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El
desarrollo de la Sanidad ha sido crucial y espectacular para un pueblo como el
saharaui, que partió de la nada en este campo y actualmente se puede decir que
tiene mucha mejor estructura sanitaria que bastantes países africanos
consolidados ya como estados plenamente independientes. Como no, la labor de la
mujer aquí ha sido vital, llegando a alcanzar una gran especialización. Cuando
se acabó el colonialismo español no había capacitado un solo médico o
enfermera saharaui. Esto dejó totalmente desamparadas a miles de personas que
huían hacia Argelia, si bien ya lo estaban hace mucho. En los momentos del éxodo
la angustia, el calor, la sed y las enfermedades provocaron una cantidad enorme
de fallecimientos, afectando de manera especial a niños, mujeres y ancianos. Su
firme decisión desde ese momento fue la de crear un cuerpo sanitario que
atendiese las necesidades básicas de los refugiados. Así entonces se enviaron
a los primeros muchachos y muchachas a estudiar Medicina a países amigos como
Argelia y Cuba. Durante el tiempo que se preparaban la población era atendida
por organizaciones sanitarias internacionales. Cada año vuelven bastantes
licenciados saharauis para trabajar con su pueblo, con una buena preparación.
Esto contrasta con los primeros momentos cuando enfermeras improvisadas, que
eran simples mujeres y madres que hasta entonces habían llevado una vida como
amas de su hogar, se tuvieron que arreglar de cualquier modo para realizar todo
tipo de curas y remedios. La mujer saharaui siempre ha tenido buena reputación
como médica o curandera a través del conocimiento de plantas medicinales que
posee. Pero por aquellas fechas su preparación dejaba mucho que desear, aunque
el tiempo ha hecho que se adopten las nociones básicas y necesarias. Siempre ha
habido mucho personal sanitario voluntario, el cual era femenino en su inmensa
mayoría, pero había que entrenarle de forma mínima por lo que las mujeres
saharauis se encargaron de difundir una teoría esencial a todas aquellas que
querían ser útiles en este campo. De un modo más serio se comenzó la formación
académica de enfermeras en poco tiempo, llegando a crear una escuela propia,
sobre todo con chicas muy jóvenes, que en seguida hacen prácticas en los
hospitales de los campamentos. Las enfermeras tardan entre un año y año y
medio en formarse, mientras que los doctores y doctoras tienen que estudiar aún
en el extranjero. El esfuerzo organizativo les llevó a crear la Media
Luna Roja Saharaui entidad similar a nuestra Cruz Roja, la cual se encarga de
llevar un gran peso en el aspecto de la Sanidad de los refugiados. Muchas
mujeres forman parte de ella y en cada daira hay una delegación suya, que también
se encarga de la prevención, de los niños, del reparto de alimentos y de los
detenidos-desaparecidos saharauis en el Sahara ocupado por Marruecos. Aunque no
está reconocida por el Comité Internacional de la Cruz Roja, éste coordina
conjuntamente programas de ayuda con la Media Luna Roja Saharaui en varios
aspectos. Aquí en España, la Cruz Roja ha permitido a varias jóvenes
saharauis especializarse en determinadas áreas de enfermería . En cada
daira de los campamentos hay un dispensario que está regido por mujeres, que
son miembros de los Comités Populares de Salud. Aquí se atienden los casos más
elementales que presenta la población. Su tarea no sólo es curativa, pues tan
importante o más son las de prevención, orientación y consejos alimenticios,
dirigidos en especial a las madres que deben cuidar a sus hijos pequeños. Más
avanzados son los hospitales de Wilaya, que cuentan con varias secciones
especializadas y disponen de laboratorios y salas mismamente equipadas. Las
habitaciones que tienen son muy amplias, con seis o siete camas cada una, y en
sus diminutos quirófanos se realizan operaciones sencillas. Globalmente también
están atendidas por mujeres. Como muestra su preocupación por todo el pueblo y
por su salud se construya hace años un hospital General Nacional, que atiende a
los enfermos más graves o con ciertas complicaciones. Está totalmente
especializado, dividido en tres bloques próximos entre sí y situado a una
distancia similar a todas las wilayas, no hallándose en ninguna de ellas en
concreto.
