|
TEATROS EN HISPANIA | |
|
Emerita Augusta | |
|
Mérida ( BADAJOZ) |
|
|
Augusta Emérita fue fundada por orden del emperador Augusto en el año 25 a. C. como premio a los veteranos de las legiones V Alaudae y X Gemina. Ubicada en el corazón de la ancestral Lusitania se convirtió de inmediato en una de los principales núcleos urbanos de la Hispania Romana. La decadencia romana no le restó ni un ápice de esplendor a la ciudad en la época visigoda, donde llegó a ser la segunda urbe en importancia de los dominios visigodos, tras la capital Toledo. Durante la época musulmana Mérida entró en franca decadencia; debido a las continuas rebeliones que los pobladores de Mérida llevaron a cabo frente al poder califal. Hasta que Abderramán II en el 842, como castigo, ordenó el expolio y destrucción parcial de la ciudad. Ciertamente, es el Teatro Romano el monumento más emblemático y visitado de la ciudad. Su construcción, patrocinada por el cónsul Marco Agripa, yerno de Octavio Augusto, data de casi la misma época de fundación de Emérita y su inauguración el de los años 16 y 15 a. C. Concebido el edificio dentro del plan urbanístico de la ciudad, se ubica en uno de los extremos del recinto amurallado. El graderío (cavea) con una capacidad de 6.000 espectadores, se construyó en parte, aprovechando la ladera del cerro de San Albín. La cavea está dividida en tres tramos, (cavea ima, cavea media y cavea summa) que a su vez acogían a las distintas clases sociales romanas que habitaban la ciudad. Delante de la cavea ima estaba la orchestra semicircular que era destinada al coro. El frons scaenae se compone de entrantes y de dos ordenes de columnas superpuestas, decorado todo ello con esculturas. En la parte posterior del frons scaenae, existen varias dependencias interesantes, que eran utilizadas por los actores, el postcaenium, con un peristilo ajardinado y una pequeña cámara rectangular para el culto imperial. En la margen derecha del río Guadiana, surge la monumental población de Mérida, sobre una colina que domina una amplia vega. Es una de las más famosas capitales romanas de la península porque, aunque de origen celtibérico, su importancia se inició en el año 25 a.C., cuando Augusto ordenó a su legado Publio Carisio la fundación de una colonia para eméritos de las guerras cántabras, es decir, soldados a quienes se les premiaba sus servicios, concediéndoles en su retiro tierras y una población donde vivir tranquilamente el resto de sus días, tras el gran esfuerzo que supuso terminar la conquista de la Península Ibérica. La población se llamó "Emérita Augusta" en honor de sus
gentes, los eméritos, y en recuerdo de su fundador, Augusto, siendo pronto
elevada a la capital de la provincia Lusitánica, una de las tres con la Bética
y la Tarraconense en que quedó dividida la península. En Mérida se cruzaban
dos importantes calzadas, la que de norte a sur unía Astorga con Itálica y la
calzada que desde Tarraco al oriente se dirigía hasta Lisboa en occidente. Mérida
prosperó rápidamente y ya en el siglo IV ocupaba el noveno lugar entre las
poblaciones más importantes del mundo romano con sus 35.000 habitantes. Fue sede
episcopal desde los primeros tiempos del cristianismo y, al derrumbarse el
imperio romano, cayó en poder de los alanos y los suevos. Teatro
y anfiteatro fueron emplazados en un cerro, cuya vertiente aprovecharon para
asentar la gradería baja del teatro, á la manera griega, que fué seguida en
todos los de España. Abrieron una excavación en dicha eminencia, en la que
