Resulta ya casi un lugar común afirmar
que Internet está transformando nuestra vida cotidiana. Las cuotas de
población que actualmente hacen uso de éste tipo de tecnología es aún muy
baja, sin embargo, es un hecho el aumento de personas que, día a día,
ingresan por primera vez en la Red. Sólo en España, entre los años 2000 y
2001, se ha presentado un incremento en la población que conoce y hace uso
de Internet (1). Estos datos, que no dejan de
ser significativos, resultan aún más interesantes cuando se observa que en
éste país, de todos los usos posibles de Internet, la conversación con
otras personas constituye una de las actividades más realizadas, superada
sólo por la búsqueda de información y seguida de lejos por otras como la
ejecución de gestiones bancarias.
Esta utilización de Internet para la comunicación y el encuentro con
otros/as no debería sorprendernos. Algunos/as autores/as (2)
han sugerido que la Comunicación Mediada por Ordenador (CMO)
constituye un nuevo escenario tanto para la construcción de identidades
como para la construcción de emociones, en condiciones distintas a las del
mundo material. Sin embargo, no es posible hablar de un desplazamiento de
escenarios materiales de sociabilidad hacia escenarios virtuales de
sociabilidad. Lo que es posible decir, no obstante, es que Internet se ha
constituido en un ámbito alternativo de encuentro que se suma a aquellos
en los cuales construimos habitualmente nuestro universo relacional. En
este entorno virtual, como en los escenarios de orden material, también se
desarrollan y tramitan vínculos afectivos que están adquiriendo un lugar
importante en nuestra cotidianidad. Ya no es extraño escuchar
conversaciones en las que se hace referencias a amistades o a romances
mantenidos por Internet. Y es que entre los chats, los foros, el e-mail,
los MUD's, las posibilidades de contactar con otros/as son
inmensas. Si a estas posibilidades sumamos el carácter anónimo del que
pueden hacer uso sus participantes, así como la intensidad de los vínculos
que se desarrollan allí, resulta comprensible que para más de uno/a
Internet se convierta en un interesante escenario de construcción para su
universo de relacional.
Este fenómeno, sin embargo, es más complejo de lo que a simple vista nos
puede resultar. En la experiencia de construir relaciones en la Red
parecen mediar dos aspectos: por una parte, la valoración de ese tipo de
relaciones como vínculos de carácter ficticio; y por otra, el desarrollo
de lazos emocionales en condiciones de relativo anonimato y virtualidad.
Estos aspectos, que de ninguna manera son contradictorios, participan en
la configuración de un eje emergente de vivencia emocional que podría
denominarse interfase ficción/realidad (3).
La valoración a la que nos referimos, no obstante, hace parte de un
discurso que diferencia los encuentros generados en la Red de las
relaciones construidas fuera de éste entorno. Para ese discurso, las
relaciones desarrolladas en la CMO, emergen como fruto de posiciones o
identidades simuladas cuyo carácter ficticio las distingue de las
relaciones estructuradas fuera del entorno virtual. El universo
relacional, entonces, resulta comprendido a la luz de una lectura
dicotómica que separa las relaciones ficticias (o no-relaciones)
-caracterizadas por el anonimato y la virtualidad- de las relaciones
reales -signadas por la materialidad de la interacción cara a cara-.
Esta distinción, que parece predominar en la lectura que los/as
participantes tienen de sus interacciones durantes los primeros estadios
de construcción de intimidad, se mantiene en la evaluación de los sujetos
sobre aquellas relaciones que no han llegado a trascender el escenario
virtual o, que de hacerlo, no han logrado consolidarse en un escenario
diferente a éste (4).
