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Cuando Tracy,
la hija de Wayne que estaba en segundo de primaria, volvió a casa y dijo: "a Billy
no le caigo bién. A Billy no le caigo simpática", Wayne respondió "¿te caes
bien a tí?" Tracy dijo: "sí", y Wayne repuso: "Bueno, pues eso es
todo lo que tienes". Ya veis, ni siquiera a la edad de siete años debe nadie aceptar
que las reacciones de otra persona le influyan negativamente. Wayne W. Dyer |
INTRODUCCIÓN
Hoy en día todos sabemos que es muy difícil ser un buen padre, o tan solo un padre.
Con el aumento de los divorcios, separaciones, madres solteras y las familias en las que
el padre y la madre trabajan fuera de casa, el tiempo que queda para los hijos es muy
escaso. Aun así, tengo el convencimiento de que, independientemente del ritmo de trabajo
o de la situación vital de cada miembro de la familia, es posible ser mejor padre de lo
que se es. Siempre tenemos tiempo para cambiar y mejorar.
Ser mejor padre aunque no sea sencillo, puede conseguirse siguiendo unos pocos
principios que hay que poner en práctica a diario, los cuales enumeraré a continuación:
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PRINCIPIO 1: No se involucre en luchas de
poder de las que es probable que nadie salga victorioso.
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PRINCIPIO 2: Diga cosas agradables a sus
hijos de vez en cuando, sobre todo si no se lo esperan.
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PRINCIPIO 3: Es importante ser raro. No
deje que los hijos piensen que son más raros que sus padres.
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PRINCIPIO 4: No haga cosas por sus hijos
que ellos sean capaces de hacer por sí mismos, a menos que esté seguro de que le
devolverán el favor.
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PRINCIPIO 5: Hay que tener una autoestima
alta. Si el padre no la tiene, sus hijos tampoco.
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PRINCIPIO 6: Aprenda a pedir disculpas
cuando no cumpla sus propias cotas de exigencia al tratar a sus hijos.
LUCHAS DE PODER
Las luchas de poder se producen cuando alguien cree que ha perdido autoridad y quiere
recuperar la sensación de control. Traen como resultado sentimientos negativos y es
bastante difícil llegar a una solución satisfactoria, si no imposible. Los padres
pretenden controlar a sus hijos y luego se sienten culpables por haber perdido la
paciencia. Los niños se enfadan, se deprimen y fantasean sobre la manera de retomar el
control sobre sus padres.
La sensación de pérdida de poder comienza a menudo a una edad temprana, y los padres que
han experimentado esa sensación suelen transmitírsela al menos a uno de sus hijos,
probablemente a aquel que tiene rasgos de carácter parecidos y que al padre no le gustan.
Por tanto, los padres pueden evitar las luchas de poder siendo sinceros sobre lo que no
les gusta de sí mismos. Comprenderse a sí mismo a través de la conciencia de uno mismo
mejora nuestra labor como padres.
Para resolver las luchas de poder tome nota de los siguientes consejos:
1. Haga preguntas en lugar de órdenes.
2. Tenga un lugar donde esconderse cuando se desencadene una lucha de poder.
3. Proporcione a su hijo más de una opción para elegir.
4. La persona a quien usted tiene que controlar es a sí mismo, no a su hijo.
5. Soltar una carcajada en mitad de una lucha de poder consigue pararla.
Enfrentarse a una lucha de poder de manera inteligente es el
primer paso para convertirse en mejor padre.
CÓMO ALABAR Y CRITICAR A LOS NIÑOS
Las alabanzas y las críticas son juicios que una persona emite sobre otra. Saber
comunicar dichos juicios mejorará la labor de los padres y su relación con sus hijos.
Elogiar al niño cuando él se lo espera sólo demuestra que el padre está haciendo lo
que "debe" hacer un buen padre. Cuando el niño muestra un trabajo que ha hecho
en el colegio y que él cree que es maravilloso, busca los elogios para reforzar sus
propios sentimientos. Está bien concedérselos, pero es su propia opinión la que debe
guiarle, no el juicio de los padres.
