Madrid y la encuesta

Madrid y la encuesta. Un laboratorio abierto

Emmanuel Rodríguez López

Raúl Sánchez Cedillo

 

Madrid goes global

 

¿Qué Madrid, entre tantas, dominadas por las derrotas históricas, las leyendas pertinaces, las mistificaciones que acompañan a su conversión en metrópolis? Esa podría ser la pregunta con la que empezara casi todo lo que se escribiese sobre esta ciudad de cuyos perfiles, tan maleables, tan poco parece conocerse. Y ciertamente, hay datos suficientes como para que la pregunta sea capciosamente redundante, como si la propia fuerza y evidencia de lo que sucede se impusiese a cualquier observador de tendencias urbanas.

 

Intentando, pues, reconocer esa obviedad y sin complicar mucho la investigación podemos reunir algunos datos sorprendentes: Madrid (el conjunto de la Comunidad Autónoma) ha pasado de 5,2 millones de habitantes a 6 en tan sólo 5 años (los que median entre 2000 y 2005), tiene más de 800.000 extranjeros empadronados cuando en el año 2000 no alcanzaban los 150.000, crece entre 2 y 5 décimas por encima de la media del resto del país además de tener los salarios brutos más elevados de toda la península; y es por si fuera poca la ciudad de mayor dinamismo económico de entre las grandes ciudades europeas de la última década.

 

Por supuesto, lo que nos interesa es ese Madrid que crece de forma vertiginosa y que amplía constantemente su área de absorción e influencia, y que lo hace una ciudad, además de próspera y tendencialemente influyente en contextos regionales e incluso internacionales, un espacio cruel e incomprensible si no se atiende a las dinámicas que aceleran constantemente su velocidad, ya de por sí cancerosa.

 

En cualquier caso, antes de aventurar cualquier hipótesis sobre estas dinámicas, en relación a la conexión estratégica de Madrid en la economía mundo, a la ventajas comparativas de la ciudad en la ubicación de centros de poder regionales o internacionales, o a cualquier otra hipótesis de investigación, por atrevida que sea, debemos quedarnos, para los fines de este artículo, algunos hechos de partida. Los enumeramos: la transformación de la estructura del empleo y el acusado proceso de terciarización, el constante aumento de las tasas de actividad y ocupación y por último la llegada de una nueva oleada migratoria que se ha convertido en el principal factor dinamizador demográfico de la región además de la principal fuente de nueva fuerza de trabajo. 

 

1,2 millones más de puestos de trabajo, más de 600.000 sólo en los últimos cinco años. Un acelerado proceso de terciarización de la economía con el 75 % del empleo concentrado en los servicios, que además ha multiplicado por dos su volumen en términos absolutos desde 1990. El declive imparable de la industria madrileña de 411.800 trabajadores, entre los que se incluían más de 200.000 metalúrgicos (que habían sido el bastión del ciclo de luchas obreras que llega hasta 1979 y que todavía ocupó la escena pública en la década de 1980 en las resistencias a la reconversión), a poco menos de 300.000 en el año 2000.[1] Y por último, la construcción, que en los últimos 8 años acumula un crecimiento relativo espectacular que le convierte en el segundo gran sector en empleo de la comunidad, ya por encima de la industria.[2] A todas luces, Madrid y su hinterland se definen como una metrópolis terciaria en la que el único sector con un peso relativo destacable en relación con otras estructuras económicas urbanas es la construcción más que la industria.[3]

 

¿Movilización laboral de la población?

 

Considerando los índices de actividad y ocupación, se podría recurrir a la imágen de una nueva movilización general: la tasa de actividad es incluso mayor que la de los años del pleno empleo, del fordismo franquista, de la época de las gran industria anterior a la crisis de las décadas de 1970 y 1980, cuando el paro llegó a alcanzar cifras por encima del 20 %, y los parados en Madrid se contaban por encima de los 300.000. De nuevo los crecimientos más espectaculares se han producido en los últimos diez años: la tasa de actividad, esto es de la relación entre aquellos que trabajan y buscan empleo frente a los que no lo hacen, es de más del 62 %, al mismo tiempo la tasa de paro queda ya por debajo del 10 %.[4] Un proceso paralelo a la creación de nuevo empleo y a la incorporación paulatina pero constante de la mujeres más jóvenes al mercado de trabajo remunerado, de hecho la tasa de actividad femenina ha pasado del 27,96 % en 1976, al 34,18 en 1990 y 52,32 en 2005.

