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Alexis de
Tocqueville (1805-1859) |
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En pleno Imperio napoleónico nace y se formará Tocqueville en su niñez
y si bien en 1815 la Restauración con Luis XVIII y con Carlos X
significará un retroceso tanto en los aspectos democráticos como en lo
educativo, en 1830, la entronización de Luis Felipe implicará el
restablecimiento de algunas libertades. Tocqueville tendrá para
entonces 25 años de edad y será durante la monarquía burguesa de
julio que llevará a cabo sus viajes, a los Estados Unidos primero
(1831) y a Argelia, ya ocupada por Francia, después (1841 y 1846).
Aristócrata proveniente de una
familia normanda de la antigua nobleza, ingresará a la Academia
Francesa en 1840 por el prestigio obtenido con su estudio de la
democracia estadounidense y durante el resto de sus días será un
ferviente partidario de la Libertad, como principio esencial para el
progreso de los pueblos, aceptando en la práctica las conquistas más
decididas de la Revolución Francesa, a la que juzgaba como el anhelo
imprescindible y concreto en la historia del mundo para posibilitar la
formación de una conciencia civil en los ámbitos de los Estados.
Defensor a ultranza de las autonomías locales comunales, en 1839 será
diputado por La Manche, mostrando en el Parlamento un notable espíritu
de independencia de criterio, basado siempre en los principios de
liberalismo, especializado y orientado constantemente hacia la solución
de los problemas planteados por el manejo de lo económico y del
desarrollo de lo educativo.
Su intelecto perspicaz, que le
posibilitará intuir para el siglo XX la preminencia internacional de
Rusia y de los EE.UU., también le permitirá anticipar el estallido
revolucionario de 1848, pasado el cual volverá al Parlamento como
Constituyente y como Legislador, cargos desde los cuales mostrará
actitudes adversas a las ambiciones políticas del que Víctor Hugo
denominaría: Napoleón el pequeño, Napoleón III, que encarnará
nuevamente un régimen de centralización en detrimento de los derechos
democráticos de las autonomías locales. Será más tarde Ministro de
Negocios Extranjeros, cargo desde el cual tenderá a apoyarse en las políticas
liberales británicas, frente a las reaccionarias Austria y Rusia.
Encarcelado por su espíritu
independiente y defensor de la democracia, al ser liberado viajará por
Italia y Alemania y al volver a Francia vivirá retirado en su castillo
de Normandía, entregado de lleno a las investigaciones historiográficas
y a la publicación de sus escritos.
Claro exponente de la época que
le tocó vivir, Tocqueville se formará, bien que desde un equilibrado
centrismo, a partir de las concepciones que en cuanto al ejercicio de la
democracia y respecto a los fines de la educación, se difundieron y
llevaron a la práctica desde las Asambleas revolucionarias francesas.
Conceptos tales como universalidad, obligatoriedad y gratuidad en la
enseñanza iniciaron su camino de difusión mundial, considerados como
la base democrática sobre la cual debían estructurarse los Estados.
Napoleón sintetizará esa simbiosis al sostener que "Antes de ser
soldado, todo francés es un individuo con derechos ciudadanos, para el
conocimiento de los cuales será preciso educarlo como integrante pleno
de la nación; sólo entonces podrá armarse para sostener y defender
esos derechos. Lo cual constituye la formulación del concepto de La
Nación en armas, que dio origen al Servicio Militar Obligatorio.
Es sabido que, a partir de 1789 y
merced a los triunfos de los ejércitos republicanos e imperiales, esos
enfoques de educación y democracia se difundieron y en buena medida se
aclimataron en Europa y aun cuando el paso de la historia registrará
avances y retrocesos en la aceptación de esos esos conceptos
universales, los mismos no podrán ser ya erradicados ni desconocidos
por los Estados organizados, cierto que con dos características
precisas: el avance de los poderes centrales sobre las autonomías
locales, lo cual podría ser considerado en otros continentes como un
de- mérito, y la constitución de sistemas educativos nacionales,
centralizados en función del modelo de nación que se pretenda
estructurar.
Desde esa realidad europea decimonónica,
desde esa atmósfera mental progresista vigente en los ámbitos
continentales y desde su propia mentalidad liberal en el romanticismo
vigente, formulará Tocqueville sus apreciaciones entusiastas respecto a
la democracia en América.
