todos los
periódicos.
Soldado 1- Esta misma
tarde hemos irrumpido en su cuartel general en plena reunión. Hemos pillado a
todos sus líderes con las manos en la masa de una sola tacada.
Juliazar- ¿A todos?
Soldado 1- Bueno, ya sabe
como son esa gentuza. Como dice el refrán, las ratas son las primeras en
abandonar el barco, y seguro que allí las había, y a montones. Seguramente
algunos habrán escapado, pero tenemos a toda su cúpula y hemos cortado sus
contactos, así que poca cosa podrán hacer.
Cliente 2- Y, dígannos,
¿había alguien conocido entre ellos?
Soldado 1- Ya lo creo,
pero no podemos decir nada hasta que sea oficial. Ya sabe, asuntos jurídicos.
Pero eso sí, conozco a cierto cantante de boleros que estará en silencio mucho
tiempo (Ríe)
Cliente 2- ¿Y cómo han
dado con ellos?
Soldado 2- Fue fácil.
Esta mañana recibimos el chivatazo de que iba a tener lugar una reunión a la
que acudirían los principales cabecillas rebeldes. No tuvimos más que
adelantarnos y esperar a que cayeran ellos solitos en la trampa. Fue un juego
de niños.
Juliazar- Supongo que el
comandante estará satisfecho, ¿no?
Soldado 1- Puede jurarlo.
Se acabaron los problemas para él. A partir de ahora podrá dedicarse a gobernar
tranquilo.
Juliazar- Cosa que todos ansiábamos
desde hacía ya mucho tiempo.
Soldado 1- ¿Está
insinuando algo?
Juliazar- En absoluto.
¿Acaso lo aparentaba?
Soldado 2- Tenga cuidado
amigo. No me gusta su tono.
Juliazar- Oh, caballeros,
les presento mis disculpas. No pretendía ofenderles a ustedes ni al comandante.
Tan sólo quería puntualizar la necesidad que tenía este país de un líder fuerte
y decidido. En fin, es tarde y creo que mi cita ya no vendrá. Estas mujeres… Ya
saben como son, tan pronto dicen una cosa como hacen otra. (Se levanta y deja una moneda sobre la mesa)
Señores, espero volver a verles en otra ocasión. Y enhorabuena por lo de esta
tarde. (Sale)
Segunda escena
En escena se pueden ver a un grupo de hombres sentados alrededor de una
mesa en una habitación oscura. A la izquierda, una puerta a la calle y, a la
derecha, otra a una habitación con una cama.
Vargosa- Poema de Neruda
(Por la derecha aparecen Juliazar y Borgias. Éste toca a la puerta. Vargosa
le hace una señal a Gabrielez para que se acerque a la puerta.)
Gabrielez- ¿Quién sois?
Borgias- Un caminante
perdido.
Gabrielez- ¿Y a dónde
vais?
Juliazar- A donde me
lleven los pies.
Gabrielez- Correcto,
pasad. (Abre la puerta y se hace a un
lado) Llegáis tarde.
Borgias- Eso díselo aquí
al amigo.
Gabrielez- ¿Ha pasado
algo?
Juliazar- Pronto lo
sabrás, Gabrielez. ¿Falta alguien?
Gabrielez- ¿Gardiel
todavía no ha venido?
Juliazar- ¿Nadie más?
Gabrielez- No, el resto
está ahí. ¿Quieres contar de una vez que ha ocurrido?
Juliazar- Lourdes, ¿dónde
está Gardiel?
Lourdes- No sé. Salió
esta tarde a no sé dónde. Dijo que nos veríamos aquí. ¿Por?
Borgias- Traemos malas
noticias.
Lourdes- ¿Qué? (Se levanta intranquila) ¿Le ha pasado
algo a Gardiel?
Juliazar- Siéntate, por
favor. Sentaos todos. (Todos se sientan
excepto Juliazar) Lamento tener que decir esto, pero la resistencia ha
caído.
Vargosa- (Poniéndose de pie) Pero,… ¿estás seguro,
Juliazar? ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo te has enterado?
Juliazar- Tranquilízate, Vargosa.