asentaron lo demás del edificio, que quedó, por tanto, en una hondonada como á los demás restos del edificio, siendo las tierras aprovechadas para sembrar. El deseo de hacer excavaciones en aquellas ruinas movió en 1752 al embajador de Inglaterra en Lisboa, Juan Willampson, á visitar BIérida, para conocerlas, diciendo repetidamente que si el rey de España, á la sazón Fernando VI, supiese la riqueza que aquel sitio contenía, haría, sin á cuanto hasta entonces se habia realizado; componían duda, lo que el rey de Nápoles, después Carlos III de el fondo de la escena tres pisos revestidos de mármol, España, estaba haciendo en Herculano. Lo cierto es hasta
el pavimento, bóvedas, galerías portadas y estatuas, y una inscripción con
el nombre de Marco Agripa, cuyas letras estaban embutidas en bronce. ya no se
trató de excavaciones hasta 1868, en que la Subcomisión de Monumentos solicitó
del Gobierno recursos para practicarlas y los alcanz6 previos los informes de
las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando, pero nada
se hizo y se devolvió el dinero. Poco más tarde, á iniciativa del alcalde de
Mérida, Pedro Marla Plans, auxiliado por cubrió
las portadás que se ofrecen á cada extrerno del hemiciclo y recogió algunos mármoles
de las cornisas, que fueron depositados en el Museo local aTal era el estado,
dice Slélida, de este asunto cuando yo me hice cargo de él. Hallé, además,
el hemiciclo adicionado con una construcción de mampostería que no solamente
seguía con menor radio la forma semicircular de la vetusta construcción
visible, sino que continuaba, completando el círculo, pot haber sido condicionado
y aprovechado el espacio de tal modo circunscrito para hacer (¡alli donde
resonaron los versos de Plauto y de Terencio!) una plaza de toros, de lo cual da
testimonio harto preciso un cartel impreso en seda, del año 1779, que anuncia
cuatro corridas, las cuales debian celebrarse en la muy noble, leal, antigua ciudad
de Mérida..., en su plaza antigua, anfiteatro (como por error lo llaman algunos
historiadores, y hasta ahora lo ha llamado la gente indocta de la ciudad) habilitado
por Real resolución de S. M. con
la mayor comodidad y seguridad de los asientos. Por fortuna, dejó de ser plaza
de toros, mucho tiempo hace, aquel campo, que sembrado encontré, no sé si de
garbanzos, como lo vi6 Ponz hace siglo y medio, ó si de habas 6 forraje, como
lo halló hace un siglo el can6nigo Fernández Pérez.)> El 26 de Febrero
de 1910, por Real ordeng Mélida fué nombrado director de la Comisi6n de
excavaciones, dando comienzo á los trabajos en 17 de Septiembre del mismo año
con la modesta consignaci6n de 6,000 pesetas, que se elev6 á 15,000 en los años
siguientes. Consigna Mélida que el éxito super6 en
mucho á sus esperanzas, pues además de descubrir lo consignado en la
obra inédita que guarda la Academia de la Histor a, del marqués de Valdeflores,
levantando la capa de tierra de un espesor de unos 7 m. en unos sitios y de 9 en
otros, se descubri6, además de la gradería baja, que completa el heniciclo
dispuesto para los espectadores, la escena con todas sus vastas dependencias,
cosa que se había hecho constar no existía. Además, se hallaron multitud de
ricos mármoles, cornisas de fina ornamentaci6n, estatuas, aras y accesorios
decorativos de exquisito arte, restos que denotan la magnificencia y suntuosidad
de dicho teatro digno del esplendor de Roma. Con
los restos que quedan del teatro romano de Mérida se puede apreciar lo bastante
las tres partes esenciales de todo teatro antiguo: la cavea,
hueco, 6 sea la cavidad abierta
para asentar las graderías destinadas á los espectadores y dispuestas en
semiCrculo; la orchestra, 6 sitio
para el baile, espacio semicircular también destinado en los teatros griegos
al coro, y la scaena, lugar destinado
á la representaci6n teatral con sus varias dependencias. Este teatro fué
construído cuidadosamente conforme á las reglas vitruvianas, en paraje sano
y alto, donde los espectadores, que habían de permanecer sentados durante largo
tiempo, no sintieran los efectos de la humedad, y fuera defendido de los aires
del Mediodla, puesto que la cavea mira