Las emociones construidas en la CMO, sin embargo, parecen corresponder a
un punto medio que no cabría explicarse a través de ninguna de las partes
de la díada ficción/ realidad debido no sólo a su carácter, sino también a
las condiciones en las cuales tienen lugar las interacciones en el
ciberespacio (5). En otras palabras, no podría
hablarse del carácter real de las emociones vividas en la Red en términos
de fenómenos inmutables instalados en nuestra biología, ni de su carácter
ficticio en el sentido de fenómenos inexistentes. Todo lo contrario, las
emociones en la Red, como aquellas que emergen en el mundo material,
corresponden a nodos o puntos medios de naturaleza social, de carácter
histórico, vivo e incierto (6), cuyas
mutaciones van de la mano de las condiciones en las cuales emerge la
interacción. A. Gil (2000) lo resume de la siguiente manera:
El punto más importante del decir que las emociones están construidas
socialmente no es nada más afirmar que no son de origen biológico ni dadas
de una vez y para siempre, lo más importante es decir que son un proceso
en constante devenir, que se especifican, se deciden y negocian en cada
situación y que por tanto no se sienten, ni antes ni independientemente de
las interacciones en las que surgen, que requieren siempre de los otros
para poder existir y que como procesos psicosociales son susceptibles de
transformación y cambio (...) (p.95)
En estas condiciones, el carácter de ficción de las
interacciones es reformulado en términos que responden a las condiciones
propias de la Red (anonimato, fragmentación, "descorporeización", etc.),
las cuales posibilitan juegos de lenguaje en los que se tramitan
identidades y emociones que constituyen todo un universo relacional (Gergen
1996). En estos juegos de lenguaje la simulación, como lo sugiere M. Dery
(1998), adquiere un carácter ritual que confiere a las ficciones
construidas en la Red el valor simbólico necesario para la configuración
de ese universo relacional.
Como todo ritual el de la simulación cumple un importante papel en la
sociabilidad virtual. Este ritual de simulación está constituido por actos
cooperativos en los que cada uno(a) de los(as) participantes/actores
(actrices) propone a y acuerda con el(la) otro(a) un guión o unas pautas
de relación enmarcadas por condiciones de anonimato/descorporeización (7).
En otras palabras, el ritual de simulación se erige como un enclave
intersubjetivo en el cual la exploración de cada uno(a) de los(as)
participantes/actores (actrices) no es posible sin la actuación
cooperativa del(a) otro(a) para la construcción y reconstrucción de
identidades diferentes, cercanas o distantes, de aquellas que se ponen en
juego en las interacciones del mundo material (8).
Con estas pautas de relación, los(as) participantes intentan construir un
escenario que les permita experimentar diversos encuentros sin el
compromiso o las consecuencias que, en otro tipo de circunstancias, tales
encuentros podrían acarrear. Así pues, durante los primeros estadios de
las relaciones construidas por Internet, tanto el juego con la propia
identidad como la suposición de una dinámica semejante por parte del(la)
otro(a) llevan a valorar la relación como un vínculo ficticio o irreal. La
noción de ficción, vinculada entonces, a la suposición de identidades
"actuadas" constitutivas de la interacción virtual, ubica,
discursivamente, esa interacción, en un lugar diferente al de las
relaciones que surgen en el entorno material.
Los límites entre lo ficcional y lo real, sin embargo, comienzan a ceder a
medida que se construyen vínculos emocionales a la luz de una ética y una
estética particulares: nos referimos a la ética y la estética de la
relación social que ha dado forma a las identidades erigidas en la Red.
Ambas dimensiones, tanto la ética como la estética, atraviesan la
comunicación que mantienen los(as) participantes/actores (actrices)
encarnados(as) con sus identidades virtuales (Figueroa, 1999) (9);
pero también y sobre todo, se construyen en la comunicación que sostienen
con el(la) otro(a) a través de la Red.