De la Démocratie en Amérique
La aristocracia y el
individualismo, el despotismo y los intentos de centralización estatal,
son las facetas que observa Tocqueville en 1831, pero lo que más chocó
a su mentalidad de aristócrata europeo, fue la "igualdad de
condiciones", que él atribuye a variadas circunstancias, entre
otras a la legislación que rige las sucesiones, que todo lo
reduce a un nivel igualitario, generando un impresionante Estado social:
"Los hombres en América, para alcanzar alguna riqueza necesitan
ejercer una profesión la cual exige siempre un aprendizaje. Los
americanos, pues, no pueden conceder al cultivo general de la
inteligencia más que los primeros años de su vida: a los quince años
entran en una carrera, de manera tal que su educación termina en la
misma etapa en que comienza la nuestra. Si la continúan después de ese
plazo, no se dirige más que a una materia especial y lucrativa: se
estudia una ciencia igual que se elige un oficio y con ello no se
persigue otro fin que las aplicaciones cuya utilidad presente está
reconocida. [...] la mayor parte son gentes ocupadas; de donde resulta
que, cuando podría tenerse afición al estudio, no se tiene tiempo para
dedicarlo a él y, cuando se ha adquirido el tiempo para dedicárselo,
ya no se tiene afición al estudio.
No existe pues en América, en
absoluto, una clase en que la inclinación por los placeres
intelectuales se transmita con facilidad, ni ocios hereditarios, ni que
tenga como un honor los trabajos de la inteligencia.
[...] Hay allí, pues, una
multitud inmensa de individuos que poseen el mismo número de nociones
poco más o menos, en materia de religión, de historia, de ciencias, de
economía política, de legislación, de gobierno. La desigualdad
intelectual procede directamente de Dios, y el hombre no podrá impedir
que reaparezca siempre. [...]
El tiempo, los acontecimientos,
las leyes, han formado allí al elemento democrático, no sólo como
factor preponderante, sino único, por así decir. [...]
América presenta entonces en su
estado social, el más extraño fenómeno. Los hombres se muestran
iguales por su fortuna y por su inteligencia, o, dicho en otros términos,
más igualmente fuertes que lo son en ningún país del mundo, o que lo
haya sido en ningún siglo de los que la historia conserva recuerdo.
Hemos querido citar textualmente
estos párrafos extractados de la obra de Tocqueville, porque entendemos
que en ellos se patentiza la idea que, respecto a educación y
democracia en América se formó el autor.
El acento de su análisis lo pone
en las formas que allí asumen la democracia y la soberanía del pueblo,
pero cuando en el capítulo 4 estudia lo que ocurre en particular en
cada Estado de la Unión, no deja se señalar la circunstancias que
imperceptiblemente nivelan a todos en lo educativo: no niega la
existencia de algunos espíritus selectos y de pensadores originales,
pero pareciera que esa igualdad democrática que lo entusiasma fuera en
buena medida el resultado paralelo de una educación no diversificada e
igualitaria a la que acceden todos, mientras que en la vieja Europa
existen otros niveles de excelencia, pero restringidos a unos pocos
privilegiados. El aserto de que "Nada hace tan diferentes a los
hombres como la educación", preside tácitamente su pensamiento.
Recurrentemente insiste también
en la importancia de la que llama Ley de las sucesiones y que refiere a
la herencia y por ende al derecho de propiedad, hallando que en sus
formas americanas, la misma terminó por romper las influencias
locales., en lo cual, tal vez se equivoca o exagera un poco su
importancia, pero objetivamente considerada, la facilidad del acceso a
la propiedad de la tierra que caracterizó al Destino Manifiesto de
extenderse hasta el Pacífico, reviste enormes diferencias con lo que
sucedió en nuestro país, en el cual, después de 1879, cuando lleguen
las oleadas inmigratorias, "las extensiones estarán vacías, pero
tendrán dueños".
Otro aspecto de la democracia que
estudia Tocqueville es el relacionado con lo electoral. Los colonos habían
gozado desde sus inicios de variados sistemas para elegir a los miembros
de las Asambleas locales, todos eran más o menos censatarios, pero según
Tocqueville:"¡Cosa singular! El impulso democrático pudo
manifestarse de manera más irresistible en aquellos Estados en los
cuales la aristocracia tenía más profundas raíces," encontrando
que en ellos fue, paradójicamente, donde con más rapidez se llegó al
sufragio universal.