Yo me he enterado por pura casualidad. Se lo saqué hace un rato a unos soldados
en la taberna. Por lo visto, alguien les dijo que las principales figuras
rebeldes iban a reunirse esta tarde. Para los militares fue pan comido detenerlos
a todos.
Lourdes- (Sollozando) ¿Pero qué ha pasado con Gardiel?
¿Qué tiene él que ver con todo esto? Juliazar, dímelo, por favor.
Borgias- Por favor,
Lourdes, tranquilízate. (La coge en
brazos) Deja que siga.
Juliazar- Por lo que dijeron
los soldados, creemos que estaba en esa reunión y que lo han detenido.
Rosario- ¿Gardiel con la
resistencia?
Lourdes- ¿Pero dónde lo
tienen? ¿Qué le van a hacer? ¿Qué…? (Se
desmaya)
Borgias- ¡Lourdes!
¡Lourdes! ¡Despierta!
Vargosa- Rosario, rápido,
trae algo de agua.
Rosario- Mejor llevadla a
la cama, en el cuarto de al lado.
(Entre Vargosa, Juliazar y Borgias llevan a Lourdes hasta la cama.)
Rosario- (Sentándose junto a ella) Salid, yo la
cuidaré esta noche.
(Los tres hombres salen, se despiden de Gabrielez y abandonan el
edificio.)
Juliazar- (Saca un cigarrillo y lo enciende.) Pobre
muchacha. (Tose)
Vargosa- Sí. Ha sido un
duro palo. Es una chica muy sensible.
Borgias- ¿Cuánto tiempo
llevaba con Gardiel?
Vargosa- ¿Llevaba?
Borgias- ¿No pensarás que
lo soltarán?
Juliazar- Sí, el
comandante no es famoso por su clemencia. (Tose)
Borgias- Te he dicho mil
veces que deberías dejar de fumar. (Le
quita el cigarrillo y lo pisa) No entiendo cómo disfrutas tanto matándote.
Juliazar- Eso es cosa
mía. Me voy antes de que al doctor le de por auscultarme. (Sale)
Borgias- Menudo
personaje. En fin, yo también me voy a casa. Nos vemos mañana.
Vargosa- Hasta mañana. (Entra en la habitación y saca algo de beber)
(El siguiente diálogo tiene lugar paralela e independientemente entre
las dos habitaciones)
Gabrielez- Una noche de
emociones fuertes, ¿eh?
Vargosa- Sí, esperemos
que todo esto acabe pronto.
Lourdes- Gardiel…
Rosario- Shhh. Ahora sólo descansa.
Gabrielez- Ojalá, pero no
creo que sea así.
Vargosa- ¿Por qué dices
eso?
Lourdes- Rosario, ¿eres
tú?
Rosario- Sí, tranquila. Yo cuidaré de ti.
Gabrielez- Todos sabemos que el comandante no cederá el poder así como así. Lo retendrá cuanto le sea posible.
Lourdes- Rosario,
ayúdame. Gardiel ha…
Rosario- Sí, lo sé. Ahora intenta dormir.
Gabrielez- Y ahora que la resistencia ha caído, nadie le hará frente.
Lourdes- No, déjame hablar. Gardiel dijo que si algo le ocurría…
Vargosa- Alguien le hará frente. Europa no permitirá que…
Rosario- ¿Qué?
Lourdes- …que nosotros no debíamos… seg…
Gabrielez- Vargosa, abre los ojos. Europa, el mundo entero tiene demasiados problemas para acordarse de nosotros. Ya no podemos pedir ayuda a la Madre Patria. Perdimos ese derecho hace mucho.
Lourdes- Él no quería que nos pasara nada. Por eso no dijo nada.
Rosario- De acuerdo, pero ahora debes descansar.
Vargosa- Alguien habrá que nos ayude.
Gabrielez- Date cuenta de una vez: ahora que ha acabado con la resistencia, el comandante ha ganado definitivamente,
Rosario- (Entra en la habitación) Se ha dormido. Pobre chica.
Vargosa- (Cogiéndole la mano) Sí, debe haber sido muy duro enterarse de algo como eso de repente.