Cuando el niño sabe que ha hecho algo mal y no puede evitar que los padres lo descubran,
la crítica y el castigo posterior ya se han formado en su mente, aunque todavía los
padres no hayan intervenido. El niño sabrá cuando ha hecho algo mal si ha aprendido a
juzgar sus propias actuaciones.
Decir cosas agradables a los niños cuando no se lo esperan tendrá un efecto duradero.
Es importante que el niño sepa que los sentimientos de su padre son positivos porque su
opinión general de la vida es importante para él, aunque actúe como si no lo fuera. Por
ejemplo, algunas de las cosas agradables que decir:
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Se puede decir algo agradable sobre una característica personal favorable del niño
para demostrarle que uno no siempre tiene que hacer algo para merecer elogios.
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Se puede decir algo agradable sobre algo que haya hecho el niño, mostrándole que una
buena actitud es una fuente de sensaciones gratas.
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Se puede decir algo agradable de uno mismo para mostrar que la autoestima positiva es
buena. Se le está diciendo con ello al niño que es posible sentirse bien con uno mismo
sin buscar continuamente la aprobación de los demás.
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Se puede decir algo agradable sobre otras personas para mostrar que está bien tener
buenos pensamientos hacia los demás aunque no estén presentes.
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Se puede decir algo agradable sobre un árbol, una puesta de sol o el color de un
edificio para mostrar que es bueno obtener satisfacción de las experiencias cotidianas.
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Se puede decir algo agradable sobre algo o alguien que también posea características
que no nos gustan, para mostrar que la vida no es solo blanco y negro, y que bueno y malo
a menudo van unidos.
Decir algo agradable no es necesariamente una alabanza, pero
muestra que se tiene una actitud positiva, lo cual es muy necesario para los padres.
Comunica una visión positiva de la vida que se transmitirá al niño.
LA IMPORTANCIA DE SER RARO
La mayoría de los niños cree que tiene algo raro. Suelen llegar a la conclusión de
que son diferentes de los otros niños cuando empiezan la escuela. Una vez que el niño se
da cuenta de que es raro, esto se convierte en un problema para él. Algunos niños nacen
raros, y otros se convierten en raros debido a su educación. Les ocurren cosas tan
extrañas e impredecibles que si sus padres también son un poco raros, podrán soportar
mejor su propia rareza.
Con raro me refiero a un padre que es espontáneo. Un padre que de repente hace lo
contrario de lo que espera su hijo. Un padre raro es aquel que no teme parecer tonto a los
ojos de su hijo ni ponerse a su propio nivel y "actuar como un crío". Ser raro
es otra forma de reforzar los lazos entre padres e hijos. Los buenos padres establecen
vínculos muy fuertes con sus hijos, aunque para ello tengan que renunciar al control
absoluto.
Los padres raros tienden a respetar lo que les convierte en raros. Puede tratarse de un
talento, un interés o una actitud por la que sienten pasión. Demuestran un compromiso
con sus ideas que va más allá de lo normal. La pasión que sienten los padres por sus
intereses es a menudo comunicada a sus hijos, que aprenden que apasionarse por algo no
sólo es posible sino deseable. A una edad en que es raro adquirir fuertes compromisos,
aprender esta lección puede ayudar a alguien a ser un hombre de éxito, porque los
grandes logros suelen ser el resultado de una entrega apasionada.
A continuación les daremos algunas normas sobre cómo ser raros:
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Hay que encontrar tiempo para expresar pasión por algún interés en particular.
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El comportamiento de los padres no debe guiar el futuro del niño tanto como la vida
interior, las intenciones, deseos y sentimientos de los padres.
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Hay que decir o hacer cosas de vez en cuando que el niño no espera.
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Hay que pasar mucho tiempo con los hijos a solas.
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Hay que hablar con los hijos de cosas que interesen al padre, aunque aquellos parezcan
no entender de qué se está hablando.
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Hay que defender sus ideas con fuerza pero no exija que los niños tengan las mismas
opiniones.
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No hay que ridiculizar algo que su hijo se toma muy en serio.
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Hay que tener alguna actividad creativa que su hijo le vea desempeñar.