 

El crecimiento exponencial de la ciudad y de la inmigración

 

El otro gran factor de transformación ha sido la incorporación de población de origen extranjero, que carece de la ciudadanía española, y la mayor parte de las veces de la ciudadanía de cualquier país de la Comunidad Europea (de hecho sólo uno de cada 10 extranjeros procede de un país de la Unión Europea). Este crecimiento ha adquirido una forma casi geométrica en los últimos 5 años, se ha convertido el principal dinamo demográfico, y también social, de la metrópolis, y nada apunta hacia una inmediata recesión de esta tendencia. De hecho la Comunidad Autónoma de Madrid, encargó en 2002 al Instituto de Estadística de la región un estudio demográfico proyectivo, con resultados que auguraban para 2017 una población total de unos 6.700.000 habitantes. Previsiones optimistas para una metrópolis europea (considerados espacios viejos y relativamente poco dinámicos en términos migratorios), que estimaban en más de un 15 % el crecimiento demográfico total. Un crecimiento que vendría animado por la inmigración internacional, que sin embargo tendería a estabilizarse y a disminuir a partir de 2004 situándo el saldo migratorio a finales de la década en menos de 40.000 personas.  Sin embargo, a 1 de enero de 2005 la previsión ya ha sido ampliamente desbancada[5] la población extranjera supone ya más del 15 % de la población total, y el ritmo de nuevos ingresos sigue aumentando. Las previsiones pecaron, precisamente, de lo que hace tan sólo 3 años parecía desmesurado, pecaron de conservadoras. La cifra total de la Comunidad de Madrid para 2020, sin incluir la áreas funcionalmente integradas de Guadalajara, Segovia y Toledo, puede alcanzar los 8 millones de habitantes, y hay ya quien sugiere la «necesidad» de que entre el 40 y el 50 % de la población activa sea ocupada por la inmigración internacional, ante la «apatía demográfica de la población nativa».

 

Evidentemente estas tres tendencias coinciden con las de la propia economía española, beneficiado sobremanera por las transferencias directas de la Unión de los últimos 15 años y por un significativo proceso de terciarización y de crecimiento del empleo, significado en su mayor parte por la movilización y una emergente inmigración de rápido crecimiento. Sin embargo, la especificidad de Madrid, es que estas tendencias se acusan de forma mucho más significativa que en cualquier otra metrópolis no ya sólo española, sino peninsular. La siguiente tabla refleja el crecimiento económico, de población y de renta per capita en todas las áreas metropolitanas con tamaño mayor a 250.000 habitantes. Dado que estos datos rara vez aparecen desagregados a esos niveles, se toma como referencia la provincia. Madrid es la provincia que en conjunto presenta quizás los resultados más explosivos sigues siendo la ciudad de mayor renta per capita, es la que más ha crecido en términos demográficos, la quinta en términos económicos detrás de las cabeceras de los archipiélagos, Murcia y Málaga, y de todas las grandes ciudades es la única que mantiene (a pesar de su fuerte crecimiento demográfico) su posición relativa en términos de PIB per capita.

 

Hasta aquí pareciera que hubieramos descrito los signos externos del régimen virtuoso de cualquier gestor de los sueños de prosperidad urbana: alto crecimiento de la economía y del empleo, fuerte crecimiento demográfico y poderosa atracción de fuerza de trabajo migrante, al tiempo que niveles de paro bajos y elevado incremento de las rentas.  Pero ¿por qué esta nueva «etapa de prosperidad»? ¿Qué la determina, condiciona o limita?

 

Con el fin de dibujar algunas respuestas sería preciso ordenar las cuestiones en tres grandes epígrafes. En primer lugar, sería preciso considerar el «Madrid global», esto es, atendiendo a los factores de especialización estratégica de la ciudad en relación con los flujos financieros y económicos globales como eje determinante de su crecimiento y de los que llamaríamos su «nueva centralidad». Y en este sentido tendríamos que apoyarnos en la ya abundante bibliografía sobre el fenómeno de las «ciudades globales», «ciudades mundo», «ciudad informacional», etc. En un segundo plano sería precisa una explicación algo más arriesgada que desde los límites de la teoría económica se adentrara en el terreno de los efectos positivos que las dinámicas sociales y culturales contenidas en la ciudad tienen en su propia economía. Se dibuja así un nuevo marco de inteligibilidad de las formas explotación económica de las redes urbanas, que a nuestro juicio permite una aproximación algo más compleja y crítica a este fenómeno de «prosperidad». En un tercer plano, y como no podría ser de otra manera, se trataría de cartografiar prospectivamente las consecuencias de este escenario de crecimiento y explotación, esto es, de dibujar las «contrageografías metropolitanas», indicando los estrechos límites de la sostenibilidad de la metrópolis global, trabada por la acusada tendencia a la polarización social entre una nueva élite profesional conectada a los sectores centrales (aunque no exenta de contradicciones) y un nuevo subproletariado de los servicios, pero también por el crack down ecológico y antropológico de estas formas de vida urbana atravesadas por el vértigo de los altos consumos, de las nuevas formas de explotación y por la precariedad de su propia existencia. Este espacio parece dibujar la fragilidad de las metrópolis, la materia cristalina en la que se despliegan sus contradicciones, al tiempo que los posibles marcos de conflicto (tanto en términos de emancipación como de implosión social) del Madrid del siglo XXI.