Rosario- ¿Sabéis lo que dice? Que Gardiel no quería que nos pasara nada. Por eso no nos dijo que se había unido a la resistencia.
Gabrielez- Ese muchacho tenía demasiados pájaros en la cabeza. No debió haberse unido a ellos.
Vargosa- Al menos él intentó hacer algo y luchar por lo que creía.
Gabrielez- Y ya veis de lo que le sirvió, para acabar en una celda mohosa.
Rosario- Chicos, por favor. Es tarde ya. ¿No deberías volver a casa ya, Gabrielez? Recuerda el toque de queda.
Gabrielez- Tienes razón, Rosario, como siempre. Mañana me pasaré a ver qué tal sigue Lourdes. Bonito poema, por cierto.
Vargosa- Sí, lástima que la noche haya
terminado así. Buenas noches, Gabrielez.
(Gabrielez sale de la habitación y abandona el escenario. Rosario vuelve junto a Lourdes mientras Vargosa recoge la sala.)
Tercera escena
(Mismo escenario. Lourdes duerme en la cama mientras Juliazar, Borgias, Vargosa y Rosario hablan en la sala contigua.)
Vargosa- No me lo puedo creer.
Rosario- ¿Cómo han podido hacer algo así?
Borgias- Bueno, tampoco podemos decir que nos pille de sorpresa.
Juliazar- Sí. Todos sabemos cómo es el comandante. Tenía que pasar tarde o temprano.
Rosario- Aún así, es tan increíble, tan…
Borgias- Nadie dice que sea fácil de asumir.
Juliazar- Nunca una ejecución lo fue.
(Silencio. Gabrielez aparece por la calle y golpea en la puerta.)
Rosario- Debe ser Gabrielez. Juliazar, ábrele, por favor.
Juliazar- ¿Quién es?
Gabrielez- Un viejo pianista. (Le abren y pasa.) Acabo de enterarme de lo de Gardiel. ¿Cómo está Lourdes?
Borgias- Durmiendo. Le ha dado un ataque de histeria al enterarse y le hemos tenido que dar una pastilla.
Gabrielez- Pobre criatura. ¿Qué será de ella ahora?
Rosario- De momento, se quedará aquí. La policía ha entrado en su casa y lo han destrozado todo. Me he pasado por allí esta mañana y apenas pude sacar un par de blusas. No le queda nada.
Borgias- Le quedamos nosotros.
Juliazar- Eso siempre.
(Silencio)
Vargosa- Gabrielez.
Gabrielez- ¿Qué?
Vargosa- He estado pensando en lo que hablamos la noche que detuvieron a Gardiel. Eso de que, sin la resistencia el comandante ha ganado y que nadie país nos ayudaría.
Gabrielez- Sí ¿Y qué?
Vargosa- Pues que creo que llevas razón.
Gabrielez- ¿Y a qué viene eso ahora?
Vargosa- Después de lo de hoy, de los arrestos y los fusilamientos, me he dado cuenta que ya nadie apoya al comandante.
Juliazar- El ejército lo apoya. Con eso le basta.
Vargosa- Sí, pero el pueblo no.
Gabrielez- ¿El pueblo?
Vargosa. Sí, el pueblo. Ellos podrían hacer frente al ejército y derrocar al comandante. Sólo tienen que vencer su miedo.
Juliazar- ¿A dónde quieres llegar?
Vargosa- Si el pueblo tuviera alguien que los guiara, que les diera una esperanza, perderían ese miedo.
Juliazar- Espero que no estés insinuando lo que yo creo.
Vargosa- Nosotros podríamos guiarles.
Gabrielez- (Levantando la voz) Muchacho, creo que has perdido el juicio. Acabas de ver como el comandante fusilaba a los líderes de la resistencia, como fusilaba a nuestro compañero, a nuestro amigo y tú pretendes que seamos los siguientes.
Rosario- Gabrielez, baja la voz, por favor.
Vargosa- ¿Y por qué no? Si no lo hacemos nosotros, tal vez nadie más se atreva y sería el fin. El comandante habría ganado y nos oprimiría con toda su fuerza. Tenemos que hacerlo.
