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El Sáhara Occidental es el escenario de un conflicto que
se prolonga durante más de veinte años, desde que en 1975 España abandonara
la administración colonial del territorio y la cediera a Marruecos y
Mauritania. Desde entonces el pueblo saharaui, representado por el Frente
Polisario, ha tratado de recuperar su territorio ocupado militarmente por
Marruecos y de alcanzar la independencia.
La celebración de un referéndum de autodeterminación, previsto desde 1974 y
recogido en el Plan de Paz firmado en 1991, ha sido demorada sucesivamente por
el obstruccionismo del Gobierno marroquí. Rabat se niega a perder una
importante área geoestratégica dotada de valiosos recursos naturales, como
yacimientos de fosfatos y bancos de pesca. Mientras el proceso se halla en un
periodo de estancamiento, el pueblo saharaui espera una salida a su situación
desde las duras condiciones de vida del desierto.
Con la ocupación militar del Sáhara Occidental se inició un
éxodo masivo de población civil hacia el interior del desierto. Una gran parte
de esa comunidad se estableció en campamentos de refugiados en la vecina
Argelia. También se desencadenaron enfrentamientos armados entre el Frente
Polisario y los Ejércitos de Marruecos y Mauritania.
En una primera fase, la estrategia de hostigamiento y los rápidos golpes
asestados por el Frente Polisario, hicieron inclinarse la balanza a su favor.
Con la retirada de Mauritania de su parte del territorio ocupado en 1979, se
desató una guerra de posiciones que condujo a un estancamiento de la situación.
El Ejército marroquí construyó hasta seis muros o líneas defensivas que
impidieron o dificultaron la circulación de las tropas saharauis por el
territorio. Los enfrentamientos armados alcanzaron su máxima intensidad en
1985.
A partir de 1986, las decididas acciones diplomáticas de la ONU, la Organización
para la Unidad Africana (OUA) y los países del Magreb consiguieron persuadir a
ambas partes de la necesidad de emprender conversaciones. Después de muchas
dificultades, éstas se concretaron en un Plan de Paz que contemplaba el alto el
fuego y la celebración de un referéndum de autodeterminación, aplazado desde
1974.
Actualmente, el fracaso del Plan de Paz es un hecho. Las obstrucciones y
dificultades puestas por Marruecos han hecho prácticamente imposible la
celebración del referéndum. Nuevas iniciativas diplomáticas intentan abrir
otras posibles vías de solución pacífica de un conflicto que parece condenado
a prolongarse indefinidamente.
Durante los últimos años, la población civil de los territorios ocupados ha
visto suavizadas, relativamente, las duras condiciones de la ocupación: represión,
torturas, desapariciones, etc. En los campamentos de refugiados, la ambigua e
indefinida situación de “ni paz, ni guerra” se ha convertido en un factor
de desánimo y frustración para una población que lleva más de veinte años
viviendo en condiciones extremas, en una de las zonas más inhóspitas del
desierto del Sáhara.
CLAVES DEL CONFLICTO
La descolonización
Todas las dificultades que se presentaron tras la descolonización tienen su
origen en problemas previos al periodo colonial.
En el Sáhara Occidental, las potencias colonizadoras dividieron en diferentes
ámbitos político-administrativos las tribus que configuraban la comunidad de
los nómadas saharianos. Por propia iniciativa o por la fuerza de los hechos
consumados, este pueblo forma parte de varios Estados: Marruecos, Argelia,
Mauritania y Mali, asumiendo como autóctona la identidad nacional
correspondiente. Sin embargo, las tribus saharianas de la antigua colonia española,
cuyo territorio era el centro de los itinerarios nómadas, construyeron una
identidad nacional saharaui que unieron a la reivindicación territorial.
Durante la década de los sesenta, varias resoluciones de la ONU instaron al
Gobierno español a iniciar los trámites dirigidos a consumar la independencia
del Sáhara. Tras diversas maniobras dilatorias (entre otras la conversión de
la colonia en provincia) el Gobierno aceptó en 1970 el inicio del proceso, cuyo
objetivo era la autodeterminación del pueblo saharaui en un referéndum
previsto para 1974 ó 1975.
