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Actas del 7º Congreso Español de Espeleología, 1997

 

KARSTOGÉNESIS DEL MACIZO DE PORRACOLINA (CANTABRIA), A PARTIR DEL ESTUDIO DE LA TORCA DE BERNALLÁN

 

J. Barea y F. J. González-Gallego

(Club de Espeleología SECJA de Alcobendas, Madrid)

Introducción

La Torca de Bernallán se encuentra en el collado del mismo nombre a caballo entre los términos municipales de Calseca y Arredondo (Cantabria). Es la cavidad más profunda, conocida en la vertiente occidental del macizo de Porracolina, -579 m (Puch, 1987) y pertenece a un amplio sistema kárstico del que forman parte cavidades como el Canto Encaramado, Cueva del Valle, Cueva de los Moros, Torca de las Pasadas, etc.

Las primeras exploraciones en el macizo se remontan a los años setenta, sin embargo, la Torca de Bernallán no es descubierta hasta 1982 por el grupo E.C.G. que la explora hasta una cota de - 458 m. Posteriormente los grupos cántabros CADE, SEL y GELL retoman las exploraciones en el año 1986 descubriendo nuevas galerías y alcanzando una profundidad de - 579 m. En el año 1995 el grupo SECJA se interesa por la cavidad y con los pertinentes permisos reemprende la exploración en el año 1996. Los actuales trabajos han dado lugar al descubrimiento de nuevas galerías y salas, aumentando el desarrollo de la Torca a más de 3.600 m.

 

Geología del macizo

Dentro del dominio periasturiano de los montes Vasco-Cantábricos, la Torca de Bernallán se encuentra situada en el Macizo de Porracolina, concretamente en el collado de Bernallán entre los altos de la Muela y de Picones. El núcleo de la zona esta constituido por una serie arcillo-arenosa (wealdense) de carácter impermeable sobre la cual se sitúa el complejo Urgoniano. Es precisamente en el citado complejo donde se ha desarrollado la cavidad. Se trata de una fase urgoniana típica formada por una alternancia de calizas arrecifales masivas y calizas con intercalaciones detríticas (Aptense-Albense) con una potencia próxima a los 800 metros (García Mondejar y Pujalte, 1981). Este gran espesor indica que la zona  funcionó como surco sedimentario o graben, delimitado por las orientaciones de la falla de Ubierna y el escudo de Cabuerniga, con un hundimiento hacia el E provocado por el régimen distensivo de la región en ese momento (Fig. 1).

 

Estructuralmente, la zona se caracteriza por la presencia del Anticlinal de Socueva, en cuyo flanco norte se localiza la Torca de Bernallán.  Las principales direcciones estructurales son de dirección OSO-ENE, destacando para el caso que nos ocupa la falla que va de Selaya a Arredondo que según se prolonga hacia el E, pasa a ser el eje del Anticlinal de Socueva. Estas direcciones conjugadas con otras de menor importancia de orientación NO-SE determinan las direcciones de las principales galerías subterráneas de la zona.

 

La hidrogeología de la zona es típica de un karst de montaña desarrollado, con la ausencia de redes de drenaje superficial y la rápida infiltración de las aguas de lluvia por los grandes lapiaces, hacia los conductos de drenaje subterráneo, teniendo las principales surgencias del macizo en los valles del río Miera y río Asón.

 

Cabe destacar la importancia de los fenómenos glaciares en la zona, con la existencia de depósitos morrénicos  en excelente grado de conservación. En el alto valle del río Miera, se reconocen huellas glaciares hasta 620 m.s.n.m. (metros sobre el nivel del mar) atribuidos al Würm (Moñino et al., 1987). Aunque el glaciarismo en las montañas cantábricas tenga reconocido un carácter reciente y una extensión modesta (Castañón y Frochoso, 1990), no son descartables la existencia de fases frías más antiguas. Por ello, el estudio de los depósitos endokársticos, bien preservados de la erosión exterior, pueden aportar evidencias de glaciaciones anteriores al Würm.

