Las eléctricas quieren instalar más de 40 térmicas de gas

Las eléctricas quieren instalar más de 40 térmicas de gas

Su construcción impediría cumplir los objetivos del protocolo de Kyoto

EL MUNDO - 3 de Junio de 2001

GUSTAVO CATALAN DEUS. MADRID

No sólo Bush tiene ambiciosos y contaminantes planes energéticos. Aunque salvando las distancias -él anunció la construcción de ¡1.000! centrales térmicas-, España tampoco se queda a la zaga. En este momento se tramitan en el Ministerio de Economía más de 40 proyectos de potentes centrales térmicas de ciclo combinado, capaces de generar 32.000 megavatios de potencia, más de la mitad de la actual generación eléctrica del país.

En un sector liberalizado, cada empresa -muchas son estadounidenses- ha presentado varios proyectos con inversiones que oscilan entre los 50.000 y los 100.000 millones de pesetas. El problema es que se solapan en las mismas zonas, las de crecimiento económico, cercanas a gasoductos y al agua.

Pero no sólo ese es el problema. Las emisiones de dióxido de carbono (CO) que generarían tal número de centrales aumentarían en un 50% sobre las que hubo en 1990. Nuestro país no podría cumplir los compromisos del Protocolo de Kioto, que le permite aumentar sus emisiones en un 15%, cuando en 1998 ya había superado el 23%.

El consumo de gas de estas centrales sería «disparatado», en palabras de Cristina Rois, coordinadora del área de energía de Ecologistas en Acción. En total, estas centrales precisarían de 35 kilómetros cúbicos de gas natural al año, lo que es dos veces más que lo que logran introducir en España el gasoducto procedente de Noruega, el del Magreb y los barcos metaneros. El caso es que estas centrales también pueden consumir gasóleo y en todas las peticiones se pide su uso como combustible alternativo, en caso de faltar gas. «Esto incrementaría la contaminación de forma inaceptable», afirma Miguel Ceballos, responsable de residuos de Ecologistas en Acción.

Una central térmica de ciclo combinado tiene la ventaja de que puede quemar gas (un combustible fósil algo menos contaminante que el fuel o el carbón) y además reutiliza el calor para producir energía en una segunda turbina. Sus emisiones de CO vienen a ser un 30% inferiores que las de gasóleo. Pero también son un gran foco de emisión de contaminación, mucho más si se tiene en cuenta que se trata de plantas cuya potencia es en algunos casos de 1.200 megavatios, más que las de cualquiera de las centrales nucleares del parque español.

Tanta contaminación emiten que, por ejemplo, en el caso de la central de Catadau, en Valencia, de 1.200 megavatios de potencia, se precisan tres chimeneas de 65 metros de altura por siete de diámetro. ¿Se imaginan lo que puede salir de ahí?

Un informe sobre el impacto sanitario de esta central, realizado por el oncólogo pediátrico del Hospital de la Fe de Valencia, Josep Ferrís y Tortajada, la epidemióloga del Hospital de Sagunto, Júlia Garcia i Castell y el diplomado en Enfermería, Francisco García, es demoledor. Su conclusión es muy clara: «Generará contaminantes físicos y químicos muy peligrosos... Sus efectos se manifestarán a corto, medio y largo plazo... Habrá patologías banales y potencialmente mortales como la bronquitis asmática severa, el enfisema pulmonar e incremento de riesgo de cáncer... Podrá contribuir con otros factores a provocar muertes prematuras en la población expuesta... Las administraciones tendrían que impedir la instalación de centrales térmicas».

Químicas y radiactivas

Catadau emitirá cada año 3,7 millones de toneladas de CO, 2.800 de óxido de nitrógeno, 541 de óxido de azufre, 560 de partículas, 2.700 de monóxido de carbono y cantidades sin cuantificar de sustancias químicas peligrosas y radiactivas.

De los cinco primeros contaminantes se conocen bien sus efectos sobre la salud. El estudio deja claro que combinados y en situaciones meteorológicas determinadas son «potencialmente muy peligrosos».

Pero lo que más llama la atención son esas cantidades sin cuantificar de sustancias químicas y las radiactivas, que el proyecto empresarial ni menciona. «Yo no añado nada que no esté en rigurosos estudios de grandes organismos competentes. No quiero dar un mensaje catastrófico, pero mi obligación como activista sanitario es desvelarlo», dijo a El MUNDO Josep Ferrís.

Entre los contaminantes orgánicos hay arsénico, cadmio, cromo, cobalto, plomo, manganeso, mercurio, níquel y fósforo. Y entre los inorgánicos benceno, formaldehído, naftaleno, tolueno y pireno. Todos ellos tienen potenciales efectos cancerígenos. Son bioacumulativos. Algunos afectan a la reproducción. La mayoría al sistema nervioso y respiratorio... «No porque las cantidades sean bajas hay que dejar de considerarlos», afirma Ferrís.


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