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Hay que dejar que sus hijos vean sus sentimientos. No tienen porqué ser necesariamente
positivos. La rabia, la indignación y la confusión son emociones a las que su hijo debe
aprender a enfrentarse.
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Hay que entender que el proceso de crecimiento es irregular, episódico e incoherente.
Ninguno de sus hijos tendrá un proceso de desarrollo perfecto. No se preocupe. Cuando el
padre se gusta a sí mismo, los niños también acabarán gustándose antes o después.
ENSEÑAR A LOS HIJOS A HACER LAS COSAS POR SÍ MISMOS
Cuando los padres creen que deben hacerlo todo por sus hijos, tal vez los niños no
aprendan a ser responsables por sí mismos. Los buenos padres son aquellos que hacen menos
cosas por sus hijos, dejándoles asumir responsabilidades a ellos. Este es un ejemplo en
que menos es más.
Los padres con demasiadas ganas de ayudar se arriesgan a incapacitar emocionalmente a sus
hijos. El meollo de la cuestión es que los padres arrebatan el poder a sus hijos cuando
hacen por ellos cosas que ellos pueden y deben hacer por sí mismos. La ayuda debe
ofrecerse cuando ha sido previamente solicitada y debe ir dirigida a ayudar al niño a
utilizar sus propios recursos para solucionar el problema. Si los niños dicen que
necesitan ayuda, la pregunta que hay que hacer es: ¿Qué te gustaría que hiciera yo? Los
niños que han pedido ayuda otras veces ofrecerán una respuesta razonable. Los niños a
los que se les ha prestado demasiada ayuda tienen problemas para contestar porque no han
analizado lo que necesitan para poder identificar los recursos que ellos mismos no poseen.
Si el padre es selectivo a la hora de prestar ayuda, el niño aprenderá a tener más
recursos.
Los buenos padres dan oportunidades a sus hijos para que aprendan a pedir ayuda y a
controlar su capacidad para soportar la frustración, a la vez que aguantan su propio
desasosiego cuando ven a sus hijos intentando solucionar un problema que les supera.
LA AUTOESTIMA DEL PADRE ES MUY IMPORTANTE
La mayoría de los buenos padres se preocupa por la autoestima de sus hijos y estarán
dispuestos a hacer cualquier cosa para fomentarla. Casi siempre tendrán que aumentar
primero la suya propia. La autoestima podríamos definirla como la experiencia de andar
por la vida con un sentimiento de bienestar y satisfacción. Por la tanto la mejor manera
de aumentar la autoestima es buscar más experiencias que produzcan bienestar y
satisfacción.
Para sentirse satisfecho como padre, hay algunos sentimientos básicos que hay que
procurar experimentar:
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Hay que procurar divertirse.
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Hay que confiar en que sus hijos estén sanos y sean felices.
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Hay que creer que los demás le respetan a uno como padre.
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Hay que sentirse satisfecho con el trabajo que se realiza.
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Hay que luchar contra el exceso de ansiedad.
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Hay que creer que los hijos agradecen las contribuciones de los padres a sus propios
triunfos.
Encontrar formas para experimentar más satisfacción en la vida familiar y en la labor
de padres no es ningún misterio. Los buenos padres tienden a hacer cosas que la mayoría
de los padres no hacen. Seguidamente les enumeraré una lista de sugerencias que han
funcionado con otros padres. Si funcionan en su caso particular, su autoestima aumentará
porque obtendrá más placer y satisfacción en su propia casa.
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Pase tiempo a solas con cada uno de sus hijos siempre que pueda para que no le
distraigan las necesidades de los otros miembros de la familia.
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Tenga cofres con llave para cada miembro de la familia (incluido usted mismo) para que
los "tesoros" privados de cada uno estén a salvo de la curiosidad de los
demás.
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Pase tiempo todas las semanas a solas con su esposa/o, sin niños ni otras
distracciones.
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Permita que la casa esté desordenada durante el día, mientras todos estén cumpliendo
con sus obligaciones pero exija que participen luego de la limpieza por las noches. Al fin
y al cabo, la casa es de todos.
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Tenga siempre algo disponible para comer que guste a su familia porque la comida es un
factor importante de seguridad.