También anota que los EE.UU.
poseen una constitución compleja, notablemente heredera del Common Law
y a base de sucesivas enmiendas, encontrando que políticamente "se
trata de dos sociedades distintas, comprometidas, encajadas la una en la
otra; se ven dos gobiernos completamente separados y casi
independientes: uno, habitual e indefinido, que responde a las
necesidades cotidianas de la sociedad; el otro, excepcional y circunscrito,
que no se aplica más que a ciertos intereses generales. Son [en 1831]
veinticuatro pequeñas naciones soberanas, cuyo conjunto forma el gran
cuerpo de la Unión".
Aprecia el autor que el pueblo
reina sobre el mundo político americano como Dios sobre el universo. Él
es la causa y el fin de todas las cosas: todo emana de él y todo se
absorbe en él. Se trata de un poder absoluto, dice, Pero no el de uno
solo. Ni exactamente el de todos. Es el del mayor número, el de la
mayoría y agrega: "Fuera de la mayoría, en las democracias no hay
nada que resista".
Uno de los puntos fundamentales en
De la Démocratie, es el de la centralización, tema que atraviesa toda
la obra. Tocqueville, cuya infancia vivió los últimos años del Primer
Imperio, está -a nuestro juicio- tremendamente sensibilizado respecto a
ese fenómeno político al que rechaza con horror exclamando:
"Todos los genios guerreros aman la centralización... y todos los
genios centralizadores aman la guerra". Es la imagen rediviva de
Napoleón I, genio de la organización centralizada... y de la guerra,
la cual, por otra parte, muestra a través de la historia cómo los
grandes guerreros, lo son, casi sin excepción, por ser grandes
organizadores.
De las asociaciones dice: "
Nada hay que la voluntad humana no pueda alcanzar merced al libre
accionar del poder colectivo de los individuos".
Concluyendo en que, mientras en
Francia a la cabeza de una empresa nueva siempre se verá al gobierno y
en Inglaterra a un magnate, "en los Estados Unidos encontraremos
una asociación".
El sentido de la democracia
americana influye también según Tocqueville en las formas del
catolicismo estadounidense, dado que se lo ha colocado bajo una concepción
liberal: "los católicos de los EE.UU. son a la vez los fieles más
sumisos y los ciudadanos más independientes. Concluyendo en que: A
diferencia de Europa, donde política y religión se imbrican íntimamente,
en América, la religión, independiente de los poderes terrenales, no
resulta nunca herida por los golpes que se dirigen a dichos
poderes".
Aunque Tocqueville en sus análisis
sólo aborda tangencialmente lo educativo, sus reflexiones sobre la
democracia americana, se afirman decididamente en el ejercicio
descentralizado del poder, en los ámbitos municipales y de las pequeñas
comunidades. Contemporáneo, como ya se dijo, de la Francia de la
Restauración borbónica con sus restricciones a la democracia y de la
Monarquía de Julio con su espíritu clasista, nuestro autor, admirará
sin reservas esa capacidad de los Estados de la Unión de reservarse la
mayor parte de sus facultades locales, delegando -pero nunca demasiado-
las imprescindibles a los poderes centrales, lo cual a su juicio y a
medida que el ejercicio ininterrumpido de esas formas democráticas se
acentuara, libraría a los norteamericanos de eventuales abusos del
poder central, protegiendo sus libertades individuales. Aunque no lo
dice explícitamente, la lectura de su obra maestra deja flotando la
presunción de que, en alguna medida, esas estructuras democráticas que
lo entusiasman, tienen origen en las diferencias localistas de las
colonias originales, sobre todo a partir de sus diversidades religiosas
y, a caballo de éstas, sus distintos fines educativos, unificados al
comienzo únicamente por un republicanismo a ultranza, en el que la búsqueda
de la libertad no se coloca por encima del deseo de igualdad, por la
cual sienten "una pasión ardiente, insaciable, eterna, invencible:
quieren la igualdad en la libertad, y si no pueden obtenerla, la quieren
también en la esclavitud,[...] convencidos de que la igualdad social
conduce a la igualdad política: la soberanía de todos, mientras que el
poder absoluto significa el poder de uno solo sobre el conjunto de la
sociedad".
