Odiseo: Rumbo al Pasado, 2,
Agosto 2001
Depósito Legal: MA-691-2002
ISSN: 1579-5705
LA
IMAGEN DEL HOMBRE PREHISTÓRICO
Miguel Juan Crespo Santiago
[Arqueólogo Proyecto Investigación Río Grande (Málaga). Univ. Málaga]
Resumen: El aspecto físico de los seres humanos prehistóricos ha generado una
enorme literatura de todo tipo, ficción, humor, etc. En este artículo no solo
analizaremos las distintas imágenes generadas a través de los siglos, sino
también su forma de difusión en el cine, cómic, humor y enseñanza.
Tuve
la ocasión de hablar. Así fue mi proceso,
y
el de los caníbales que se comen unos a otros,
los
antropófagos, y hombres cuyas cabezas
crecen
bajo sus hombros. Si Desdémona oyera estas cosas
se
inclinaría con seriedad.
Otelo.
EVOLUCIÓN DE LA IMAGEN
Quizá
una de las cosas más difíciles para la arqueología, y más concretamente para la
Prehistoria, sea conocer el aspecto que tenían los seres humanos que nos
preceden en el tiempo. Hoy en día la Antropología física está trabando en este
campo con buenos resultados. ¿Pero cómo se imaginaban en los siglos pasados a
los hombres y mujeres prehistóricos? Este es el objetivo de nuestro artículo,
dar una rápida visión en el tiempo y observar una variedad de formas
imaginativas en el aspecto de los hombres y mujeres prehistóricos, o quizás no
sea tanta variedad.
Para poder entender el porque de estas formas de ver
a los seres prehistóricos queremos aclarar primero una cosa. Todo ese
pensamiento viene generado por dos líneas opuestas, el pensamiento de Platón,
donde el mundo va degenerando, siendo lo más antiguo lo más perfecto; y el
pensamiento de Hegel, donde el mundo va en progresión, desde la barbarie
primitiva a la civilización presente. En este marco de evolucionismo y progreso
se enmarca toda la literatura sobre el aspecto físico de los hombres
prehistóricos. En el mundo clásico y medieval hay una visión no platónica
peculiar que dará origen al evolucionismo moderno.
Del mundo clásico y medieval nos quedan pocas
referencias sobre el tema, pero todas se basan en las ilustraciones de Plinio
que nos muestra razas monstruosas que vivían en los confines del mundo, sería
la contraposición entre el mundo civilizado y no civilizado, establecida por el
mundo clásico que heredaría el mundo medieval. Serían los blemmyae,
habitarían en el desierto de Libia, su cabeza no estaba situada en lo alto de su
cuerpo sino sobre su pecho. Esta primera imagen del hombre prehistórico va a
perdurar durante siglos, en 1356 en el libro los Viajes de sir John
Mandeville nos dice que en la isla de Andamán había muchos de ellos: “un
horrible pueblo sin cabeza y con ojos en cada hombro; su boca es redonda, como
una herradura en medio del pecho”. En 1425 Tomas Cantimpré en su obra De
Naturis Rerum muestra a un blemmyae de aspecto netamente Neandertal
y emparentado con dos individuos míticos, un esciópedo y un cíclope. Hasta la
Ilustración esta era la visión de unos incivilizados, desnudos con garrotes y
de vida en pareja salvaje, que siempre lograban impresionar al público como en
el verso de Otelo con el que hemos comenzado el artículo.
Tras estas referencias llegamos hasta el siglo XVIII
donde los filósofos ya observaban que muchos pueblos del mundo eran ejemplos
vivientes de la Prehistoria. En 1762 Adam Smith estableció un sistema
escalonado, que un siglo más tarde se usaría para dividir la tecnología, según
una secuencia evolutiva y progresiva: “La humanidad atraviesa por cuatro
estadios distintos: primero, la edad de los cazadores, segundo la edad de los
pastores, tercero la edad de la agricultura y cuarto la edad del comercio”. Es
aquí cuando comienza la literatura del progreso, si antes era solo la
contraposición entre lo civilizado y lo no-civilizado, ahora se muestra el
progreso y la evolución que tendría su época álgida en la era victoriana. Esta
visión ha llegado hasta nosotros, a comienzos del siglo XX ya se mostraban a
los Neandertales como cuasi-blemmyae y, en 1925 Hendrirk van Loon
explica: “nosotros, hombres y mujeres, no somos nada “modernos”. Al contrario,
todavía pertenecemos a las últimas generaciones de cavernícolas. Los cimientos
de una nueva era se pusieron tan sólo ayer. La primera oportunidad que tuvo la
raza humana para convertirse en auténticamente civilizada fue cuando tuvo el
valor de cuestionárselo todo y cuando hizo del “conocimiento y la compresión”
las bases sobre las que construir una sociedad más razonable y sensible de
seres humanos. La Gran Guerra fue el “dolor del parto” de este nuevo mundo”.