Cada edificio alberga una especialidad: Medicina General,
para todo el pueblo; Pediatría, para ocuparse de su importantísima población
infantil, y por ultimo Ginecología y Obstetricia, que nos enseña la relevancia
que para los saharauis tienen las mujeres, a las que cuidan, junto a
sus recién nacidos, como a su mejor tesoro. Dentro de estas tres hay secciones
más específicas, como traumatología, estomatología, laboratorios de análisis
y rayos X, etc. Hay entre 450 y 500 camas en total y se llega a hacer
operaciones de mediana importancia , dentro de la modestia del centro: vesícula,
agmidalitis, apendicitis, etc. La mayor parte del material ha sido donado por
Naciones Unidas. Cuentan con un equipo fijo de médicos y doctoras y con una
gran plantilla de enfermeras que trabajan y hacen prácticas. Desde nuestro
punto de vista, este hospital nos parecería sencillísimo, construido en una
sola planta, nada comparable a los de occidente. Hay casos que por su índole o
gravedad han de ser tratados ya afuera, como sucede con la implantación de
gafas o de aparatos ortopédicos, o con operaciones de medicina interna. A estos
enfermos se les envía a Argelia o a países europeos como España, donde hay
muchos saharauis en tratamiento, en especial mujeres y niños. La específica
preocupación por sus mujeres y sus hijos se refleja en las salas de Ginecología
y Pediatría. En ellas, madre e hijo permanecen juntos en todo momento. Las
cunas siempre están al lado de la cama de la madre. Antes del nacimiento, el
cuidado y la prestación a las embarazadas es muy importante, dándosele a la
futura madre todo tipo de consejos y recomendaciones para una perfecta gestación
y un posterior parto seguro y sin complicaciones. Las embarazadas son uno
de los grupos más protegidos, si no el que más, pues entre los saharauis el
incremento de la población y de la natalidad se halla muy difundido y
apreciado, pues saben que son un pueblo demasiado pequeño que hay que agrandar
y además, tristemente, necesitan de gente joven dispuesta a entregarse y dar
incluso su vida en el combate por la liberación de su patria. Esto lo saben
bien todas las madres, que se sitúan entre la alegría de dar a luz un nuevo
hijo o hija y la pena de saber que un día podría perderlo en la lucha por la
independencia del Sahara. El número de hijos e hijas por mujer es muy elevado,
posiblemente uno de los mayores del mundo, situándose en una media de por lo
menos cinco hijos por familia, aunque hay matrimonios que han llegado a tener más
de diez y doce hijos. Si la mujer se queda viuda o se divorcia, esa cantidad
media tras un nuevo matrimonio se vuelve a repetir, en casi todos los casos. En
los hospitales se cuenta con unas cuantas incubadoras modernas para asistir a
los recién nacidos con problemas, pero una de las principales dificultades es
el suministro de electricidad para mantenerlas. Otro símbolo de la
sensibilidad hacia la mujer es la existencia en cada wilaya de un centro de
recuperación para personas débiles o convalecientes, en concreto dirigido a niños
enfermos, ancianos o mujeres que acaban de dar a luz. A todos ellos se les da
una alimentación especial reforzada, rica en minerales, vitaminas y hierro,
consistente en legumbres, vegetales y el poco pescado fresco que logra llegar a
los campamentos. Su estancia dura aproximadamente en todos los casos unos
cuarenta días si no se observan recaídas o anomalías. Estos centros atendidos
por mujeres, se coordinan con los hospitales de wilaya y General y con los Comités
de Salud de daira. Muy importante es la labor de prevención que han
desarrollado con eficacia las mujeres saharauis. Saben de sobra que la información
previa es más rentable, pues las enfermedades consumen una cantidad de
medicamentos y material muy grandes y a veces no dan lugar para todos. Las
condiciones en las que se encuentran ha obligado a tomar medidas previsoras, con
cursos para toda la población, en concreto a las mujeres, que son las que mejor
conocen a todo el entramado familiar. Orientados desde los Comités de Sanidad
de cada Daira, pretenden dar unos conocimientos elementales o reforzarlos, y ya
se han cumplido sus objetivos en casos como los siguientes:
- Mejorar la higiene en la familia y en el
hogar, en la tienda y así potenciarla en los campamentos como por ejemplo
con la ampliación de letrinas y otros servicios higiénicos.