Esta soberanía del pueblo
constituye, al decir de Tocqueville, un verdadero dogma americano: ha
adquirido en los EE.UU. todos los desarrollos prácticos concebibles,
todas las formas: no existe allí ningún poder exterior al cuerpo
social.
Democracy and Education
El 16 de abril de 1859 fallecerá
en Cannes Alexis de Tocqueville. Ese mismo año, en Burlington, Estado
de Vermont, nacerá el filósofo y pedagogo norteamericano, John Dewey,
que tendrá seis años de edad cuando finalice la Guerra de Secesión y,
aun cuando vivirá más de la mitad de sus años en el siglo XX, puesto
que fallecerá en 1952, es un referente obligado por lo que se refiere a
lo educativo, para la segunda parte del siglo XIX, no sólo en su país
sino también a nivel mundial.
Su tratado sobre Filosofía de la
Educación: Democracy and Education. An Introduction to the Philosophy
of Education, aunque publicado en 1916, constituye un agudo análisis de
las ideas finiseculares vigentes en la sociedad norteamericana y
aplicadas a la educación, estableciendo los fines constructivos y los métodos
educacionales, desde el punto de vista de la democracia, lo que por una
parte nos permitirá, en la medida de lo posible, comprobar si las
proyecciones de Tocqueville en relación a la democracia norteamericana
descentralizada se cumplieron y con qué caracteres y por otra parte
visualizar, ahora puntualmente, esa interdependencia de que venimos
hablando entre Democracia y Educación.
Los Estados Unidos posteriores a
la Guerra de Secesión ya no serán los que visitó Tocqueville en 1831.
Por de pronto, el triunfo de los federales o nordistas, que habían
alcanzado un destacado desarrollo industrial capitalista, significó la
ruina de los confederados sudistas, cuya economía, basada en la
producción de plantaciones de algodón, tabaco y otros cultivos
tropicales, funcionaba merced a la utilización de la mano de obra
barata suministrada por el sistema esclavista. Más de seiscientos mil
muertos en cinco años de guerra mortífera entre los Estados de ambos
bandos, necesariamente debían pesar económica y socialmente en la
fisonomía de la nación: la aristocracia de plantadores sureños dejaría
de tener vigencia y poderío, frente al ascenso incontenible del
empresariado comercial e industrial del norte.
La década del 70 asistirá al
nacimiento de los primeros monopolios y a la sanción de las primeras
leyes antitrust, en tanto que en la del 80, completada la Conquista del
Oeste, aniquilados o neutralizados los restos de las tribus indígenas,
unidas por varias líneas ferroviarias paralelas las ciudades de la
costa atlántica con las del Pacífico, surgirán incontenibles las
grandes concentraciones económico-financieras de los gigantes del carbón
y del acero y más tarde del petróleo y del caucho, así como también
las primeras asociaciones sindicales, con su correlato de luchas por los
derechos gremiales con sus huelgas masivas. Una docena de grandes
ciudades se poblarán de altísimos rascacielos y, aun cuando Gran Bretaña
continuará siendo todavía la primera potencia mundial por sus flotas
mercante y de guerra, el gigantismo norteamericano habrá sobrepasado a
Europa en su conjunto en la producción industrial y agrícola. Se
trata, sin ninguna duda de un mundo distinto al de la primera mitad del
siglo y la sociedad norteamericana, incrementada por elevados volúmenes
de inmigrantes de todo origen, entre los que numéricamente sobresalen
irlandeses, judíos e italianos, registrará sensibles cambios en su
estructura con el surgimiento de magnates multimillonarios, no siempre
de familias tradicionales.
Con todo, los pronósticos del
politólogo francés se cumplieron: la democracia norteamericana se
adaptó con vitalidad a las cambiantes circunstancias por las que fue
atravesando el conjunto de la nación, sin perder sus caracteres
descentralizados, sin abandonar el dogma de la soberanía del pueblo, ni
la pasión por la igualdad ante la ley, con oportunidades para todos.
