Hernán Cortés envió ejércitos para pacificar la zona, y antes de 1523 casi todo el estado de Guerrero ya estaba sometido por los españoles. Dos motivos fundamentales indujeron a los españoles a conquistar este territorio: establecer bases en la costa del Mar del Sur para emprender exploraciones marítimas en busca de un estrecho que acortara el camino a las Indias y localizar y explotar las minas cuya existencia revelaba la Matrícula de Tributos Indígenas. De esta manera, el conquistador Gonzalo de Sandoval sometió en 1521 a Tepecoacuilco (1).
Hernán Cortés encontró en 1531 varias piezas de estaño en manos de unos indios. Él necesitaba el mineral para combinarlo con cobre y así producir bronce para cañones. Supo que provenía de Tlachco a donde envió a sus hombres.
Debido a la importancia que Taxco y Acapulco representaban para Cortés y conociendo la posibilidad de encontrar metales preciosos, el conquistador mandó abrir un camino que comunicara la ciudad de México, con el puerto de Acapulco. A este trecho le llamaron Camino Real.
En 1532 Tepecoacuilco se vio sacudido por una terrible epidemia de matlalzácuatl, lo que obligó al pueblo a mudarse de un lado al otro del cerro que hoy conocemos como El Calvario. (2) Para entonces ya se habían establecido los primeros españoles y aunque no estaban todavía bien organizados tenían una idea en común: encontrar minas de oro y plata.
En 1534 descubrieron las primeras minas en Taxco y poco después Diego García Jaramillo encontró las minas de Zumpango y posteriormente se explotaron las de Cuetzala, Izcapuzalco y Topila, de oro; en Tepuchiuacan, de cobre; en Coatlán, Acuitlapan, Tepecoacuilco, Chilapa y Acamistlahuacán, de plata y plomo. (3) Quizá de esta época data la inscripción que fue encontrada en un muro de lugares viejos de beneficio de metales con el sello que decía: "Tepecoacuilco, yo empedraré tus calles. La mezcla será de oro y las piedras, de cristal". (4)
La conquista no permitió a los españoles obtener directamente las riquezas que esperaban, razón por la cual muchos prefirieron convertirse en colonos y extraer directamente de la tierra la ambicionada fortuna. Para lograr su propósito utilizaron a los indígenas como mano de obra en la agricultura, ganadería y minería.
Los conquistadores se repartieron tierras, minas, tributos e, inclusive personas, lo que dio lugar a innumerables abusos. Para remediar la situación, la Corona sustituyó el reparto de tierras e indígenas por el sistema de encomienda, llamado así porque se le encomendaba a un español que propagara la religión católica y cuidara de los indígenas de su territorio; a cambio, el encomendero se beneficiaba con parte de los tributos que debían pagarle los encomendados, ya fuera mediante su trabajo personal o en productos como maíz o mantas de algodón. Más tarde, en la segunda mitad del siglo XVI, se fijó como tributo anual un peso de oro y media fanega (aproximadamente 27 kg.) de maíz por persona.
El primer encomendero de Tepecoacuilco fue Bernardino de Torres y a su muerte, siguiendo las ordenanzas que mandó aplicar el virrey Luis de Velasco, su hija, Bernaldina de Torres gozó de la encomienda junto con su primer y segundo esposos: Pedro de Osorio y Luis de Godoy, quien para 1559 mantenía aún el cargo. (5)
Hacia 1533 habían llegado los primeros frailes agustinos quienes, alojados en las cuevas de Chalma, intentaban evangelizar al pueblo. Agustín de la Coruña y Jerónimo Jiménez de San Esteban comenzaron su trabajo en Chilapa y Tlapa y posteriormente fundaron los conventos de estas dos ciudades, además del de Tepecoacuilco en 1545.
Durante el trienio 1545-1548 y bajo las órdenes del prior provincial profeso en España en 1520, Juan Estacio, se construyó el convento agustino de Tepecoacuilco (1545) bajo la advocación de la Asunción y de la Concepción y fue abandonado por la misma orden antes de 1566. (6)
Se construyó un convento de un sólo piso así como la parroquia de estilo Toscano en el centro del pueblo. Se cuenta que también existe una serie de túneles subterráneos que conectan al viejo convento con la parroquia. Estos túneles sirvieron de osarios y criptas de los monjes y actualmente están cerrados.
La evangelización se llevó a cabo, como solía hacerse, por medio de obras de teatro y de toda clase de representaciones y procesiones que se fueron desarrollando hasta alcanzar su máximo esplendor en los días de Semana Santa en que se representaba la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo durante siete días en que todo el pueblo participaba.