al Norte, de cuyo rigor defendia á los espectadores la elevada construcci6n
de la aseens T.f3 micircular, que consta de cinco gradas y filas de asien tos, y
encima de otro macizo la cavea suma,
con otras cinco gradas. Dicho
macizo y gradería alta se ven hoy cortados y divididos en siete trozos, por
seis grandes é informes huecos, donde estuvieron las puertas que franquearon
al pueblo las gradas de la cavea
media, y las escaleras que desde
el exterior daban acceso á ellas y continuaban á la cavea suma por
bajo de las b6vedas que en tales puntos las sustentaban y que se hundieron. De
ello se infiere que la gradería alta en Manuel Gutiérrez, y por cuenta del
iMunicipio, des- lo antiguo se ofrecia corrida, sin interrupci6n alguna, y
que las graderías media y alta tenian común accesó por seis puertas,
apreciables todavia por el exterior. En lo alto del edificio, á la terminaci6n
de la graderia superior, ofrece hoy dicho macizo una plataforma, en su origen
corrida, hoy cortada, y realmente interrumpida en parte por las escaleras,
cuando aquél se hallaba en su integridad. Dicha plataforma, despedazado como
hoy se ve el monumento, mide 1'8 m. de anchura, y con lo que falta debi6 de
medir 3 m., ajustado, por tanto, este teatro á las reglas de Vitruvio, al igual
que entre otros, en el teatro romano de Taormina, en el que en esa plataforma se
alza, por coronaci6n de la cavea, una
galería corrida con su columnata y su muro de fondo, teniendo igual altura
total que la escena para que no se perdiese la voz de los actores. Además de
esta regla, el mismo Vitruvio previene, para la acústica, que es esencial que
las gradas destinadas al público es tén dispu estas con tal regularid ad
que, colocado en la arista de la grada superior el cabo de una cuerda, y tendida
ésta hasta la grada inferior en sentido radial, debía tocar en las artistas de
todas las gradas. Y asi se cumpli6 rigurosamente en el teatro de Mérida, y de
aquí la forma abocinada de la cavea, sus condiciones
acústicas excelentes, de tal modo que lo que se habla en cualquier punto de la
escena es perfectamente perceptible desde cualquiera de los asientos, hasta en
los más altos y distantes, á pesar de hallarse tan destrozado el monumento,
lleno de aberturas, por donde escapa la voz, y faltar el muro de fondo de la
escena, donde debia reflejarse el sonido. Las tres gradas que aun conservan el
revestimiento de sillares permiten conocer con exactitud las medidas de todas;
la altura es de 0'32 m.; su anchura, de 0'74, para dar asiento á los
espectadores de una fila y holgura para los pies de los de la fila posterior. Á
cada extremo del hemiciclo, completándolo y prolongando la fábrica en
sentido perpendicular á su diámetro, tiene este teatro, como sus congéneres,
cuerpos de construcci6n, en los que se ven practicadas en cada uno una ancha
galerla con entrada por el frente y salida á la orchestra,
ofreciendo encima de aquélla una plataforma. Estas plataformas 6 tribunas
son en un todo semejantes, por su disposici6n, á los palcos de proscenio de los
actuales teatros y de idéntico destino; se les denominaba tribunalia,
y estaban destinados á las au
toridad es. Las do s indicadas galerí as son los más bellos restos de
construcción que se conservan en este monumento. Las entradas aparecen en los
frentes, ó sea en los extremos de la gran construcci6n semicircular, que se
ofrecen en arco de medio punto, coronad o con un en tab lam ento, en parte des
truído, y en cuyo friso se ven los agujeros para los pernos de las letras de
bronce, que formaban una inscripci6n. Las puertas de salida de las galerías á
la orchestra debían de perfilarse en
arco de medio punto, hoy destruído en ambos, como asimismo la bóveda, que
acaso fué simulada, y sea lo que explique la presencia de una caja abierta en
una dovela del arco en que queda arcos.
