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Ámbito geográfico y geológico
Los macizos kársticos existentes
en las vertientes meridional y septentrional del Sistema Central (provincias de
Madrid, Guadalajara y Segovia) están constituidos, fundamentalmente, por rocas
carbonatadas del Cretácico Superior. Dichos macizos se distribuyen, en dirección
NE-SO, en forma de franja alargada y discontinua a lo largo de 120 km en el
borde sur y 112 km en el borde norte. Pese a su aparente morfología exokárstica
poco desarrollada, presentan cavidades y depósitos endokársticos de interés para
el estudio del Cuaternario en la zona del centro peninsular. Las características
fundamentales de estos macizos kársticos son:
- las rocas que constituyen
los macizos kársticos son de composición predominantemente dolomítica;
- los macizos kársticos
presentan, en general, una disposición estructural subhorizontal, a veces con
amplios pliegues, o formando cuestas monoclinales con buzamientos que solo en
pocas ocasiones superan los 30º;
- los afloramientos de los
materiales karstificables en la zona son de extensión relativamente reducida
(menor de 120 km2);
- los macizos kársticos se
encuentran, en buena parte, cubiertos por materiales detríticos (suelos y
terrazas fluviales);
- las condiciones climáticas
actuales de la región presentan precipitaciones que no superan, en general los
700 mm/año;
- el exokarst de la región
tiene un desarrollo y una variedad de formas relativamente escasos, predominando
los lapiaces semicubiertos con formas de disolución de escalas centimétricas a
decimétricas;
- las cavidades exploradas y
topografiadas en los macizos estudiados en las dos vertientes del Sistema
Central, superan en total los 28 km de desarrollo horizontal.
Geomorfología
En relación con la geomorfología
exo y endokárstica se han elaborado varios mapas geomorfológicos, a escalas
1:10.000 y 1:20.000, de los macizos más representativos, así como la topografía
de 16 nuevas cavidades descubiertas durante la presente investigación.
Geomorfología exokárstica
Entre las características
principales de los macizos kársticos de la región, están el escaso desarrollo y
variedad de exoformas, siendo éstas casi inexistentes en los macizos más
occidentales de ambos bordes del Sistema Central. Este hecho ha sido explicado
por algunos autores como producto de una formación bajo cobertera detrítica poco
potente (Torres, 1974).
Las exoformas mejor
representadas y con mayor desarrollo son las incisiones fluviokársticas (cañones
o barrancos). Buenos ejemplos de ello son el Cañón del Duratón, Cañón del Jarama,
Hoz del Bornova, Cañón del Caslilla, Cañón del Riaza y los barrancos de
Torrelaguna y Patones. La mayor parte están formados a favor de directrices
estructurales con una dirección aproximada N-S.
Los lapiaces son otras de las
exoformas más abundantes, aunque estén relativamente poco desarrollados. En los
sectores donde el karst no está cubierto y el buzamiento no supera los 10º, es
frecuente encontrar formas que han sido definidas y observadas por diversos
autores en otras regiones, como pequeños huecos a modo de lapiaz perforado,
lapiaz espumoso y perforaciones cilindroideas. Estas formas son abundantes en el
área de Tamajón y en el Cerro de la Oliva. En puntos donde el buzamiento es
entre 10º y 33º se encuentran perforaciones cilindroídeas y acanaladuras más
desarrolladas en forma de regueros.
Los relieves ruiniformes también
han sido descritos en la región. Se encuentran asociados fundamentalmente a
bordes de escarpes en zonas donde el buzamiento es prácticamente horizontal. Son
relativamente abundantes en el área de Tamajón, aunque también se han reconocido
en el borde norte del Sistema Central en el cañón del río Riaza.
Las dolinas y otras depresiones
cerradas no son muy habituales en los macizos kársticos de la región. Este tipo
de exoformas solo están presentes en la zona del alto Lozoya (Pedraza et al.,
1991) y en el macizo kárstico de Tamajón. En este último, se han descrito
depresiones de origen kárstico con varias decenas de metros de diámetro, además
de torcas y bogaces.
Geomorfología endokárstica
La existencia de cuevas en los
macizos kársticos de la región es generalizada. Son, en su mayoría, cavidades de
dimensiones moderadas que formaron parte de una antigua red de conductos
kársticos de funcionamiento freático. Esta red en la actualidad se encuentra
parcialmente desmantelada por la erosión y la incisión fluvial pliocuaternaria.
Como fruto de las exploraciones
espeleológicas realizadas en la región, se han explorado y topografiado 180
cavidades, que suman en total más de 28 km de conductos subterráneos. Únicamente
cuatro de estas cuevas superan los 1.000 m de desarrollo. Son: la Cueva del
Reguerillo, con 8.910 m (Puch, 1986), en Patones; la Cueva de los Enebralejos,
con 3.670 m; la Cueva Pepón, con 1.563 m y la Cueva del Jaspe, con 1.253 m
(Gutiérrez y Bielsa, 1994), éstas tres últimas en el macizo de Prádena. Todas
ellas son cavidades con marcado carácter horizontal. Las cavidades se
distribuyen en la región de forma desigual, siendo más abundantes en ciertos
macizos kársticos.
Otros estudios abordados
De los depósitos detríticos
endokársticos estudiados se han analizado un total de 25 muestras mediante
difracción de RX, con el fin de identificar su mineralogía total y estudiar los
minerales de la arcilla. Se han efectuado 11 dataciones Th/U sobre espeleotemas,
que se añaden a las determinaciones efectuadas por otros autores en la región
centro peninsular. Por otra parte, se han realizado 252 análisis de isótopos
estables (18O y 13C) sobre espeleotemas. La aplicación de éstas técnicas ha
permitido detectar para la región centro peninsular, desde el Pleistoceno medio
hasta la actualidad, 4 periodos favorables para la deposición de espeleotemas y
travertinos asociados a los estadios isotópicos cálidos 7, 5, 3 y 1 y otros dos
a estadios isotópicos relativamente fríos (6 y 4).
En algunos casos, se ha estudiado
la hidrogeología e hidroquímica de las aguas subterráneas. La petrología de los
macizos kársticos se ha abordado mediante el estudio al microscopio petrográfico
de 61 muestras de roca, lo que ha permitido comprobar como la karstificación ha
sido más intensa en los tramos formados por rocas de composición dolomítica. Se
han efectuado cerca de 1.600 medidas de lineamientos y direcciones de galerías
en el endokarst de la región, con el fin de identificar las discontinuidades de
cada macizo y conocer mejor las direcciones preferentes de actuación de los
procesos de karstificación, observando como estos han seguido principalmente las
directrices de la fracturación alpina que afecta a la región centro. Se han
descubierto, en algunas cavidades, restos paleontológicos contenidos en los
rellenos endokársticos que han servido para conocer mejor la edad de dichos
depósitos. Así, los fósiles más antiguos encontrados en las cuevas de la región
datan del Pleistoceno inferior, aunque las faunas mejor representadas pertenecen
al Pleistoceno medio y superior. Gracias a ellos se ha podido apreciar que las
faunas existentes en cavidades del borde norte del Sistema Central parecen ser
relativamente más modernas que las encontradas en el borde sur. Esto permite
suponer que el endokarst de la vertiente meridional pudo quedar desmantelado
antes por los procesos erosivos, posiblemente como consecuencia de la mayor
velocidad de incisión de la red fluvial en la Cuenca del Tajo.
Conclusiones
A la vista de los anteriores
datos, Barea (2001) propone un modelo evolutivo para el karst situado en ambas
vertientes de las sierras de Guadarrama, Somosierra y Ayllón (Tabla 1). Este
comenzaría en el Mioceno superior-Plioceno inferior, asociado al máximo
levantamiento del Sistema Central, al producirse la estructuración de los
macizos kársticos de la zona. Durante el Plioceno tienen lugar los primeros
procesos significativos de karstificación, de manera análoga a lo sucedido en
otros lugares de la Península Ibérica y en las Islas Baleares.
En el Plioceno superior, con
un clima más húmedo que el actual, comienza a configurarse la red fluvial,
formándose las primeras incisiones fluviokársticas y ampliándose las redes
subterráneas de conductos freáticos. A lo largo del Pleistoceno inferior se
produce un encajamiento de la red fluvial, lo que provoca un descenso en los
niveles de base locales del karst. Los conductos freáticos se reestructuran, con
un encajamiento de sus galerías. El endokarst comienza a experimentar los
primeros episodios importantes de relleno por sedimentos detríticos.

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Tabla 1.
Esquema de las principales etapas evolutivas del karst de
la región centro peninsular, según Barea (2001) |
En el Pleistoceno medio y
superior prosiguen las alternancias de períodos fríos de carácter continental y
otros más cálidos y húmedos. Bajo condiciones propicias, los fenómenos de
arroyada y las coladas de materiales detríticos colmatan casi por completo el
endokarst. A finales del Pleistoceno y comienzos del Holoceno se produjeron los
últimos episodios de relleno detrítico, seguidos por una erosión parcial de los
depósitos. Esta fase erosiva podría asociarse al final del último período frío
Pleistoceno (Tardiglaciar). Más tarde y marcando el paso de un clima continental
más riguroso a otro más cálido y húmedo, con influencia mediterránea, se produjo
la precipitación de las últimas coladas estalagmíticas sobre los depósitos
detríticos.
Referencias:
BAREA (2001): Geomorfología y
evolución paleoclimática durante el Cuaternario a partir del estudio de los
macizos kársticos de los bordes del Sistema Central y de Valporquero, León.
Tesis Doctoral (Inédita). Universidad Complutense de Madrid. 267 p.
GUTIÉRREZ, J. y BIELSA, J. (1994):
Principales cavidades del karst de Prádena. Subterránea, 2, 51-57.
PEDRAZA, J.; BARDAJÍ, T.; CENTENO,
J.D. y FERNÁNDEZ, P. (1991): Mapa geológico de España y memoria, Segovia
(Geomorfología). Escala 1/50.000, hoja 483. 93-111. Instituto Tecnológico
Geominero de España.
PUCH, C. (1986): La cueva del
Reguerillo (Patones, Madrid). Exploracions, 10, 69-80.
TORRES, T.
(1974): Estudio de la cueva del Reguerillo. Proyecto fin de carrera.
Escuela Técnico Superior de Ingenieros de Minas. Madrid. 375 p. |