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(Artículo
publicado en el diario "EL PAÍS" el 19-5-96)
Ciencia y tecnología: avances
y retrocesos
Este siglo ha traído
nuevos descubrimientos para prolongar la vida, pero también para
destruirla
CARL SAGAN
El siglo XX será recordado por tres
grandes innovaciones: unos medios de salvar, prolongar y mejorar la vida
sin precedentes; unos medios, también sin precedentes, para destruir
esas vidas que se trata de salvaguardar, que incluyen, por primera vez
el riesgo de desaparición de toda la civilización mundial;
y un conocimiento, igualmente sin precedentes, de nosotros mismos y del
universo que nos rodea. Estos tres formidables desarrollos han sido posibles
por la ciencia y la tecnología, una espada con dos filos.
Salvar, prolongar y mejorar la vida humana.
Hasta hace unos diez mil años, con
la invención de la agricultura y la domesticación de animales,
la comida para consumo humano se limitaba a frutas y verduras, que crecían
espontáneamente en el medio natural, y a la caza. Pero la dispersión
de los frutos naturales era tal que la Tierra no podía alimentar
más que a unos diez millones de habitantes. Por contraste, al final
del siglo XX habrá seis mil millones de habitantes, lo que quiere
decir que el 99% de nosotros debemos nuestra existencia a la tecnología
agrícola y a la ciencia, que conlleva factorías, genética
animal, conductas, fertilizantes químicos, pesticidas, preservativos
y nuevos sistemas de arado que se combinan con irrigación y refrigeración
en contenedores, trenes especialmente acondicionados, almacenes y medios
de conservación en los hogares. Muchos de los más espectaculares
avances en tecnología agrícola, incluyendo la revolución
verde, se han conseguido en este siglo.
Mediante el saneamiento urbano y rural,
agua potable y otras medidas de limpieza, la aceptación de la teoría
de los gérmenes como productores de enfermedades, los antibióticos
y otros fármacos, la biología genética y molecular,
la ciencia médica ha mejorado notablemente la salud y el bienestar
de la gente en todo el mundo, pero especialmente en los países desarrollados.
La viruela ha sido erradicada a nivel mundial, la zona de la Tierra donde
predomina la malaria se reduce año tras año, y las enfermedades
que yo recuerdo de mi niñez, como la tos ferina, sarampión
y polio, casi han desaparecido en nuestros días.
Entre las más importantes invenciones
del siglo XX están los relativamente baratos métodos de control
de la natalidad, que, por primera vez, permiten a las mujeres mantener
un control seguro en su destino reproductivo y ayudan a la emancipación
de la mitad de la especie humana. Estos métodos permiten un marcado
descenso en el peligroso incremento de la población en muchos países
sin requerir una opresiva restricción de la actividad sexual. También
es cierto que la química y la radiación que producen nuestra
tecnología ha inducido enfermedades nuevas y que tienen incidencia
en la provocación del cáncer. La proliferación de
cigarrillos a nivel mundial lleva a estimar que se producen por esta causa
tres millones de muertes al año, todas ellas, naturalmente, evitables.
La Organización Mundial de la Salud estima que para el año
2020 el número de estas muertes de fumadores llegará a ser
de diez millones al año.
Pero la tecnología nos ha dado mucho
más de lo que nos quita. El signo más elocuente de esto es
que la expectativa de vida en Estados Unidos y Europa Occidental en 1901
era de 45 años, mientras que hoy se aproxima a los 80, un poco más
para las mujeres y un poco menos para los hombres. La expectativa de vida
es, probablemente, el más efectivo indicador individual de la calidad
de vida, porque si uno está muerto ciertamente que no lo está
pasando nada bien. Dicho esto, todavía existen mil millones de nosotros
sin una alimentación adecuada, y 40.000 niños mueren diariamente
por falta de asistencia y alimentos en nuestro planeta.
Por medio de la radio, la televisión,
los magnetófonos, discos compactos, teléfonos, faxes y las
redes de información por ordenadores, la tecnología ha cambiado
drásticamente la cara de la cultura popular. Ha hecho posible los
pros y los contras del entretenimiento a nivel mundial, de las corporaciones
multinacionales sin lealtad a ningún país determinado o grupos
afines transnacionales y con un acceso directo a los puntos de vista políticos
y religiosos de otras culturas. Como vimos en la muy atenuada rebelión
de la plaza de Tiananmen y la de la Casa Blanca en Moscú,
los faxes, teléfonos y redes de ordenadores pueden ser poderosas
herramientas para los levantamientos políticos.