Sobre éstos, sirviendo de ático ó coronamiento < estas portadas, hubo
sendos sillares graníticos, monolitos de 4'5 m. de longitud y 0675 de altura,
que allf mismo aparecieron caídos y hoy se ven provisionalmente colocados
sobre dichas pilastras. Cada uno de estos dos sillares tiene tallada en su
frente una cornisa y grabada en el neto una inscripción, igual en ambos y de
sumo interés por cuanto que declara á quién fué debida la construcción del
teatro: al general Marco Agripa, cuando ejercía su tercer consulado; 15 son las
puertas: dos de los paradoi;
dos para bajar á la galeria
semicircular que comunicaba con las seis salidas á la cavea
ima; cinco que bajando seis
escalones permitían llegar á la preCinCiÓn~ de
donde arranca la graderia de dicha cavea,
y alternativamente con esas cinco
puertas las seis que por medio de escaleras, de que quedan restos, permitían el
acceso á los asientos de la cavea
media, y por otro tramo de
escalera, á la cavea
summa. Las seis puertas
últimamente citadas son las mal conservadas, pues á todas faltan los arcos
de cerramiento, que las otras siete conservan; estas siete puertas comunican
con galerias, que perforan el macizo, dispuestas en sentido radial, y cubiertas
con bóvedas ligeramente abocinadas, que en poco tiempo facilitaban el ingreso
de numerosos espectadores y su salida en menos tiempo aún. La
orchestra,
6 sea la dependencia circunscrita
por el semicírculo de la cavea
y la línea recta de la scaena, es,
en su parte esencial, un espacio libre, plano y pavimentado de mármol; forman
este pavimento losas rectangulares azuladas, recuadradas por losetas blancas;
mide de diámetro el semicirculo 17 m., y está limitado por la grada corrida
de mármol blanco, de que se conserva una parte al lado izquierdo, y en la cual
comienzan las localidades. En el teatro antiguo, la orchestra debe
su nombre á que era el lugar en que cantaba y evolucionaba el coro en el teatro
griego, de manera que de las tres partes del mismo, tavea,
orchestra y scaena, la primera
estaba destinada exclusivamente á los espectadores, y las otras dos á la
representaci6n dramática; mas esto, que es cosa indudable en el teatro
griego, ha ofrecido sus dudas tratándose de teatros romanos, en los cuales es
menor que en aquéllos la orchestra.
La duda proviene de la
afirtnaci6n de Vitruvio de que todos los actores,
sin especificar la clase, representaban en la escena, y de que los senadores tenían designados sus asientos en la orchestra, privilegio
que debia de hacerse extensivo á otras personas, pues en los
bronces de Osuna, existentes en el Museo Arqueol6gico Nacional, y que
contienen varios capítulos de la Lex
coloniae Genitivae Juliae, se
dispone en el 127 que nadie tuviera derecho á sentarse en el teatro en los
sitios designados en la orchestra
á los magistrados, senadores,
decuriones y otras autoridades y personas distinguidas. Á pesar de lo indicado
por Vitruvio y lo consignado en los bronces de Osuna, es cosa indudable que en
los teatros romanos había un espacio libre para el coro. eLa resolución del
caso, dice Mclida, no podía darla más que el examen de los mismos teatros
romanos, y en el de Mérida encontré desde luego los datos para ello. La tavea ínfima
termina en un ándito 6 precinción
enlosado de granito, ante el
cual... se advierten las huellas de tres filas de asientos, que terminan en el
escal6n corrido semicircular de mármol que limita el espacio libre pavimentado
de mármoles de la orchestra,
y, por consiguiente, esas tres
filas de asientos, convenientemente separadas de las otras, escalonadas
también, pertenecen asimismo á la orskestra,
y son sin duda las localidades de
r)referencia á oue se refie de
poca altura, 0'15 m., suficiente, sin embargo, para ver sin estorbo la escena,
puesto que se trata de localidades bajas; pero esas gradas no son los
asientos, sino la base de ellos. Debieron de ser
asientos corridos, también de mármol, á modo de exedra, como
los del Odeón
de Pompeya, donde se conservan en
sus sitios algunos tableros de los respaldos y un grifo esculpido también en
mármol, del que arrancaba por el lado derecho la cuarta fila de los asientos de
orchestra.