Borgias- Vargosa, nosotros somos escritores, no soldados. No tenemos ni idea de política o estrategia militar. No podemos hacer nada.
Vargosa- Entonces lucharemos como escritores. Reflejaremos nuestras ideas en papel y las difundiremos por todo el país. Abriremos los ojos a la gente, nos introduciremos en lo más profundo de su ser, les daremos un rayo de esperanza que les devuelva las fuerzas y, llegado el momento, lideraremos la lucha.
Rosario- Cariño, ¿lo has pensado bien?
Vargosa- Llevo días dándole vueltas, y el corazón me dice que es lo que debo hacer.
Rosario- Te entiendo, y quiero que sepas que siempre estaré a tu lado.
Juliazar- Es un plan suicida. Cuenta conmigo.
Borgias- Y conmigo.
Vargosa- ¿Y tú qué, Gabrielez?
Gabrielez- Si no me mata el comandante, lo harán los años. Debo estar loco, pero puedes contar conmigo.
Juliazar- Sabía que te unirías, viejo.
Gabrielez- No abuses de tu suerte, chaval, no sea que me vuelva atrás.
Borgias- Bueno, ¿por dónde empezamos?
Vargosa- La verdad, no estoy muy seguro.
Rosario- ¿No deberíamos tener un nombre?
Vargosa- Supongo…
Juliazar- Por supuesto. Sin no tenemos un nombre, el comandante no nos tomará en serio.
Gabrielez- ¿Quieres decir que si tenemos un nombre pondrá más empeño en matarnos? ¡Oh, sí, que gran idea!
Borgias- No seas pájaro de mal agüero.
Vargosa- ¿Qué os parece “Los Rescatadores”?
Juliazar. Que es el colmo de lo cutre y lo hortera.
Rosario- ¿Y “Los Revolucionarios”?
Juliazar- Peor todavía. Un nombre no debe ser tan específico, tan claro. Tiene que ser algo por lo que no puedan acusarnos.
Gabrielez- Yo voto por “Los funerarios” y nuestro lemas sería “Comandante, los que vas a matar te saludan”.
Juliazar- Vale, Gabrielez, captamos la indirecta.
Borgias- Neftalíes.
Vargosa- ¿Qué?
Borgias- Los Neftalíes. Suena bien y no es nada explícito.
Vargosa- Neftalíes… Me gusta.
Rosario- Y a mí.
Juliazar- Es perfecto. Bien pensado.
Gabrielez- Sí, perfecto para ir al matadero. ¿Qué os apostáis a qué el comandante nos lo graba en el pecho antes de fusilarnos? (Murmullos y gestos contra Gabrielez)
Juliazar- Bien, ya tenemos un nombre. Ahora, escuchad el plan que se me ha ocurrido. (Todos se inclinan sobre la mesa para escucharle) Lo primero,…
Cuarta escena
(Mismo escenario. Lourdes y Rosario arreglan la habitación mientras hablan
Lourdes- ¿Hasta cuándo vais a seguir con esto?
Rosario- ¿Seguir con qué?
Lourdes- Enfrentándoos al comandante.
Rosario- Lourdes, ya hemos hablado de eso y…
Lourdes- Sí, pero no me habéis hecho ningún caso.
Rosario- Entiendo que te preocupes, pero ya te hemos dicho que no hay peligro alguno. Los militares no saben nada de nosotros. Para ellos, los disturbios son algo espontáneo, sin unos causantes determinados.
Lourdes- ¿Cómo podéis estar tan seguros? No sé, tal vez habéis dejado alguna pista o alguien ha hablado más de la cuenta.
Rosario- ¿No desconfiarás de nadie del grupo?
Lourdes- No, claro que no. Me refería a alguien de fuera, de la ciudad.
Rosario- No creo. Somos discretos; salimos, hablamos con la gente y desaparecemos antes de que pase nada. No provocamos los disturbios, provocamos que los provoquen. Nadie puede relacionarnos con todo eso, puedes estar segura.