 

La metrópolis desconocida y sublime

 

Ahora hemos de preguntarnos sobre las relaciones entre este proceso de conversión metropolitana de Madrid y las figuras de la composición política que han escandido los espacios de conflicto y de recomposición antisistémica en la ciudad en la última década. Figuras plurales, que han podido acoger, en sus intersecciones, procesos y determinaciones de innovación cultural y de formas de vida de las nuevas especies del trabajo vivo creativo y cognitivo, como en el caso de las okupaciones y centros sociales, pero que, a medida que la centralidad metropolitana de la ciudad se traducía en un crecimiento exponencial de la producción de espacio como externalidades capitalistas, devastadoras de localizaciones de la memoria, de los rasgos de paisaje que las soportaban y permitían que se conectaran con flujos y acontecimientos reales de la historia local y actual, la acción política en la metrópolis madrileña, que por su sola magnitud, por su centralidad política y su simbolicidad asociada, concentra, junto con Barcelona, Valencia, Bilbao, etc., el grueso de las iniciativas, conflictos, encuentros de distinta magnitud, ha venido operando tendencial y paradójicamente al margen, fuera del framework cognitivo, diagramático, que esta transformación continua impone necesariamente a la misma.

 

Una vez desestructuradas las comunidades obreras periféricas de la migración interna, que durante la década de 1970 se reapropiaban de una ciudad que aún no existía, tal un monstruo inorgánico, carente de sistemas de vivienda, de infraestructuras básicas, de sistemas de transporte, de equipamientos educativos y sanitarios, etc, y que construyeron una verdadera potencia autónoma de reapropiación y construcción antagonista de la ciudad, en la década de 1990 la explosión del movimiento de las okupaciones se enfrentó de lleno con las concatenaciones financieras, institucionales, enunciativas de este proceso. Junto con las redes del activismo ecológico, y en los últimos años las cooperativas urbanas de autoproducción y distribución agrícola, a decir verdad han sido los solos sujetos políticos que han puesto en primer plano la transformación urbana como dato masivo de poder de mando, de aprisionamiento de los deseos y los cuerpos, de destrucción de memoria, paisaje y territorio, en definitiva como expresión «naturalizada» de una forma de vida, completamente subsumida en la movilización total de la vida (por la «propia» vida), en los «agencements» de espacio y tiempo completamente funcionales a la movilidad de las mercancías materiales e inmateriales. Y en consecuencia, de esta aprehensión resistencial de lo sublime metropolitano, de su inabarcable e inasignable potencia de subsunción y heterodeterminación, se han recortado territorios existenciales colectivos incapaces de romper su hechizo, el fetichismo capitalista de todos los posibles, el horizonte transcendental de la impotencia. Madrid pasa así de capital del régimen franquista que destruyó el futuro de la ciudad a metrópolis en ósmosis continua con los flujos globales de todo tipo. Moloch y desposesión de lo local por parte del mercado mundial. Para cuyo conjuro de poco sirve la invocación de mitologías de la derrota, como las de la Madrid antifascista, las de una ciudad cuyos lugares y nombres evocan la resistencia, porque son ahora un sueño inútil. Tan inútiles y perniciosas como las que posicionan en el espacio-tiempo imaginario una ciudad obrera, con sus barrios emblemáticos que conservan lugares de encuentro, memorias locales, tradiciones vivas, cooperaciones no mercantiles, frente al Madrid de los barrios burgueses y conservadores (barrio de Salamanca, Chamartín, las zonas residenciales del Norte y del Oeste... ) y de los centros financieros, las zonas céntricas museificadas y videovigiladas en las que el único comportamiento ciudadano es el consumo de mercancías. Ese Madrid ya no existe, ni los lugares de su geografía imaginaria conservan las mismas función, importancia y simbolicidad en la governance metropolitana, ni en ese «pueblo» tienen cabida esencial las nuevas composiciones migrantes del trabajo y de las cadenas de enunciación sobre la ciudad.. Ni siquiera la cercanía relativa de la Madrid que producía hegemonía estética y autoorganización del trabajo creativo y cultural en tiempos ya míticos de la «movida» de la décadas de 1980 permite engendrar cadenas míticas de una ciudad alternativa y actual, entre otras razones porque aquel periodo veía una relación entre gobierno municipal, gasto público welfarista e iniciativa institucional, nuevos mercados de la innovación cultural y la primera generación de la intelectualidad de masas urbana post-franquista, sencillamente irrepetible. La Madrid de la «movida», promocionada por su alcalde socialista y por medios de comunicación y organismos públicos, era un «pueblo» en su estructura y dimensiones, en su complejidad y heterogeneidad si la comparamos con la megamáquina urbana en constante expansión e interconexión regional que hoy lleva el mismo nombre. Por añadidura, aquellos iconos de inteligente y cínico nihilismo, ambivalentes e interesantes, se marchitaron al paso de la afirmación de la nueva governance urbana agresiva de tipo conservador y neoliberal del PP, hegemónica en Madrid desde 1989 hasta nuestros días.

