A D.Antonio Casares por su poema:
ALQUIMIAS DE MARÍA ELENA TOLOSA
María Elena Tolosa nos devuelve al comienzo,
al momento en que nada había sido pintado,
como si el mundo comenzara en cada lienzo
y todo lo que pinta pareciera soñado.
Las cosas aparecen en su estado más puro:
el pan sobre la mesa humilde y cotidiana,
la flor en la ventana, la hiedra sobre el muro,
el muro sobre el prado azul de la mañana,
el sol en lo más alto de un cielo de zafiro,
la piedra en el camino por el que nadie pasa,
el sendero que evoca el último suspiro
del amor, este río, esa calle, aquella casa,
la iglesia solitaria allá en el altozano,
el monte que se yergue, el valle que se ahonda,
ese instante perfecto que ha captado su mano,
el pájaro fugaz que canta entre la fronda.
¿Quién pinta como ella aquello que desea:
el mar como un enigma resuelto en oleaje,
la lírica quietud de la olvidada aldea,
la hermosura inefable del místico paisaje
de Asturias, esos pueblos que ya nadie visita,
las playas abrazadas por la luz o la bruma,
el mar como un heraldo de música infinita
que lenta se deshoja en pétalos de espuma?
¿Quién pinta el mar furioso rompiendo en los cantiles
sus copas de cristal? ¿y quién da a los colores
-azules, blancos, rojos, grises, verdes, añiles-
esos toques sutiles de los grandes pintores?
¿Quién no ve a Zurbarán al ver sus bodegones?
¿Quién no ve en ella huellas del alma velazqueña?
¿Quién no siente del arte las hondas emociones
al mirar lo que mira sin saber si lo sueña?
Sólo ella -pinte o sueñe- conoce los secretos
ocultos a los ojos ciegos de los profanos,
sólo ella capta aquello que ocultan los objetos
y sabe desvelar los últimos arcanos.
Los arcanos que sólo conoce el alquimista
que busca en lo que ve una oculta armonía,
el acorde profundo que el alma del artista
escucha en la materia y convierte en poesía.
Estos versos quisieran celebrar el poema
que hay en la pintura sutil de esta pintora
que ha sabido expresar la hermosura suprema
del pájaro que canta o la fuente que llora.
Celebrar el que existan personas como ella,
capaces de sentir y de decir lo sentido
y dejar de su arte esa indeleble huella
que no podrá borrar la muerte o el olvido.
Celebrar la belleza que descubre y comparte
con nosotros como se comparte una rosa.
Celebrar el milagro de que exista ese arte
que siempre nos regala María Elena Tolosa.
(Santander, 5 de junio de 2007)
ANTONIO CASARES