Lourdes- Sí, supongo. (Se sienta) Pero es que tengo miedo. Ya visteis lo que le pasó a Gardiel, y no me gustaría que os ocurriera lo mismo.
Rosario- Mi querida niña, sabemos que lo de Gardiel fue un duro trago para ti. Lo fue para todos, en realidad. Por eso es que te mantenemos alejada de todo esto. Pero escúchame: a nosotros no nos va a pasar nada. Somos muy cuidadosos en ese aspecto, y te prometo que, a la menor señal de peligro, lo dejaremos. (Juliazar, Borgias, Vargosa y Gabrielez aparecen por la izquierda y tocan a la puerta.) ¿Quién es?
Vargosa- Un soldado sin patria.
Rosario- (Abre) Entrad, rápido. ¿Qué tal os ha ido?
Vargosa- De maravilla. A estas alturas, la plaza del centro debe estar llena gritos, ciudadanos descontentos y militares incapaces de restablecer el orden.
Juliazar- Sí, seguro que el comandante debe estar de los nervios. Desde hace más de dos meses no hemos parado de provocar revueltas y él no tiene ni idea de que existimos.
Gabrielez- Esperemos que siga sin enterarse. Porque como se ent…
Juliazar- No empieces otra vez, viejo.
Gabrielez- Jovencito, deberías mostrar algo más de respeto.
Rosario- Chicos, por favor, no empecéis de nuevo. Os quedaréis a comer.
Juliazar- Por supuesto. Es imposible resistirse a tus platos.
Lourdes- Lo siento, Rosario, pero tengo que irme. He quedado con unas amigas para tomar algo.
Borgias- Te acompaño. Tengo algunos asuntos que atender.
Juliazar- Mejor, más comida para nosotros.
(Lourdes y Borgias salen a la calle)
Borgias- ¿Para dónde vas?
Lourdes- Hacia el centro, cerca del parque grande.
Borgias- ¡Qué casualidad! Yo también tengo que ir cerca de allí.
Lourdes- ¡Estupendo!
Rosario- Hacen buena pareja.
Vargosa- ¿Quién? ¿Borgias y Lourdes?
Juliazar- Hombre, no vamos a ser Gabrielez y yo.
Gabrielez- Bah. No está la cosa para amoríos.
Juliazar- Pues no será porque Borgias no quiera.
Borgias- Oye Lourdes.
Lourdes- ¿Sí?
Rosario- ¿Qué quieres decir?
Juliazar- Pues lo que digo. Que Borgias lleva enamorado de Lourdes desde
que la conoció.
Borgias- Veras, yo quería preguntarte… bueno, lo que quería decir…
Rosario- ¿En serio? ¿Incluso cuando ella estaba con Gardiel?
Juliazar- Sí. Gardiel y él eran muy amigos, por eso no dijo nada.
Lourdes- ¿Qué?
Borgias- Bueno, ya sabes que Gardiel y yo éramos como hermanos y…
Vargosa- ¿Y tú cómo te has enterado?
Juliazar- Me lo dijo él. Digamos que decidió ahogar sus penas por los bares
de toda la ciudad, y yo, que me lo encontré por pura casualidad,…
Gabrielez- Sí, de esos estamos seguros.
Borgias-… y que puedes contar conmigo para lo que sea, y verás, yo… (Ambos se inclinan hacia delante como para
besarse)
Juliazar- El caso es que nos pedimos unas copas y me lo contó.
Lourdes- (Apartándose) No,… Lo
siento, Borgias, pero no puedo. No después de lo de Gardiel.
Borgias- Ya, a mí me pasa algo parecido, pero no podía aguantarme más.
Vargosa- Pobrecillos… Parecen que les han venido todas las desgracias
juntas.
Rosario- No tiene porqué. Tal vez Borgias llene el hueco que Gardiel ha
dejado y los dos sean felices.
Lourdes- Borgias, estoy muy confusa, no estoy muy segura de lo que siento.
Borgias- Tranquila. No pasa nada. Será mejor que me vaya a casa. Ya me
ocuparé de lo otro más tarde.
Lourdes- De acuerdo, mañana nos vemos.