Tratemos de ver ahora cómo
evolucionó lo educativo en esa sociedad democrática decimonónica.
Según Dewey, la educación es a
la vida social, el equivalente de la nutrición y la reproducción en la
vida fisiológica. Educar, dice, implica hacer partícipes de nuestras
experiencias a todos los miembros de la sociedad, con el objeto de que
las innovaciones progresistas pasen a ser una posesión de todos en
libertad igualitaria. Ese proceso, continúa, se lleva a cabo a través
del intercambio en el ambiente social y por tanto resulta imprescindible
crear en las escuelas ambientes capaces de orientar y canalizar las
energías de los niños y jóvenes, dado que el resultado inmediato de
ese proceso de intercambio es la capacidad de progreso ulterior.
Dewey criticará tanto las ideas
pedagógicas de Platón, basadas más sobre las diferencias sociales que
sobre los individuos y también las de la Ilustración dieciochesca, que
con su pretensión utópica de hacer extensiva a toda la humanidad los
avances sociales, pone en riesgo las posibilidades de progreso al soñar
con un retorno a la vida natural. También el Idealismo postkantiano
merecerá las críticas de Dewey, ya que le achaca la tendencia de
restringir la concepción de lo social igualitario, al subordinar al
individuo al Estado nacional, que en última instancia no es más que un
intermediario [el Estado] entre los individuos y la humanidad.
Dewey dedica varios capítulos al
análisis de los problemas esenciales de la educación desde lo filosófico:
la relación del pensamiento con la experiencia; la índole del método;
el sentido humano del trabajo; encarando a continuación desde la
Filosofía de la Educación, el problema central de la obra: los valores
y la distinción entre cultura y utilidad práctica, para lo cual
comienza por recordar que ese discernir entre una y otra tuvo su origen
en la Hélade, partiendo de la base de que una vida verdaderamente
humana sólo podía ser alcanzada por unos pocos seres humanos
verdaderamente libres, porque no estaban atados a trabajar con sus
manos, puesto que vivían gracias al trabajo de los demás integrantes
de la polis, dando así origen a una diferenciación entre pensadores y
trabajadores, dedicados unos a las profesiones liberales y otros a
tareas manuales a las que permanecían irremisiblemente atados para
poder subsistir.
Proyectada a lo pedagógico esa
distinción dio lugar a la división entre educación clásica o liberal
y educación técnica o profesional. Sostiene Dewey que el maquinismo emancipó
al hombre de muchas fatigas corporales y de muchas horas de trabajo,
pero hace notar que, mientras la educación de los trabajadores se
limite a una escolarización destinada al aprendizaje rudimentario de
leer, escribir y contar, desprovista de toda otra educación en lo científico,
lo literario y lo histórico, sus mentes quedarán al margen de toda
posibilidad de beneficiarse dedicando sus horas libres al ocio
constructivo de una actividad de orden cultural.
La recomendación de Dewey apunta
a que, en una sociedad verdaderamente democrática, esa dualidad entre
educación liberal y educación técnica debe desaparecer, superada por
un Plan de Estudios que haga del pensamiento una guía igualitaria para
todos los individuos, propugnando un tipo de educación que, sin
desatender la formación técnico-profesional del obrero, contemple
también su formación espiritual, con lo cual, sostiene Dewey, se
anularían los males del sistema económico vigente, al par que, al
unificar las orientaciones, las disposiciones y las tendencias de todos
los miembros de la sociedad, se alcanzaría también una sociedad homogénea
y voluntariamente igualitaria.
Por último, enfoca también el
autor el tema, a veces innecesariamente dicotómico, de hombre y
naturaleza, dualismo que en educación ha originado otra división entre
Estudios Humanísticos y Estudios en Ciencias Exactas, con la tendencia
a limitar los primeros a simples recuerdos del pasado humano en lo histórico-literario
y los segundos a un conocimiento seudocientífico desprovisto de toda
sensibilidad humana.
Al margen del tema específico de
este trabajo monográfico, pero no por ello menos digno de ser
destacado, señalemos que con una lúcida exposición de teorías
gnoseológicas y éticas, aplicadas a lo educativo, Dewey cierra su
valioso ensayo filosófico y pedagógico que, en opinión de muchos,
constituye una de las más importantes obras que sobre educación se
publicaron en el siglo XX.
