CAYAPÓS

CAYAPÓS

Los cayapós viven en el estado de Pará, Brasil nororiental, aproximadamente entre los ríos Araguaia y Xingu, tributario éste último del Amazonas. Su actual población. calculada entre dos y tres mil individuos, está disminuyendo con rapidez a causa de varias enfermedades introducidas por los blancos.

Estos amerindios pertenecen al grupo  sociolingüístico de los gê, que según la clasificación realizada a principios del XIX por el botánico y explorador bávaro  Carl von Martius incluía a las tribus chavante, cherente, apinage y timbira. Los cayapós se dedican a la agricultura de rozas que complementan con la caza y la pesca en un territorio compuesto de sabana y densa selva tropical. Hombre y mujeres colaboran en la preparación de los terrenos para cultivar. Talados los árboles hasta dejar tocones de un metro, se pega fuego a la maleza a fin de conseguir un espeso manto de cenizas y troncos carbonizados. En estos terrenos se cultiva mandioca dulce y amarga, maíz, batatas y ñames durante dos o tres años.

Cuando el suelo se agota es preciso talar y acondicionar un nuevo sector de selva, abandonando el anterior que no tarda en volver a su estado primitivo. A la agricultura le sigue en importancia la caza, actividad exclusivamente masculina. Los cayapós ingieren casi cualquier tipo de aves y mamíferos, derribándolos con flechas y cuando pueden adquirirlas a los blancos con armas de fuego. Los cazadores trabajan individualmente, aunque para expediciones de varios días suelen llevar consigo a la esposa y los hijos, dejándolos en un campamento provisional.

Grupo de mujeres cayapós con sus pequeños. La relación entre madre e hijo es muy afectuosa; los niños acompañan siempre a sus madres a todas partes y nunca se les regaña ni castiga.

Si la caza puede practicarse todo el año la pesca solo es posible en la estación seca, pues los cayapós nunca han utilizado redes o anzuelos y deben aguardar a que descienda el caudal de los ríos. En cuanto se inicia el estiaje recogen haces de timbos (lianas), cuya savia es venenosa para los peces aunque inofensiva para los humanos, y con grandes piedras colocadas en el lecho de la corriente construyen una presa.

Intrincados tatuajes faciales que se hacen a los recién nacidos con hojas de palma y que se renuevan cada diez días.

 

Hecho esto, los hombres penetran en el remanso y van golpeando los timbos con gruesos palos hasta llenar el agua de savia lechosa. Los peces envenenados quedan flotando en la superficie, momento en que intervienen las mujeres para recogerlos desde la orilla. El complemento vegetal de esta dieta procede de la recolección de frutos silvestres, semillas y miel, labor que suele corresponder a las mujeres. Las viviendas de los cayapós se reducen a sencillos armazones de maderos con cubiertas de hojas de palma. Disponen de muy pocos muebles y ni siquiera poseen hamacas, tan corrientes entre los indios sudamericanos, pues duermen sobre esteras de palma tendidas en el suelo de la choza. Al finalizar la jornada de trabajo en la selva, los varones se congregan en la casa comunal, donde al amor de las fogatas, tendidos en esteras, charlan, ríen y comentan los sucesos del día. De vez en cuando un anciano toma su cayado y se pasea entre los grupos mientras pronuncia un discurso, en lenguaje muy poético, sobre cualquier tema relativo a la moral, la tradición o simplemente exponiendo su parecer acerca de algún proyecto colectivo.

Dos cazadores xikrin regresan de cazar tortugas para una fiesta aldeana

Aparte de ser el centro de la vida masculina, esta casa es el lugar donde se toman las decisiones políticas, se discuten éxitos y fracasos de los cazadores, y se hacen planes para el futuro.

Es en este ambiente donde crecen los muchachos cuando ya tienen edad para independizarse de la madre.

Todos los valores masculinos se les inculcan en la casa de los varones, bajo la tutela de un adulto que hará de ellos hombres fuertes y valerosos. La ornamentación más típica de los cayapós es la pintura corporal, que se aplica incluso  a los recién nacidos. Los dibujos tienen a menudo un simbolismo mágico y por lo general notable sensibilidad estética. Las pinturas consisten en carbón vegetal pulverizado --si van a utilizarse para la decoración de guerreros o cazadores--, o en pigmentos de frutos y semillas silvestres. En este último caso, se machacan también los ingredientes hasta conseguir una pasta espesa que se aplica con el extremo de una hoja de palma arrollada. Es una prueba de amor maternal el que la mujer, tras atender a su propia decoración, se esfuerce por producir los mejores dibujos para la ornamentación de los pequeños.

Los padres conciertan los matrimonios de sus hijos. A los muchachos se les casa hacia los quince años y a las chicas entre los diez y los doce. Los cónyuges no viven siempre juntos, ni siquiera cuando ambos se encuentran en el poblado, pues el marido suele participar en las actividades de su casa comunal. Los cayapós raramente hacen pública demostración de sus sentimientos amorosos, aunque al anochecer puede verse a las mujeres limpiando el cabello de sus maridos junto a la puerta de la choza. El matrimonio es en general inestable, abundan las disputas por infidelidad y los divorcios son frecuentes.   

Los cadáveres se entierran  en cementerios próximos al poblado, siempre en posición sedente y depositando sobre las tumbas algunos objetos personales del finado, como su estera. Ciertos indicios permiten suponer que antiguamente se exhumaban los restos tras algunos años de permanencia en el sepulcro y se volvían a enterrar una vez limpios y secos los huesos.

 

El grupo xikrin de los indios cayapós pintándose

Las demostraciones de luto de los cayapós son muy intensas, dándose casos de viudas que se han producido lesiones mortales golpeándose la coronilla con palos. Pese a los esfuerzos disuasorios de las autoridades, todavía es normal que la viuda proceda a raparse y se retire de la sociedad durante todo un año. Sin embargo estos indios no creen que los muertos residan en un mundo interior o superior, pues para ellos las almas permanecen en la tierra, ocultas en las regiones más umbrías de la selva.