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El prestigioso centro de
investigación estadounidense Worldwatch Institute acaba de presentar su
informe anual "El Estado del Mundo 2003". El informe demuestra que se
están produciendo avances sin precedentes en la protección del medio
ambiente y la reducción de la pobreza, lo que pone de manifiesto que el
desarrollo sostenible ya no es tanto un reflejo de la utopía, sino un
horizonte alcanzable, aunque a largo plazo.
"Construir un mundo donde lograr satisfacer nuestras
necesidades sin negar a las futuras generaciones una sociedad de bienestar
no es imposible, como algunos sostienen", afirma Christopher Flavin,
presidente de la organización. El informe del Worldwatch demuestra que las
energías renovables tienen el suficiente potencial para satisfacer la
demanda mundial de energía y están preparadas para ser utilizadas a escala
global. La transición de la energía nuclear, la hidroeléctrica y las
energías fósiles (petróleo, carbón, gas, etc), a energías renovables
significaría reducir la amenaza que el actual sistema energético significa
no sólo para el medio ambiente y la salud pública, sino también para la
estabilidad política internacional: sin petróleo de por medio sería otra
la geoestrategia de las potencias mundiales.
La industria de energías fósiles y los gobiernos de las
naciones productoras de petróleo, así como países grandes consumidores de
petróleo -como EE.UU- se empeñan en enrocarse en su fortaleza y sostener
que las energías renovables son una quimera. Pero para el Worldwatch estos
argumentos son difíciles de sostener porque algo no puede ser imposible
cuando ya ha ocurrido: las energías renovables son un hecho y un gran
negocio a escala global.
Como demuestra su informe, en algunas regiones y países
más del 20% de la energía total se genera a través de energía eólica. Su
uso, junto con el de la energía solar, ha crecido más de un 30% anualmente
desde hace cinco años en países como Alemania, Japón y España. Asimismo,
los paneles solares se han convertido en la mejor opción para que cientos
de millones de personas de los países pobres puedan acceder a los modernos
servicios de energía. Y esto no son previsiones, sino hechos, como
recuerda el Worldwatch. El avance del reciclaje es otra noticia que llama
al optimismo, aunque los esfuerzos aún deben multiplicarse al máximo para
disminuir las extracciones de minerales de la tierra, una de las
actividades más dañinas para el medio ambiente. En un sistema económico
basado en el consumismo, donde es común cambiar periódicamente de coche,
computadora, televisión, teléfono móvil, etc, el reciclaje debe ser una
prioridad. Por no hablar de plásticos, botellas, latas de metal... Si los
7 millones de toneladas de latas tirados por los estadounidenses entre
1990 y 2000 se hubieran reciclado, se hubieran podido construir 316.000
aviones Boeing 737, 25 veces la flota aérea comercial mundial.
En los Países Bajos ya han logrado reciclar el 86% de
los coches y en Dinamarca se ha prohibido totalmente el uso de botes de
aluminio, sustituidos por botellas de cristal. Cada familia va siendo cada
día más consciente de lo importante que puede resultar un gesto tan
sencillo como separar las basuras y reciclar el vidrio y el papel.
Acciones cotidianas inapreciables que están teniendo una repercusión
esencial en el presente y futuro del planeta. En los ámbitos sociales
también hay noticias destacables para el Worldwatch. Por ejemplo, la
campaña contra la polio impulsada por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) ha logrado reducir los casos de 350.000 en 1988 a 480 en 2001.
El esfuerzo coordinado a escala global contra el uso de
clorofluorocarbonos, que dañan la capa de ozono, ha logrado disminuir su
producción un 86% durante la década de los 90. Microcréditos tan pequeños
de 50 dólares han logrado sacar a muchas personas de la pobreza
ofreciéndoles la posibilidad de montar pequeños negocios. Estos son apenas
unos cuantos titulares de noticias alentadoras que subrayan que se están
logrando avances a pesar de la marabunta de malas noticias a la que
estamos acostumbrados, y de la que los grandes medios de comunicación
suelen gustar. Según el Worldwatch, estos avances son fruto del empeño y
del esfuerzo coordinado de la sociedad civil, empresas y gobiernos locales
y apuesta por intensificar esta línea de trabajo que se ha demostrado más
eficaz que las rimbombantes cumbres internacionales a las que acuden los
grandes líderes mundiales, llenas de buenas palabras (y a veces ni eso) y
poco más.
En conclusión: los avances logrados demuestran que
ningún esfuerzo ha sido baldío, por más que aún nos cueste visualizar el
tamaño de la empresa conseguida. Y eso a pesar de los boicots a discreción
que llevan a cabo aquellos a los que nos les interesa que las cosas
cambien, especialmente, los sectores bien posicionados de la economía y la
política. Que algún país haya llegado a sobornar a científicos para que
nieguen la existencia del cambio climático indica hasta qué punto es
utilizado el juego sucio. Aun así, para el Worldwatch los retos sociales y
medioambientales a los que nos enfrentamos son enormes, pero no
inabordables. "Hemos comprobado muchas veces a lo largo de la historia de
la humanidad que las sociedades han sido capaces de aprender rápidamente
de la experiencia y actuar en consecuencia", afirma Gary Gardner, director
de investigaciones del Worldwatch.
Muchas veces los logros son tan invisibles como el
propio deterioro ecológico del planeta. Pero están ahí, aunque pocas veces
sean noticia. El Worldwatch Institute pregunta: "¿quién se acuerda hoy de
la campaña para erradicar el sarampión?". Sin embargo, el avance ha sido
espectacular: sólo en América Latina los casos confirmados de sarampión
han disminuido un 95%. Acostumbrados a las malas noticias, la apuesta del
Worldwatch por poner en primer plano los aspectos positivos de sus
investigaciones podría hacernos pensar que se trata de un optimismo
forzado y artificial, más sustentado en el objetivo de desentumecer,
quizás, nuestra resignación a la tragedia 'inevitable', que en una
realidad que abruma en su contexto de injusticia y pobreza. Sin embargo,
lejos de caer en el optimismo facilón, el WorldWatch nos lanza un reto: si
ha habido avances destacables ha sido gracias al trabajo continuado y
perseverante de muchas personas y organizaciones que han logrado demostrar
que más que "todo está perdido" -como sostienen algunos-, "queda mucho por
ganar".
Para el Worldwatch ningún esfuerzo sobra en esta
campaña sin precedentes en la historia de la humanidad por lograr un
desarrollo sostenible. Desde lo individual a lo colectivo cada uno tiene
compromisos a los que responder. En lo personal, llevar un modo de vida lo
más favorable posible para el medio ambiente (reciclar, ahorrar energía,
ser consumidores responsables...) y ser más solidario en lo cotidiano,
siendo conscientes de que la solidaridad empieza a la vuelta de la
esquina. En lo colectivo, participar en organizaciones sociales, no sólo
pagando una cuota económica, sino colaborando en proyectos de desarrollo
local o en proyectos de ayuda a los países pobres, así como participando
en campañas que denuncien y presionen a gobiernos, empresas e
instituciones en el respeto de los derechos humanos y la búsqueda de la
justicia. Ese es el desafío. |
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