ÍNDICE
En el 1264-66, Jaime I en ayuda de su yerno Alfonso X, conquistó los castillos de Alicante, Elche, Elda, Novelda, Aspe, Crevillente y Favanella (actual Abanilla).
Más tarde, nuestro pueblo volvió a sufrir las consecuencias de las guerras entre los dos Pedros: Pedro I el Cruel, rey de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón. La crónica de Pedro IV recoge que el día 9 de diciembre de 1364, con sus huestes, al anochecer, se alojó en la huerta de Favanella (actual Abanilla). El Rey que se dirigía a tomar Orihuela, tuvo un enfrentamiento con las huestes castellanas en los campos de la Matanza.
En el año 1464, siendo maestre de la orden de Calatrava Pedro Girón, con el permiso y la ayuda del rey Enrique IV, tomó por la fuerza el castillo de Havanilla (actual Abanilla), aprovechando la ausencia de mosem Diego Fajardo, que la tenía ocupada desde 1434 en nombre del rey de Aragón.
Dicha ocupación se efectuó en base a que la Orden obtuvo la jurisdicción de Havanilla, por una permuta de posesiones realizadas con Diego González de Toledo, cuya escritura se firmó en Almagro el 11 de junio de 1434. A partir de esta ocupación quedó bajo la total jurisdicción de la Orden, que transformó la mezquita en iglesia gótica en honor de San Benito, teniendo lugar su inauguración en el año 1504.
Pedro IV tuvo que emprender la retirada y regresó a Aragón, probablemente por donde había venido, es decir, Abanilla, Sax, Petrel, Villena, Ontenyent, Jativa, etc. La ordenanza de 1503, en su artículo 13, ya hacía mención a la Fiesta de la Santa Cruz, tras ser derrotado por el rey de Castilla, en tierras de Abanilla y más concretamente en la batalla de la Matanza. Dando origen a la tradición de la Santa Cruz de Abanilla.
En el sequito de Pedro IV iba el arzobispo de Zaragoza y bien pudo ser que portara algún relicario de la Cruz, dado que el Papa San Gregorio Magno le regaló al rey visigodo Recaredo un pequeño trozo de la Cruz de Cristo. De este trozo probablemente se hicieron varios relicarios que fueron pasando de unos a otros, a catedrales, monasterios, e iglesias de la España de entonces. No podemos olvidar que como relata el historiador Rohault de Fleury, en el siglo IX existían relicarios de la Cruz en muchísimas de las principales ciudades de Europa. En varios lugares de España, también, existen relicarios de la Cruz de Cristo y del Buen Ladrón, unos de probada e histórica autenticidad, y otros sospechosamente apócrifos, al igual sucede con muchísimas otras reliquias.
La primera noticia de la Cofradía de la Santa-Vera Cruz data del 1 de noviembre de 1564, de su libro, que presentó su mayordomo Antonio Sánchez en la visita de la Orden de Calatrava efectuada en 1565. Como acta más antigua de la Hermandad, se tiene una del 19 de marzo de 1924, ya que las anteriores desaparecieron durante el periodo más oscuro de nuestra historia reciente que fue la Guerra Civil, junto con la antigua y primitiva Santa Cruz. Y es que la actual, o al menos el lignum crucis que esta porta, entró en la villa de Abanilla el 24 de septiembre de 1939, enviada desde Roma por Su Santidad el Papa Pío XII, con documento de autenticidad que la acredita fechado el 3 de julio de 1939 en el Vaticano.
Los Capitanes, por su clásico y sin duda único uniforme (de antaño), fueron incorporados a la fiesta durante el reinado de Felipe II (1556-1572). En los Tercios de Flandes, el uniforme de sus capitanes, aparte del vestir propio de soldado de la época, usaban el sombrero con media ala doblada hacia arriba y prendida con un alfiler, lo que se complementaba con un escudo o divisa, y su banda puesta a la bandolera.