La masiva introducción en el mercado
en los años cuarenta de los libros de bolsillo trajo la literatura
mundial y la personalidad de los grandes pensadores pasados y presentes
de la vida cotidiana de cada ciudadano. Incluso cuando el precio de estos
libros se ha incrementado actualmente, todavía se dispone de grandes
ofertas, como los clásicos de Dover Books, a un dólar por
volumen. Junto al progreso cultural, esas corrientes son las aliadas de
la democracia jeffersoniana. Sin embargo, lo que pasa por alfabetización
en Norteamérica a finales de siglo XX es un conocimiento muy rudimentario
de la lengua inglesa, porque la televisión, en particular, aparta
a la masa ordinaria de la lectura de libros. En orden a la consecución
de grandes audiencias, la televisión se ha rebajado al nivel de
programas de bajo relieve cultural, en vez de tratar de enseñar
e inspirar a sus telespectadores.
Desde sujetapapeles, bandas de goma, secadores
de pelo, bolígrafos, lápices, ordenadores, máquinas
para dictar y copiar, batidoras eléctricas, microondas, aspiradoras,
máquinas de lavar vajillas y ropa, secadores, enorme despliegue
de luces interiores y exteriores, hasta automóviles, aviones, maquinaria
de herramienta, estaciones hidroeléctricas, fábricas de producción
en línea y un masivo equipo de construcción, la tecnología
de nuestro siglo ha eliminado el trabajo penoso y ha creado más
tiempo para recreo, alegrando la vida de mucha gente. También cabe
apuntar en el haber de la tecnología el fin de muchas rutinas y
comportamientos que existían en 1901.
El uso de la tecnología como salvadora
de vidas difiere de un país a otro. Estados Unidos, por ejemplo,
tiene el mayor índice de mortalidad infantil de los países
industrializados. Hay más jóvenes negros en la cárcel
que en las escuelas. Sus estudiantes siguen una rutina de aprendizaje con
pobres resultados en ciencias generales y matemáticas, si se les
compara con estudiantes de la misma edad en otros países. La disparidad
de los ingresos reales entre ricos y pobres y el declive de la clase media
ha ido aumentándose marcadamente en los últimos 15 años.
La alta tecnología industrial ha ido abandonando las tierras norteamericanas,
por lo que después de liderar el mundo en casi todos los aspectos
hacia la mitad de siglo, existen al final de él signos de declive
en los Estados Unidos. La calidad del liderazgo tiene mucho que ver con
esto, pero también puede deberse a la disminución de la capacidad
crítica en materia política de los ciudadanos.
Tecnología totalitaria
Los medios para hacer la guerra, para realizar matanzas
en masa y para la aniquilación de pueblos enteros han alcanzado
niveles sin precedentes en el siglo XX. En 1901 no había aviones
militares, ni misiles, y la más poderosa artillería sólo
podía alcanzar unas cuantas millas y matar a un puñado de
personas. En el segundo tercio del siglo se habían acumulado unas
70.000 armas nucleares. Muchas de ellas se acoplaban en cohetes estratégicos
que las lanzaban desde silos o desde submarinos, con una autonomía
capaz de alcanzar virtualmente cualquier rincón del mundo, siendo
cada cabeza nuclear suficiente para destruir por entero una gran ciudad.
Hoy, estados Unidos y la antigua Unión Soviética se encuentran
en el proceso de una gran reducción del armamento nuclear, tanto
en cabezas como en sistemas de lanzamiento. Pero, aunque todos esos tratados
-que aún no están ratificados- se observan escrupulosamente,
tanto Estados Unidos como Rusia tendrán todavía poder nuclear
suficiente como para destruir toda nuestra civilización y, quizá,
la especie humana. Otros formidables arsenales nucleares están en
posesión del reino Unido, Francia, China e Israel, con Pakistán,
India y muchas otras naciones capaces de disponer de armas nucleares a
corto plazo.