Borgias- Hasta mañana. (Sale por la
izquierda)
(Lourdes se queda sola, mirando por
dónde ha salido Borgias. Entonces, camina hasta el fondo y sale del escenario.)
Rosario- ¿Qué planes tenemos para esta tarde?
Juliazar- Bueno, yo he quedado con unas amiguitas para tomar algo en mi
casa.
Gabrielez- Muy elegante, sí señor. (Lourdes reaparece en escena con un grupo de soldados.
Vargosa- ¿Y tú que piensas hacer? (Lourdes
señala la puerta de la casa y los soldados se preparan para entrar)
Gabrielez- No sé, saldré a pasear por ahí en busca de la inspiración. Hay
un poema con el que llevo más de una semana y que no sé cómo continuar.
Rosario- Buen plan.
(Los soldados entran violentamente la
habitación, apuntando con sus armas a sus habitantes)
Soldados- ¡Alto, quedan detenidos!
Juliazar- ¿Pero qué diablos?
Soldados- ¡No se muevan!
Vargosa- ¿Se puede saber qué están haciendo en mi casa?
Soldados- Quedan detenidos en nombre de la ley y del comandante.
Juliazar- ¿Detenidos? ¿Bajo qué acusación?
Lourdes- (Entrando en la habitación)
Bajo la de alta traición, conspiración contra el comandante, desorden público,…
Juliazar- ¡¿Tú?! ¿Pero qué haces con ellos?
Lourdes- Apostar por el caballo ganador.
Gabrielez- Maldita víbora. Tú vendiste a Gardiel, hija de perra, arpía,…
Lourdes- Sujeta tu lengua, esqueleto de momia. Lleváoslos.
(Los soldados sacan a los detenidos
de la casa y salen por el fondo. Mientras, Lourdes, aún en la casa, se sirve
una copa y se sienta. Por la izquierda y corriendo aparece Borgias, que entra
en la casa y cierra la puerta.)
Lourdes- (Levantándose y escondiendo
la bebida.) ¡Borgias!
Borgias- ¡Lourdes! Me has dado un susto de muerte.
Lourdes- Perdón. Pero, ¿qué haces aquí? Creí que te ibas para casa.
Borgias- (Se sienta) Sí, así era,
pero al llegar, me la encontré llena de soldados, así que salí corriendo. Por
el camino, un soldado me vio y empezó a perseguirme. Por suerte, puede darle
esquinazo antes de llegar hasta aquí. ¿Y tú qué? ¿No tenías que ir con unas amigas?
Lourdes- Sí, pero a medio camino me di cuenta de que me había dejado el
sombrero, así que volví.
Borgias- Ajam, ¿y el resto?
Lourdes- (Se sienta y empieza a hacer
que llora) Se los han llevado, Borgias.
Borgias- ¿Qué? No, esto no puede estar pasando, no pueden habérselos
llevado, no es posible,…
Lourdes- Pues lo es. Cuando he vuelto, me he encontrado la puerta abierta y
todo revuelto, y un hombre que pasaba por la calle ha dicho que los soldados
vinieron y se los llevaron.
Borgias- (Se inclina sobre la mesa y
se tapa la cabeza con las manos) Juliazar… Vargosa…
Lourdes- (Dándole unos golpecitos en
la espalda) Anímate. (Saca un pequeño
revólver que llevaba escondido) Piensa que ahora la paz del comandante
podrá mantenerse.
Borgias- ¿Pero de qué hab…? (Se encuentra con el arma apuntándole) Tú.
Lourdes- Sí, yo.
Borgias- ¿Por qué lo has hecho?
Lourdes- Por nosotros, por todos nosotros, por la ciudad,… El comandante
nos traerá paz y prosperidad, eso es de lo que intenté convenceros tantas veces,
pero ninguno me hicisteis caso.
Borgias- ¿Y Gardiel?
Lourdes- Gardiel era un estúpido. Desoyó mis consejos y se unió a las
Resistencia. No me avergüenzo de haberlo delatado.
Borgias- Lourdes, el comandante mató a Gardiel y a muchos otros inocentes.