- Control y fomento de la natalidad, con
cursillos especiales para embarazadas y madres.
- Recogida de excrementos y animales muertos, fumigación
y eliminación de moscas y parásitos transmisores de enfermedades, que
atacan con preferencia a los niños.
- Tratamiento y cloración del agua, para evitar
diarreas y disentería y reducir el riesgo de piedras y molestias en el riñón
por la presencia de arena en el agua, que es muy frecuente y afecta a la
infancia.
- Potenciar el uso de alimentos vegetales e intentar
aportar más calcio, hierro y vitaminas a mujeres y niños.
- Intentar eliminar las epidemias, como las de
sarampión, tos ferina, poliomielitis (que ha dejado discapacitados a
bastantes niños), etc.
Seguir el programa de vacunación de la O.M.S., llevándolo a cabo con todos
los niños en los colegios. El problema es que disponen del número de
vacunas suficientes pero sólo tienen un frigorífico central para
mantenerlas en óptimas condiciones. Aún así las enfermedades más
importantes suelen ser las diarreas en verano y problemas respiratorios en
invierno, ambas a la vez causas más importantes de mortalidad. Al vivir en
un medio hostil pero más natural que en Europa, por ejemplo, apenas existen
enfermedades cardiovasculares y los casos de cáncer son muy reducidos. Es más,
la longevidad es común entre muchos ancianos, llegando a haber casos de
hambres y mujeres que alcanzan los cien años de vida. Para la profilaxis
del embarazo se dan importantes instrucciones a las futuras madres, con las
que se pretende reducir la mortalidad tanto de la madre como del recién
nacido. El Comité de Salud recomienda hacer visitas periódicas cada mes al
ginecólogo, para evitar complicaciones y eliminar los riesgos de anemia que
conlleva el embarazo. Se le recomienda a la mujer gestante alejarse de los
enfermos y controlar su tensión y su peso con regularidad. Se le aconseja
que haga ejercicio, en compañía de otras mujeres, como pasear durante
media hora cada día, para que no se quede reposando todo el día en su
tienda. Algo muy importante es la administración -para ella de una correcta
y fuerte dieta equilibrada que abunda en proteínas y hierro. La falta de
este último y su efecto sobre la mujer es de sobra conocido en el Sahara,
pues al tener las saharauis muchos hijos, saben que es el elemento que más
les falta y primer factor de anemia. Todas las mujeres han de intentar dar a
luz en los hospitales, mejor que cada una en su tienda, para evitar
problemas y atajar las dificultades que surjan. Están directamente
atendidas por un médico y enfermeras y el Comité de salud cuida a la madre
de los trastornos que se presentan tras numerosos partos. Se
fomenta la nutrición del bebé mediante la lactancia materna, en especial
en épocas duras como el verano, para que no se deshidrate y crezca de un
modo más natural. No se recomienda dar de beber leche de cabra a los niños
de entre dos y cinco años, porque aún son muy pequeños para una leche tan
fuerte. En el estío se cuida más a los niños ante los graves riesgos de
deshidratación y diarreas que existen. A las madres se les explica que hay
que darles de comer a sus hijos y qué control se debe ejercer sobre las
comidas y bebidas. En cada daira se potencia todo esto en los Centros de
Cuidado de los niños, con una estricta verificación de los alimentos, los
líquidos, los recipientes y las ropas de los críos. Para reforzar la
alimentación infantil, los suecos envían unas galletas con unos
ingredientes vigorizantes que normalmente no tienen en la dieta diaria. Es
destacar que además de una falta de hierro y la consiguiente especie de
anemia crónica que acarrean las mujeres saharauis al tener tantos hijos,
tienden a engordar bastante conforme se hacen mayores, a la vez que
incrementan una vida de reposo y de relajo al no ser ya tan activas como
cuando eran jóvenes y que en un medio tan duro les produce una especie de
envejecimiento prematuro reflejado en la cara y en la piel.
A pesar de todos los esfuerzos para eliminar
riesgos sanitarios, persisten aún ciertas carencias y problemas: escaso
personal, falta de medicamentos con fuerte dependencia del exterior de los
mismos, pocas ambulancias, insuficiente leche en polvo para los niños de
dos a cinco años, escasez de bancos de sangre con riesgos de contagio de
hepatitis, etc.
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