 

Estas narraciones recursivas, estos ritornelos y estos fantasmas que no fantasías de una ciudad ausente y de un medio real distópico y «perdido» permiten la consistencia de comunidades políticas minoritarias con mayores o menores grados de densidad y espesor biopolítico. Pero común a todas ellas es la disociación, completamente disfuncional, entre procesos cognitivos y autoorganización política, entre funciones de autorreferencia y funciones diagramáticas. Dicho de otra manera, la consistencia crítica de los territorios imaginarios y de las dimensiones de autorreconocimiento en el espacio urbano, de usos de la materia lingüística, de amistad y enemistad política, de la organización y los límites del conflicto político en la ciudad, están enemistados con la producción de nociones comunes en, con, contra, para la metrópolis. Se configura así una especie de double bind entre la afirmación de la pertenencia a la ciudad irrepresentable y el rechazo de asumir el desafío, de conocimiento y de imaginación constituyente, de la reapropiación de nexos, procesos, instituciones de la vida común metropolitana.

 

Y sin embargo, en los nexos fallidos de subjetivación entre el conocimiento (las nociones comunes), que sólo en el encuentro de las n singularidades metropolitanas y la estructura de poder metropolitana tiene lugar, y las mutaciones de agentes de enunciación, de territorios existenciales colectivos e individuales, del recorte crítico de un para sí precario y transicional, se juega la cuestión. Dicho de otra manera, y en un plano genérico, los procesos intermitentes de reapropiación o, mejor dicho, de metamorfosis productiva de las capacidades y relaciones internas del ser en común, cooperativo, lingüístico, afectivo que subtiende la vida y su reproducción en la metrópolis –y que han de traducirse necesariamente en una modificación de cualidad y uso de las potencias comunes del intelecto y el afecto, en su reterritorialización potente y política, están sin embargo subordinados en este caso a los procesos de antiproducción, de reterritorialización, de homogénesis de lo complejo y de rechazo de lo excedente en aras de distintas variantes de transcendencia de la figura y el rostro del colectivo sobre las dimensiones finitas de las singularidades, o, sin que de ello se desprenda una contradicción mutuamente excluyente, en aras del «rédito» de sentido y goce de la autorreferencia, que no son ajenos a los ritornelos de euforia y depresión del «nihilismo» político de las nuevas figuras de agregación antisistémica. En el interior de estas dimensiones colectivas, la insistencia o la contumacia en la autoorganización y recombinación de competencias y virtuosismos del trabajo cognitivo, la insistencia en la autoformación en tanto que dispositivo de potenciamiento, de empowerment colectivo que permite conocer, reconocer, componer, combatir y ganar, sólo puede ser recibida, en mayor o menor grado, como una propuesta de «partido», esto es, como la propuesta de construcción de una máquina «externa», de un dispositivo instrumental para «hacer política», que sin embargo habrá de desdibujar, descomponer, someter la comunidad a una finalidad externa, a un proyecto, justamente, «inconcebible». Se trata, por así decirlo, de un autosabotaje de las líneas de semiotización y reapropiación cognitiva de la metrópolis, que lo es a su vez de forma concomitante de la metamorfosis que las nuevas composiciones de cuerpos y de sus concatenaciones de enunciación habrán de operar en las comunidades y en las variedades presentes de subjetivación, «seleccionadas» en buena medida en los tránsitos de verificación práctica de los nombres comunes que reúnen y agencian diagramas, máquinas organizativas y conflictos metropolitanos de nuevo tipo.

 

Sin embargo, este «repudio» de la metrópolis madrileña en el terreno de los mapas cognitivos y territorios afectivos y de valor que podemos constatar en la distintas especies, sucesivas y/o coexistentes, de la composición política de las agregaciones antisistémicas madrileñas, se ha visto sacudido, y en cierto modo falsado, por acontecimientos colectivos que han puesto de manifiesto dinámicas subterráneas,  concatenaciones de cooperación que permiten construir la hipótesis de un medio de agregación política propiamente metropolitano, de efectos de actualización (cooperativa, valorativa, organizativa) hipercomplejos y sin embargo extremadamente concretos. En la memoria están aún reciente los «enjambres» del 13 de marzo de 2004, decisivos, prudentes, precisos, y al mismo tiempo carentes de la figura de una «voluntad política» tradicional, imputable, representable. Inasignables a un conjunto político dado, incalculables en términos de una «relación de fuerzas» en la ciudad –actualizaciones, aglomeraciones intempestivas de una potencia virtual imprevisible. Pero a su vez los acontecimientos del 13 de marzo remiten a una sedimentación y acumulación de actos de reapropiación del espacio público durante las movilizaciones contra la guerra de Irak.

