Fray Francisco de la Cruz

 Cerro Motejón

 

-Carta que envió D. Francisco Eugenio Tribaldos a la Real Academia de la Historia de España (Madrid):

           Monumentos Antiguos=

           Provincia de Cuenca.

           Partido de San Clemente.

           Pueblo de Alberca.                                                                  A la Academia de la Historia

                                               

    A la parte oriental de esta población y su distancia de mil pasos hay un cerro de la figura del margen, con las ruinas de tres recintos, cuya longitud consta de unas doscientas varas por su cima y unas 40 de latitud. La figura particular de este cerro, llamado Motejón, el estar en medio de una vega, inmediato a un arroyo de agua muy dulce y delgada, y otras señales particulares, ha estado publicando el mismo que no era hechura de la naturaleza y que había sido colocado allí por la mano del hombre.

    Los habitantes de este pueblo, Alberca, desde la más remota antigüedad han estado diciendo que el tal cerro era obra de los moros, pero esto lo decían sin meditación ni reflexión alguna, y así se han ido pasando siglos y más siglos, hasta que de una mentira, se ha sacado en mi pobre concepto la verdad.

    De muy joven salí de este mi pueblo para el servicio de las armas, cuando me hallaba ocupado en la carrera de las letras, y no he vuelto a él hasta principios del año 1841. Mi voluntaria inclinación y amor a la historia que siempre he respetado y considerado por madre de todas las Ciencias, me ha hecho leer alguna cosa perteneciente a ella y con particular amor, a los sucesos históricos de mi Patria. así es que me aficione tanto que he trabajado lo poco que he podido en hacer algunos descubrimientos de antiguos monumentos participándolos a la Academia, siendo uno de ellos el de la antigua ciudad de Gili*, sita junto donde hoy se halla Fuente el espino de Haro; pero volvamos a Nuestro Cerro Motejón, que es lo que más me desvela por ser cosa de mi mismo Pueblo.

    Cuando yo regresé a él en principios del año 41, me dediqué con todo cuidado a averiguar lo que pudiese hacer sido este misterioso cerro, que callando me parecía que me decía, yo soy el esqueleto de una grande Alcázar que defendía a una populosa y antiquísima ciudad que aquí hubo allá en lo antiguo. No cesaba de ir y venir al cerro, en su cima me sentaba, y por más que mi imaginación trabajaba, nada adelantada: muchos ratos lloraba lamentándome de la ignorancia de los mortales. Parece que el Supremo Ser que nos crió, se compadecía de mi tristeza, y quiso contentarme en algún consuelo. Cuando yo me hallaba más triste y acongojado, se me da la noticia de que un vecino de ésta ha soñado un tesoro en el Cerro Motejón y que en compañía de otros cuatro pobres hombres , estaban cavando sobre su cima. me dirijo pronto al sitio, los aliento a que continúen la obra principiada: abren un pozo, y principian a salir trozos de vigas hechas, carbón, trigo mucho quemado, orzas de bellotas quemada, de las que me comí algunas, huesos humanos a medio quemar unos, y otros sin quemar, vetas de tierra quemada, innumerables pedazos de ollas, ladrillo, pavimentos de hierro, argamasas de cal y arena y otros vestigios semejantes. Ya mi espíritu principio a alegrarse con la esperanza. Continuaron las excavaciones por otros dos días, y ¡ cual fue mi jubilo cuando vieron mis ojos lo que vieron! vi sacar un esqueleto humano completo tendido boca abajo, con su lanza, y junto a su calavera una moneda de plata romana, de la magnitud de una media peseta, pero mucho más gruesa, con sus letras latinas que leí perfectamente, el busto del emperador Calígula en un anverso y en el otro un hombre sentado sobre una silla con una paloma en la mano izquierda: entones ya no dudé de que aquello fue un castillo fuerte que poseyeron los romanos, y presumí que el castilla y la ciudad fueron reducidos a ceniza con sus valientes defensores, no a la invasión de los moros, como querían algunos, sino a la de los godos. El castillo y la ciudad estaban por los romanos, la moneda es buena prueba de ello, por que si hubiese sido abrasado por los moros, tenían que haber sido godos o españoles engodados los defensores, y en tal caso sería goda la moneda hallada, porque no es verosímil el que después de tres siglos que ya se hallaban los godos apoderados de nuestra España estuviesen en uso las monedas romanas, ya por que en tanto tiempo se habrían recaudado, ya por que se sabe el odio que los godos tenía a los romanos, y por ello no usarían de su moneda: la hallada estaba junto al esqueleto, este tenía su lanza ¿quién dudará de que el tal esqueleto era un soldado romano o español al servicio de Roma que es lo mismo, que este soldado tenía en su poder otra moneda como que era entonces la usual y corriente? Esto me convenció que el Alcázar y la ciudad fueron destruidos por los godos. Con estos principios ya de lo que yo cuidaba era de saber el nombre de esta famosa ciudad heroica y valiente, que precisamente fue imitadora de Sagunto o Numancia, o al menos fue quemada por el fuego godo, aunque me inclino a lo primero, porque si hubiesen entrado los godos antes de arder, es regular que se hubiesen aprovechado de todos los víveres que en el había, pero no fue así, porque además del trigo y bellota, se sacan las ollas que tenían la carne y tocino, con los huevos que en ellas se ven, innumerables huesos de cerdo, de buey, carnero, etc lo que nos prueba que todo esto ardió con los ilustres defensores, y aún que estos mismos se quemaron por no entregarse al furor godo. También se halló una calavera de niño, sin duda las principales matronas de la ciudad se refugiaron en el Alcázar llevando sus hijos niños y todos perecieron. Cuatro son las lanzas hallados, pero todas de cobre, hechas tal vez con estudio, porque con el cardenillo o veneno del cobre, haría incurables las heridas, su figura la del margen. Este castillo debía tener sus sótanos subterráneos, estos deben existir: es probable que los defensores y refugiados bajasen a ellos huyendo del fuego, y en tal caso deben de estar llenos de huesos: si se da un grito resuena el eco repitiendo la voz, y esto prueba de que hay gran concavidad subterránea, y allí debe hallarse alguna lápida con letreros que nos diga como se llamó la ciudad. Esto es lo que delo que deseo. Así lo he notificado a la Diputación de esta provincia, y me ha nombrado director de las excavaciones, pero habiendo propuesto un plan de arbitrios, para atender a los gastos, todavía no se me ha contestado. Grande gusto tengo en participarlo a la Academia, tanto porque debo hacerlo, cuánto por que escribo a la Diputación a fin de que apruebe mi proyecto de arbitrios.