Los Capitanes, son investidos el día 2 de mayo, en el transcurso de las Solemnes Vísperas. Ellos son los que han de presidir todos los actos que organiza la Hermandad en las fiestas de mayo, así como el honor de rodar la bandera. Este es un protocolo de rendición de honores de las tropas cristianas ante su patrona. Se rueda con una bandera con la cruz de San Andrés, vestigio de los Tercios de Flandes. Dicho rodaje consiste en hacer girar la bandera, dentro de un orden preestablecido, sobre la cabeza del Capitán, mientras que suena “El Ataque”.
La bandera que ruedan los Capitanes, es la de San Andrés, la misma que en 1572 portaban los Tercios de Flandes como símbolo tradicional de la madre patria. El “rodaje de bandera”, al igual que las salvas de arcabucería, es uno de los ritos de homenaje que se rendía antiguamente a las autoridades y a los Santos Patronos por las milicias Concejiles.
Los Pajes son niños de 5 a 7 años que acompañan a los Capitanes en todas sus salidas, lúcidamente vestidos con trajes barrocos, con faldas almidonadas (cuyo color se les cambia según el día y el momento de la fiesta) y sostenidas por tres enaguas, llevan banda y caídas, todo realizado en brocado con puntillas de oro y van ricamente enjoyados ya que sobre el cuerpo van prendidas infinidad de joyas, todas procedentes de personas del pueblo que las aportan y las cosen al traje del paje, para que las luzcan. Además llevan pelucas de tirabuzones.
Su origen es poco conocido, probablemente se trataba de los pajes que acompañaban con otra servidumbre, a los señores que regían las plazas de realengo y que solían acudir a las villas sometidas a su control, <<los prestaban>> a la patrona como concesión. Más tarde, al desaparecer estos señores, el pueblo, a quien gustó la figura, los puso de entre su gente, con motivo de las fiestas para acompañar a la Patrona. Cuenta otra tradición que pudieran ser los criados fieles y acompañantes inseparables de sus capitanes, los cuales sostenían o guardaban fielmente los valiosos objetos de su amo, a la vez que lucían sus correspondientes trajes adecuados para la ocasión, utilizando el color de las armas del caballero al que representaban. Este se blandía hincando la rodilla en tierra mientras procedía al “rodaje de bandera” en una singular justa o torneo, mientras que las tropas permanecían expectantes.
Su misión consiste en pararse en cada uno de los veintitrés puntos marcados en el itinerario, y con un bastón dorado, cuyo puño está formado por un pañuelo de encaje y un ramillete de flores, apuntan al capitán para que realice una salva de arcabucería, después gira sobre sí mismo y hace una graciosa reverencia, reanudando la marcha.
Recientemente, con fecha 20 de febrero de 2000, la Hermandad aprobó el Reglamento del uso de armas de avancarga, es decir, el reglamento que regula el uso de los trabucos y arcabuces en los actos que organiza la Hermandad, como son las romerías del 3 de mayo, la Octava y la del 14 de septiembre.
2 Origen de la tradición de Santísima y Vera Cruz.
Hablar de Mahoya y su ermita es hablar de la Santa Cruz y su milagrosa aparición. No olvidemos que es el lugar donde se apareció o se encontró la Santa Cruz. Y esto es algo grande para los huertanos.
Por tradición se cuenta que en La Huerta, junto a la acequia, unos regantes se encontraron un estuche o caja de cuero, en cuyo interior había, pegadas con pez, dos astillas de madera en forma de cruz. Unos soldados habían dejado olvidada esta caja entre restos de comida (cáscaras de huevo).
Los regantes que allí se reunían para tomar la tanda de sus aguas para el riego en La Huerta descubrieron la caja. Extendida la noticia entre las gentes, se reunieron y con gran devoción fue entregada al cura de Abanilla. Este observó que la cruz estaba pegada por dos tapas de cuero con forma de estuche, que se abría en cuatro brazos, y en su interior había dos trocitos cruzados de madera negra y unidos por una sustancia parecida a la pez griega.
La cruz se colocó en al altar mayor de donde desapareció hasta dos veces, siendo encontrada siempre en el mismo lugar donde se apareció a los huertanos, entre un haz de luz. Ante este insólito hecho en este lugar se edificó una pequeña ermita y desde aquella fecha quedó constituida la Hermandad de la Santa Cruz.