Desde ese momento, Marruecos multiplicó sus declaraciones acerca de la soberanía
marroquí sobre el Sáhara Occidental, y la intención de anexionarlo a su
territorio una vez concluida la descolonización. El conflicto diplomático se
trasladó al Tribunal de La Haya, que en 1975 dictó un veredicto que, si bien
reconoció la existencia de vínculos históricos entre algunas tribus nómadas
y jefes marroquíes, negó a Marruecos la pretensión de extender su soberanía
al territorio del Sáhara. Al mismo tiempo, recomendó la celebración del referéndum
de autodeterminación tal como estaba previsto. Haciendo una lectura parcial del
veredicto, el rey Hassan II lanzó la “Marcha Verde”, una invasión pacífica
con el propósito de desalojar a los españoles y ocupar el territorio de la
antigua colonia.
La presión de la “Marcha Verde” en un momento político muy delicado para
España (agonía de Franco), unida a la existencia de intereses económicos
(minas de fosfatos y pesca) y estratégicos, provocó un giro radical de la
postura oficial española: de la defensa del derecho del pueblo saharaui a la
autodeterminación se pasó al apoyo al reparto de la administración (no de la
soberanía) del territorio entre los Estados de Marruecos y Mauritania.
El referéndum es, pues, la asignatura pendiente de la descolonización del Sáhara
y la reivindicación básica del Frente Polisario desde el inicio de las
conversaciones para llegar al Plan de Paz. Asegurar que se celebre en
condiciones de igualdad e imparcialidad es el eje de todas las dificultades
surgidas para su celebración.
Intereses geopolíticos
El súbito cambio de la postura oficial del Gobierno español se explica más
fácilmente si se consideran los intereses estratégicos occidentales y el
contexto internacional dominado por la guerra fría. La independencia del Sáhara
liderada por el Frente Polisario, cuya vinculación con el Frente de Liberación
Nacional de Argelia era manifiesta, hubiera convertido el Norte de África en una
plataforma de influencia soviética inadmisible para el bloque occidental.
Cuando el Gobierno español entendió que la independencia del Sáhara, lejos de
atraer al país bajo su influencia, situaría un Estado revolucionario a pocos
kilómetros de las Islas Canarias, inició un acercamiento secreto a las
posturas marroquíes, mientras que oficialmente siguió defendiendo la
autodeterminación del pueblo saharaui. De este modo, la “Marcha Verde”
proporcionó a las autoridades españolas una excusa para modificar radicalmente
su postura y plegarse a las exigencias marroquíes.
En el contexto actual, una vez superado el enfrentamiento de bloques, Marruecos
representa para Occidente una cierta garantía para contener la amenaza del
integrismo islámico. Hassan II, simultáneamente líder político y religioso,
ha obtenido notables beneficios de esa posición. Su habilidad diplomática ha
sabido vincular la eventual pérdida del Sáhara con su retirada del poder y el
inicio de una oleada de inestabilidad que afectaría a todo el Magreb y, por
tanto, al Mediterráneo y Europa.
Desde 1975 hasta la actualidad, EE UU y la Unión Europea (principalmente
Francia y España) han optado por apoyar a Marruecos como agente prooccidental
en la zona, pasando por alto las frecuentes denuncias de Amnistía Internacional
sobre la violación de los derechos humanos (en Marruecos y en las zonas
ocupadas) y el caso omiso que el reino marroquí hace de las resoluciones de la
ONU sobre el Sáhara Occidental.
No obstante, el hundimiento del bloque soviético y la nueva correlación de
fuerzas aportan un nuevo escenario a África (los casos de Ruanda, Somalia y
Zaire son bastante representativos en cuanto a la transformación de los apoyos
internacionales), en el que las diferencias entre Francia y EE UU por controlar
sus respectivas áreas de influencia se manifiestan cada vez con mayor nitidez.
Militarismo, rearme y ausencia de
democracia
El papel que el Sáhara Occidental desempeña en el Reino de Marruecos es muy
similar al que representaban las colonias españolas en África en el primer
tercio del siglo XX: una oportunidad para mantener alejados y ocupados a ciertos
sectores militares que, de otra forma, constituirían un factor de inestabilidad
política. En el transcurso de la guerra con el Frente Polisario, el Ejército
marroquí se ha rearmado considerablemente, pasando a ser una de las principales
potencias militares de la región.