A comienzos del siglo XX se nos muestra a los
humanos prehistóricos como seres simiescos, devoradores de carne, salvajes,
brutos, etc. Como se puede resumir en estas líneas: “Una fuerza superior, una
nueva influencia sutil/ está aquí para impregnar la vida, en su totalidad. /
Puede imperar fuerza más nerviosa que la vida salvaje/ desempeñando ahora su
parte en esta tierra occidental. / Pues por aquí ha pasado el último parto de
la Naturaleza, / la corona y la gloria de su trabajo en la tierra. / Hombres
prístinos entran ahora en escena. / Seres pequeños, peludos y robustos de
aspecto salvaje, / de cráneo simiesco: pero llenos de un orgullo / y de un poder
mental negados a las bestias inferiores.”
Hasta ahora solo hemos hablado de una especie
homínidos, evidentemente en el mundo clásico y medieval solo se conocía una
especie humana, una especie creada por Dios. Hasta la mitad del siglo XIX la
búsqueda de los orígenes del hombre empezaba y terminaba en el jardín del Edén,
llegándose a precisar en la fecha de creación del mundo en el 4004 a.C. a
través de referencias bíblicas, otro monje llegó a precisar más esta fecha
dando el día y la hora exacta de la creación. Todo esto se vino abajo con la
llegada de Charles Darwin y sus teorías de la evolución de la especie. Ante la
diversidad de géneros distintos que se avecinan la literatura de la imagen del
hombre prehistórico se ha centrado en los Neandertales.
Desde muy pronto, en 1909, comienza a aparecer en la
revista científica francesa L’Ilustration la imagen de los Neandertales como criaturas peludas y simiescas,
despojadas de su condición humana. En 1911 se publicó en Illustrated London New
a un Neandertal más noble, un pensativo hombre sentado junto al fuego tras una
cena copiosa, un ancestro del cual no debemos avergonzarnos, pero en esta
imagen se puede observar detalles arqueológicos incorrectos (Stringer, 1996).
Lo que nos lleva a pensar que su finalidad no era mostrar una imagen lo más
fiel posible, sino de mostrar un ancestro lo más parecido a nosotros; para
muchos era un deshonor descender de los simios. En esta dinámica se mueve mucha
de esta literatura, unos nos muestran a hombres-monos brutos, siguiendo ideas
clásicas, otros a ancestros idealizados para sentirse orgullosos de sus
antecesores; siguiendo filosofía platónica y hegeliana. Muchas explicaciones
partirán de este punto, no solo de la imagen de los Neandertales. La oposición
de las teorías si el Homo Hábilis era o no carroñero tienen el mismo trasfondo
ideológico, para unos es desagradable pensar que nuestros antecesores fueran
carroñeros, sintiéndose más orgullosos de proceder de cazadores, una forma de
vida más noble, para ellos es mejor compararse con un león que con una hiena
(Blumenschine, 2000).
Las tradiciones son difíciles de eliminar y con
mucho que se quiera corregir detalles erróneos como en muchas ilustraciones,
estas se sirven de ciertas convenciones tradicionales, como el caso de Henry
Frainfield Osbom que en 1915 hizo una ilustración de un Neandertal con cierta
verosimilitud científica pero conservó tradiciones artísticas, hizo un hombre
con garrote, casi desnudos, cargados de espalda y con piernas arqueadas.
En las últimas décadas se está buscando mostrar una
imagen lo más fiel posible a través de la reconstrucción con sofisticadas
técnicas. Esta es una tarea difícil para la Arqueología en general y la
Prehistoria en particular. Mientras que en épocas históricas las esculturas,
pinturas, mosaicos, etc. han ayudado a dar una imagen más real, en la
Prehistoria la falta de esos datos lo complica. Aunque se han conservado
algunos cuerpos enteros como el hombre de Tollund de la edad del Hierro de
Dinamarca y los cuerpos con sus tatuajes de los pueblos nómadas de las estepas
de Pazyryk (Siberia) fechados en el 400 a.C. (Renfrew, 1993).
Estas formas distintas de ver el aspecto de los
prehistóricos no responden a la moda de la época, sino que tiene una
explicación más compleja en el universo de cada sociedad. En el mundo clásico
se quería resaltar la civilización contra la barbarie y una manera de hacerla
es mostrando a los incivilizados como los blemmyaes, su intención no era
mostrar al hombre prehistórico, sino resaltar la perfección de su civilización.