 

A este respecto resultó fundamental la forma metropolitana de la comunicación política, que comprendió desde el feed back continuo con los mass media contrarios al gobierno de Aznar, que hicieron de altavoces y al mismo tiempo inscribieron en la actualidad el disenso y la indignación contra la guerra en términos sólo relativamente controlados, hasta el desarrollo de una infosfera metropolitana hecha de blogs, pancartas, publicaciones y radios improvisadas por Internet. Pero, además de un fenómeno puramente comunicativo e informativo, en aquellos meses de densificación de una esfera pública metropolitana no resultaba excepcional poder escuchar conversaciones cotidianas, discusiones sostenidas en las calles y los lugares públicos, sobre la situación de guerra. Otras experiencias de los últimos años han caminado en este sentido, trayendo al primer plano a actores inéditos y emergentes, construyendo coaliciones que fueron formándose con arreglo a los recorridos múltiples de signos y afectos en diferentes localizaciones metropolitanas. Son ejemplos de ello el «Campamento de la Esperanza» de la comunidad de trabajadores de SINTEL[6] en 2000-2001, que ocupó la principal arteria de Madrid durante casi un año, construyendo un espacio público inolvidable, pero también el ciclo de encierros en iglesias y edificios públicos por parte de migrantes sin papeles en el 2001, que consiguió agregar cortes heterogéneos de la composición política y cultural de la ciudad en una batalla que pasó de lo humanitario a la apuesta por la autoorganización, y que llegó a ocupar y tensionar el espacio público, con todo en contra esta vez en las instituciones y en los mass media, durante varios meses[7].

 

En la última primavera, sin embargo, ha irrumpido en la escena de Madrid y de varias ciudades la iniciativa de las Sentadas por una vivienda digna[8]. En esta dinámica de protesta autoconvocada y autoorganizada, que ha tenido una aparición desde un primer momento transmetropolitana, podemos advertir elementos de madurez de las modalidades de protesta emergente y policéntrica que nos remiten directamente a las protestas contra la guerra de Irak y al 13 de marzo de 2004. Esta iniciativa, aún en sus inicios, ha sabido catalizar disposiciones difusas de protesta a través del uso de anillos de blogs, y ha creado un incipiente mecanismo de concertación y deliberación en red mediante el uso proliferante de herramientas de trabajo en red como el wiki. Después del manifiesto marchitamiento de las «convenciones» lingüísticas, procedimentales, institucionales, que dieron una breve existencia y una débil consistencia a lo que se llamó el «movimiento de movimientos» en Madrid (aunque es preciso decir que se trató, en el plano de los sujetos políticos estables y preexistentes, de poco más que un aggiornamento de la «vieja mierda»), encontramos aquí rasgos de concreción de procesos de transistencia[9], de feed-back cualitativo entre composición maquínica del trabajo cognitivo precarizado y máquinas organizativas, máquinas de lucha, expresamente contrapuestos a la lógica de la representación política y de la captura de las singularidades de protesta por las modalidades fosilizadas de la extrema izquierda madrileña (y no sólo).

 

Conricerca polifónica. Producción de instituciones del común

 

La cuestión de la «encuesta», de la «conricerca» en la metrópolis madrileña no se presenta únicamente como un da capo prescrito por el «reflujo» de la presencia y persistencia de los movimientos globales en toda Europa, sino que se constituye como un desafío político fundamental en la medida en que debe contribuir a dislocar afirmativamente el problema, permanente, de la incapacidad de minorías activas, espacios políticos extraparlamentarios y movimientos emergentes para constituir espacios públicos, instituciones, dinámicas heterogéneas de intersección y (re)composición que permitan nombrar y atacar las cuestiones esenciales del común biopolítico de Madrid.

 

No es ésta la menor de las tareas, máxime cuando la governance metropolitana de Madrid, en constante perfeccionamiento y adecuación, no ha hecho sino empezar a poner en marcha los ensamblajes complejos encaminados a «homologar» a la ciudad como ciudad global en los mercados del city branding[10]. A este respecto, la derecha del gobierno municipal y autonómico no es más que unos de los nudos del networking de agencias y empresas que llevan adelante este proyecto, que comprende un deficit spending descomunal que está transformando las estructuras centrales de transportes y comunicaciones de la ciudad, dentro de un diseño encaminado, pero no condicionado, a la consecución de los Juegos Olímpicos de 2016. No sucedió de otra manera en la ciudad pionera de este proceso, la Barcelona de 1992, inspirada por los consejos de urbanistas y teóricos del city branding como Jordi Borja[11]. En esta misma tendencia, la forma misma del proyecto de movilización total productiva por la propia ciudad es concomitante de la producción de espacios urbanos y arquitectónicos de condensación semiótica y paisajística de los «valores» de la ciudad por proyectos[12]. Lo que no impide que, por su parte, el ciclo inmobiliario, impulsado por el ahorro global financiarizado, sea el principal valor de «consenso» de ese bloque financiero, político y mediático, para el cual resultan fundamental el refrendo, la alianza con la «clase creativa» como protagonista y principal sujeto de enunciación cultural de la ciudad y agente activo de la gentrification de las áreas pobres de altísima densidad de migración en el centro y centro-sur de la ciudad[13]. Los horizontes de crisis y desplome del proyecto Madrid, habida cuenta de la fragilidad de su diseño, no pueden excluirse ni mucho menos.

