Ex...marido

 

            ¿Qué se podía hacer? Como soy una mujer y me casé joven, no sabía que a varios años posteriores a mi boda ocurriera que mi ex-marido cambiara su mentalidad, preveía algo, pero me casé forzosamente, por presión social en mi pueblo natal, mi ex-marido es también del pueblo, un pueblo de no más de cinco mil almas, que todos se conocen y nos conocemos, mi ex-marido era el futuro carpintero, aprendía la profesión con su padre, en el taller que tiene en el garaje de la casa de mi ex-suegro, ese lugar es muy conocido en el pueblo, mi ex-suegro era muy afable, muy conocido por su amabilidad y por su fácil verbosidad. Mi ex-marido era progresivamente cada vez más aburrido. Yo la eterna ama de casa, no servía para otra cosa, ¿comprendéis?, por cierto, en mi pueblo ser soltera está mal visto, lo mismo pensaban que era lésbica, mi mamaíta decía que antes, en su juventud, ser soltera no tenía más remedio que elegir dos salidas, o tirarse por el puente o abrazar la iglesia católica siendo monja u otra manifestación. Vivíamos en la ciudad, mi ex-marido trabaja en una fábrica de carpintería, cuando venía le preparaba la comida y otras historias, mi ex-marido frecuentemente en sus ratos libres veía la televisión, le veía como embobado, como hipnotizado por la televisión, y se le metían todas las tonterías en la cabeza. En muchas noches tenía que recibirle en la cama con las piernas abiertas, el fluido seminal frecuente de mi marido, con un ejercicio mecánico y casi atlético de mi marido, muchas veces aprendido viendo películas pornos. Mi ex-marido era serio. Mi ex-suegra me miraba con mal ojo, esperaba especialmente un gran sacrificio hacia su hijo, que fuera su fiel mujer para todo, eso veía en la mirada de mi ex-suegra, siempre vestida de negra, y satisfecha de educar a su hijo para ser no sé quien, un hombre, educado con buenos principios morales, y todo lo que haga mi marido está por encima de todo, incluso si mi marido me da un tortazo de los buenos, para mi ex-suegra todo está justificado, por que debo ser fiel esposa, y satisfacer todos los deseos, reducir a ser un objeto, una mujer objeto frente a una posición prepotente de mi ex-marido. A mi ex-marido se le metían muchas historias machistas de los otros hombres de la fábrica. Teníamos treinta años, me casé cuando tenía dieciocho años. Ahora mi ex-marido como si estuviera jubilado anticipadamente, era tan aburrido que me aburría, era una vida tan gris, bueno, quería salir de eso, no sabía cómo, reiniciar una nueva vida, conocer a otro que me respete como mujer, pero realmente, cuando decidí separarme de mi ex-marido, me puse a llorar desconsoladamente, tristemente, conmigo misma, no entendía nada, mi ex-marido no estaba de acuerdo con la separación, no entendía nada, yo buscaba ayudas de otros, familiares, hermanos, tengo un hermano que neutralizaba la prepotencia de mi ex-marido, un hermano soltero y que no tiene vivienda propia y que tiene ideas raras, un hermano intelectual, que le invité a vivir en mi hogar, durante un tiempo, le expliqué a mi ex-marido que mi hermano se encontraba en un aprieto, en una dificultad, que estuvo en comisaría por discusión con un policía municipal, y mi marido no estuvo de acuerdo, me amenazaba darme un guantazo de los buenos, pero le dije que mi hermano decide venir a casa por decisión propia, yo le dije que no, que hablara con él. Mi ex-marido estuvo bastante pertrechado de recursos y armas para contrarrestar la presencia de mi hermano, le advertí a mi hermano, pero entró sin respetar normas, mi marido le abrió la puerta, le dijo que no, cabrón, que aquí no entras, pero mi hermano se coló y le propinó un guantazo de los buenos, mi hermano es muy pacífico, nunca le he visto pelear con nadie, pero le propinó un guantazo, le dio un puñetazo, que estuvo mi marido varios días en el hospital y no volvió a casa más. Mi hermano le dijo que si volviera al hogar de nuevo le propinaría otro guantazo, otro como él me daba, mi hermano estaba muy al tanto de lo que pasaba en casa, por que se lo contaba mi hija todo, una hija que tiene mucha amistad con mi hermano, y mi hija tiene ideas raras como mi hermano, mi hija es como rebelde y muy independiente, entre mi hija y mi hermano echamos fuera a mi marido. Mi hermano lo veía venir, pero no le hice caso. Quien le hacía caso fue mi hija. Y mi hija tenía doce años. Hubo divorcio, vaya si lo hubo. Mi ex-marido siguió con su ataque, con su terrible venganza. Con un grupo de compañeros de bares y trabajos, decidieron perseguir a mi hermano, mi hermano, me contó salió corriendo y se refugió en el casco antiguo de la ciudad. Varios días  encontró a mi ex-marido solo en un bar, y le propinó varios guantazos, varios puñetazos, que estuvo varios días en el hospital, y a partir de ahí no volvió a molestar más a mi hermano ni a nadie más de mi familia. Mi hermano esperaba algo peor, que mi ex-marido le diera por eliminarle físicamente, estaba realmente preocupada, pero mi hermano me dijo que no me preocupara, que eso pasaría. Y bueno, a partir de un determinado momento, todo cambió, tuve vida independiente, tuve compañeros sentimentales varios, mi hija terminó su carrera de psicología y junto con mi hermano estuvieron trabajando como psicoanalista y en un taller de teatro. Y yo vivo en una casa de un amigo intelectual, y la verdad es que no esperaba ese cambio en mi vida, si continuara con mi ex-marido yo verdaderamente prefería estar en la tumba, te lo juro.

Autor: Miguel Ángel Sánchez Valderrama

Email: MIGUELASV@terra.es

nacionalidad: España

 

        

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