Otra versión dice que dichas astillas iban dentro de una cáscara de huevo que bajaba por la acequia desprendiendo un intenso resplandor.
Todo sucedía casi finalizada la Edad Media, es decir, entre finales del s. XIV y principios del s. XV. Está documentado que el 9 de diciembre de 1364 el rey de Aragón, Pedro IV El Ceremonioso, según su propia crónica (traducida por Bofarull), entra en el término de Abanilla y acampa en La Huerta, junto al remanso de agua que había donde hoy se encuentra la ermita; este remanso servía de abrevadero para ganados y caballerías.
Acampó con su séquito y una tropa de miles de hombres, que se extendieron por la huerta (en busca de alimentos) y en el curso de la rambla del Chícamo que llegaba hasta Sahués: "Desde Alcoy, pasando por Sax, el 9 de Diciembre de 1364, nos fuimos a alojar en la huerta de Fabanella que dista a 9 leguas, a cuyo punto llegamos ya muy tarde, como que habían tocado ya a la queda cuando descabalgamos doliéndonos de haber hecho una tan grande jornada...". Pernoctó en el castillo de Abanilla para recibir a otro día a los mensajeros de Orihuela.
Las astillas del relicario encontrado en Mahoya eran de incierta procedencia, y pudieron ser de un trozo que le regaló el Papa San Gregorio Magno al Rey visigodo Recaredo, que posteriormente se dividieron y repartieron.
Es posible que lo llevara el arzobispo de Zaragoza, el cual solía acompañar a Pedro IV en sus campañas.
D. José Riquelme Salar en su Historia de Abanilla señala que existe otra leyenda tradicional: En La Huerta, junto a la acequia mayor y cerca del paraje de Benical, había un morabito (construcción tradicional del Magreb, lugar de recogimiento y devoción del fervor popular) y en 1631, tras la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III en 1609, a Pedro Lozano, que era alcalde del Concejo y a su hijo, al atardecer se le apareció una cruz espectral con grandes resplandores sobre dicho morabito. Al siguiente día el Concejo acordó hacer festivo el día 3 de mayo.
D. José Riquelme Salar refiere que existió un acta del Concejo de ese mismo año (acta actualmente en paradero desconocido) que institucionalizaba la celebración de las festividades de la Santa Cruz en esta villa el 3 de mayo y el 14 de septiembre.
En un informe del Concejo sobre Hermandades y Cofradías, realizado en 1770, viene relacionada la Cofradía de la Invención de la Santa Cruz de mayo con la procesión a La Huerta, acompañada con su soldadesca, para bañar la Santa Cruz en la acequia.
El diccionario de Pascual Madoz, de 1850, dice: "la fiesta que con más solemnidad se celebra en Abanilla es la de la Santa Cruz en su día, con procesión al centro de la Huerta y sitio de Mahoya con una reliquia o Cruz pequeña que se dice piadosamente aparecida, la cual se baña en la acequia mayor, con gran estrépito de trabucos, que llevan los mozos del país".
En la época medieval, La Huerta era objeto de continuas razzias (del árabe gáziya: incursión o correría en algún lugar, con objeto de saquear o destruir) y escaramuzas y por motivos de seguridad, la Cruz, desde el principio, fue guardada en Abanilla tras las murallas, lo que dio origen cada año al traslado en romería en sus dos festividades litúrgicas: 3 de mayo y 14 de septiembre.
Referente a estas escaramuzas, hay que señalar que en 1420 los adalides de Baza y Guadix, de acuerdo con los mudéjares del valle de Ricote y de Abanilla, llegaron hasta aquí y asolaron La Huerta, evitando acercarse a Lorca; devastaron el campo de Caravaca y Calasparra, pero se les cortó el paso por la parte de Moratalla. (Según cita de D. José Moreno Gil en el Programa de Fiestas de 1983, extraído a su vez de la página 89 del libro "Geografía histórica de la Provincia de Murcia" de Abelardo Merino Álvarez. 1915).