Un grifo idéntico, también del lado
derecho, con la ranura de que partía el asiento, se halló caído en medio
de la orchcstra en
el teatro de Mérida. No dejan de
advertirse huellas de esta clase de soportes en las gradas. Sobre dichos
asientos de mármol ponian almohadones. Acaso estos asientos corridos s6lo
estuvieran en la tercera fila, y en las otras colocaran asientos
portátiles, de bronce 6 de madera, como la silla curul, propia de los
magistrados, y de las cuales se sabe que, en honor de los fallecidos, las que
habian usado se colocaban en el teatro. La citada Ley de Osuna dice
textualmente: <(Excepto los designados, ninguno se siente en la orchestra
para ver los juegos, ni
lleve asiento...s Lo importante
del asunto es que los asientos de orchestra
eran los de las primeras filas
dispuestas en el hemiciclo, y que no se colocaban á capricho en el espacio
libre y plano reservado al baile y al coro por necesidad 6 por tradici6n. No
cabe duda, pues, de que la orchestra
comprendta dos partes bien
determinadas y separadas. una para los espectadores de preferencia, que en el
teatro de Mérida ocupaba tres filas, dos en los de Sagunto y de Cartago, cuatro
en los de Herculano y de Pompeya, cinco en Dugga y una sola en los de Arles y
Orange, y otra parte libre para el coro, por lo que tiene raz6n Pólux, escritor
griego del siglo II, cuando dice: «La scaena
pertenece á los actores; la orchestra,
al coro.>)
Bien
puede calcularse en 5,500 personas la capacidad del teatro de Mérida, si se
tiene en cuenta que no debia de estar con tanta holgura el pueblo en las
graderías media y alta y, además, los esclavos que podian estar de pie en
la segunda preeinción, junto al balteus. El
escenario 6 pulpitum propiamente dicho es un gran rectángulo de 59'9 por 7'28
m., limitado por el podium corrido
de uno á otro de los dos cuerpos salientes de los paradoi y tribunalia, que mide 41'35 m. de longitud, la cual
determina la de la boca de escena; á los lados por rnuros, en cada uno de los
cuales hay una puerta, y al fondo por la enorme construcción que constituia
el trons scaene. Del mismo ha
desaparecido el pavimento, que es de suponer seria de madera. Se conserva el
basamento de la gran fachada del fondo, con los arranques del muro, con
numerosisimos restos de las columnatas y estatuas que forrr.aban la
suntuosa y rica decoración corpórea y permanente
que fué gala de este teatro. Dicho basamento es de silleria granitica y
mampostería, con restos del revestimiento de mármoles. De mármol rojizo
violado es el del z6calo; de tableros de mármol blanco veteado el de los
netos, y de mármol blanco las molduras. La linea recta de este largo
basamento de 59'9 m. se ve interrumpida por tres puertas, por donde los
actores salian á la escena. Explorado
el suelo de la escena, se hallaron unas construcciones, á manera de fosos,
que hasta cierto punto han dado á
conocer el secreto de las tramoyas, qu e tampo co fu eron d e s con o cid as
en los esce n arios de la antiguedad clásica. A1 lado de la puerta principal 6 Valva regia apareci6 una de esas construcciones, de piedra
granitica y de forma alargada, que serviria sin duda para la aparición de los
personajes mitol6gicos que debieran surgir de tierra para aparecer en escena.
Junto á ésta, un poco más á la izquierda, hay otra mayor de ladrillo,
consistente en una fosa de 3'2 m. de longitud, 3 de anchura y 3 de
profundidad, que sirvi6 para dep6sito de agua, con el fin de que pudiera
aparecer en escena alguna barca con su navegante. Á la derecha otro
depósito 6 estanque de igual forma pero de mayor capacidad. También se hallaron 12 cavidades á modo de
cajas de mamposteria, junto al murus
pulpiti, construídas en línea, con suma regularidad, de 3 en 3 m.,
divididas en compartimientos cuadrados. El fin de estas cajas cuadradas era el
de ocultar los mástiles 6 pies derechos de madera que por un sistema de
poleas, cuerdas y contrapesos, ocultos á los lados de la escena, subían
cuando era necesario, y de los cuales pendla la serie de cortinas (auleae)
que constituian el tel6n, el cual, en los teatros antiguos, subía en
vez de bajar, para ocultar la escena. Dichas cortinas eran lienzos pintados 6
tapices con figuras de tamaño natural, que representaban escenas mitol6gicas
6 hist6ricas. La forma de tales telones era cuadrada, de 3 m. por lado, pues
esta es la distancia entre las cajas de los rnástiles y la altura que
éstos podian tener, dada la profundidad de las primeras. A1 bajar los
mástiles, y, por tanto, las cortinas, ocultábanse éstas en una fosa abierta
en sentido longitudinal, como una gran ralnura, á lo largo
de la escena, junto al muro del proscenio. En esa fosa se ocultaban ,
además, las cuerdas v acce sorios de la maquinaria para sutir y bajar
mástiles y recho,
junto al suelo, al lado de la puerta, más tres huecos 6 cajas abiertas á
cierta altura en la parte exterior contigua del muro de la galeria, y una
ranura cuadrada que hay en el umbral de la puerta frontera del lado
izquierdo. Esta ranura y el taladro están al nivel del piso de la escena, y
debieron de ser utilizados: uno, para subir ó bajar los mástiles, y otro,
para descorrer 6 correr las cortinas, funci6n distinta, que explica acaso la
diferencia de esas perforaciones y huecos abiertos en la fábrica. El
postcaenium ó dependencias del
teatro de Mérida era muy completo. Junto al muro de la escena, á espaldas
de la misma, hay seis habitaciones rectangulares, con restos de
revestimientos de mármol en unos bancos corridos, adosados á las paredes,
que son de mamposteria con revestimiento de estuco, y correspondiendo con
las puertas de los lados (hospitalia) sendas
salas con columnas de granito en la entrada. En comunicaci6n con las puertas
laterales hay dos salas á cada lado, cuyos muros son de sillería de granito.