 

Los procesos de conricerca en Madrid deben contribuir al desbaratamiento de este pálido fantasma de la potencia del común metropolitano, de esta inmensa concertación de la producción de precariedad e infelicidad de la existencia. Sin embargo, el elenco de cuestiones y problemas abiertos es inmenso, mientras que los medios son escasos y precarios.

 

En este marco se recualifican los problemas de la producción de subjetividad que constituye el leit motiv de todas las modalidades de la conricerca. En primer lugar se nos presenta la necesidad de una forma metropolitana de la autoorganización de cada singularidad compositiva del trabajo vivo. Y hemos visto precisamente las dificultades que presentan en el último periodo de la historia política de la ciudad los nexos, las «sinapsis» entre composición tecno-maquínica y afectiva de estas singularidades y los procesos de producción de subjetividad. Más allá de dicotomías entre «objetividad» y «subjetividad», o entre fines del antagonismo y fines de singularidad individual y/o colectiva autorreferente, nos situamos en el terreno de la producción de las nociones comunes (del común) del trabajo vivo metropolitano en Madrid. A este respecto la temática de la producción de subjetividad debe ser capaz de enriquecer, de afinar, en la construcción polifónica y desde abajo de las categorías, el marco, ontológico, de la biopolítica.  La producción de subjetividad poco tiene que ver con la producción de conciencia de los procesos productivos metropolitanos, de la asimetría entre común productivo y explotación ontológica del medio biopolítico. O, dicho de otra manera, la problemática de la conciencia debe especificar el tipo de subjetivación que accede a la conciencia, y estos planos de subjetivación no son predecibles a priori. Es ésta la hipercomplejidad del medio biopolítico, en el que las dimensiones de conciencia (y de enunciación) atañen a planos que atraviesan todas las dimensiones de relación, de capacidades de afectar y ser afectados, de los cuerpos productivos. La conricerca debe buscar y privilegiar las distintas ocurrencias de procesos de transistencia entre valor y afecto, entre máquina y subjetivación, entre «agencements» colectivos de enunciación y nuevas constelaciones virtuales de la potencia constituyente del común. Entre los nombres y la cosa común, en la dimensión, ética y decisiva, del acontecimiento.

 

Los planos de subjetivación, esto es, de recorte de territorios existenciales individuales y/o colectivos que permiten la consistencia de un para sí precario y siempre en el umbral (ético, político) de nuevas transformaciones y desterritorializaciones, tienen como universo de referencia el espacio-tiempo metropolitano y sus infinitos pliegues y discontinuidades. Pero involucran asimismo dimensiones de corporeidad relativas al rostro, la figura, el género, la percepción de la alteridad, la proxemia de los cuerpos, etc., que han de ser tenidos en cuenta, cartografiados conforme a sus gradientes de cambio y metamorfosis. El plan de hibridación de las composiciones del trabajo vivo no puede prescindir de estos registros pre-personales y micropolíticos, íntimamente ligados a la persistencia en las composiciones de clase de funciones identitarias de antiproducción que bloquean constantemente las virtualidades de singularización y provocan los agujeros negros de implosión de sentido e indefensión ante la transcendencia de las semióticas y de los módulos de subjetividad capitalistas, agujeros en los que se gestan las figuras del llamado «mal de la multitud» y la base de masas del fascismo postmoderno. El trabajo sobre estas dimensiones es más complejo que las figuras dialógicas y cómplices de un «caminar preguntando», y a este respecto es preciso decir que en Madrid sólo los colectivos que explicitan una posición y una situación de género han logrado crear las condiciones para que de estas dimensiones se desprendan focos de enunciación, signos y dispositivos de escucha adecuados a la singularidad de estos registros[14]. Entramos aquí en la especificidad de los «agencements» situados de observación que implican los procesos auspiciados de producción de subjetividad concreta, paradójica, inmanente[15]. Entramos en los dominios de la ontogénesis de la potencia colectiva y de nuevos modos de marcar y sentir el tiempo. Que involucran además un uso afirmativo, desafiante, amoroso, de la crueldad inherente a la vida en la subsunción capitalista del tiempo, el lenguaje y el cuerpo[16], encaminada a privilegiar la heterogénesis de las componentes maquínicas, lingüísticas, perceptivas, afectivas que, en busca del acontecimiento siempre inopinado, forman el material de base de la subjetivación.