Por añadidura, las horrendas armas
químicas y biológicas están en muchas manos, y no
todas responsables, en el mundo. En un siglo agitado por el fanatismo,
radicalismo ideológico y líderes locos, esta acumulación
de armas letales no se compagina bien con un plácido futuro para
la humanidad. Más de 150 millones de personas han muerto durante
el presente siglo en guerras o depuraciones bajo órdenes directas
de líderes nacionales.
Nuestra tecnología ha llegado a ser
tan poderosa que no solamente a propósito, sino inadvertidamente,
podemos alterar el medio ambiente en una gran escala y amenazar a muchas
especies sobre la Tierra, incluida la nuestra. Los gases contaminantes
y los compuestos de bromina atacan peligrosamente la protectora capa de
ozono. La quema de combustibles fósiles produce un calentamiento
global que amenaza con adquirir peligrosas proporciones para el final del
siglo próximo. Destruimos un acre de floresta cada segundo, y con
ello exterminamos cada día la vida de muchas especies. Además,
acumulamos letales residuos radiactivos y químicos que contribuyen
a la lluvia ácida, y es probable que haya otros ataques de nuestra
tecnología al medio ambiente que por ahora desconocemos y de los
que, por tanto, somos ignorantes. El simple factor es que estamos realizando
experimentos sin precedentes sobre el medio ambiente con la sola esperanza
de que los problemas que causen puedan ser solventados por sí mismos,
fiándonos de la sabiduría de la naturaleza. La única
nota positiva y brillante es el Protocolo de Montreal y los subsiguientes
acuerdos internacionales, en los que las naciones industrializadas se comprometen
a la reducción paulatina, hasta su desaparición, de la producción
de sustancias contaminantes que puedan atacar a la capa de ozono. Pero
la reducción de las emisiones de bióxido de carbono a la
atmósfera y la solución a los problemas de la acumulación
de residuos químicos y radiactivos, así como otros del orden
ambiental, han tenido un lento progreso hasta ahora, lo que lleva a desconfiar
de su pronta erradicación.
Venganzas étnicas y xenofóbicas
han tenido lugar en cada continente, y se han producido intentos de aniquilación
de grupos étnicos enteros, siendo los más notables en la
Alemania nazi, pero no menos importantes en Ruanda, la antigua Yugoslavia
y en muchas otras partes. A través de la historia de la humanidad
han existido tendencias similares, pero sólo el siglo XX ha dispuesto
de la tecnología necesaria para acometer las matanzas en masa. Los
bombardeos estratégicos, los misiles y la artillería de largo
alcance tienen la ventaja de que los combatientes en una guerra
no han de llegar a enfrentarse cara a cara, con la agonía que esto
representa en sus temores y remordimientos. Sus conciencias no se turban
porque la tecnología hace su trabajo. El presupuesto militar mundial
al final de siglo es cercano al billón de dólares, y ante
esto ha de pensarse cuántos alimentos y artículos de primera
necesidad podrían comprarse para grandes sectores de gente necesitada
con tan sólo una fracción de esa cifra.
El siglo XX ha estado marcado por el colapso
de monarquías e imperios y el alza de democracias, al menos nominales,
así como numerosas dictaduras ideológicas y militares. Los
nazis tenían una lista de gentes reprobables condenadas a un exterminio
sistemático: judíos, homosexuales, lesbianas, socialistas
y comunistas, disminuidos físicos y mentales y personas originarias
de África (que casi no existían en Alemania). En el régimen
militar pro vida de los nazis, las mujeres estaban relegadas a kinder,
küche, kirchen (niños, cocina e iglesia). Hay que imaginar
como se sentiría un buen nazi en una sociedad como la norteamericana,
que domina el planeta más que cualquier otro país, y en la
que los judíos, homosexuales, disminuidos y africanos de origen
tienen todos los derechos; los socialistas son, al menos en principio,
tolerados, y las mujeres ocupan puestos de trabajo en cifras récord.
Thomas Jefferson afirmó que una democracia
no era un régimen práctico si los ciudadanos no estaban educados
para ello. Por mucha protección que la gente pueda tener en la Constitución
y en las leyes, Jefferson pensaba que siempre habría una tentación
en los poderosos, los ricos y los faltos de escrúpulos de minar
el ideal de un Gobierno otorgado por el pueblo y dirigido por él.
