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Nunca podremos saber si realmente fué Keops el que
construyó la Gran pirámide o si sólo la restauró, o si los celtas hicieron Stonehenge o
ya lo encontraron hecho, o cuándo, cómo, por qué, para qué o quienes hicieron el Gran Zimbabwe o las
ciudades de Petra y Machu Pichu.
Usualmente
puede llegar a saberse algo de las civilizaciones perdidas si ellos
dejaron algún rastro o indicio que haya perdurado y podamos encontrarlo.
Pero si no lo dejaron, o si fueron moradores posteriores los que dejaron las marcas o
elementos que los arqueólogos encontraron, entonces el monumento les será
atribuido a quienes dejaron esos elementos y no a sus verdaderos
constructores.
Las
maravillosas construcciones de las antiguas civilizaciones perdidas han
llegado hasta nosotros porque fueron realizadas en piedra, que es lo único
que perdura a través de los siglos y los milenios, pero las piedras no nos indican la
fecha de su construcción.
Los
análisis que se realizan a las piedras sólo nos indican en qué era geológica
fueron formadas, pero nada dicen sobre quienes las tallaron y construyeron
con ellas esos grandiosos monumentos.
Sólo
podemos saber de sus constructores si ellos dejaron inscripciones, o
vasijas o restos orgánicos a los cuales poder hacerles la prueba del Carbono
14.
Viendo
sólo las construcciones en piedra jamás podremos tener certeza de
cuándo fueron hechas.
Atribuírselas a una persona o grupo social
determinado es tan solo una interpretación, que no excluye otras basadas
en otros indicios.
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