 

Morfología y rellenos de la cavidad

Los primeros pozos de acceso a la Torca de Bernallán son de dimensiones modestas. Estos dan paso a partir de la cota -110 m a una sucesión de pozos de más de 70 m de longitud que nos sitúan rápidamente en la primera sala de la cavidad a -445 m. Se trata de una gran sala de forma irregular con un diámetro máximo de 50 m y una altura que supera los 90 m. Estos volúmenes no son frecuentes en el resto de la sima y es producto de la coincidencia de varias fallas con conductos verticales (pozos). En un lateral de la sala y a través de un estrecho paso vertical con pozo accedemos al paso Cañibano. Se trata de una gatera que da acceso al techo de las grandes galerías de Bernallán.

 

Las dimensiones de las grandes galerías de la Torca de Bernallán son bastante uniformes en todo su recorrido, con anchuras superiores a los 5 m y alturas entre 2 y 17m. La morfología de estas está muy enmascarada por los procesos de reajuste litostático, pero en algunos puntos aparecen en el techo y en los bloques caídos, pendants. También pueden observarse, en menor medida, galerías que denotan un régimen de circulación freática. Existen, además, otras galerías secundarias, como la galería del Murciélago, que presentan morfologías y tamaños bien diferentes a las anteriores. Sus dimensiones no superan los 2 m de anchura. En general, todas las galerías superiores de Bernallán se desarrollan en un plano horizontal situado entre 460 y 420 m.s.n.m. Existe más de una decena de pozos que cortan estas grandes galerías. Estos dan acceso a un nivel inferior, formado por meandros y estrechos conductos por los que circulan pequeños cursos de agua. Es aquí donde se encuentra la cota más baja de la cavidad situada a unos 360 m.s.n.m. No se ha podido todavía localizar un colector de importancia que permita acceder a la zona de drenaje del sistema.

 

Los rellenos clásticos son muy abundantes en toda la Torca. Grandes bloques desprendidos de techos y paredes tapizan el suelo de las galerías. Algunos de estos bloques superan los 17 m de altura, lo que pone de manifiesto la relevancia del fenómeno. Estos descansan generalmente sobre importantes depósitos de sedimentos detríticos que pueden alcanzar una potencia superior a los 8 m. La serie de detríticos comienza con un nivel de cantos subredondeados, de calizas y areniscas de hasta 10 cm, con un espesor estimado de 2 m. Puntualmente hemos encontrado a techo de este nivel, fragmentos de estalactitas con huellas de haber sufrido un mínimo transporte. A continuación existe un potente nivel de arenas heterométricas de color claro que en algunas ocasiones pasan a techo a arcillas. Estos rellenos detríticos pueden llegar a veces a colmatar completamente conductos y pozos.

 

La existencia de rellenos químicos en la cavidad es relativamente frecuente, casi siempre asociados a zonas de fracturas y en los niveles más altos. Su presencia puede llegar a ser abundantes, y a veces sin relación con el entorno bioclimático actual (galerías de acceso a la Sala de los Pasos). Las estalactitas son los espeleotemas mejor representados, le siguen las formaciones tipo coraloide y las estalagmitas. A falta de dataciones isotópicas (U/Th) que lo confirmen, hemos podido reconocer al menos tres generaciones diferentes de espeleotemas (quizá cuatro). Otro fenómeno, que sorprende por su abundancia, es la presencia de moonmilk, también presente en cavidades cercanas como la Cueva de los Moros (comunicación personal, A.C.E. Mataró). Este se presenta tanto sobre formaciones, depósitos detríticos y roca alterada, y casi siempre en galerías de dimensiones más reducidas y con corriente de aire, lo que nos hace pensar que se trate de una alteración con desencadenante de tipo biológico. Esta hipótesis está actualmente en estudio gracias a la colaboración del Departamento de Zoología de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

 

Otro elemento destacado de la geología de la cavidad es la existencia de grandes fallas que cortan o discurren paralelas a las galerías. Un espectacular ejemplo se da en la Galería de la Fallas, cuyas paredes lo conforman dos impresionantes fallas con dirección N 80º E  y N 58º E, y buzamientos superiores a los 70º. Estas confluyen dando lugar a la gran sala tras el Pozo Alicia. En las cavidades próximas, como el Sumidero de Calleja la Valle o la Cueva de los Moros, también se reconocen estos fenómenos.

 

Génesis de la cueva

La cavidad puede dividirse por sus características morfológicas en tres partes bien diferenciadas. Los pozos de acceso, los conductos fósiles intermedios de los que forman parte las galerías grandes y las secundarias más pequeñas y por fin el nivel inferior de carácter meandriforme. Esto marcaría varias fases de karstogénesis en la Torca de Bernallán que se relacionan directamente con la evolución tectónica y climática de todo el macizo de Porracolina.

 

1- Formación del nivel de grandes galerías, situado a una cota de 440 m.s.n.m., en condiciones freáticas durante el Plioceno.

 

2- El levantamiento de la Cordillera Cantábrica por fenómenos de recuperación isostática, a finales del Terciario superior hasta el Cuaternario (Marquinez, 1990), lleva aparejado un descenso de los niveles de base producto de la incisión fluvial, ello produce un encajamiento de las redes kársticas durante el Plio-Pleistoceno, se forman las galerías inferiores. Las superiores pasan a régimen vadoso lo que permite la formación de la primera generación de espeleotemas.

 

3- Colmatación de los conductos por aportes externos de depósitos detríticos durante las pulsaciones frías del Pleistoceno inferior-medio.

 

4- La reactivación, por aumento de la circulación hídrica, durante los períodos más cálidos y húmedos (interglaciares) produce el vaciado parcial de sedimentos detríticos de la cavidad. La presencia de pendants en los techos de las grandes galerías marcaría los primeros episodios de vaciado con circulación de agua entre los sedimentos y la roca (Pleistoceno medio).

 

5- Una vez vacías las galerías se produce la segunda generación de espeleotemas.

 

6- Este vaciado produce un cambio en el equilibrio de fuerzas reinante en las galerías, fruto de ello se producirá un reajuste en los techos y bóvedas que dará lugar a las grandes acumulaciones de bloques existentes en las galerías de la Torca, no son descartables los procesos de sismicidad que también favorecería este proceso (Pleistoceno superior).

 

7- Durante las últimas pulsaciones glaciares del Würm se forman los pozos que cortan verticalmente los conductos y por los que hoy podemos acceder a la cavidad (Pleistoceno superior).

 

8- Última generación de espeleotemas (Pleistoceno superior-Holoceno).

 

Evolución del karst en el macizo

En el macizo de Porracolina, y sectores próximos, diversos autores han puesto de manifiesto la existencia de sucesivas fases de karstificación (Mugnier, 1969). Delannoy y Morverand (1988) reconocen para el sector de Peña Lavalle un primer episodio antiguo atribuido al Mioceno-Plioceno. Fernández Acebo (1994) también lo describe en el sector del Miera con la existencia de cavidades situadas a cotas entre 650 y 550 m s.n.m. (Soterraña-Puyo, Sopeña, Juntarnosa, etc.). El siguiente episodio vendría marcado por los conductos horizontales de amplias dimensiones desarrollados a una cota próxima a los 400 m s.n.m. (Canto Encaramado, galerías fósiles del sistema Cueto-Coventosa, Cañuela, Torca de Bernallán), atribuidos al Plioceno. Algunas de estas galerías han sido decapitadas por el retroceso de las laderas, la acción glaciar durante el Pleistoceno y el encajamiento fluvial (Salitre, Puntida, Cueva del Sapo), haciendo que sus sectores de alimentación aguas arriba hayan desaparecido por los procesos de erosión. Este nivel de amplias galerías situado en cotas de 440-400 m.s.n.m. se habría formado gracias a unas condiciones de estabilidad tanto climática como neotectónica en la región. Ello habría favorecido la circulación de importantes ríos subterráneos que atravesarían el macizo de Porracolina, siguiendo la directrices estructurales del eje sinclinal de Peña Lavalle (Delannoy y Morverand, 1988), conectando probablemente los paleovalles del Miera con el de Asón y Bustablado.

 

A una cota aproximada de 350 m s.n.m. se abrían formado en el tránsito Plio-Cuaternario una nueva red, con conducto de menor entidad. Estos tienen su correspondencia en la galerías inferiores de la Torca de Bernallán o las galerías intermedias del sistema de Cueto-Coventosa, galerías superiores de Cueva Fresca, etc.