La ofensiva sobre el Sáhara respondió a un intento de desviar la atención de
la grave crisis política y social del país y de unir a una población
descontenta, creándole un enemigo externo. El esfuerzo económico del régimen
marroquí por mantener la guerra en el Sahara ha sido enorme y, de hecho, ha
supuesto un lastre para sus posibilidades de desarrollo. Marruecos destinó en
1985 el 5’4% de su Producto Nacional Bruto a gastos militares y el 4’3% en
1994, y es uno de los principales compradores de armas en el mercado
internacional.
El régimen marroquí es, en la práctica, una Monarquía absoluta en la que no
existe una verdadera oposición. Los partidos opositores de carácter oficial
son tolerados en tanto que admitan los principios fundamentales del régimen,
entre los cuales ocupa lugar preferente la posesión marroquí del Sáhara. La
censura estatal es particularmente estricta respecto a este conflicto, que se
plantea en los medios de comunicación oficiales como un complot internacional
contra los legítimos y sagrados derechos de Marruecos.
El papel del Monarca en la cuestión del Sáhara Occidental es determinante. Su
condición de dirigente político y religioso le concede una influencia decisiva
en la vida pública. El propósito de mantener la presencia marroquí en los
territorios, aún a costa de una guerra interminable, es, en buena medida, un
empeño personal de Hassan II. La ausencia de oposición política impide la
resolución del conflicto desde bases más racionales y menos afectadas por la
retórica nacionalista.
El papel de España
La implicación de España en el desarrollo de este conflicto ha evolucionado
desde el protagonismo absoluto, hasta el intento de eludir las responsabilidades
adquiridas como antigua potencia colonial.
El Acuerdo Tripartito de Madrid, que repartía la colonia entre Marruecos y
Mauritania, se firmó el 14 de noviembre de 1975, pocos días antes de la muerte
de Franco. A lo largo de la transición, los partidos progresistas asumieron
como propia la causa del pueblo saharaui. Reconocieron como su legítimo
representante al Frente Polisario, promovieron la denuncia del Acuerdo de Madrid
y recordaron a Marruecos que la cesión del territorio afectaba únicamente a la
administración y no a la soberanía, la cual tendrían que decidirla los
saharauis en un proceso de autodeterminación.
La llegada del PSOE al poder en 1982, saludada por el Frente Polisario como una
gran oportunidad para resolver un conflicto cada vez más enconado, derivó rápidamente
en la decepción: se reanudó la venta de armas a Marruecos (bloqueada por el
Gobierno de UCD) y, con motivo de un confuso incidente pesquero, se rompieron
las relaciones con el Frente Polisario y se expulsó a sus delegados de España.
En la práctica, los años de Gobierno socialista contribuyeron a afianzar las
posiciones marroquíes, tanto en política interior como exterior. Marruecos se
ha convertido en uno de los principales beneficiarios de la Ayuda Oficial al
Desarrollo concedida por la Administración española. En algunos casos, los créditos
FAD (Fondos de Ayuda al Desarrollo) se han destinado a subsidiar la exportación
de armas a Marruecos.
En cuanto a la postura del Partido Popular, tradicionalmente no alineado con la
causa saharaui, defiende la nula responsabilidad española en el conflicto y el
vago deseo de que las partes encuentren rápidamente vías de solución.
La política española hacia Marruecos en relación al conflicto está muy
condicionada por sus intereses en los caladeros de pesca del banco sahariano
(una de las zonas pesqueras más ricas del mundo) y por el contencioso de Ceuta
y Melilla. El control de la pesca proporciona a Marruecos una importante baza
para presionar a España. A cambio de las autorizaciones para pescar en aguas
saharauis, el régimen marroquí obtiene de la Unión Europea notables
contrapartidas, no sólo económicas, sino también de apoyo a sus posiciones
políticas en la ONU y otros foros internacionales. En cuanto a Ceuta y Melilla,
las autoridades marroquíes han dejado claro que un cambio de la postura oficial
española en el asunto del Sáhara provocaría un fortalecimiento de la
reivindicación de ambas ciudades, cuya principal consecuencia sería el aumento
de la inestabilidad en la zona del estrecho.
Al margen de la postura oficial, una gran parte de la sociedad española,
representada en parlamentos autónomos, ayuntamientos y, sobre todo, en ONG de
amistad y solidaridad con el pueblo saharaui, respalda al Frente Polisario en su
propósito de lograr un referéndum justo y limpio que dé paso a la
independencia.