Dios guarde su ilustrísima muchos años, Alberca 24 de julio de 1841

Al Sr. Secretario de la Academia de la Historia.

 

-Carta que envió La Academia de la Historia a la Excelentísima Diputación Provincial de Cuenca

                Academia de la Historia

                                                   

           A esta nuestra Academia de la Historia ha dirigido Don Francisco Eugenio Tribaldos, vecino de la villa de la Alberca, de esa provincia, una larga exposición, sobre excavaciones principiadas a ejecutar en un cerro llamado Motejón, sito a las inmediaciones de aquella villa y en la vega de la misma. Por su situación, figura y demás circunstancias presume que este cerro no lo ha formado la naturaleza, sino la industria del hombre; y que se hizo para que sirviese de fortaleza para proteger una gran ciudad, que poseían los romanos, y fue quemada por los godos, cuando invadieron la España. Cuya conjetura la funda en haberse encontrado un esqueleto humano con lanza, una moneda romana de plata del Emperador Calígula, trigo y otros efectos quemados, etc. Manifiesta haber dado noticia de esos descubrimientos a la Diputación de esa provincia, y que por la misma se le ha nombrado Director de las excavaciones; para cuyo continuación dice haberes propuesto arbitrios, cuya aprobación esperaba, pidiendo a la Academia recomendase a dicha corporación su propuesta para que puedan llevarse adelante las excavaciones.

          La Academia, que debe ser muy circunspecta, y no dejarse llevar de apariencias, desearía que V.I. se sirviese tomar noticias, exactas de lo que lo que haya realmente en este negocio, que a decir verdad, por lo que hasta ahora aparece, puede ser solo efecto de un celo excesivo de parte del Sr. Tribaldos, deseoso de dar nombradía al pueblo de su naturaleza: y que bien  instruido V.I. de todo, informase al Cuerpo sí realmente las excavaciones que se dicen principiadas, ofrecen motivos para prometerse prueba, que aquel sitio sea objeto de investigaciones importantes para la historia en su parte arqueológica.

          De acuerdo de la Academia lo comunico a V.I.. a los efectos, que deseo indicados.

                                                                                                          Dios... Madrid 2 de agosto de 1842 -

         Sr. Gerónimo "Muñoz Salero" -( ilegible apellidos)                                                         Cuenca

 

-Página en construcción-  

27 marzo de 2008

 

 

*Gili, se refiere a Gilibert.

 

 

 

Por  J.Mª Martínez Martínez   dedicada a mi abuelo Timoteo Martínez Esteban ,     

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