Si seguimos a P. Fernández (2000) podemos observar, no obstante, que es
sobre todo en el orden de la estética en el que tiene lugar la
configuración del universo emocional. Mencionábamos anteriormente que las
emociones poseen un carácter histórico que responde al hecho de ser
construidas en contextos espacio-temporales determinados. Esto implica dos
cosas, por un lado, que la forma en la cual las emociones son nombradas
esta vinculada a situaciones tipo que abrevan en imaginarios culturales
cuya estabilización las convierte en modelos emocionales; y por otro, que
las emociones sólo pueden emerger en situación/interacción, es decir, que
la emoción es construida con lo que/quien se encuentra en un momento o
lugar determinado. P. Fernández (2000) (10)
diría que los sentimientos son situaciones que tienen forma, es decir, no
pueden ser descritos por sus componentes, funciones o causas, sino por sus
adjetivos preceptúales de la misma manera que un paisaje, una cosa, una
obra de arte: largo, lento, vacío, superficial, gris, plano, monótono,
desarticulado. (p. 63)
Los modelos emocionales así como las situaciones
emocionales, es decir, la emoción misma se construye, entonces, en el
marco de sistemas simbólicos en los cuales el imaginario y la percepción
se entretejen para dar lugar a un entramado de convenciones estéticas que
posibilitan la vivencia de la emoción. Esto quiere decir que ambos
aspectos, tanto la estabilización como la interacción devienen repetición,
la primera, y actuación y experimentación, la segunda, de un conjunto de
significados que configuran la forma ritualizada de legitimación de los
universos emocionales que emergen no sólo en la Red sino también fuera de
ella.
En el caso del ciberespacio, la convencionalidad y la virtualidad
confluyen en la constitución del carácter ritual de la simulación a la luz
de una estética particular, a través de actos lúdicos y cooperativos,
posibilitando con ello el surgimiento del universo emocional. Así, aunque
los yo virtuales muden distanciándose de los yo "encarnados", o
para expresarlo de otra manera, aunque las identidades construidas en la
CMO difieran de la(s) identidad(es) expuesta(s) por la persona en el mundo
material la posesión, por parte de estas identidades virtuales, del
valor simbólico necesario para la interacción posibilita la construcción
del vínculo emocional.
Considerar que la sociabilidad virtual no es posible sin un soporte
material, es decir, que no es posible sin la seguridad del encuentro cara
a cara, imposibilita la comprensión de los universos relacionales y
emocionales que emergen en la Red. En la medida en que las pautas de
relación instauran un orden de convencionalidad, las identidades
construidas en la Red adquieren el valor simbólico necesario para generar
procesos de sociabilidad, en los cuales los límites entre lo real y lo
ficcional ceden, configurando de esta manera un eje emergente de vivencia
emocional. Este proceso de orden estético, convencional, lúdico y
cooperativo constituye en la sociabilidad virtual, lo que podría
denominarse, siguiendo a M. Dery (1998), ritual de simulación.
Referencias Bibliográficas
· Centro de Investigaciones Sociológicas CIS (2000) Barómetro de
septiembre (Estudio nº 2.398) Extraído el 3 de
marzo de 2003 de
http://www.cis.es/baros/mar2398.doc
· Centro de Investigaciones Sociológicas CIS (2001) Barómetro de
septiembre(Estudio nº 2429) Extraído el 3 de marzo de 2003 de
http://www.cis.es/estudio.asp?nest=2429
· Dery, M. (1998) La cibercultura en el final del siglo.
España: Ediciones Siruela
· Fernández, P. (2000) La afectividad colectiva. México:
Trillas.
· Figueroa, H. (1999) In and out the Digital closet: The self as a
communicational network. En: Angel Gordo-López & Ian Parker (eds.)
Cyberpsicology. London: Mcmillan Press
· Gergen, K. (1996) Realidades y relaciones. Aproximaciones a la
construcción social. Barcelona: Paidós
· Gil, A. (2000) Aproximación a una teoría de la afectividad.
Tesis Doctoral para la obtención del título de Doctora en Psicología
social. Departament de psicología de la salut i de psicología social. (ISBN:
84-490-1844-7). Universitat Autónoma de Barcelona. España.