El antídoto a esto es el apoyo vigoroso a la expresión de
puntos de vista, alfabetismo y cultura generalizados, debates positivos,
una común familiaridad con los pensamientos críticos y escepticismo
en los pronunciamientos de los que tienen autoridad hasta que no demuestran
sus buenas intenciones, que es, además, el eje central de los métodos
científicos.
Revelaciones científicas
Cada rama de la ciencia ha experimentado espectaculares
avances en el siglo XX. Los más profundos fundamentos de la física
han sido revolucionados por las teorías especial y general de la
relatividad y las nuevas leyes de la mecánica. Ha sido el siglo
en el que la naturaleza de los átomos -con protones y neutrones
componiendo un núcleo central y rodeados de una nube de electrones-
se comprendió por primera vez; cuando los componentes que constituyen
los protones y neutrones fueron apreciados primeramente y cuando una multitud
de exóticas partículas elementales de corta vida se mostraron
ante la administración de aceleradores de energía y rayos
cósmicos. La fisión y la fusión han hecho posible
la consecución de las armas nucleares, las centrales de energía
de fisión (un avance de inciertos beneficios) y la perspectiva de
centrales de energía de fusión. La comprensión de
la decadencia de la radiactividad hizo posible conocer la edad de la Tierra
(unos 4.600 millones de años) y el tiempo de origen de vida en el
planeta, hace unos 4.000 millones de años.
En geofísica se descubrieron las
capas tectónicas, una especie de cinta transportadora que lleva
con sus movimientos de la vida a la muerte bajo la corteza terrestre y
que se mueve a un promedio de una pulgada al año. Las capas tectónicas
son esenciales para estudiar y comprender la naturaleza e historia de la
composición y topografía del fondo de los mares. Ha emergido
un nuevo campo de geología planetaria en la que las formas externas
y el interior de la Tierra pueden ser comparadas con las de otros planetas
y sus lunas, y la química de las rocas de otros mundos -determinada
bien remotamente o bien por traer muestras a nuestros laboratorios, logradas
por las naves espaciales o por la caída de meteoritos que ahora
se reconoce pertenecen a esos mundos- puede ser comparada con la composición
de las rocas terrestres.
La sismología ha sondeado la estructura
del interior profundo de la Tierra y ha descubierto bajo la corteza terrestre
una capa semilíquida, un centro de hierro líquido y otro
sólido más abajo, todo lo cual debe ser explicado si deseamos
conocer el proceso de formación de nuestro planeta. Algunas extinciones
de vida en el pasado pueden ser comprendidas ahora ante la evidencia de
innumerables bocas volcánicas que emergían en la superficie
y generaban mares de lava que cubrían lo que hasta entonces era
tierra sólida. Otras destrucciones de tierra potencialmente habitable
se debían al impacto de grandes cometas o asteroides cercanos a
la Tierra que incendiaban los cielos y cambiaban el clima. En el siglo
próximo, como mucho, estaremos en condiciones de hacer un inventarío
de cometas y asteroides y ver si alguno de ellos tiene nuestro nombre.
Un hecho de celebración científica
es el descubrimiento de la naturaleza y función del ADN, la
molécula clave responsable de la herencia genética en los
humanos y en la mayoría de las plantas y animales. Hemos aprendido
a leer el código genético y hemos podido realizar mapas de
un buen número de organismos en los que se detallan los genes, conociendo
las funciones que tienen a su cargo. Los expertos genéticos están
en el buen camino para hacer un mapa del genoma humano, lo que representará
un acontecimiento de extraordinaria importancia, con un enorme potencial,
tanto como para lo bueno como para lo malo. El aspecto más significativo
de la historia del ADN es que el proceso fundamental de la vida puede comprenderse
en términos físicos y químicos. No parece estar implicada
en el proceso una fuerza vital sobrenatural, un espíritu, un alma.
Como en neurofisiología, la mente parece ser la expresión
de millones y millones de conexiones neuronales en el cerebro más
alguna química simple.
La biología molecular permite ahora
comparar dos especies, gen por gen, bloque molecular por bloque molecular,
para descubrir el grado de relatividad. Estos experimentos han demostrado
la profunda similitud de todos los seres de la Tierra y han confirmado
las relaciones generales previamente encontradas en la evolución
de la biología. Por ejemplo, los humanos y los chimpancés
comparten el 99,6% de sus genes activos, confirmándose así
que los chimpancés son nuestros parientes más próximos
y que compartimos con ellos un reciente ancestro común.
