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¿En
qué consiste su trabajo?
Están
repartidos por todos los rincones del planeta. Resumen su trabajo en una
escueta frase: representar a España en el exterior. Sin embargo, la opinión
pública les conoce más por el papel fundamental que asumen en la resolución
de todo tipo de conflictos. En sus manos puede estar la solución del
secuestro de un religioso, una cooperante o un periodista.
Ante
las verjas de sus embajadas deben soportar las iras de cientos de
manifestantes en desacuerdo con una decisión judicial o la invasión de su
residencia oficial por decenas de ciudadanos en busca de asilo político.
Son
los diplomáticos: hombres y mujeres dispuestos a acudir allá donde algún
español les requiera. Siempre les acompaña una imagen de lujo, prestigio y
discreción, "algo propio del trabajo», según ellos. Para llegar
hasta donde están, los embajadores y cónsules han tenido que sufrir una
vida dura, repleta de tensiones, preocupaciones y toma de decisiones. La
primera de ellas fue prepararse para hacerse con la codiciada y difícil
plaza que da derecho a iniciar la carrera diplomática.
Para
aspirar a ser embajador, el primer paso será superar la oposición que
anualmente convoca el Ministerio de Asuntos Exteriores, los dos últimos años
en junio. Después, se iniciará un largo camino por diferentes fases de la
carrera diplomática. "Es fundamentalmente vocacional. Los jóvenes que
la inicien deben estar preocupados por los temas de política internacional,
interesados en conocer lo que ocurre por el mundo. Pasarse toda una vida en
el extranjero, cambiando de continentes y países. Esta profesión requiere
una vocación que no tiene todo el mundo», señala José María Velo de
Antelo, embajador director de la Escuela Diplomática.
Anualmente,
cerca de 400 jóvenes, con una media de edad de entre 25 y 30 años, se
presentan a las oposiciones para alcanzar alguna de las 15 plazas de acceso
a la Escuela Diplomática. "Yo diría que es algo casi innato; son
personas que tienen vocación hacia todo lo que implica el servicio
exterior, que están preocupadas por lo que pueda estar ocurriendo en Sierra
Leona, pero no como lo está un ciudadano cualquiera, sino que quieren
profundizar, saber más y tienen una inquietud por los temas de política
internacional», apunta.
Oposiciones.
Lograr
una de las plazas no es tarea fácil. Quienes finalmente la obtienen han
dedicado entre tres y cinco años para sacar la oposición. En su mayoría
son estudiantes de Derecho, aunque también es frecuente encontrar
licenciados en Ciencias Políticas o economistas. Para poder presentarse, el
Ministerio de Asuntos Exteriores establece la condición de haber cursado
una licenciatura o bien una ingeniería o arquitectura, además de tener la
nacionalidad española y de ser mayor de edad.
La
oposición incluye cinco exámenes eliminatorios. El primero de ellos
consiste en un test de 100 preguntas sobre los más de 200 temas que deben
preparar los opositores. Quienes superen esa prueba deberán realizar un
ensayo sobre un tema de actualidad internacional así como un comentario de
texto.
Uno
de los exámenes más complicados, según los opositores, es el de idiomas.
Es indispensable dominar perfectamente el inglés y el francés para poder
realizar las traducciones del examen. Además, se valora el conocimiento de
otras lenguas, especialmente el árabe, el ruso, el alemán y el chino. Los
candidatos que no hayan sido eliminados, tras estas pruebas, deberán
enfrentarse al cuarto ejercicio, consistente en una exposición oral de
cuatro temas. Finalmente, el quinto examen consistirá en resolver un caso
práctico de Derecho Diplomático y Derecho Consular.
El
tipo de formación que se exige a los futuros diplomáticos es muy completo
y abarca multitud de aspectos. Los 227 capítulos del programa están
clasificados en cuatro grupos según sus contenidos. En primer lugar deberán
preparar los temas referidos al Derecho Internacional, a las organizaciones
internacionales y al Derecho Civil y Mercantil. Además, deberán demostrar
amplios conocimientos en economía internacional, del sector público y
economía española. El tercer bloque aborda lo referente a los sistemas
sociopolíticos, la Constitución Española, la Unión Europea, la
Administración española y las relaciones internacionales. Finalmente,
deberán preparar 57 temas de la Historia moderna y contemporánea.
Superada
la oposición, se inicia el segundo proceso de selección, al que tan sólo
accederán 15 elegidos. Se desarrollará en la Escuela Diplomática y se
prolongará durante casi seis meses. En este tiempo, los futuros diplomáticos
poseen la condición de funcionarios en prácticas y reciben formación
sobre la organización y funcionamiento del Ministerio de Asuntos
Exteriores, así como sobre los ejes en los que se basa la política
exterior española en sus diferentes ámbitos: Iberoamérica, Asia, Unión
Europea... El resto de la preparación es más práctica: contabilidad,
tramitación de visados...
Escuela
Diplomática.
Una
vez finalizado y superado el proceso de formación en la Escuela Diplomática,
adquieren ya la condición de secretarios de Embajada de tercera y se les
asigna un destino en Madrid, en el que permanecen durante al menos un año
antes de poder acceder al sistema de provisión de puestos en el extranjero.
Si
alcanzar una de las pocas plazas que anualmente se convocan para la carrera
diplomática es complicado, aún lo es más llegar hasta el último escalafón
de la carrera: el puesto de embajador. La jerarquía diplomática está
dividida en los siguientes puestos. Los recién titulados ocupan el último
peldaño, con el título de secretarios de embajada de tercera, por debajo
de los secretarios de embajada de segunda y de primera. Por encima de todos
ellos se encuentra el consejero de embajada. Los puestos más políticos
comienzan a partir de los denominados ministros plenipotenciarios o
ministros de embajada, también clasificados en tres rangos: de tercera,
segunda y primera. A partir de aquí tan sólo es necesario el nombramiento
del Consejo de Ministros para alcanzar la condición de embajador.
Los
ascensos.
Para
ascender, se tiene en cuenta la antigüedad, seguida de los méritos
acumulados durante los años de servicio. Actualmente, el cuerpo diplomático
lo componen alrededor de 700 personas. De todos ellos tan sólo 20 son
embajadores de carrera.
Hasta
el pasado día 31 de enero, el director de la Escuela Diplomática, situada
en el paseo Juan XXIII número 5, 28040 Madrid, fue Mariano Ucelay, al que
le ha sustituido Juan María Velo de Antelo. El nuevo embajador director de
la Escuela tiene 40 años de experiencia diplomática y ha estado destinado
en países como Nigeria, Chile, Alemania, Inglaterra e Italia. Ahora regresa
a la Escuela en la que comenzó su andadura: "Después de tanto tiempo
es bueno preguntarse si ha merecido la pena, si se ha logrado realizar esa
vocación con la que un día llegué a la Escuela. Puedo asegurar que sí».
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