 

Sin embargo, la enormidad de las tareas desborda las capacidades reales de las magras minorías activas que están abriendo este camino en Madrid. Pese a ello cabe conjeturar la complementariedad de algunos procedimientos, experimentos, dispositivos, proto-instituciones, proyectos dentro de lo que podríamos denominar una «conricerca polifónica». Se tratar de mantener abiertos, en intersección y evaluación permanente, un laboratorio policéntrico de las prácticas de rastreo y encuentro de las emergencias de singularidad en los conjuntos formados de la composición social productiva de la metrópolis madrileña.

 

Procedimientos de encuesta-acción, que involucran experimentos con la movilidad laboral y social, el tiempo y el cuerpo en sufrimiento, presa de nuevas patologías ligadas a las nuevas formas de explotación. Precarias a la Deriva ha sintetizado en su práctica tres procedimientos: la deriva junto a los sujetos precarios por los diferentes circuitos espacio temporales de la precariedad femenina; la grabación y narración de las acciones de deriva, que permite a su vez feed back autoanalíticos y de elaboración colectiva de la experiencia gracias a los diferentes soportes (video, cartografía) de registro y comunicación (sitio web, publicaciones); y los talleres y asambleas que procuran buscar los umbrales de transición hacia momentos de pensamiento colectivo y de producción común de verdad, y de nuevas incertidumbres[17].

 

Dispositivos de encuesta y cartografía permanente de la megamáquina metropolitana, de procesos paralelos de valorización, y fuga, acumulación y conflicto, producción segmentariedad étnica y de clase, y éxodos subterráneos de las nuevas composiciones (migrantes, cognitarias) del trabajo vivo, dispositivos de captura e invenciones organizativas e institucionales, como los que está poniendo en marcha el Observatorio Metropolitano Mad-Madrid[18].

 

Proyectos de autoformación permanentes y multinivel, capaces de intervenir en las cuencas de reproducción del trabajo cognitivo y creativo de masas, esto es, en las universidades y redes institucionales de formación como museos, fundaciones, centros de arte, centros sociales, etc.; que comprende además dispositivos editoriales, fundamentales para la autoformación de nuevas generaciones militantes, y redes de distribución y comunicación, un trabajo en el que se empeñan desde el 2000 iniciativas como la Universidad Nómada y el proyecto editoral Traficantes de Sueños[19]. Se trata asimismo de producción nuevas instituciones que reúnan la autoorganización política del trabajo de investigación, la producción de renta y la conquista de derechos desde abajo y la intervención en los intersticios críticos de la reestructuración permanente de la formación en la universidad y en los centros de investigación públicos y privados.

 

Last, but no least, los proyectos de puesta en red en el espacio político europeo de los grupos de investigación e intervención, inscritos en situaciones de movimiento, sobre los procesos de precarización de la existencia, nuevos conflictos, geografías de la precariedad, trayectorias comunes de autoorganización y enunciación políticas, acuñación de nombres comunes de la experiencia precaria, invención de máquinas de lucha, etc., que forman la base de partida de proyectos europeos en curso como The ring[20].

 

Inmenso es sin embargo el no saber que nos acompaña en este trayecto polifónico, pero inmensamente potente es el pleno de virtualidades que estas prácticas concretas y minoritarias consiguen discernir, localizar, y tornar disponibles para una pragmática (nueva) de la rebelión y la metamorfosis constituyente de la metrópolis madrileña.

 



[1]Y con una composición completamente diferente. Las viejas industrias con una alta intensidad de uso de fuerza de trabajo y capital (como todas las industrias del metal) han dado paso a industrias de alta composición tecnológica (en las que Madrid tiene los mayores índices de especialización respecto al resto del Estado), en las que además predominan la figura del técnico de gestión o de control de procesos sobre las del viejo obrero manual. En este contexto «ir a la búsqueda del proletariado» es quizás mejor hacerlo en el sector servicios o en la construcción, en el auge de los servicios personales, que en una industria (que sin duda con presencia de los viejos sectores y de una infinida de pequeñas y medianas empresas con altos índices de explotación) es tendencialemente marginal en la composición del empleo.

[2]Estas cifras de la EPA, encuesta por muestreo sobre la población, contrastan en buena medida con las de la contabilidad regional, que se realiza a partir de los datos producidos por las unidades económicas. Aunque las tendencias coinciden en ambos casos, las cifras absolutas varían notablemente especialmente en lo que se refiere al caso de la construcción, debido sobre todo al recurso al trabajo negro y a la subcontratación.

[3]De hecho el producto interior bruto de la construcción era mayor que cualquier de las ramas del sector industrial, y prácticamente similar al del conjunto de todo el sector industrial: 8,6 en 2004 en el total de la facturación regional frente al 10,6 % del total de la industria en ese mismo año. Contabilidad Regional de España. Comunidad de Madrid, INE, 2004.