Aun se prolonga la construcci6n por el lado izquierdo con un gran recinto
cerrado en parte por muros de ladrillo, y en el cual, con columnas
aprovechadas, se formaron tres naves en época posterior al paganismo, y
todavía hay otros dos recintos á continuaci6n, uno de ellos con restos de
una escalinata de piedra, para bajar á la hondonada en que están todas
estas construcciones. Otra escalera en idéntica disposici6n y otros recintos
se ven al lado derecho, y uniendo estas dos alas posteriores del e d ifi ci o
co rria parale lamen te al gr an cu e rpo de construcción de la escena un
p6rtico, de cuyas dos filas de columnas y pilastras quedan restos. Estos
p6rticos, salas y habitaciones, en conjunto llamado choragium,
ten ian fines distin t os . En las hab it aciones pequeñas se reconoce el
vestuario de los actores. Las salas y el gran p6rtico, que, dada la amplitud
de los intercolumpios éstos debieron de estar cerrados por arcos, tuvieron
doble fin: local de ensayo para los coros, de donde le viene el nombre, y de
refugio del público si la lluvia obligaba á suspender el espectáculo. Como
complemento de esta magnifica construcci6n, que acredita de experto al
arquitecto constructor se atendi6 con gran cuidado al saneamiento del
edificio, construyendo una cloaca para verter las aguas al Guadiana. Dicha
cloaca, construlda, como todas las de Mérida, con sillares de granito sobre un
piso de cemento y cerrada con b6veda de ladrillo, . Result
ado de l as excavaciones ha sido también el hallazgo de restos numerosos de la
decoraci6n que adornaba el de Mérida, formando el fondo de la escena á modo de
una grande y monumental fachada con columnas y estatuas. Las inscripdones
señalan la historia de la construcci6n del teatro. Las estatuas son
magníficas, y algunos restos corresponden á las de Adriano, Trajano,
Proserpina, Júpiter, Ceres, Venus, Augusto, y otras deidades, musas, etc. E1 teatro de Mérida ofrece en sus ruinas un cuadro muy cabal de las partes constitutivas de esta clase de rnonumentos, que no ofrecen ni los tres de Roma, de Marcelo, de Pompeyo v de Cornelio Balbo; ni los dos de Pompeya, ni el de Hérculano, ni los de Tivoli, Tusculo (fig. ~o), Fiésole, Ostia, Taormina y Siracusa; ni los de Aspendus, Orange, Arles y Dugga en el extranjero; ni los demás de España: Tarragona, Cabeza del Griego y Toledo; ni siquiera el de Sagunto, considerado hasta ahora como el mejor, pues ninguno de ellos aporta tantos datos ni conserva estatuas, epígrafes ni columnatas como el emeritense, que hacen de él uno de los más importantes, entre los hoy conocidos, para estudiar las partes constitutivas de tal género de monumentos, y el único en que es posible apreciar la parte artísticodecorativa, siendo, por tanto, la muestra más predada que se posee de la magnificencia, buen gusto, exqUisitez y grandeza monumental que distingui6 al pueblo romano. (V. la planta y la vista de las ruinas en las pávinas 894 y 896 del tomo XXXIV.) |