Gente
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Las referencias a Sequeros en los documentos más primitivos hablan de un importante
cultivo de vid, olivo, castañas o lino; así lo recogió el Marqués de la Ensenada, en el
siglo XVIII, que hablaba de 112 jornaleros y 43 labradores como grupo activo más
importante, y así lo reflejó también Pascual Madoz, un siglo después.
Actividad agropecuaria que mantenía al conjunto poblacional en torno a los 126
vecinos en el siglo XVI, 130 en el XVII, y 180 en el XVIII. Madoz estableció
una población de 185 vecinos y 759 almas, llegando Sequeros a un máximo de
1.042 habitantes en 1887, a lo que sin duda contribuyó su nombramiento como
cabeza de partido judicial. Durante el presente siglo, los casi 900 habitantes
de las primeras décadas, sufrieron, al igual que en toda la zona, las negativas
consecuencias de la emigración, con un descenso progresivo que llega hasta
nuestros días con un censo que no supera los 300 habitantes. De ellos, gran
parte son jubilados, siendo el sector de la construcción el que mayor empleados
activos tiene, precisamente por ese carácter vacacional de Sequeros, donde
actualmente se restauran y construyen nuevas viviendas.
Es una población de montaña, de vida agrícola por tradición, aunque dada su
importancia turística en época estival, ésta aumenta considerablemente y se
hace más numerosa de lo habitual. En este sentido, es
destacable también la recuperación de edificios con destino a casas de turismo
rural, como la que se ha habilitado en la antigua cárcel.
Es un lugar apropiado para descansar de la rutina cotidiana de la ciudad ofreciendo
diversidad de formas de entretenimiento como senderismo, fotografía, etc. Como
el resto de pueblos de la zona, su mayor atractivo es su maravilloso entorno
natural y el bello entramado urbano que sus habitantes han puesto especial celo
en cuidar y conservar, por lo que el simple paseo por sus calles, plazas y
rincones produce una impresión inolvidable. Hay algo que todavía está igual,
y es el bello entorno en el que está enclavado y la sabia arquitectura popular
con que está construido, en medio de lo cual León Felipe estuvo en los años
de su infancia, esos que lo marcan a uno como el manto materno.
Debí nacer en la extraña de la estepa castellana.
Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada.
Pase los días azules de mi infancia en Salamanca.
León Felipe.
No puede concluirse este capítulo sin hacer referencia a lo que puede llamarse la magia de
Sequeros: el milagro de la Moza Santa, convertido en las insólitas profecías
que marcaron la vida de este pueblo y de toda la Sierra de Francia. Juana Hernández
dicen que fue una muchacha virtuosa y a la hora de su muerte, volviendo unos
momentos en sí, predijo el descubrimiento de la Virgen de la Peña, y la
fundación de los conventos de Gracia y Batuecas, así como que no caerían
rayos en el pueblo y que sus padres quedarían en ruinas. Diez años después
(1434), el monje francés Simón Vela encontró la imagen morena, en cuyo honor
se levantó el Santuario de la Peña de Francia, convertido posteriormente en
lugar de multitudinarias peregrinaciones.
La Virgen de la Peña, por motivos de exclaustración y desamortización, estuvo en
Sequeros veinte años, desde el 4 de septiembre de 1835 hasta 1855. Trasladada a
La Alberca en 1856, los Sequereños protestaron y litigaron con el pueblo
vecino. En 1869, la imagen se entronizó de nuevo en la Peña y el 17 de agosto
de 1872 desapareció de allí, robo que fue imputado a los de Sequeros, ya que
habían manifestado muchas veces el deseo de recuperar a la Virgen para la
iglesia del Robledo. Cuenta la leyenda que los mozos subieron a la Peña, ataron
al ermitaño, se apoderaron de la imagen y escaparon. Al amanecer, dada la
alarma en el Santuario, salieron algunos vecinos de los pueblos más próximos
en busca de los autores, pero nadie pudo encontrarlos. Todavía hoy hay quien
dice que la imagen verdadera sigue oculta en una bodega de una casa de la Plaza
de Eloy Bullón.