[4]Al realizar una serie temporal tan amplia con datos de la Encuesta de Población Activa corremos el riesgo, no pequeño, de reunir datos no homologables. Efectivamente las modificaciones de la metodología de producción y recuento de datos de la EPA, de 1996 y sobre todo de 2002 (a instancias de la Comisión Europea introduciendo una definición más exigente de desempleo), hacen que la cifra de parados esté corregida en 2 puntos porcentuales a la baja, más o menos, en la cifra recogida para 2005 con respecto al resto de la serie. Para una revisión detallada de este problema se puede consultar las propias apreciaciones del INE al respecto en su página web (www.ine.es) y también C. Iglesias Fernández y L. Toharia Cortés, «El mercado de trabajo: un análisis comparado» en J. L. García Delgado (ed.), Estructura económica de Madrid, Madrid, Civitas / Consejería de Economía e Innovación CAM, 2003, pp. 723-728.

[5]Proyección de población de la Comunidad de Madrid 2002-2017, Madrid, Instituto de Estadística (Consejería de Economía e Innovación Tecnológica), 2004.

[6] Véase, por ejemplo, http://www.elpais.es/suplementos/domingo/20010325/06esperanza.html y http://www.sintelasociacion.com/.

[7] Véase, sobre este proceso, «Recordando el encierro de San Ambrosio. Entrevista con Paulina Jiménez», Contrapoder, núm. 6, www.sindominio.net/contrapoder.

[8] Véase, principalmente, http://www.escolar.net/wiki/index.php/Sentada_por_una_vivienda_digna.

[9] Sobre la transistencia, véanse Félix Guattari, Suely Rolnik, Micropolítica, Madrid, Traficantes de Sueños, p. 285, y sobre todo Félix Guattari, Cartografías esquizoanalíticas, Buenos Aires, Manantial, pp. 85-88, así como «Transistancialités», http://www.revue-chimeres.org/pdf/810526.pdf. «Persistencia / Transistencia: he cambiado el uso de la palabra «persistencia» varias veces. Ahora veo esto como el modo de existencia desterritorializado que se instaura entre los flujos y los territorios. «Transistencia» es lo que se instaura, paralelamente, entre los Phylum y los Universos», Guattari, Rolnik, Micropolíticas, cit, 370. Dicho de otra manera, la transistencia es, a diferencia de la consistencia (entre dominios heterogéneos), y de la persistencia (de relaciones entre flujos materiales y lingüísticos y territorios existenciales), por así decirlo un medio de "ósmosis", de enriquecimiento entre composiciones "maquínicas" (en este caso de los interfaces "hombre"-máquina del trabajo cognitivo y las gamas "proposicionales" que les corresponden -enunciación maquínica-) y universos incorporales de virtualidad, de "valores" (matemática, lógica, afectiva, estética, etc.) que acompañan siempre al phylum genealógico de las máquinas o, en este caso, de los ensamblajes maquínicos, históricos e "internos" a la composición de clase en sus genealogías histórico-técnicas-políticas. Se trata de indicar un término para poder explorar factores que permiten entender los "saltos", los tránsitos, que "no vienen de un afuera (superestructural)",
entre composición técnica y composición política (en  sus modalidades de subjetivación individual
y colectiva).

[10] Véase, a este respecto, Gildo Seisdedos y Pablo Vaggione, «The city branding processes: the case of Madrid», http://www.isocarp.net/Data/case_studies/658.pdf. Pero también el site de la ciudad, www.madrid.es.

[11] Véase, por ejemplo, Jordi Borja, «Urbanismo y ciudadanía», http://www.bcn.es/publicacions/b_mm/ebmm_civisme/043-050.pdf, y «La ciudad futura como proyecto colectivo», http://www.bcn.es/publicacions/b_mm/ebmm_forum/110-115cas.pdf.

[12] Véanse, a este respecto, las grandes «actuaciones» urbanísticas en www.madrid.es.

[13] Véase Carolina del Olmo, «Madrid 2012: El papel de los “macroeventos” en la ciudad capitalista», http://www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=5895.

[14] Véase Precarias a la Deriva, A la deriva por los circuitos de la precariedad femenina, Madrid, Traficantes de Sueños, 2004, disponible en formato .pdf en www.traficantes.net.

[15] Véase Félix Guattari, «Les agencements d’observation», Résonances, núm. 5, http://www.therapie-familiale.org/resonances/pdf/felixguattari.pdf.

[16] Véase Félix Guattari, Suely Rolnik, Micropolítica, cit., pp. 81, 156.

[17] Véase «De preguntas, ilusiones, enjambres y desiertos. Apuntes sobre investigación y militancia desde Precarias a la Deriva», Nociones comunes. Experiencias y ensayos entre investigación y militancia, Madrid, Traficantes de Sueños, Madrid, 2004, pp. 81-92, http://sindominio.net/traficantes/editorial/librospdf/nociones_comunes.pdf. 

[18] http://listas.sindominio.net/mailman/listinfo/observatorio

[19] Véase http://www.sindominio.net/unomada; http://www.gmsmadrid.net y http://www.traficantes.net.

[20] Véase http://www.precarity-map.net y http://listes.rezo.net/mailman/listinfo/thering.