En el mundo medieval se continua con esa herencia, quizás dándole un sentido
más religiosos, “los blemmyaes al no ser cristianos no son como
nosotros”, podría pensar un ciudadano medieval. En la Ilustración la cosa
cambia, el contacto con otras culturas en el mundo hace también romper con los blemmyaes.
La Ilustración dota de fuertes componentes progresistas y evolucionistas a la
imagen del hombre; desde 1750 hasta 1900 se intenta demostrar que todo el
pasado podía ser interpretado como un lento, gradual ascenso, necesario e
ininterrumpido del hombre (Hernández Sandoica, 1997). Pero todo esto es
literatura, hasta que la Arqueología no se convierta en ciencia en el siglo XIX
no habrá una intencionalidad de mostrar a los hombres y mujeres que vivían en
la Prehistoria. En el siglo XIX con las tendencias progresistas se toma como
modelos a unos hombres simiescos y las tendencias antiprogresistas buscan
modelos más hegeliano. Otras tendencias buscan un equilibrio cuidando de no
tener errores científicos pero conservan herencias de imágenes pasadas. En este
siglo, donde el nacionalismo tiene gran fuerza, cuando se refleja la imagen de
unos ancestros muy eurocéntricos, es decir, unas características físicas más
europeas que africanas; esto se ve claramente en el cine o el cómic, con
hombres de color blanco, eurocéntricos, etc. Las grandes tensiones de comienzos
del siglo XX han dejado su pesimismo en la forma de imaginarse a los
prehistóricos. Y hoy en día, con la crisis de las escuelas historiográficas, se
busca una imagen más científica, a través de reconstrucciones de cráneos con
criterios más serios y un poco menos imaginativos, dejando de reflejar
situaciones político-sociales de la época como anteriormente se hicieron.
FORMAS DE DIFUSIÓN (CINE,
CÓMIC, HUMOR)
Entre 1980-90 la Arqueología ha alcanzado una
madurez reflexiva sobre dos cuestiones claves para el futuro: su dimensión
social y necesidad de su proyección social. Las películas son equivalentes
posmodernos de las narraciones orales. El humor recoge críticamente
percepciones ampliamente conocidas y socialmente aceptadas, identificadas
rápidamente a temas o cuestiones erróneas. Los comics constituyen otra manera
de contar el pasado. (Ruiz y Fernández, 1997). Por esto el cine, el cómic y el
humor se convierten en las formas de difusión más amplia, llegando a más gente
y enseñando más que los clásicos manuales escolares.
El cine no necesita una formación previa, utiliza
unos códigos de lenguaje simple que todos comprenden. La adaptación de guiones
libres ha dejado riendas sueltas a la imaginación en un escenario pasado,
incluso imaginado. Lo más común que refleja la gran pantalla es la relación del
hombre con los dinosaurios, aparecen conviviendo. Esto no es más que la
necesidad de mostrar una trama con acción y monstruos. Evidentemente los
dinosaurios no son contemporáneos a los primeros hombres. En las películas sólo
se nos muestra el Paleolítico, ignorando el Neolítico, es una Prehistoria
estable donde había miles de años de vida inalterables, siempre piensan en
cazar. El cine ha mostrado más el reflejo de la sociedad actual (puesta en otro
escenario, como “Los Picapiedras” reflejo de la clase media norteamericana) que
de la sociedad prehistórica (Hernández Descalzo, 1997) Esta tendencia de tomar
el pasado de otro país y de otra época para criticar la sociedad actual es una
herencia de la historiografía norteamericana del siglo XIX. Se observa un
antropocéntrismo y eurocéntrismos, donde solo hay hombres blancos y un claro
machismo de manifiesto. En la película “El clan del oso cavernario” (1986) se
busca una representación de la vida feminista.
Se nos muestra la Prehistoria como un mundo perdido, conservado
inalterablemente y oculto. Pero siempre no es así, mostrándonos escenas
cómicas, de magia, sacrificios y terror, como “The Ape man” (1944), “The Three
Ages” (1923), “Mujeres prehistóricas” (1968), “Caveman” (1981) y “Los
Picapiedras” (1960).