Periódicamente, diversas asociaciones e instituciones organizan caravanas de
solidaridad con los campamentos de refugiados, vacaciones de verano para niños
y campañas informativas que contribuyen a difundir el problema de una guerra
inacabada, que dura ya más de veinte años.
EL PLAN DE PAZ: UNA OPORTUNIDAD PERDIDA
El Plan de Paz de la ONU, que se inició con la entrada en vigor de una
tregua en septiembre de 1991, preveía la celebración de un referéndum en
1992, en el que el pueblo saharaui decidiría libremente entre la independencia
o la anexión a Marruecos.
Las constantes obstrucciones y dificultades al proceso ejercidas por el régimen
marroquí han ido aplazando el referéndum hasta hacerlo inviable. El propósito
explícito de Hassan II es permanecer en el Sahara Occidental con o sin referéndum
o, lo que es lo mismo, celebrar una consulta popular que sólo sería vinculante
en el caso de que confirmara, sin lugar a dudas, la soberanía de Marruecos
sobre el Sáhara.
Formalmente, la principal dificultad radica en la pretensión marroquí de
modificar el censo de población elaborado por la Administración española en
1974, aceptado inicialmente por las partes como base del padrón para el referéndum.
Según este censo, la población estaba comprendida por cerca de 74.000
habitantes. La intención de Marruecos es ampliarlo a fin de incorporar casi
200.000 colonos marroquíes, supuestos habitantes del Sáhara Occidental, huidos
del territorio en la época de dominio español.
Las maniobras de Marruecos, documentadas y denunciadas en la ONU por los
observadores internacionales destacados en la zona, han logrado su objetivo:
paralizar el proceso de paz y a la vez detener una guerra gravosa para la economía
marroquí e impopular para la población. Como resultado, en estos años de
tregua Marruecos ha consolidado su posición en el territorio y sus apoyos
internacionales.
En 1994, en plena incertidumbre sobre la celebración del referéndum, el Centro
de Investigación para la Paz (CIP) de Madrid, y el Seminario de Investigación
para la Paz (SIP) de Zaragoza, adelantaban en un documento tres posibles hipótesis
sobre la evolución del conflicto:
El referéndum no se celebra. El Frente Polisario acepta, tras intensas
presiones externas, la integración del Sáhara Occidental en Marruecos, con un
elevado grado de autonomía.
Se lleva a cabo el referéndum sobre un censo no aceptado por el Polisario y el
resultado es favorable a la anexión con Marruecos.
Se celebra el referéndum a partir de un censo acordado por ambas partes. En
caso de resultado favorable a la independencia, se proclama oficialmente la República
Saharaui. En caso de que resulte la anexión, se integra plenamente el
territorio en el Reino de Marruecos.
Tres años después de estas formulaciones, el conflicto no ha evolucionado
hacia ninguna de las posibilidades enunciadas. Objetivamente, el único elemento
positivo es el mantenimiento del alto el fuego y la ausencia de víctimas. En el
plano diplomático, sólo el reciente cambio de Secretario General de la ONU (Kofi
Annan ha relevado a Boutros Gali en 1996) y la mayor implicación de EE UU en el
conflicto dejan abierta la posibilidad de una solución negociada.
CONCLUSIÓN
La necesidad de presionar a ambas partes para que acepten resolver sus
diferencias, reiterada en numerosas ocasiones por las resoluciones de la ONU y
las declaraciones institucionales de gobiernos y políticos, adquiere un matiz
de burla en el conflicto del Sáhara Occidental.
Extender la presión a ambas partes supone repartir al 50% la responsabilidad
del incumplimiento de las condiciones del Plan de Paz, cuyo objetivo era que el
pueblo saharaui decidiera libremente entre la independencia y la anexión a
Marruecos. El logro de esta finalidad nunca ha entrado en los planes de Hassan II, que pretende anexionar el Sáhara, concediendo formalmente un cierto grado
de autonomía.
Los propios informes y resoluciones de la ONU que reiteran tal requerimiento,
recogen u omiten significativamente las maniobras obstruccionistas de Marruecos
contra la letra y el espíritu del Plan de Paz, aceptado por ambos en 1991.