Según cuenta la tradición, la aparición de la Santa Cruz ocurrió, como ya se ha indicado, por estas fechas (finales del s. XIV principios del S. XV) y es el único hecho que justifique una invasión del territorio de Abanilla en la razzia de 1420. Seguramente mudéjares de Abanilla junto a estos invasores, aprovechando este hecho, robaron la Cruz que tenían en su santuario en plena huerta, y los vecinos del lugar, en la lucha que hubo al pie del castillo de Santa Ana, la recuperaron en Mahoya.
Por temor a un nuevo robo de la Reliquia, se trasladó al antiguo templo de San Benito, que estaba en la cima de El Lugar Alto, al pie del castillo, y posteriormente a la iglesia parroquial de San José.
NOTA: El texto de este apartado ha sido extraído del libro “Mahoya y su historia”, del autor Antonio Martínez Ramírez, edición especial año 2002, páginas 92 a 94 ambas incluidas.
PRIMERO: La Tradicional Romería del día 3 de mayo, así como la procesión de la Octava y la Romería de Septiembre, son celebraciones religiosas que anualmente se realizan en honor a la Patrona (Art. 7, 4º-7º- 9º, de los Estatutos).
SEGUNDO: Es responsabilidad de la Hermandad de la Santa Cruz la organización de dichos actos, claves en el desarrollo de las fiestas.
TERCERO: Esta Normativa tiene por objeto regular la participación de los arcabuceros en los distintos actos organizados por la Hermandad de la Santa Cruz y en los que éstos intervienen, que queda reglamentada por el Real Decreto número 137/1993, de fecha 19 de Enero (Reglamento de Armas).
CUARTO: En lo no dicho en la presente, será de aplicación la mencionada Reglamentación Oficial o cualquier otra que pudiera dictarse con posterioridad.
DISPOSICIÓN FINAL.
ÚNICA: Este Reglamento, considerado de Régimen Interno, tendrá plena validez desde su aprobación por la Asamblea General de la Hermandad de la Santa Cruz, de acuerdo con los vigentes Estatutos. Entrará en vigor al día siguiente de su aprobación.
TÍTULO PRIMERO.
ARTICULO 1. Para poder participar como tirador de trabuco o arcabuz en los mencionados actos, será necesario inscribirse para tal efecto en la Hermandad de la Santa Cruz en el lugar que se fije al respecto. Esta inscripción solamente será válida para el año en curso.
ARTICULO 2. Deberán inscribirse los mayores de 18 años, siendo necesario aportar fotocopia del D.N.I. en el momento de la inscripción. La participación de menores de 18 años quedará bajo la total responsabilidad del padre o tutor.
ARTÍCULO 3. El uso de armas de avancarga requerirá estar en posesión del certificado médico de aptitud, documento que podrá ser sustituido por el permiso de armas, permiso de conducir o licencia de ciclomotores.
ARTÍCULO 4. El arma habrá de contar con Certificado extendido por banco oficial de pruebas, o en su defecto con Certificación extendida por fabricante o armero autorizado, que tendrá una vigencia máxima de dos años.
ARTÍCULO 5. Cada tirador es responsable ante las Autoridades competentes de la inexistencia de los documentos detallados en los artículos 3 y 4. Dicha Autoridad podrá exigirlos en cualquier momento y actuar de acuerdo con la Reglamentación Oficial al respecto.
ARTÍCULO 6. Los tiradores inscritos harán efectivo el importe que se determine para cubrir los gastos del seguro de responsabilidad civil que será contratado para estos actos, y de vigilancia, si la hubiere.
ARTÍCULO 7. Cada tirador inscrito recibirá un distintivo acreditativo. El ser inscrito como tal, supone la aceptación de lo establecido en el presente Reglamento. El incumplimiento de dichas normas supondrá la imposición de las sanciones que se estimen oportunas, por parte de la Hermandad de la Santa Cruz o de las Autoridades competentes, que podrán ir desde la prohibición de participar en posteriores Romerías, hasta la retirada inmediata del arma. El cumplimiento de promesa como tirador no exime del presente Reglamento.
ARTÍCULO 8. El disparo de los arcabuces será obligatoriamente en los lugares del recorrido autorizados. El fallo repetido de un arma obligará, así mismo, a no insistir en el tiro y al vaciado de la pólvora fuera del lugar de disparo. Se guardará una distancia mínima entre grupos de tiradores de 15 metros y máxima de 20 metros. El grupo de tiradores no será inferior a cuatro miembros ni superior a diez, debiendo agilizar al máximo la maniobra de disparo.