La vida en Tepecoacuilco continuaba con la explotación de indios, la búsqueda de minas y la producción de loza cuando, en 1565, el padre Andrés de Urdaneta desembarcó en Acapulco habiendo encontrado la ruta de regreso de las islas Filipinas. A partir de entonces la historia de los pueblos del Camino Real cambiaría. En pocos años Tepecoacuilco se convertiría en ruta obligatoria para los viajeros que transitaban de México a Acapulco.
Al año siguiente, tras haber construido un convento rústico y las bases de una parroquia con mano de obra indígena, los frailes agustinos abandonaron Tepecoacuilco. Otras órdenes (se habla de franciscanos y jesuitas) llegarían para continuar la obra de evangelización y la construcción del templo. En 1569, cuando se aproximaba el tiempo de las confesiones (antes de la Semana Santa), el presbítero pedía que el gobierno de la república de indios le diera dos alguaciles y tres tepixque (guardián de personas) encargados de traer cada día a cierto número de personas. Con la ayuda de un indio que escribía los nombres de los confesados, terminaba con la población de la cabecera y luego visitaba las estancias. Le eran necesarios cuarenta días para recorrer toda la jurisdicción de este pueblo cabecera. El presbítero no confesaba más que a los que entendían el náhuatl y Tepecoacuilco contaba con muchos indios de lengua chontal que quedaban sin confesión. (7)
En 1569 se explotaban tres pequeñas minas de Techichiquila en Tepecoacuilco por tres españoles solteros quienes tenían a cabo once esclavos negros y veinticinco indios laboríos casados. (8) Las entradas de estas minas y otras más se perdieron hace siglos, aunque todavía hay quien asegura que existen vestigios de los hornos con que se trabajaba y más aún: que las minas podrían estar produciendo plata y azogue actualmente.
Después del trabajo de expedición y pacificación de la zona de Zumpango del Río y Chilpancingo en 1571 por el alférez de Tepecoacuilco, Diego de Ordoñez y Ávila, el comercio entre Filipinas y la Nueva España se mantuvo vivo por más de 200 años. La ruta del Camino Real que había mandado hacer Hernán Cortés, muy pronto tuvo que ser remodelada debido a sus nuevos requerimientos.
En Tepecoacuilco comenzaron a establecerse las primeras tiendas que, aprovechando el paso de las recuas que viajaban de Acapulco a México, se abastecían de toda clase de objetos orientales: marfiles tallados, sedas, damascos, maderas de sándalo, especias, e incluso muebles. Pasaron por primera vez también, esclavos orientales para ser vendidos en la capital.
No sólo los aventureros buscadores de minas se establecieron en Tepecoacuilco. A partir de entonces, comerciantes y hombres de negocios fijaron su atención en el pequeño pueblo de apenas 200 tributarios indígenas, previendo la posibilidad de establecerse definitivamente y hacer fortuna. De esta época datan las casas de piedra y adobe, de teja y corredores que aún permanecen en el centro del pueblo.
En el año de 1579, en la época en que Alonso de Santiago era el casique indígena del pueblo, el capitán Hernando Alfonso de Estrada, criollo, presumible descendiente del conquistador y tesorero Alonso Estrada, se da a la tarea de describir lo que ve en Tepecoacuilco y en los pueblos cercanos, como Iguala y Mayanalán. De Tepecoacuilco, presentamos el texto modernizado:
"La cabecera de Tepecoacuilco dista una legua al oriente del pueblo de Iguala. Está situado al pie de un cerrillo del cual tomó el pueblo su nombre. Abajo pasa un arroyo que, en tiempo de seca, no lleva agua, ni la tiene el pueblo, más que de unos pocillos que abren en el arroyo o bien, la traen de lejos. La tierra a la redonda es doblada, de clima muy cálido y seco.
"Los frailes agustinos levantaron una iglesia y un monasterio del cual hicieron su casa, con salas y claustros. La iglesia quedó incompleta y, posteriormente, abandonaron el lugar debido al calor y a los mosquitos. La huerta del monasterio está cercada por paredes altas y tiene más de trescientos árboles de naranja y limón, muchos plátanos, cuarenta palmas de dátil y otros árboles. Se cultivan hortalizas y las naranjas que se dan ahí pueden ser cosechadas por cualquiera, que hay suficientes para toda la comarca. Tiene también una noria. Además de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que ya se ha mencionado, hay una ermita dedicada a San Miguel y un hospital y se siembra para beneficio de la iglesia y del hospital.