Conducta y lenguaje
En el siglo XX, por primera vez, los investigadores han
vivido con otros primates, observando cuidadosamente sus conductas en sus
hábitat naturales y descubriendo muestras de compasión, previsión,
ética, técnicas de caza, peleas de grupos, políticas,
manejo de herramientas, manufacturas, nacionalismo rudimentario y muchas
otras características que, en un principio, se creían únicas
del hombre. El debate sobre la habilidad de los chimpancés sobre
el lenguaje todavía continúa bajo estudio. Pero hay un bomobo
(chimpancé enano) en Atlanta llamado Kanzi que usa con facilidad
un lenguaje simbólico de varios centenares de caracteres y que es
autodidacto en la fabricación de algunas herramientas.
Muchos de los más resonantes avances
en química están conectados con la biología, pero
debo resaltar uno que posee la más amplia significación:
se ha comprendido la naturaleza de las conexiones químicas, las
fuerzas que, en física cuántica, determinan qué átomos
están dispuestos a unirse con otros átomos, hasta qué
punto y cuál es su configuración. También se ha sabido
que la radiación aplicada en unas no inverosímiles atmósferas
primitivas de la Tierra y otros planetas genera aminoácidos y otros
componentes necesarios para la vida. Se ha hallado en los tubos de ensayo
que los ácidos nucleicos y otras moléculas se reproducen
por sí mismos y reproducen sus mutaciones. Todo esto ha llevado
a que se obtuviera en el siglo presente un sustancial progreso hacia la
comprensión del origen de la vida. La mayor parte de la biología
puede reducirse a la química, y la mayor parte de ésta, a
la física. Esto todavía no es completamente cierto, pero
el hecho de que exista una porción de certeza es el acontecimiento
más importante en los esfuerzos por conocer la naturaleza del universo.
La física y la química, ayudadas
por los más poderosos ordenadores sobre la Tierra, han tratado de
entender los problemas y características del clima y la circulación
general en la atmósfera terrestre. Estos poderosos medios se usan
para evaluar las futuras consecuencias de las continuas emisiones de CO2
y otros gases a la atmósfera. Mientras tanto , y de manera más
sencilla, los satélites meteorológicos permiten efectuar
predicciones del tiempo con varios días de adelanto, ahorrando miles
de millones de dólares en pérdidas de cosechas cada año.
Al principio del siglo XX, los astrónomos
estaban anclados en el fondo de un océano de aire turbulento y desistieron
de seguir buscando mundos distantes. Pero al final del siglo, los grandes
telescopios permiten otear desde la órbita de la Tierra todos los
cielos, con rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta, rayos infrarrojos y
ondas de radio.
La primera transmisión de radio de
Marconi a través del océano Atlántico sucedió
en 1901. Ahora podemos mantener comunicaciones por radio con cuatro naves
espaciales detrás del límite conocido de nuestro sistema
solar y escuchar las emisiones naturales de radio desde distancias de 8
a 10.000 millones de años luz, así como el llamado fondo
negro de radiación, que son los residuos radiactivos del Big Bang,
la vasta explosión que comenzó la actual configuración
del universo.
Se han lanzado naves espaciales exploradoras
para estudiar 70 mundos y han aterrizado en tres de ellos. El siglo ha
visto la casi mítica aventura de enviar 12 seres humanos a la Luna
y traerlos sanos y salvos, con cerca de cien quilos de rocas lunares. Naves
robot han confirmado que Venus, debido a un masivo efecto de invernadero,
tiene en su superficie una temperatura de casi 900 grados Fahrenheit; que
hace 4.000 millones de años, Marte tenía un clima parecido
a la Tierra; que moléculas orgánicas caen sobre la luna de
Saturno, Titán, como un maná del cielo, y que los cometas
están hechos de al menos un cuarto de materia orgánica.