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Aprenda a planificar para no desaprovechar las oportunidades satisfactorias por la
aparición de acontecimientos imprevistos.
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Establezca tradiciones familiares cada semana, mes o año.
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Eche a todos los demás de casa de vez en cuando para tener la sensación de que su casa
es su castillo.
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Si no tiene amigos, consiga algunos rápidamente. A largo plazo, no se puede depender de
la familia para satisfacer todas las necesidades sociales.
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Tenga un calendario en la cocina para establecer una valoración de cada día. Defina su
propia escala. Esto le obligará a evaluar la calidad de cada día y a encontrar maneras
de mejorar.
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Divida sus metas en etapas para que avance todos los días en la dirección adecuada.
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Si prefiere no enfrentarse a miembros de la familia verbalmente sobre algo que le
molesta, déjeles notas.
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Escoja un día cada dos semanas y propóngase no gritar durante todo el día.
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Desarrolle su propia lista de cosas que puede hacer para aumentar su autoestima.
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Aprenda a decir "no".
APRENDA A PEDIR DISCULPAS
Los padres siempre tienen razón, incluso cuando están equivocados. Es difícil
superar este tipo de educación, se necesitan muchos golpes psicológicos, crisis
espirituales y honestidad personal para ello. Por eso muchos de nosotros evitamos mejorar
como padres hasta que es demasiado tarde y nuestros hijos son demasiado mayores para
agradecérnoslo.
Los niños deben educarse en una sociedad mucho más compleja y peligrosa que aquella en
la que fueron educados sus padres. Para aguantar y superar estos desafíos, los niños
tienen que estar seguros de sí mismos.
Tenemos que olvidar la creencia de que pedir disculpas a los hijos implicará que somos
demasiado blandos o que ellos tendrán un carácter débil. El mundo necesita más
personas fuertes pero benevolentes. Los buenos padres lo consiguen y ésa es una razón
por la cual sus hijos se elevarán por encima de la norma cuando sean adultos. Los padres
que creen que la única manera de educar bien a sus hijos es tener un control absoluto
sobre ellos casi nunca piden disculpas por haber cometido alguna ofensa. Los padres que
necesitan mantener el control a toda costa son ciegos con respecto a su propio sentido de
la irresponsabilidad. Antes o después, sus hijos aprenderán que sus padres carecen de
credibilidad a pesar de las temibles muestras de enfado.
Negarse a pedir disculpas cuando uno se ha equivocado refleja una actitud paterna
disfuncional. No vale disculparse si se utiliza como un truco para suavizar las cosas.
Debe ser un acto sincero.
Disculparse puede enseñar a los hijos muchas lecciones importantes, al mismo tiempo que
ayuda a mantener con ellos una relación sincera y realista. Aquí va una lista de lo que
pueden aprender:
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Aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que, aunque estén equivocados,
siguen siendo buenas personas.
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Aprenden que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores
es importante.
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Descubren que pedir difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
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Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
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Aprenden que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus
miembros.
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Aprenden la virtud de perdonar a los demás cuando pierden temporalmente el control.
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Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
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Aprenden que no es necesario alimentar rencores porque uno se sienta culpable por algo
que ha hecho. Todo el mundo empieza a odiar a la persona hacia la que alberga un
sentimiento de culpa.
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Aprenden a pedir disculpas a sus padres cuando les han ofendido, y a resolver sus
remordimientos y su complejo de culpa.
Pedir disculpas a los niños cuando se les ha ofendido o tratado
mal es el mejor método para mostrarles que son dignos de respeto. Los buenos padres
tratan a sus hijos con más respeto que los padres normales, y es probable que sus hijos
obtengan más éxito en este mundo tan complejo.
Piense en lo que hubiera sentido como hijo si sus padres hubiesen pedido disculpas por sus
ofensas, en especial por las que todavía no se les ha perdonado. No cometa el mismo error
con sus hijos.
Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo
Bibliografía consultada:
Reynold Bean, "Cómo ser mejores padres", Ed. Debate
"Como inculcar disciplina a los niños", Ed. Debate
Clark, Clemes, Bean, "Cómo desarrollar la autoestima en los adolescentes", Ed.
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