Patrimonio

Patrimonio

De su patrimonio se puede decir lo siguiente. En el centro del pueblo se eleva la iglesia de San Sebastián y San Fabián, actual iglesia parroquial, construida entre 1783 y 1785, según traza de Jerónimo García de Quiñones, dedicada a los Santos Mártires. En las afueras del pueblo se encuentra la ermita del Humilladero, de pequeñas dimensiones, siendo su traza primitiva del siglo XV, habiendo sido reformada en los siglos XVII y XVIII y restaurada en la actualidad. Continuando por el hermoso paseo de la Llanada, que parte de la ermita, se llega a la iglesia de Santa María del Robledo, conocida como "El Robledo" nombre que hace clara referencia a los robles que animan el entorno, construida sobre un templo primitivo data del siglo XIII, con detalles medievales como la situación este-oeste, las marcas de los canteros en las piedras o los contrafuertes que datan del comienzo del gótico. Conservando esta construcción antigua, a principios del XVII se reedifica la capilla mayor, el techo y los arcos que los sostienen, la sacristía, el camarín y la espadaña; de esta fecha son las armaduras de estilo mudéjar que en la nave central tiene forma de artesa invertida, siendo el de la capilla mayor de armadura octogonal, con una decoración sobria, pero muy interesante, cuenta con varios retablos y esculturas de interés. En el camerín donde se venera a la Virgen del Robledo, imagen románica tardía del siglo XII, en madera policromada y con el Niño sentado sobre su pierna izquierda, también se encuentran los restos de Simón Vela y los de la Moza Santa. El edificio ha sufrido algunas reformas posteriores y actualmente sometido a una importante restauración en sus cubiertas. En el exterior destaca su airosa espadaña reconstruida en varias ocasiones.
En los siglos bajo medievales se construyó la ‘Fuente Honda’, de estilo gótico, algunas casascon fachadas graníticas, la torre y casas del concejo, e incluso no se descarta la existencia de una muralla. Entre las noticias documentales más antiguas, del siglo XVI, se descubren algunos poderes y ventas, justificativas de las propiedades y derechos del concejo de Sequeros. En este mismo siglo, el municipio aparece incluido en los lugares que forman parte del condado de Miranda del Castañar, circunstancia en la que tuvo mucha importancia la torre del concejo, donde todos los años se presentaba al conde una lista de personas para desempeñar los oficios municipales, que eran nombrados el día de la Purificación.
Se produce, en 1638, la entrega del reloj del pueblo, colocado en la espadaña de la calle del concejo, en el centro del caso urbano, y que todavía sigue marcando el transcurrir de la vida de Sequeros.
Otros edificios emblemáticos del lugar, tratados con especial cuidado, son la calle y casa de Juana Hernández,
Además de los preciosos rincones que se esconden en su complejo entramado urbano. El Teatro Liceo construido en el año 1876, restaurado hace unos años y desgraciadamente poco explotado, a la espera de dotarle de un carácter comarcal, tal y como se pretende desde el Ayuntamiento, tiene también un precioso parque, ‘El Barrero’, verdadera joya de la naturaleza habilitada para el paseo o el ocio y protegida a escasos metros por la plaza de toros, desde donde sale un camino que en unos 150 metros nos sitúa en unos de los parajes más bellos de la Sierra de Francia, el Mirador de la Cruz, también llamada Cabezuela (antiguamente se utilizaba como Era para la trilla de cebada y garbanzos) atalaya privilegiada para la contemplación del paisaje serrano (donde en 1980 se rodó parte de la película El Nido de Jaime de Armiñan Madrid, 1927), presentada el mismo año en el festival de San Sebastián y nominada a los Oscars el mismo año). Un paseo por Sequeros obliga también a detenerse en la Plaza Mayor (Altozano) y la calle ‘de las flores’ (calle de la Fuente), siempre adornada con el colorido de los geranios. Es de destacar el que próximamente será el museo “León Felipe” situado en la calle Concejo. En la actualidad, cuando el pueblo sólo ronda los 300 habitantes y vive casi exclusivamente del turismo, el patrimonio constituye el mejor reflejo de lo que fue siglos atrás la vida de Sequeros.
Un conjunto que marca la supervivencia del pueblo, como fuente de riqueza de cara a la explotación turística y al mantenimiento de la población durante los meses de verano, una vez que la producción agrícola, principal actividad durante toda la historia del pueblo, ha sido casi abandonada.