Intentaremos ahora reflexionar
sobre las diferencias existentes en una y otra realidad histórica, la
europea y la americana, tratando de visualizar la incidencia que
en cada una de ellas ejerció la estructuración de lo educativo y las
formas de su democracia.
Por de pronto y como ya señaláramos,
es evidente que en Francia los cambios fueron revolucionarios: en lo político
se pasará del autocratismo a la democracia, cierto que se tratará de
una democracia burguesa, limitada, restringida, censataria a ratos y al
compás de los cambios y momentos registrados por la revolución, que
culminará con la sólida estructuración del Imperio Napoleónico, monárquico
y rígidamente centralizado, pero en el cual los méritos personales
posibilitaban un ascenso social.
Paralelamente, el sentido de lo
educativo en Francia se afirmará también de manera centralizada, pero
extendida ideal e igualitariamente a todos los habitantes del imperio,
como contrapartida imprescindible para sostener el nuevo sistema democrático-burgués.
Recordemos que los dos grandes fracasos de
Napoleón se dieron en ambos extremos de Europa, en España y en Rusia,
dos países que además de regímenes absolutistas, tenían en común
una población en la cual el analfabetismo registraba una tasa superior
al 75%. Allí, las ideas revolucionarias no prendieron sino en reducidos
círculos intelectuales y la gran masa de la población cerró filas
cerrilmente para defender los tronos y las estructuras políticas,
sociales y económicas que las oprimían, lo que no sucedió en Italia,
ni en Prusia, ni en Austria, ni en la Confederación del Rin, ni en
ninguno de los países de Europa Central, porque en estos las ideas de
Libertad, Igualdad y Fraternidad se difundieron por escrito antes de
concretarse en nuevas formas democratizantes de la organización estatal
que, más allá de las inevitables deficiencias registradas,
favorecieron en general el bienestar de los pueblos, eliminando barreras
y diferencias y unificando regímenes aduaneros e impositivos, circulación
de productos y también de ideas y proyectos. Es evidente que la educación,
aunque más no fuera a partir de una alfabetización básica, produjo un
cambio en las ideas, cambio inimaginable antes de 1750. El correlato
Educación y Democracia resulta entonces evidente: al extenderse la práctica
de la primera, se posibilitó un creciente ejercicio de la segunda.
Al otro lado del Atlántico, las
colonias angloparlantes partieron desde muy distintas realidades en
relación a la vieja Europa y también entre ellas. Ya señalamos las
tres coincidencias básicas que acreditaron entre un sinnúmero de
diferencias: 1) Dependencia de la corona británica de cada una de
ellas, pero separadamente de las restantes. 2) Funcionamiento en todas
de alguna forma de Asamblea comunal, con representantes elegidos por los
colonos, que, aunque con sistemas operativamente disímiles, les
permitieron el ejercicio de una cierta democracia, larvada, limitada
respecto al conjunto de su población, pero práctica al fin y 3)
Profesión sentida de diferentes formas confesionales, pero todas
englobadas en el espíritu del protestantismo y en la necesidad de saber
leer para tener acceso a la palabra de Dios en la Biblia.
En los ámbitos angloamericanos,
la práctica de lo referente a la Educación, evolucionó paralelamente
al de la Democracia, con más diferencias que similitudes entre las
trece colonias originales que a partir de 1776 darían comienzo a las
luchas por la independencia frente a Inglaterra.
También allí se fortalecerá sin
retroceso el correlato de Educación y Democracia, cierto que de manera
muy distinta que en Europa, merced a la descentralización política que
tanto entusiasmará a Tocqueville; él proviene de un ámbito donde la
concentración del poder en manos de los gobiernos centrales, aunque
igual significara avances democráticos en relación al absolutismo
unipersonal del antiguo régimen, no dejaba de mostrar serias
limitaciones para los gobiernos y administraciones locales, comunas,
intendencias y departamentos, centralización estatal que también se
daba en la educativo, precisamente por ese afán de tornar homogéneo a
nivel nacional el ejercicio de la libertad y la igualdad.