En general la trama de todas las películas suelen ser simplificadas
en: una historia de amor feliz, dualismo hombre/villanos, hazañas y batallas,
penurias y personajes rudos, desarreglados, peludos, machistas, cavernícolas,
violentos, ridiculizables e interesados luchar con dinosaurios. (Hernández
Descalzo, 1997)
Para los dibujantes de viñetas la Prehistoria seguía
siendo un mundo con dinosaurios y hombres con cachiporras. Igual que en el cine
se refleja la sociedad actual, como en Los Picapiedras dónde se refleja la
clase media norteamericana con los mismos problemas. El cine y el cómics han
ocultado el construir un terreno ideal para la expresión ideológica para la
divulgación. En el cómic aunque se sigue relacionado la Prehistoria con el
Paleolítico e introduciendo dinosaurios del Jurásico en el Cuaternario, también
se empieza a explotar la edad de los metales. Ruiz Zapatero ha dividido el
cómic en cinco categorías (Ruiz, 1997):
Cómic-documental prehistórico. Como “El origen del hombre americano”
(Planeta Agistini, 92) y “Julio Cesar” (Edt. Bruguera, 75).
Cómic de ficción de inspiración prehiostórica: presenta una
Prehistoria de ficción más directamente inspirada en los datos arqueológicos.
Como “On a manché sur la terre” (Horiot, 90) y “Le Soleis des Morts” (Horiot,
92)
Cómic de Prehistoria-ficción sin más: sin referencia a datos
prehistóricos o con una utilización absolutamente libre. Los elementos de un
pasado prehistórico o simplemente remoto que constituyen el escenario de
aventuras que son el elemento esencial. Como “Conan el bárbaro” (Gª Herravz,
96) y “la reina de las brujas” (Norma Edt., 97).
Prehistoria-fantasía en caricatura: el distanciamiento que ofrece se
aprovecha para presentar un pasado absolutamente fantástico-científico. Las
contradicciones divertidas de esta situación constituyen la razón de ser de
esto. Como “Asterix y Obelix” (Grijalbo y Dragard, 79) y “Hugh el troglodita de
Gosset” (Edt. Brugera).
Cómic de caricatura documental prehistórico: con intención de
divulgación pedagógica que emplea información prehistórica cualificada. Como
“Erase una vez el hombre” (Planeta Agostini, 91) y “The cartón History of the
universe” (Gonick, 89).
El humor debería pasar a formar parte de la esencia
de nuestros trabajos, deliberaciones y escritos, aligerándolos y
humanizándoles. Un baño de humor sobre todos tal vez nos haga más inteligentes,
desprendidos y felices. En lugar de ser representaciones burlescas. (Fernández,
1997).
LA PREHISTORIA EN LA
ENSEÑANZA
La enseñanza
ha sido el reflejo de la historiografía anteriormente descrita. Pasando primero
por un idealismo, romanticismo y fantasía en los manuales escolares entre
1880-1920 en España, donde la Prehistoria se centra solo en un personaje
mítico, Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noe, pasando directamente a los celtas
e íberos, también con una visión romántica. Entre 1920-1936 se da en España la
tendencia de progreso, de la evolución y la raza, donde poco a poco se van
introduciendo una Prehistoria más dividida pero con una visión del pasado
remoto uniforme y atemporal. Donde los primitivos eran muy ignorantes e
inhábiles. Esto es el reflejo de la imagen que se tenía del hombre,
anteriormente descrita. Entre 1936-1975 en época franquista en España se tiene
una visión del hombre primitivo muy manipulada y falseada, pero sus mitos y
tópicos han llegado hasta nosotros: “desnudos o mal cubiertos con pieles de
animales, sólo y en constante lucha con las fieras, arrastró una existencia
trabajadora”. Esta imagen falseada, que también se puede ver en el cine, ha
sido imposible de borrar en la etapa posterior a 1975, aunque en el marco de la
democracia se busquen nuevas cuestiones, problemas y se intente explicar una
Prehistoria más acorde con el registro arqueológico. Pero los manuales de
primaria desde 1975 tan solo han modificado cambios en el aspecto formal y no
en sus contenidos de áreas, que siguen siendo los mismo desde 1936. (Ruiz y
Álvarez-Sanchis, 1997).
En los últimos
años se está viviendo una fragmentación local, se busca enseñar en las escuelas
únicamente el pasado de las regiones autonómicas, ignorando al resto y por
tanto perdiendo
una visión
general (Muñoz, 1997). Que en el caso de la Prehistoria en particular solo hace
desconocer aún más a las sociedades prehistóricas que tenían otra dinámica
territorial diferente a la nuestra. Se lamenta la fragmentaria, desarticulada
vertebración conceptual, considerando que “los conceptos son los mínimos
instrumentos organizativos y referenciales con que dotar al alumno frente a la
multitud de datos del pasado”; olvidando a su vez que otro organizador
imprescindible es el tiempo (Hernández Sandoica, 1997).
Siento verdaderamente que la
conclusión fundamental a la que ha llegado este libro, esto es, que el hombre
desciende de una forma inferiormente organizada, resulte a muchos altamente
desagradable.
Charles Darwin
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