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Sipnosis:
Con Fin de milenio, Manuel Castells completa
su trilogía La era de la información analizando los grandes procesos
sociales y políticos que han transformado nuestro mundo en la última década:
el colapso de la Unión Soviética, el desarrollo de un nuevo
capitalismo dinámico y excluyente, el auge del crimen global, la
irrupción del Pacífico asiático como región decisiva de crecimiento
y crisis en la economía mundial, y la unificación europea, en la que
se observa el nacimiento de una nueva forma de Estado.
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La opinión del lector:
Fran Casal:
Cómo
entender un mundo caótico
La Trilogía de La Era de la Información nació acompañada del éxito
desde
incluso sus momentos de preparación en imprenta. Los comentarios y críticas
previas a la salida del primero de sus tres volúmenes auguraban ya un
aura
de proeza que hizo a gurús de la talla de Anthony Giddens o Alain
Touraine
afirmar que la obra bien podría equipararse a lo mejor de Max Webber o
ser
calificada como un clásico adelantado del siglo 21.
Demasiado elogio hace sospechar incluso cuando las loas llegan
desde los más
prestigiosos científicos sociales. Afirmar que ya podemos disponer de una
teoría adecuada para esta época de cambio podía parecer demasiado antes
de
dedicarse a leer las largas y densas 1500 páginas de la obra de Castells.
Pero las dudas se clarifican pronto, ya que, hasta el momento, ningún
otro
trabajo ha sido capaz de ofrecer una visión mejor de las interrelaciones
entre tendencias a gran escala dentro del mundo actual. Castells elabora
un
análisis conciso, profundo y perfectamente documentado de dispares fenómenos
como la caída de las dictaduras comunistas en el Este de Europa, el
surgimiento de la economía boyante en el área de Asia-Pacífico y del
auge
de la economía criminal, así como del fundamentalismo y la exclusión
social.
Idénticamente, la crisis del patriarcado y del estado nación son
tratadas en
esta trilogía a través de ejemplo concretos y bien analizados dentro de
un
contexto de interrelación clara entre tendencias y sucesos aparentemente
dispares.
Dar una explicación de esas interrelaciones que dibujan la
realidad de
nuestro mundo no es lo mismo que establecer una teoría general del cambio
de
era, como muchos críticos han afirmado. Parece preciso, sin embargo, en
los
albores de la sociedad de la información diseñar conceptos preliminares,
relaciones y tendencias de las nuevas condiciones entre la economía, la
cultura y la sociedad. Quizá por ello el análisis contemporáneo hecho
en
estos tres libros por Manuel Castells pueda ser más duradero de lo que
inicialmente pueda preverse. Lo mejor es que nada queda cerrado, todo el
libro queda abierto al debate y a la crítica a través de los conceptos y
la
lógica de esta nueva era.
Tratando de resumir de forma escueta, puede decirse que Castells
narra los
efectos de tres procesos aparentemente no relacionados entre sí sucedidos
entre el final de la década de los 60 y la mitad de los 70 que, en
conjunto,
han producido esta "nueva sociedad" (o cualesquiera de las
decenas de
términos que se han acuñado para identificar un presente incierto).
Estos
tres fenómenos son el auge de las tecnologías de la información, la
crisis
de los sistemas económicos que dominaron la guerra fría y la emergencia
de
nuevos movimientos sociales como el ecologismo o el feminismo. Castells
aplica parte de la responsabilidad de la caída de los regímenes
totalitarios
del este europea al auge de las tecnologías de la información, auge que
ha
contribuido a rejuvenecer el capitalismo occidental. Más aun, la obra
trata
de demostrar -y lo hace- que los nuevos movimientos sociales es la
respuesta
a la crisis de del concepto de nación, de la democracia y el sistema de
instituciones de una sociedad patriarcal en la mayor parte del globo. Los
tres procesos marcan una nueva estructura social (la Sociedad Red), un
nuevo
concepto y tipo de economía y una nueva cultura que el autor denomina
"virtualidad real".
En el segundo volumen (El Poder de la Identidad), Castells basa su
argumento
en el hecho de que el poder ya no está sujeto a las instituciones políticas
(el estado), ni a las organizaciones económicas o a
"controladores" como los
medios de comunicación de masas, sino que resulta difuminado en
entramados
globales de poder, información e imagen que circulan y transmutan en un
nuevo sistema. Ahora el poder se concentra en códigos informativos, y en
imágenes de representación producidas por la mentes y constituidos en
identidad. Estas mentes e identidades tienden a contradecir la lógica
dominante de la sociedad red como rasgos y calificativos de los
fundamentos
del tiempo, la tecnología y el espacio. Es aquí donde surgen las tres
principales teorías en las que Castells basa su obra: la oposición entre
la
Red y el Yo, la discrepancia producida por esa fragmentación y -tercera-
el
hecho de que esa nueva dicotomía conduce a la inclusión social y a la
exclusión de la persona, las comunidades, las economías y los países en
el
momento en que surgen desigualdades sociales e informacionales en todo el
planeta. La nueva cultura está basada en redes, en esa virtualidad real.
El lector puede darse cuenta, en el transcurso de la lectura, de
que gran
parte de estos análisis no son nuevos, los conceptos de sociedad de la
información y del informacionalismo ya han sido formulados con
anterioridad
e incluso dejan entrever el concepto de post-industrialismo enunciado por
Bell. Castells sigue el camino principal de las teorías modernas de
ciencia
social (sus visiones del poder y la identidad en los movimientos sociales
son prácticamente idénticas a las de Touraine. Y así podríamos seguir,
pero
lo que verdaderamente es novedoso -o lo fue en su salida a las librerías-
son los hilos conductores entre tantas tendencias aparentemente diferentes
e
incluso divergentes, como las interrelaciones hechas a través de la lógica
de la "red". Es precisamente esta lógica la que deja abierto el
camino para
que sea el tiempo y la sociedad la que den o quiten la razón a tamaña
obra
del profesor catalán afincado en California.
Lo que hace grande a esta Trilogía son sus teorías y su método,
pero la dificultad llegará al lector en el momento en que pretenda
disfrutar de los tres
volúmenes con la debida atención. El factor tiempo juega aquí,
generalmente,
en contra de la tendencia dominante a disponer de menos tiempo del debido.
En resumen, un libro obligatorio en toda enseñanza en ciencia social,
política y de comunicación, una referencia imprescindible para tratar de
entender nuestro mundo y moverse en él. Una gran obra que pide
honestamente
que sea la vida la que le dé o le reste la credibilidad que le haga
merecedora de acompañar en las estanterías a las grandes obras del
pensamiento social contemporáneo.
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