Una vasta galaxia
Cuatro de nuestras naves espaciales están todavía
en camino de las estrellas. Se han descubierto recientemente otros planetas
alrededor de éstas. Se ha revelado que nuestro Sol está en
un extremo remoto de una vasta galaxia compuesta por unos 400.000 millones
de otros soles. Al comienzo del siglo se creía que la única
galaxia era la Vía Láctea, y ahora que pueden existir 100.000
millones de otras, rotando una sobre otra porque son los remanentes del
Big Bang. Se han descubierto exóticos habitantes del zoológico
cósmico, que no podían ser ni soñados, incluso al
final del siglo, como púlsares o agujeros negros, cuya observación
a distancia puede desentrañar los misterios de las más complicadas
preguntas que se hacen los humanos acerca del origen, la naturaleza y futuro
del entero universo.
Quizá el subproducto más impactante
de la revolución científica ha sido hacer tambalear muchas
de nuestras más queridas y arraigadas creencias. El cuidado proscenio
antropocéntrico de nuestros antepasados ha sido reemplazado por
un universo frío, inmenso, indiferente, en el que los humanos están
relegados a la oscuridad. Pero yo puedo ver en todo el proceso el surgimiento
en nuestras conciencias de un universo de una magnificencia, de un elegantemente
intrincado orden, más allá de todo lo que nuestros antepasados
podían imaginar. Y si se entiende el universo como un simple conjunto
de leyes naturales, los que creen en Dios pueden atribuir esas maravillosas
leyes a una razón divina que preside toda la naturaleza. Mi propio
punto de vista es que es mucho mejor entender el universo como realmente
es que pretender el universo que nosotros deseamos que sea.
El que nosotros adquiramos la suficiente
comprensión y sabiduría para entender las revelaciones científicas
del siglo XX habrá de ser el mayor desafío del siglo XXI.
Sagan, científico e intelectual
EL PAÍS
El astrónomo y divulgador científico estadounidense
Carl Sagan nació en Nueva York el 9 de noviembre de 1934 en el seno
de una familia de origen ruso. La temprana lectura de los relatos de ciencia-ficción
de E.R Burroughs y de Isaac Asimov contribuyó a despertar el interés
de Carl Sagan por otros mundos. Tras doctorarse en Astronomía y
en Física por la Universidad de Chicago, alcanzó muy pronto
reputación científica por sus investigaciones sobre Venus
y Marte. Su teoría sobre la elevada temperatura de Venus, planteada
cuando aún era muy joven, fue confirmada posteriormente por las
naves espaciales soviéticas. Ha enseñado astronomía
en Harvard, Berkley y en la Universidad neoyorquina de Cornell y ha colaborado
en los proyectos tecnológicos que hicieron posible que el hombre
llegara al espacio en los años setenta. Pero la pasión prioritaria
de Sagan es la exobiología, nombre con que designa la investigación
científica de formas de vida extraterrestre, debido a su firme creencia
de que el hombre no es el único ser racional que habita en cosmos.
Su entusiasmo por la razón y la ciencia
y su necesidad de comunicar sin intermediarios con el gran público
lo han llevado a la divulgación científica. Es autor de la
serie televisiva Cosmos, que, producida por la empresa Carl Sagan
Productions con un presupuesto millonario, ha alcanzado gran popularidad
a nivel internacional. Uno de sus últimos descubrimientos, fruto
de una investigación realizada en 1995 junto con el investigador
Stanley F. Dermott, consiste en que en la superficie de Titán, el
satélite gigante de Saturno, se alternan continentes y lagos, lo
que supone una teoría alternativa a la visión más
extendida hasta ahora entre los especialistas que afirmaban que este satélite
estaba cubierto sólo por líquidos.
En 1979, Sagan obtuvo el Premio Pulitzer
por su obra Los dragones del edén, en la que estudia la evolución
de la inteligencia humana. Su tercera mujer, Ann Druyan, astrónoma
y novelista, ha colaborado en los libros Cometa y Sombras de
antepasados olvidados e inspiró a Sagan la figura protagonista
de Contacto.
Sagan tiene una importante obra publicada:
Sombras de antepasados olvidados. En colaboración
con Ann Druyan. Barcelona, 1993.
Contacto, Barcelona 1986.
El frío y las tinieblas. Obra colectiva.
Madrid, 1986.
Cometa. En colaboración con Ann Druyan.
Barcelona, 1986.
Cosmos. Barcelona 1982.
El cerebro de Broca. Barcelona, 1981.
Los dragones del edén. Barcelona, 1980.
La conexión cósmica. Barcelona,
1978.
Intelligent life in the universe. En colaboración
con I.S. Schklovski. San Francisco, 1966.
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