"Hasta hace poco Tepecoacuilco era una vicaría, sin embargo, ahora es beneficio. El pueblo cuenta con doscientos tributarios, pero anteriormente hubo más, que han muerto por las enfermedades que han diezmado el pueblo o por los trabajos en las minas. El beneficio de Tepecoacuilco abarca varios poblados, aun más allá del río Mezcala: Apasapan, Sacacuyoc, Tzatzamilco, Apitzahuacán, Atentzingo, Oztotzintlán, Xochitlan, Atemantlán, Xalapan, Pantlán, Ateutzintla, Tzinacantlán, Tototzintlán, Atzunpan, Tochpan, Teteltzcingo, Achiotzingo, Tetitzingo, Tetozocán, Hetontepeque, Cuapanahuasco, Colotlán, Acayahualco, Tecoyametlán, Otlamentlán, Aguacuatitlán, Palula, Ixtlahuacán, Huitztitla, Zacapolco, Chalchitepeque, Cuamuchititlán, Axochitlán, Acuacuyula, Ascala, Pochontzingo, Ahuatlán, Hueytepeque, Istululutla, Teposonalco, Amecapulco y otras muchas. son tierras dobladas y muy cálidas, sierras peladas y sin agua, aunque los pueblos que están del otro lado del río tienen robles, encinos y pinos y son tierras con agua. Estas estancias están sujetas a Tepecoacuilco a veinte leguas hacia el sur. Del otro lado del río Grande hay más estancias: Mezcala, Suchipala, Itzcoatzingo, Chichihualco, Yotlan yCamotepeque que son de la jurisdiccion de Chilapa, pero todos son visita del beneficio de Tepecoacuilco. En total, los tributarios se calculan en 1,300, y cada uno tributa ocho reales y media fanega de maíz al año.
"Los habitantes de Tepecoacuilco son gente pacífica. En los tiempos del maese de campo Sandoval el pueblo fue dado en encomienda a un conquistador llamado Bernardino de Torres. La encomienda pasó a su hija, Bernaldina de Torres y a su primer marido, Pedro de Osorio, y posteriormente a su segundo esposo, Luis de Godoy.
"Ya en tiempos de la presencia mexica en la zona, en Tepecoacuilco se cobraban y recogían los tributos de toda la cuixca que constaban de mantas de algodón, maíz y otras cosas.
"El cacique actual es don Alonso de Santiago, mozo de 23 años quien se ha casado con la hija del fallecido ex gobernador, don Francisco González.
"Muchos de los indios de este pueblo trabajan en las minas de Taxco. Cada semana un topil o alguacil lleva a quinientos cincuenta indios para trabajar en las minas. La mayoría de estos indios son chontales y mexicanos. (9)
Efectivamente, las dos últimas décadas del siglo XVI fueron de gran prosperidad para Taxco y hubo necesidad de mano de obra adicional, ganado, carbón y alimentos que fueron proporcionados en gran parte por Iguala y Tepecoacuilco.
A fines del siglo XVI, varios pueblos cabeceras del centro tenían un hospital sostenido por limosnas de los indios y destinados a los enfermos necesitados de todas las castas. En 1569 ya había hospital en Tlaxmalaca, Tepecoacuilco, Tenango y Coyuca (de Benítez).
También de esta época data el códice llamado "Mapa de Tepecoacuilco", el cual muestra la situación geográfica y los límites de terrenos de Tepecoacuilco. Este mapa, resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, está incompleto y en mal estado. Fue dibujado sobre papel amate en un pliego de 1.13 por 1.02 metros. Se compone de ocho glifos que simbolizan el nombre indígena de distintos poblados. Asimismo, se aprecian las representaciones de cuatro ríos de los cuales sólo tres de ellos se reconocen como los actuales Balsas, Tepecoacuilco y el Zopilote, si bien el cuarto podría ser Atenango del Río.
Es posible que este mapa tuviera como finalidad el consignar las poblaciones del territorio e indicar las relaciones de tributo que existían entre estos pueblos.
La interpretación de los glifos los relaciona con los siguientes lugares: Apazapa, lugar no localizado y que es posible que exista dentro del territorio de algún pueblo actual; Palula; Axochitlán, dentro de Xalitla; Mezcala, pueblo prehispánico; Xochipala; Chichihualco; Huitziltepec; Atenango del Río. (10) Para corroborar estas interpretaciones tenemos los datos de la Descripción del Obispado de México relativas a las estancias de Tepecoacuilco hecha en 1570: Azapan se encuentra a dos leguas de distancia al sur oeste de Tepecoacuilco; Palula, a 3.5 leguas al sur; Asuchitlán, a 5 leguas al sur; Mezcala a aproximadamente 7 leguas al sur; Xuchipala, a aproximadamente, 10 leguas al sur; y Chichihualco a 12.5 leguas al sur oeste. (11) También es necesario cotejar la información del Mapa con la que nos brinda Hernando de Estrada y que hemos citado arriba.
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