Lourdes- Pero lo hizo por el bien común. Ellos alteraban el orden. No eran
más que una molestia innecesaria.
Borgias- (Poniéndose en pie) ¿Y
nosotros? ¿También molestamos?
Lourdes- No des ni un paso más.
Borgias- Después de todo, ¿vas a matarme? ¿Para eso has vuelto aquí, para
ultimar tu traición?
Lourdes- No, he venido a ofrecerte un trato, una última esperanza: únete a
nosotros, al bando de los ganadores.
Borgias- ¿Quieres que renuncie a mis mejores amigos para unirme a quién más
odian?
Lourdes- Tus amigos están muertos, o muy pronto lo estarán. Te ofrezco la
gloria y el poder de la victoria. Únete al comandante y él te perdonará tus
delitos.
Borgias- Suena bien. Supongo que, después de todo, Gabrielez tenía razón,…
soy demasiado cabezota. (Borgias se abalanza
sobre ella, le quita el revólver y la encañona)
Lourdes- Te arrepentirás de esto, Borgias.
Borgias- Silencio, ahora me toca preguntar a mí. ¿Dónde están mis amigos y
qué van a hacer con ellos?
Lourdes- Te falta valor, Borgias. No tienes lo que hay que tener para
disparar. (Borgias dispara el revólver)
(Con una media sonrisa) Fallaste.
Borgias- No quise acertar de momento, eso es todo. Ahora responde.
Lourdes- ¿A qué?
Borgias- No te hagas la tonta. ¿Dónde están mis amigos?
Lourdes- ¿Dónde quieres que estén? En la cárcel. Mañana podrás verlos
cuando los fusilemos. De hecho, lo verás desde un lugar de excepción, porque
pienso dejarte para el final. (En la
calle se oyen gritos)
Fuera - ¡Los soldados, vienen los soldados!
Lourdes- Parece que no tienes escapatoria.
Borgias- ¿Apuestas algo? (Golpea con
el revólver a Lourdes, que cae al suelo,
y sale corriendo por la izquierda. Al tiempo, y por el fondo a la
derecha, aparecen corriendo dos soldados)
Lourdes- (Ya en pie y señalando
furiosa a Borgias) Por allí. Cogedlo, lo quiero vivo.
(Uno de los soldados apunta con su arma y dispara. Después, los dos salen corriendo tras Borgias
Quinta escena
(En escena, y en la parte
izquierda, una multitud aguarda mientras los soldados impiden su avance. A la
derecha, un paredón, y en el centro, al fondo, un palco –o cualquier elemento
claramente diferenciador del pueblo llano- en el que Lourdes espera sentad.
Bajo ella, un grupo de soldados con fusiles esperan órdenes.)
Lourdes- Traed a los prisioneros. (Los
soldados desaparecen por el fondo a la derecha y reaparecen momentos después
con Juliazar, Gabrieles, Rosario y Vargosa, todos maniatados y con los ojos
vendados.) (Al pueblo) Ciudadanos, hoy seréis testigos de la consecución
final de la paz y el orden de esta nuestra ciudad en nombre del comandante,
quien lamenta enormemente su ausencia, pero otros asuntos requieren su atención
al norte del país, como bien sabéis. Estos cuatro personajes, apodados Los
Neftalíes, han sido acusados de alta
traición y desorden público, y, por tanto, condenados a muerte. Sus nombres son
los que siguen: José Juliazar, Ricardo Gabrielez, Rosario Castellanos y Vargosa
Reyes. Que la justicia del comandante caiga sobre vosotros. Si tenéis algo que
decir u os arrepentís de algo, éste es vuestro momento.
Gabrielez- ¿Arrepentirnos? Sabe Dios el miedo que tenía de acabar así mis
días, pero ahora sé que luchamos por la libertad. No me arrepiento sino de una
única cosa: de haberte dado cobijo, maldita serpiente hija de Satanás. No
mereces respirar el mismo aire que el resto de nosotros, ojalá te pudras en el
Averno, so zorr… (Lourdes, que ha bajado
del estrado, coge una pistola y le dispara. Gabrielez cae de rodillas y ella se
acerca a él, apoyando su cañón en su sien)
Lourdes- ¿Con qué una serpiente? Pues, lamentablemente para ti, esta
serpiente es de las venenosas, y no le gusta jugar. (Le dispara y, acto seguido, Gabrielez cae muerto) Soldados, a sus
puestos. (Tres soldados se colocan ante
los prisioneros con los fusiles preparados) Preparados. Apunten. Fue...