En ese contexto, la posibilidad de una vuelta a las armas es cada vez más
probable. Sin embargo, la reanudación de contactos diplomáticos enfocados
desde nuevos puntos de vista (cambio de Secretario General de la ONU; el
nombramiento de James Baker como enviado especial en la zona) permite albergar
alguna esperanza hacia una salida negociada.
CRONOLOGÍA
1884: Inicio de la presencia colonial española con el establecimiento de
varias factorías en zonas costeras del territorio.
1934: Se completa la ocupación de la colonia del Sáhara Occidental con las
fronteras actuales.
1947: Descubrimiento de grandes yacimientos de fosfatos.
1957-58: Guerra del Ifni. Algunas tribus saharauis del norte luchan junto al
Ejército de Liberación Nacional Marroquí contra los intereses coloniales de
España en el sur de Marruecos. Aparece el Frente de Liberación del Sáhara,
antecedente del nacionalismo saharaui.
1964: La OUA (Organización para la Unidad Africana) acuerda no modificar las
fronteras heredadas del colonialismo.
1970: España acata las resoluciones de la ONU e inicia los trámites de la
descolonización del territorio.
1973: Se crea el Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguía
el-Hamra y Río de Oro).
1974: Marruecos solicita al Tribunal de la Haya un veredicto acerca de sus
derechos de soberanía sobre el territorio colonial del Sahara. España realiza
un censo de población entre las tribus como paso previo a la celebración del
referéndum.
1975 :- Octubre: El veredicto del Tribunal de la Haya concluye que de los vínculos de
las tribus saharauis con Marruecos y Mauritania no se deriva ningún derecho
sobre el territorio. Marruecos interpreta el veredicto como un apoyo a sus
reivindicaciones y lanza la “Marcha Verde”.
- Noviembre: Declaraciones institucionales del Gobierno español insistiendo
en que España cumplirá con sus compromisos en relación a la descolonización
y la celebración del referéndum. Firma del Acuerdo Tripartito de Madrid que
traslada la administración a Marruecos y Mauritania.
Comienza la invasión militar marroquí y mauritana y la huida masiva de población
civil saharaui, que se establece en campamentos de refugiados en Tinduf,
Argelia.
1976: Se constituye la RASD, República árabe Saharaui Democrática. Los
enfrentamientos bélicos adquieren una intensidad creciente.
1978: Mauritania se retira de su parte de territorio ocupado, que es rápidamente
invadido por Marruecos.
1980: El Ejército marroquí, en un cambio de estrategia, inicia la
construcción de muros defensivos que van ocupando zonas cada vez más amplias
de territorio.
1984: La OUA reconoce a la RASD, lo que provoca la salida de Marruecos de la
organización africana.
1987: La ONU y la OUA proponen unas medidas de solución del conflicto, que
son básicamente aceptadas por las partes y que concluyen en un Plan de Paz
respaldado por Naciones Unidas.
1991: Se firma una tregua, y se fija la fecha de enero de 1992 para la
celebración del referéndum.
1991-1996: Constantes aplazamientos de la fecha del referéndum.
1995: IX Congreso del Frente Polisario. Amplios sectores consideran fracasado
el Plan de Paz y proponen la vuelta a la guerra.
1996: La ONU emprende la retirada de personal civil y de las tropas. Se
concede una última prórroga hasta el 31 de mayo para que las partes busquen
nuevas vías de acuerdo. Sucesivos aplazamientos extienden el mandato de la ONU
hasta mayo de 1997.
Para saber más:
- Antoni Segura y Mas, “Las dificultades del Plan de Paz para el Sáhara
Occidental. 1988-1995”, Monográfico “Conflictos Bélicos”, Cuadernos
Bakeaz, n° 16, 1996, pp. 1-19. (Incluye una bibliografía comentada)
- Frank Rudy, “Sáhara Occidental: lo que la ONU debió hacer y no hizo”, Papeles,
n° 54, 1995, pp. 123-129.
- José Ramón Diego Aguirre, Historia del Sáhara español, Kaydeda,
Madrid, 1988.
- Sáhara Occidental, Informe de los Vigilantes de los Derechos
Humanos/Oriente Medio, Vol. 7, n° 7, 1995.
- VV.AA., El conflicto del Sahara Occidental, Informe del CIP y el SIP, n°8,
1994.
- VV.AA., El referéndum en el Sahara Occidental: 20 años bastan,
Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, Madrid, 1995.
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