Tocqueville intuye que esa soberanía
que se reservaron los Estados de la Unión frente al gobierno instalado
en Washington, sería el reaseguro para conservar y fortalecer el
ejercicio de la Democracia y pronostica que en el futuro el verdadero y
más profundo modelo democrático se desarrollará en los ámbitos
municipales, pronóstico que nos parece certero, si tenemos en cuenta
que hoy, la importancia de los municipios viene acrecentándose año a año
en casi todos los países, en un proceso en el que los gobiernos
centrales terminaron por comprender que la solución de los problemas
locales, los que tienen que ver con el abastecimiento, la calidad de
vida, la educación, la salubridad pública, etc. pueden ser encarados
con mayores posibilidades de éxito desde lo comunal que desde lo
nacional.
Tampoco se equivocará Tocqueville
al analizar las características que revestía la Educación en América
en comparación con lo que sucedía en Francia ya que esa
especialización práctica que él señala" no se dirige más que a
una materia especial y lucrativa: se estudia una ciencia, igual que se
elige un oficio y con ello no se persigue otro fin que las aplicaciones
cuya utilidad está reconocida", característica que en lo
esencial, sigue estando en la base de la educación norteamericana, más
centrada en la especialización que en la amplitud de los conocimientos,
lo cual explica la recomendación que formulará Dewey respecto a los
peligros que, "para una sociedad verdaderamente democrática
[implicaría] la dualidad entre educación liberal y educación técnica
[...] entre los Estudios Humanísticos y los Estudios en Ciencias
Exactas", lo cual, a su juicio conspiraría contra el objetivo de
alcanzar "una sociedad homogénea y voluntariamente
igualitaria". (Cfr. Op.Cit., pág. 19) No olvidemos que en el análisis
de Tocqueville, la democracia norteamericana está basada férreamente
en el sentido de igualdad y en el poder de la mayoría.
Antiguo Régimen y Revolución:
Tocqueville viene de una familia noble posterior a la revolución . Trata de
mirar la historia hacia delante sin añorar épocas pasadas . Sus obras mas
importantes son la democracia en América que trata sobre el efecto de la
democracia en las estructuras sociales , y El Antiguo Régimen y la Revolución
en el que analiza el poder político desde la centralización y la burocracia .
Su idea es que en la sociedad moderna todo lo que separa a las personas del
Antiguo Régimen es el poder , ya que el poder de la democracia es mas eficaz
que cualquier otro sistema político , para llegar a esta democracia deben
desaparecer todas las instituciones del Antiguo Régimen . Por tanto ve la
democracia como una forma de poder y no de libertad , el origen de ella esta en
las monarquías al haber centralizada los poderes en la figura del rey .
Tocqueville considera que las fuentes de poder democrático tienden a igualar el
status así como a la liberación de los rangos . Así mismo desaparecen las
instituciones y poderes intermedios , entendiendo al pueblo como una sola
entidad .
Ahora se permite que los individuos pertenezcan a varios grupos sociales o
instituciones . La centralización del poder político dota al individuo de un
marco legal . La idea de igualdad lleva a una afinidad entre las clases
inferiores y la clase dirigente La organización militar otorga un modelo a la
democracia en la que se eliminan los intermediarios , tomando el poder central
todo el control .El carácter social de la democracia hace que el pueblo otorgue
el poder a una de los suyos . El efecto del poder democrático pervive en las
instituciones de la Ilustración , la opinión publica , es la que lleva siempre
razón ya que da y quita el poder . Se podía comparar a una familia en la que
el padre ejerce el poder autoritario , siendo reflejo de la aristocracia , sin
embargo en la democracia el padre pierde el poder . Por tanto es un conflicto
entre el poder tradicional y el poder emergente de los individuos . Lo mismo
ocurre en la religión , profesión , etc . El Estado esta por encima de todos ,
y el poder del Estado reside en el pueblo .
Para Tocqueville el protestantismo es tan famoso en EE.UU. por su eliminación de
las instituciones intermedias . A pesar de ello considera que el catolicismo es
la religión mas democrática ya que para el Papa todos son iguales ( hay que
decir que Tocqueville es católico ) . En el ejercito analiza como aunque el
Estado desee la paz , el ejercito democrático quiere la guerra , esto se debe a
que los altos cargos del ejercito vienen de la antigua nobleza . En la paz los jóvenes
oficiales no tienen la oportunidad de ascender , ya que solo en la guerra se
consigue mayor graduación y además en democracia todos los soldados son
iguales y asalariados . En la democracia el ejercito es lo mas bajo de la
sociedad , ya que solo es el brazo ejecutor del Estado , por eso ansia la guerra
, para afianzar su status .