· Suler, J. (2002). Cyberspace Romances. En The Psychology of
Cyberspace, (articulo orig. pub. Dic. 1996). Extraido el 20 de marzo
de 2001 de
http://www.rider.edu/~suler/psycyber/bvinterview.html
· Tapscott, D. (1998) Creciendo en un entorno digital. La
Generación Net. Santa Fe de Bogotá: McGraw - Hill
· Turkle, S. (1997) La vida en la pantalla. La construcción de
la identidad en la era de Internet. Barcelona: Paidós.
Notas
^ 1. Así lo demuestran los
barómetros realizados por el Centro de Investigaciones Sociológicas ,
durante el 2000 y el 2001.
^ 2. Ver Turkle (1997). Para una
revisión sobre los procesos de construcción de identidades en la Red, ver
entre otros los textos de Reid, E. (1996) Text-Based virtual realitites:
Identity and the cyborg body. En High Noon on the electronic frontier:
Conceptual issues in cyberspace. Editado por P. Ludlow, MIT, Press;
Reid, E (1998) The self and the Internet: Variations on the 'Illusion'
of One self, psychology and the internet: Intrapersonal, interpersonal and
transpersonal implications, Editado por J. Gackenbach, Academic Press.;
Barglow, R (1994). The crisis of the self in the age of information.
Computers, dolphins and dreams. New York: Routledge, Critical
Psychology Series. Bukatman, Scott (1994). Terminal Identity. The
virtual subject in postmodern science fiction. Durkham-London: Duke
University Press.
^ 3. La existencia de esta
interface ya ha sido expuesta por autores como S. Turkle (1997). quien,
refiriéndose a la cibercultura, dice "La cultura de la simulación me anima
a interpretar lo que veo en la pantalla <>.
En la cultura de la simulación, si te funciona quiere decir que tiene toda
la realidad necesaria" . (p. 33)
^ 4. Este es un fragmento de un
diálogo mantenido en un chat room denominado enamorados en el
servidor latinred.net:
> ¿Algunas vez has mantenido una relación por Internet?
> Si
> ¿y podrías contarme como es?
> Uno sabe que es pura fantasía
> ¿Por qué dices que es pura fantasía?
> Porque nunca conoces a la persona.
> ¿Y a qué se debe que mantengas una relación con alguien a
quien no conoces y que probablemente nunca vayas a conocer?
> Pues la ilusión de que algún día la conozcas
^ 5. Sobre el carácter real o
ficticio de los romances por Internet ver Suler (2002).
^ 6. Fernández (2000) diría que
la afectividad posee un carácter singular, sociable y relativo.
^ 7. No sobra aclarar que me
estoy refiriendo a una forma de sociabilidad posible, lo que no quiere
decir que en la Red no se presenten otro tipo de interacciones cuya
función sea el encuentro entre sujetos que desean establecer relaciones
"exclusivamente" en lo que he llamado entorno material. En este tipo de
casos, la dinámica dista de aquella que estoy describiendo.
^ 8. Tapscott (1998) sugiere que
"La belleza (y la maldición) de Internet es que el participante puede
intentar, si así lo quiere, ser cualquier cosa o cualquier persona que
desee. El primer paso en este proceso es crear un apodo o un nombre de red
(...) Con frecuencia, el género y los estereotipos sociales son desafiados
con los apodos (...)" (p. 56)
^ 9. Figueroa (1999) sugiere que
al ingresar en la comunicación por Internet la persona desarrolla yos
virtuales (desencarnados), que pueden o no tener alguna cercanía con el yo
encarnado, pero que, sin embargo, mantienen una comunicación con este
último, presentándose de esta forma un tránsito fluido que difiere de
fenómenos como el del desarrollo de personalidades múltiples en el cual,
no esta presente dicha comunicación.
^ 10. Es importante aclarar
que para este autor no existe diferencia alguna entre sentimiento y
emoción.