(De repente, la multitud empieza a
luchar contra los soldados que les cortan el paso, y entre el maremagnum de
personas aparece Borgias con otros ciudadanos, todos ellos armados, y disparan
a los verdugos. Cuando Lourdes se da cuenta de lo que sucede, ya es demasiado
tarde y es atrapada entre las manos de un ciudadano. Mientras, Borgias desata a
sus amigos.)
Vargosa- ¡¿Borgias?!
Rosario- ¡Oh, Dios mío!
Juliazar- Sabía que aparecerías, chico.
Borgias- ¿Estáis todo bien?
Vargosa- Nosotros sí, pero el pobre Gabrielez…
Borgias- Ojalá hubiera llegado antes.
Juliazar- No te culpes, no ha sido por ti. La culpa es de ella. (Todos se acercan a Lourdes, que forcejea
inútilmente con su captor) ¿Qué os parece que podríamos hacer con ella?
Vargosa- Se me ocurren algunas ideas, ninguna demasiado buena.
Lourdes- Os arrepentiréis de esto. Cuando el comandante vuelva, os
aplastará como los gusanos que sois.
Borgias- Dudo mucho que el comandante pueda aplastar ya nada.
Lourdes- ¿Qué quieres decir?
Borgias- Europa ha respondido por fin. La Madre Patria ha enviado ya su
ejército, y el comandante ha sido hecho prisionero. Su régimen ha caído.
Lourdes- ¡Mientes!
Borgias- No, Lourdes. Pronto tú y tu comandante deberéis responder por
vuestros crímenes ante el pueblo y se hará justicia. Llévatela a la cárcel. (Entonces, Lourdes se suelta y sale corriendo
por uno de los laterales)
Vargosa- Maldición.
Juliazar- Perseguidla.
Borgias- No será necesario. No tiene nadie que la ayude ya, no podrá ir muy
lejos. Por ahora, vamos a casa.
Rosario- Sí, vamos
Sexta escena
( En el centro, la tumba de Gabrielez y
a su alrededor, todos sus compañeros)
Juliazar- Enhorabuena, viejo, le echaste narices. Ahora descansa.
Borgias- Si tan sólo hubiera llegado un minuto antes…
Vargosa- No te martirices, Borgias. Hay cosas que tienen que pasar de una
manera u otra, y creo que ésta era una de ellas.
Juliazar- Al menos sabemos que murió de la forma que más le gustaba:
insultando y soltando improperios. (Risas)
Te echaremos de menos viejo.
Rosario- Siempre nos acordaremos de ti.
Pausa breve
Juliazar- ¿Qué se sabe de Lourdes?
Borgias- La encontraron ayer, a diez kilómetros de la ciudad. Estaba
muerta.
Vargosa- ¿Qué le ocurrió?
Borgias- Al parecer, robó un coche y huyó por carretera, pero se despeñó.
Costó bastante identificarla.
Rosario- ¿Y eso?
Borgias- Parece que los lobos y los zorros se dedicaron a mordisquearla.
Rosario- No debería haber preguntado.
Juliazar- No es un final muy bonito, no, pero creo que no podía acabar de
otra manera. Era una auténtica Jezzabel.
Borgias- Y que lo digas.
Vargosa- Bueno, ya vale de malas noticias. Tenemos una sorpresa para
vosotros.
Juliazar- ¿Qué?
Rosario- Vamos a tener un bebe.
Borgias- ¿En serio? ¡Enhorabuena!
Juliazar- ¿Y sabéis ya que va a ser?
Vargosa- Un niño. Vamos a llamarlo Ricardo Neftalí, en honor a Gabrielez.
Juliazar- Ricardo Neftalí Reyes. Suena bien.
Borgias. Suena más que bien.