ARTÍCULO 9. Los acompañantes de los arcabuceros no interferirán la maniobra de disparo, permaneciendo a espaldas de los mismos. Tanto arcabuceros como acompañantes abandonarán con rapidez el lugar de tiro, dejando paso al grupo siguiente.
ARTÍCULO 10. Los tiradores guardarán para sí mismos las medidas de seguridad pertinentes, usando preferentemente ropas de algodón, guantes y gafas. La pólvora será transportada en los cargadores de seguridad autorizados. Queda prohibido el almacenaje de pólvora en carros y otros elementos de transporte.
ARTÍCULO 11. La participación de cualquier vehículo de tracción mecánica, animal o empujado por personas, exclusivamente en la Romería del Día 3 de Mayo y entre los capitanes, quedará a criterio de la Junta Directiva de la Hermandad. No obstante, será necesario informar previamente de dicha participación y características, designando a un responsable de dicho vehículo. No se permitirá el uso de envases de vidrio en dichos carros para el transporte de bebida. La participación de músicos y charangas se comunicará previamente a la Junta Directiva, quedando prohibida la representación e 1nterpretaclón del Rodaje de Banderas.
ARTÍCULO 12. El protocolo a seguir en los actos mencionados en el presente Reglamento será el marcado por la tradición o el que pueda ser fijado a través de Estatutos o Reglamentos previamente desarrollados en el seno de la Hermandad de la Santa Cruz.
Desde el 19 de marzo de 2001, día en el que fue elegido Presidente de la Hermandad D. José Tomás Ruiz, por un periodo de 4 años, la Junta Directiva de la Hermandad de la Santísima y Vera Cruz está compuesta por los siguientes miembros:
Presidente: José Tomás Ruiz
Vicepresidente : José Tomás García Díaz
Secretario: Juan Antonio Cutillas Sebastián
Tesorero: José Antonio Gaona Nicolás
Vocal 1: José Antonio Rubira Rocamora
Vocal 2:
Francisco Jesús Riquelme Rivera
Vocal
3: Manuel Cutillas Están
De las flores es la dulce ambrosía.
De los astros es la mágica luz.
De las aves es la bella armonía
e himnos entonan de gloria a la cruz.
Cruz sagrada, que alzaste dichosa
en tus brazos a Cristo, mi Dios,
oye tierna y acoge piadosa
de tu pueblo ferviente oración.
En tus brazos murió el Redentor.
Tú salvaste al género humano:
haz que triunfe en el mundo pagano
tu fe santa y tu divino amor.
De tus hijos los tiernos anhelos
en la ausencia suspiran por Ti,
no desoigas, ve y dales consuelo,
retornando a su patria feliz.
6. PROGRAMACIÓN DE LOS ACTOS FESTIVOS Y DESARROLLO DE LAS FIESTAS.
Desde finales del siglo XV, principios del XVI ha sido tradición celebrar los actos que se describen a continuación:
Entre las personas que figuran en estos actos figuran unos denominados Capitanes, que suelen ser dos. Estos consiguen la Capitanía por medio de puja a la llana celebrada en la Iglesia Parroquial a continuación de la Junta que la Hermandad de la Santa y Vera Cruz celebra el día de San José cada año, adjudicándosela a aquellos que hubieran ofrecido los últimos cantidad mayor, antes que la cerilla que se enciende después de ser advertidos los aspirantes por tercera vez, se apague. Según costumbre se es Capitán en cumplimiento de promesa hecha a la Santa Cruz.
Los Capitanes toman parte en los actos siguientes: presiden las Vísperas que se celebran el día dos y tres de mayo por la tarde. El día tres de mayo asisten a la Misa solemne que se celebra en la Iglesia Parroquial antes de la romería ocupando el sitio que les corresponde en el presbiterio.
Acompañan a la Santa Cruz en romería a su Santuario con la obligación de dar órdenes a los sargentos, que estos transmiten a los arcabuceros, para que hagan Salva general de disparos a la salida y entrada de la Reliquia en la Parroquia y en su Santuario.