 

A la vista del estado actual de las exploraciones en la Torca de Bernallán no se han descubierto nuevos  niveles de galerías que marquen fases de karstogénesis más reciente. Sin embargo, si se han descrito en otras cavidades del macizo. Delannoy y Morverand (1988) reconocen dos fases más recientes situadas a cotas de 300 m s.n.m. y 240-200 m s.n.m. para sector oriental. Fernández Acebo (1994) por su parte, además de estas dos, cita otra a una cota entre 170-120 m s.n.m. que correspondería al actual cauce del río Miera.

               

Conclusiones

- La Torca de Bernallán es en la actualidad la cavidad conocida más profunda del sector occidental del macizo de Porracolina, y forma junto con otras cavidades próximas (Canto Encaramado, Cueva de los Moros, Cueva del Valle...) un amplio sistema kárstico aguas arriba del sistema de Cueto-Coventosa-Cubera.

 

- En el interior de la Torca de Bernallán abundan los depósitos tanto químicos y como detríticos. Estos ponen de manifiesto una génesis compleja acorde con la evolución tectónica y climática de toda la región, su estudio en detalle puede aportar datos sobre procesos antiguos que en el exterior han quedado borrados por la erosión. Es el caso de los supuestos procesos glaciares anteriores al Würm.

 

- No se ha descubierto en ninguna de las cavidades del macizo un colector o río principal que pueda drenar este sector, por lo que las surgencias del mismo siguen siendo desconocidas. Lo que si parece claro por el estudio de los depósitos de Bernallán, es que durante las primeras fases de formación de la cavidad las aguas subterráneas atravesaban el macizo de O a E, esto es, de los paleovalles del Miera al Asón. El avance de las exploraciones espeleológicas en el macizo puede aportar valiosos datos capaces de resolver esta incógnita.

 

- La génesis de la Torca de Bernallán se remonta al Plioceno con condiciones climáticas bien diferentes a la actualidad. Durante el Pleistoceno la cavidad pasa por diferentes fases de relleno, erosión y estabilización que le darán su morfología y configuración actual. En el Holoceno se produce la formación de la última generación de espeleotemas.

 

 

Escríbenos:

 

Referencias

CASTAÑÓN, J.C. y FROCHOSO, M. (1990): La glaciación Würm en las montañas cantábricas. En. A. Cearreta y F. Ugarte (Ed.): The late Quaternary in the western pyrenean region. Servicio editorial Universidad del Pais Vasco. 319-332. Vitoria.

 

DELANNOY, J.J. y MORVERAND, P. (1988): Contribution a la connaissance de la karstogenèse du massif de la Peña Lavalle. Trente années d´exploration dans le Cueto y la Coventosa (Cantabria-Espagne). Mémoires Spéléo-Club de Paris, 15, 81-95.

 

FERNÁNDEZ ACEBO, V. (1994): Estudios, patrimonio e inventario de las cavidades del municipio de Miera. Boletín Cántabro de Espeleología, 10, 144.

 

GARCÍA MONDEJAR, J. Y PUJALTE, V. (Dir.) (1981): El Jurásico superior y Cretácico inferior de la región vasco-cantábrica (Parte Occidental). Grupo español del Mesozoico. Reunión de campo. 133 p.

 

MARQUINEZ, J. (1990): Tectónica y relieve en la Cornisa Cantábrica. En. A. Cearreta y F. Ugarte (Ed.): The late Quaternary in the western pyrenean region. Servicio editorial Universidad del Pais Vasco. 143-159. Vitoria.

 

MOÑINO, M; CENDRERO, A. y DÍAZ DE TERÁN, J.R. (1987): Glaciarismo en el alto Miera. Actas VII Reunión sobre el Cuaternario. Asociación Española para el Estudio del Cuaternario. 179-182. Santander.

 

MUGNIER, C. (1969): El karst de la región de Asón y su evolución morfológica. Cuadernos de Espeleología, 4, 146 p. Santander.

 

PUCH, C (1987): Atlas de grandes cavidades españolas. Espeleo club de Gràcia. Exploracions, 11, 496 p. Barcelona.