Las guerras suelen empezar de manera tímida para incrementarse progresivamente
, esto se origina ya que es difícil aunar las voluntades al principio pero al
final las democracias luchan por la nación en conjunto . Para Tocqueville hay
que diferenciar la democracia de la soberanía . En el Antiguo régimen se
dependía de Señor ahora es el Estado el que paga por lo que hay un mayor celo
por el bien común . Tocqueville considera que el nivel de democratización de
un país se mide por el numero de burócratas que tiene .
El poder político es cada vez mas racionalizado, el desarrollo de la burocracia
en la democracia leva a la centralización y popularización de esta misma
burocracia . La centralización y la forma de propiedad también se analiza , en
las democracias aumenta la propiedad privada y la publica . Esto se debe a las
desamortizaciones que pasan a subasta y de ahí a la propiedad privada , el
fomento de la industrialización y la expansión de las democracias mediante las
guerras . Se necesita mas infraestructura publica , calzadas , etc ; de manera
que esto también pasa a manos publicas que antes eran de posesión privada .
Por todo lo anteriormente explicado parece que ahí dos revoluciones
contrapuestas , una que hace que la propiedad privada aumente y otra que lo hace
con la propiedad publica.
La democracia también afecta al conocimiento , por ejemplo en EE.UU. se utiliza un
método cartesiano ( aunque ellos no eran conscientes de ello ) , en el que se
eliminan los dogmas europeos , repudiando la tradición . Además recurre al
sentido común humano para la resolución de la mayoría de problemas , asimismo
todas las escuelas de pensamiento son consideradas iguales , sin que predomine
una sobre las demás . El poder democrático aparecerá en el tiempo , no como
poder sino como libertad.
Conclusiones
Cubrir el lapso que separa a Dewey
de Tocqueville exigiría siquiera reseñar el desarrollo ulterior que en
los EE.UU. registraron la Educación y la Democracia. Respecto a ésta
última, el tema es algo más conocido. Rememoremos que en De la Démocratie
en Amérique, el francés dedica un breve acápite al análisis de la
"Posición que ocupa la raza negra en los Estados Unidos, peligros
que su presencia hace correr a los blancos".
Por entonces, 1831, Gran Bretaña
todavía no había profundizado sus conquistas en África ni su régimen
colonial imperialista; cuando lo acentúe después de 1838, sus empresas
negreras cambiarán de signo y entonces comenzará la persecución de
todos los barcos que actúen en la trata de esclavos, para evitar que le
arrancaran los habitantes y la mano de obra en sus colonias africanas.,
con lo cual se resentirán los países cuya economía estaba basada en
regímenes esclavistas: recordemos que el Imperio del Brasil será
esclavista hasta 1888, Cuba hasta 1898 y en los EE.UU. la abolición de
la esclavitud recién se concretará en 1865, al término de la Guerra
de Secesión que enfrentará a los abolicionistas norteños contra los
esclavistas sureños.
Hombre de su época, Tocqueville
no oculta su opinión antiesclavista, pero afirma que en los EE.UU. el
problema no se solucionaría sin graves enfrentamientos. Formado en el
pensamiento clásico, tampoco se horroriza frente a la magnitud de esa
aberración inhumana, en un país cuya población sustenta su sentido de
la democracia en la igualdad a ultranza, pero fino analista como es,
observa que, cualquiera fuera la solución que se buscara al problema,
sus secuelas no serían fáciles de superar. Pensemos que cien años más
tarde, hasta mediados de la década del sesenta en el siglo XX, los
problemas raciales continuarían siendo profundos en los EE.UU. y que
aun hoy, en los albores del siglo XXI, la campaña electoral
presidencial está signada por la Discriminación y la Pena de Muerte,
ya que las estadísticas señalan que, no obstante constituir sólo el
12,1% de la población norteamericana, los negros que en el corredor de
la muerte esperan ser ajusticiados, ascienden al 43%. Cabría
preguntarse ¿Cuál es la democracia de la que estamos hablando?
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