Al llegar la Santa Cruz a Mahoya y depositada esta en la entrada de su Santuario, dando cara al lleno, los Capitanes obligaran a los arcabuceros a formar circulo quedando uno de ellos en el centro del mismo que rodará la bandera de la cruz de Calatrava, dando la orden un sargento a los arcabuceros de efectuar Salva general al finalizar el acto. El otro Capitán hará la misma ceremonia mientras es bañada la Santa Cruz.
Al regreso de la romería y en el llano denominado de Santa Ana rodarán la bandera los dos Capitanes en la misma forma que lo hicieron en el llano de Mahoya.
Tanto el día dos como el tres de mayo y después de las Vísperas darán tres vueltas en la plaza mayor de la Villa disparando acompañados de los arcabuceros en los sitios de costumbre; concluidas las cuales se dirigirán al antiguo castillo emplazado en el sitio denominado Lugar Alto donde volverán a rodar la bandera.
Se considera cosa obligada que los Capitanes inviten a los arcabuceros y músicos que amenizan sus actos a los refrescos acostumbrados. Después del refresco de las tardes del dos y tres rodarán la bandera en los sitios que la tradición ha marcado.
Al toque de oración del día tres de mayo, los Capitanes darán el Vitor en los sitios que de antiguo se viene haciendo.
El domingo de la octava presiden la procesión de la Santa Cruz y a continuación hacen los mismos actos que hicieron después de las Vísperas de los días dos y tres. Como distintivo de su jerarquía, los Capitanes usaran en las ceremonias que tomen parte, según costumbre, traje negro, banda de seda cruzada al estilo que los de su categoría usaban en los tercios de Flandes y escarapela que sujeta levantada el ala derecha.
También figuran en estos actos los denominados pajes, que son niños comprendidos en la edad de seis a ocho años y van revestidos de ricos trajes y valiosas joyas portadores de un bastón con el que apuntan a los Capitanes al hacer estos los disparos, girando una vuelta y saludando a los mismos al estilo antiguo con reverencia de Corte. Estos pajes asisten a todos los actos en que los Capitanes toman parte.
En la mañana del día tres de mayo, en el Santuario de Mahoya y en el balcón del mismo, la Cruz, en manos de un sacerdote es bañada por el agua bendecida que sale de un surtidor que al tocar la granada situada encima de la Cruz, la abre dando salida a unas palomas. Este agua, según costumbre y devoción es recogida de diversas maneras por los creyentes en reconocimiento a las virtudes que a ella le atribuyen.
Después del baño se procede a la celebración de la Santa Misa en el Santuario, verificada la cual se distribuyen por aquellos parajes los romeros para celebrar el típico almuerzo. Al regreso de la romería a la Parroquia, el sermón tradicional a la Santa Cruz.
Subasta de los títulos de la Hermandad de la Santísima y Vera Cruz de 2004.
Llevar la
Cruz del Viernes Santo:
Isidoro Lajara Lajara,
por 450 €
Tirar los
morteretes:
Ángel
Ortiz García, por 1000 €
Poner y
quitar los tornillos del trono:
José
López Navarro, por 2200 €
Portar vara
trasera derecha:
José
Carlos Tenza Tovar, por 1000 €
Portar vara
trasera central:
José
Pascual Ramírez Riquelme, por 1100 €
Portar vara
trasera izquierda:
Ángeles
Álvarez Lucas, por 1050 €
Portar vara
delantera derecha:
Francisca
Perea Tolmos, por 1300 €
Portar vara
delantera central:
Antonio
Narros Ramírez, por 1300 €
Portar vara
delantera izquierda:
Antonio
Peñaranda Rivera, por 1250 €
Tirar de la
cinta de la granada:
Nicolás y María Riquelme Martínez,
por 4300 €
Llevar el
Cetro del trono:
Gumersinda Díaz Ruiz, por 9000 €
Capitanía:
Francisco
Perea Ruiz, por 1000 €
Poner y
quitar Bastón de Mando:
Fernando
Molina Parra, por 1000 €
Para ponerse en contacto con nosotros puede hacerlo mediante la siguiente dirección de correo electrónico: