Odiseo: Rumbo al Pasado, 22, Abril 2002
Depósito Legal: MA-691-2002
ISSN: 1579-5705
LOS
DIOSES EGIPCIOS
José Valentín Serrano García
RESUMEN: El mundo egipcio se caracteriza por su religiosidad. En este artículo se hace un somero repaso por algunos delos principales mitos y deidades egipcias, a la vez que se recuerdan otros cultos, animistas, menos conocidos pero de gran relevancia en la vida cotidiana.
Heródoto
afirmaba que los egipcios eran sin duda los hombres más religiosos de todo el
mundo conocido y no le faltaba razón ya que, al fin y al cabo, las gigantescas
pirámides, los magnos templos con sus columnas y las bellísimas pinturas de sus
tumbas contrastando con la total ausencia actual de edificios civiles (todos
ellos de adobe) muestran el ser y el espíritu del mundo egipcio.
A partir de la
V dinastía (2560 a.C. aprox.) encontramos diversas fuentes con los textos de
las pirámides y, sobre todo, con la siguiente dinastía (2420 a. C.) disponemos
ya de las creencias básicas de los egipcios en el reino antiguo; no obstante
existe un problema a nivel racional de la religión/mitología egipcia, lo cual
hace que no conste de un complejo sistema estructurado como los que son, hasta
cierto punto, las cosmogonías mitológicas griegas. El porqué viene marcado por
el poder de los nomos, siendo tal que en algunos momentos llegó a debilitar al
faraón, garante, en calidad de hijo de los dioses, del ejercicio del culto: las
concepciones mitológicas varían según los lugares, siendo las creencias
egipcias un cúmulo de pequeñas religiones localistas. Dicho esto no cuesta imaginarse
por qué existen más de 800 dioses reconocidos que, si los sumamos a toda una
amalgama de dioses encontrados en los últimos años (y aún por encontrar) nos
hacen entender por qué Egipto es el país de los 1000 dioses.
El carácter
centralista del imperio egipcio bajo la figura del dios-faraón acabó por reunir
a una serie de dioses de mayor tradición y cuyo culto no se centraba sólo en
determinados lugares. Estas recopilaciones reciben el nombre de cosmogonías,
divididas en sistemas, que nos pueden recordar a la grecorromana y que son,
después de ésta, las que más importancia han tenido en la cultura
mediterránea: literatura, arte e
influencias en otras religiones (incluido el cristianismo) alaban un “ente”
religioso propio de una civilización que siempre vivió ajena a su alrededor y
que hizo de la naturaleza, la artífice de la prosperidad egipcia, su diosa
suprema. Cabe no olvidar que, a pesar de la existencia de estas cosmogonías,
los teólogos nunca tuvieron la pretensión de aplicar una a todos los conjuntos
poblados del país ya que sabían que la forma de ser egipcia era conservadora y
que aquellos dioses localistas nunca se olvidarían y, además, el carácter
práctico de esta religión no creaba un dogma recto e inquebrantable, sino un
culto que practicar.
Veremos como en
cada centro de culto se veneraba a un dios o conjunto de dioses que venía en
función del dios local que desde antaño se adoraba en aquel contorno, por ello
encontramos que, dependiendo del centro de culto en el que nos encontremos, las
figuras más importantes serán unas u otras. y por ello dependiendo de que la
representación iconográfica se encuentre dentro del ámbito de influencia de un
centro u otro, veremos con más asiduidad al dios Ptah, Toth u Horus, aunque
siempre encontremos a una serie de dioses repetidos en casi cualquier
bajo/huecorrelieve o pintura, como es el caso de los dioses cuyo culto estaba
más difundido: Osiris, Isis, Ra (cuya importancia será destacada a
continuación).
Las
agrupaciones de dioses venerados en cada centro de culto reciben el nombre de
tríada, por ser la unión de tres dioses la que tenía la importancia suprema en
ese lugar.
EL ANIMISMO EGIPCIO
Uno de los aspectos que es actualmente uno de los más inquietantes
de la religión egipcia es la del culto de personajes híbridos compuestos de
cuerpo humano y cabeza de animal, imágenes que, ante nosotros, pueden aparentar
ser monstruosas, deformes y degeneradas dado nuestro punto de vista occidental
basado en dioses antropomorfos, pero, dejando aparte lo meramente estético y
superficial hemos de fijarnos en su significado y función, encontrando en estas
formas la plasmación de una perfecta simbiosis naturaleza-hombre.
Los primeros
recolectores, agricultores y cazadores de estos lugares vivían en un medio muy
hostil: zonas empantanadas con terribles animales dispuestos a morder o atacar
a cualquier persona que se terciara. Por otra parte, la vida a orillas del Nilo podía ser muy favorable
pero bastaban unas simples sequías para acabar con familias enteras. Por ello,
pronto se creó un amplio culto de animales y seres vegetales dado que en ello
les iba la vida y todo esto siempre se hizo con total respeto y amor a la
naturaleza. Así pues, antes de que se les diera una parte antropomorfa, era el
animal en sí el objeto de culto aunque también las plantas tenían un lugar
privilegiado.
Primeras aproximaciones
·
Con ofrendas específicas y oraciones los habitantes del Nilo suplicaban
a los temibles animales que no atacaran a sus familias (caso del cocodrilo en
ciertos lugares).
·
Veneración de aquellos animales necesarios por su caza para asegurar la
procreación y abundancia.
·
Adoración sistemática de todos los animales y plantas en ciertas
épocas (luciérnagas...).
·
Dependiendo de la región, un animal adorado en una, podía ser atacado o
perseguido en otra.
·
Adoración de animales por sus cualidades especiales, así, pues el dios
Toth, dios de la sabiduría, tenía cabeza de ibis, dado que este animal consigue
su alimento gracias a su largo pico siendo también representado como un mono.
·
El culto no se daba a aquellos conjuntos de animales con los que en una
temprana época no hubo relación al no ser autóctonos o, caso de dársele, su
importancia fue ínfima.(El caballo, pese a ser una importante figura militar, no
era autóctono).
El culto a
las plantas e
influencia en representaciones
Culto también a
las plantas, pero no a la manera de los animales, ya que a éstas (sobre todo a
los árboles) se les asociaba a la imagen del reposo así como las ideas de
sombra y frescura (los jugosos frutos) que se esperaban en el reino de
ultratumba; así, de esta manera, cuando el alma regresaba al ponerse el sol a
la tumba, si encontraba alguna planta, se podía quedar allí a descansar.
Una pregunta
que nos puede surgir es si había templos consagrados a plantas o árboles ya
que, como podemos imaginarnos por las frecuentes manifestaciones que de ellos
nos encontramos, ora en columnas, ora en pinturas al temple, poseían una
importancia simbólica básica: baste decir que para ellos la vida era un bosque
en el cual conforme iba pasando la vida, éste se adensaba más y más. De ahí que
las disposiciones de los templos nos puedan recordar esta idea. Bien es verdad
que en los interiores de los mismos se han encontrado restos de palmeras y de
sicómoros. Lo que si que se cree es que en una época más remota ciertas plantas
pudieron ser veneradas como divinidades locales.
- La diosa Hathor, de la que hablaremos más tarde, se la adoraba
en ciertas ocasiones como “Señora de la palma del dátil” o “Aquella que habita
en los estanques donde se escuchan los cantos de los pájaros” asimismo era la
diosa encargada de alimentar al faraón y, de forma ideal, a todo el género
humano, por ello podemos pensar en ella como una divinidad de la vegetación. Por ello existe alguna representación en la
que aparece como una vaca que pasea por bosques de papiros y de plantas
acuáticas. Representada
en ocasiones como un sicómoro
- La diosa Isis, también se
ve afectada de la misma manera que la anterior siendo representación frecuente en la que aparece como un árbol
sagrado que ofrece su propia leche, como una nodriza, al soberano.
-El dios Nefertem, considerado como “la flor de loto en la nariz
de Ra” no poseía ningún rasgo zoomorfo, representándosele con el símbolo de la
flor de loto en la cabeza.
En general las
representaciones arbóreas o de simples plantas cubren paredes, columnas y no
siempre solas sino que pueden estar en relación con divinidades, como es el
caso de los expuestos anteriormente y que, normalmente, marcan atribuciones del
dios. En otros casos, como suele pasar en pequeñas esculturas de la diosa
Tueret, en las cuales se le representa en forma de hipopótamo, las plantas
dibujadas que la adornan no son sino las que se encuentran en los hábitats
donde estos animales se mueven. También merece una mención especial el culto al
dios Min, dios de la fertilidad en la ciudad de Coptos, cuya ofrenda solía ser
la lechuga, a modo de símbolo afrodisíaco.
La flor del
loto es una de las imágenes de más importancia ya que, ésta, al nacer del fango
pero ser bella tuvo un fervoroso simbolismo, siendo la primera planta del
universo en la concepción egipcia.
El culto al animal
y representaciones
El culto del
que estamos hablando del antiguo Egipto no iba destinado a la especie entera,
ya que eso hubiera significado el no poder cazar animales de razas sagradas en
determinadas regiones, sino a un solo
“individuo” cuidadosamente elegido por los sacerdotes por una serie de signos
preestablecidos y canónicos.
El animal era
ritualmente identificado, consagrado y llevado al templo donde vivía en un
ambiente adecuado, siendo objeto de prácticas cultuales. Cuando moría, era
enterrado en funerales solemnes que muchas veces llegaba a conducir el propio
faraón. Incluso había necrópolis destinadas a los animales como las del Serapeo
de Saqqara, dónde los toros Apis, dios del que hablaremos posteriormente, eran
enterrados en colosales sepulcros de piedra. A modo de culto local existían,
tal y como hoy, capillas en las que se veneraba al animal que, por la propia
trayectoria del poblado, adquiría un relieve especial.
A continuación
veremos el animal con el que se representaba a ciertos dioses o, en su defecto,
el animal del cuál heredaban alguna parte zoomorfa :
-Amón: cuyo respectivo
animal y símbolo era el carnero.
-Anubis: se representa como
un perro (chacal) y hereda, pues, la cabeza de este en las pinturas y demás
representaciones.
-Apis: con forma de buey,
dios de la fertilidad.
-Bastet: forma de gato. Fue
el culto al gato uno de los más extendidos de forma que la figura del gato era
venerada y cuidada en templos con asiduidad.
-Hathor: diosa con cuernos de vaca y orejas estilizadas.
-Horus: el halcón era
su imagen asociada ya que es el depredador
que vuela más alto
(idea de la realeza).
-Montu: se le pone una
cabeza de halcón, ya que éste en el delta del Nilo es el dios de la guerra y la
imagen de este animal siempre ha estado asociada a esta idea.
-Sekhmet: dios de las
guerras y de las epidemias, es normal, pues, que se le asociara la cabeza de
león por sus tintes destructivos.
-Selket: escorpión con
figura de mujer (se le atribuyen poderes mágicos que protegía las vísceras).
-Sobek: hombre con cabeza de
cocodrilo (originario del Fayum).
-Toth: ibis de gran pico o
babuino. Dios de la sabiduría, del que ya hemos hecho mención.
Las formas más
extrañas tenían su personificación en:
-Seth: cuadrúpedo con un
cuerpo de antílope, galgo y asno. (Dios negativo)
-Tueret: representada en
muchas ocasiones con mitad mujer, mitad hipopótamo, con patas de león y cola de
cocodrilo (protectora de las parturientas).
Trascendencia de estos cultos
Merece
señalarse que, quizás por el gran carácter conservador egipcio siempre estable
a las orillas del Nilo durante milenios y sin experimentar grandes cambios
culturales o políticos, nunca renegaron de sus creencias generales y, lo que es
más, una vez invadidos por los ejércitos de Alejandro Magno hicieron, como
defensa, de la adoración de los animales algo obsesivo. En general nunca dieron juicios negativos los
escritores griegos y romanos de todos estos cultos tan extraños a los suyos,
aceptándolos dada la tolerancia romana. No obstante es cierto que para las más
altas esferas de la población y para los intelectuales todo ese culto a los
animales se comprendía como algo simbólico y viendo en esos animales el
continente de la divinidad encarnada.
El mito
Nunca nada
preocupó más a los egipcios que el destino de ultratumba y, desde un primer
momento, Osiris alcanzó un papel funerario: Atum, dios-principio creador, había
creado a Gebeb (el dios Tierra) el cual se convirtió en el más alto
representante de la corona que gobernaba a los humanos hasta que abdicó en
Osiris, su hijo, casado con Isis (que era a la vez su hermana). Un gobierno que
buscó el bien de los humanos le dio la fama al joven rey, suscitando las
envidias de su hermano Seth (que siempre aparece simbolizando el mal en su
estado más puro) y, en cierta fiesta, lo metió en un cofre y lo echó al mar
para perderlo de vista para siempre, pero dio la casualidad de que del cofre
brotó un árbol que el rey de Biblos cortó para su palacio. Liberado por Isis,
Seth lo capturó de nuevo y lo cortó en catorce trozos que dispersó por todos los confines de Egipto. Isis lo
buscó por doquier hasta encontrar todos los trozos excepto el falo y, con la
inestimable ayuda de Nephthys, Anubis y otras divinidades aliadas consiguió
recomponer el cuerpo al completo y reanimándole en el más allá convirtiéndose
en el dios de la muerte.
Una aventura intercalada: la
aventura de Seth y Horus
Isis tuvo que
esconderse en las marismas del delta para huir de la ira de Seth, lugar donde
dio a luz a Horus, el dios Halcón, que luchó contra el tirano para vengar a su
padre y la usurpación del trono. En plena lucha a Seth le fue arrancado el
miembro viril y a Horus, el ojo. Una vez curadas las heridas a ambos por Toth,
fueron llamados a un tribunal divino donde ocurrirá de todo: desde un primer
momento los dioses del tribunal mostraron sus preferencias por Horus, pues era
el hijo por vía directa del antiguo rey. Seth, astuto, consiguió poner varios
puntos a su favor pero Isis intercedió ante el tribunal. Eso trajo las iras del
malvado dios, que consiguió que se cambiara el lugar del juicio y echaran a
Isis. Ésta, utilizando su poderosa magia, se convierte en una vieja que
consigue que el guardián le deje pasar y, transformándose en una bella
joven consigue enamorar al mismo Seth y
hacer que este hable en su propia contra. De nuevo se cambió el lugar del
juicio y, dado que Horus ya estaba en boca de todos, decidió proponerle una
competición, convirtiéndose en hipopótamos se sumergirían en el agua y el que
más tiempo durase sería el vencedor de la competición. Isis entró en escena
lanzando dos arpones a Seth, errando en el primero, que dio a Horus, pero los
gemidos del primero hicieron que Isis retirara el arpón, naciendo una ira tal
en Horus que resolvió cortar la cabeza a su madre.
Después de
otras muchas aventuras, en la que Seth intentó simular que hacía las paces con
Horus y después de tener lugar otra competición, Osiris envió una carta al
tribunal en la que avisaba que, si se retardaba más la coronación de Horus
acabaría con la vegetación terrena y enviaría del más allá a emisarios.
Una vez
comprobada la culpabilidad de Seth y devuelto el ojo a su dueño, éste se lo dio
a su padre Osiris y él se quedó con el uraeus, el emblema de la realeza.
Significado directo
Horus es el
representante de la realeza, por lo que el faraón, al iniciar su mandato es
convertido en un Horus, para luego a su muerte volver de una manera beatificada
siendo un verdadero Osiris.
Transcendencia del culto
Osiris, dada la
importancia de su mito, era también adorado como uno de los grandes dioses de
la vegetación: su inmersión en el Nilo, seguido de su gloriosa resurrección,
representaba para un mundo eminentemente agrícola, como el egipcio, la
renovación periódica de la naturaleza y, puntualizando más, era el grano que
muere por su hundimiento en la tierra para renacer unos meses más tarde bajo la
forma de la espiga cargada de una vida nueva.
A partir del Imperio Medio (según otros historiadores, a
finales del Reino
Antiguo, un gran numero de egipcios acomodados se harían momificar bajo el rito
osiriano, costumbre que, a partir del Imperio Nuevo se democratizaría mucho
más. Era normal colocar el libro de los muertos dentro de la tumba para asegurarse la benevolencia de Osiris.
Representación, dioses
cercanos y su tríada
Su representación
se deduce directamente de sus atribuciones como dios; como un dios de la
naturaleza, era muy frecuente que al final de la época de inundación tras haber
trazado en un panel o pieza de tela la silueta de Osiris la cubrían con una delgada capa de limo que
sembraban de trigo. Así la semilla germinaba en toda la superficie de la
figura. Se han conservado numerosas estatuillas en ajuares funerarios donde
aparecen figuras de barro diseñadas a tal efecto.
Como estatua se le representa como una momia, con los atributos
faraónicos en las manos (éstas están pegadas al pecho, pues no olvidemos que el
cuerpo está momificado).
Pero la imagen
que más podemos observar en un sinfín de pinturas es en la que aparece sentado
en un trono, como señor de la muerte; momificado (de blanco, excepto las partes
que no cubre la venda, como puede ser la cara que, como dios de la vegetación,
aparece de color verde) y juzgando al alma de un difunto con el fin de ver si
ha sido justo o no. Suele aparecer junto al dios Anubis, dios con forma de
chacal, encargado de dirigir al difunto hasta el trono; y a la diosa Maat,
diosa de la justicia y la verdad, que aparece con forma antropomorfa, pero
fácilmente identificable dado que
aparece pesando el corazón del difunto. Otra representación es en la que
aparece como miembro de la tríada principal egipcia junto a Horus e Isis. El
uraeus, del que hemos hablado es también un recurso frecuente que aparece
en diversos dioses y faraones.
EL DIOS RA
El mito
Dedicaremos a
continuación unas líneas al importante dios del sol, que siempre tuvo una
importancia básica en los cultos egipcios. Según un relato mitológico, partía
de oriente y realizaba durante el día un viaje y otro durante la noche. Un
viaje de veinticuatro horas a lo largo del Nilo celeste; este viaje lo hacía en
dos barcas: una la usaba para recorrer la superficie celestial y la otra para
recorrer las tinieblas. Su enemigo es la serpiente Apopi (genio de las
Tinieblas) que vence a Ra. Muerto Ra, sobrevenía la noche, pero su forma muerta
atravesaba la región de las tinieblas y al amanecer renacía por oriente: éste
relato pone de relieve la correspondencia de equilibrios que rigen el universo.
Ra es, asimismo, el primer faraón.
Otro relato es
el del ”nombre secreto de Ra”, relato
que cuenta como Ra tenía un nombre secreto cuyo conocimiento significaría un
poder enorme que haría sombra a este
dios. Isis, diosa maga, aprovechándose de una serpiente creada a partir
de la saliva de Ra, la colocó en el trayecto del dios solar, siendo picado en
el pie por ella. Ante el dolor pidió ayuda, acercándose Isis que dijo que para
ayudarle éste le tenía que decir el nombre. No pudiendo aguantar el dolor tuvo
que decirlo y desde entonces la importancia de Isis fue en aumento. Ra representa
el “sol de la mañana” frente a Atum, que representa el “sol de la tarde”. No
obstante, con el tiempo, quedarían unidos.
Representación y su tríada
Se le
representa andando y otras veces entronizado, con cabeza de halcón, pero
fácilmente identificable respecto a Horus, pues él porta el disco solar encima de la cabeza;
una antigua tradición le relacionaba con un escarabajo, por lo que también se
le representaba con esta forma (llamado entonces Kepri). No podemos olvidar que
durante la época ramésida fue uno de
los dioses principales, apareciendo en tríada con Amón (que es, como hemos
dicho en anteriores ocasiones, uno de los dioses que gozan de más culto junto
con Osiris) que puede aparecer sentado, con el cetro y la llave de la vida en
sus manos (ankh), o
de pie, llevando entonces una corona de dos plumas; y Ptah, representado casi
siempre en forma de momia, con un bonete en la cabeza, que lo hace
inconfundible, y un cetro en las manos (convertido en el dios de los
artesanos).
La creación de
obeliscos está en relación directa con este dios, ya que se hicieron desde una
época lejana con motivo de honrarle.
HATHOR, LA AFRODITA
EGIPCIA
Una de las
divinidades del Antiguo Egipto más conocidas y representadas es Hathor, diosa
que aparece por primera vez, dentro de la corte de Ra, es cuando nutre a todo
el universo y a todo lo que él contenía así como a los muertos, a los que les
ofrecía pan y el agua cuando abandonaban el mundo.
Según la
leyenda, en cierto momento durante el gobierno de Ra, ésta toma forma horrible
y sanguinaria y tiene cabeza de león, dado que se une con la feroz Sejmet,
diosa de la destrucción. Su cometido es acabar con toda la humanidad dado que
se levantan contra Ra y éste enviará a su poderoso ojo que tomará la forma
antes expuesta con un fin del que luego se arrepentirá. Pero de ese aspecto
pasó a una forma bellísima después de recibir un baño, elevándose un murmullo
de admiración entre los que la observaban.
Athor es, ante
todo, una divinidad buena y socorredora. Es la patrona de la música y de la
danza, y también del amor, lo que explica que los griegos la tomasen como
Afrodita. Asimismo ayuda a parturientas, teniendo a su servicio a siete diosas
hechas a su imagen que la ayudan. Es fundamental su papel como símbolo de la
monarquía
Representación
Si bien lo que hemos hablado
aquí es necesario unirlo con lo dicho anteriormente de esta diosa, aún falta
ver su representación más típica: como una gran vaca de grandes cuernos que
puede aparecer en distintos lugares: en la barca sagrada del faraón,
protegiéndole; dando de beber de sus ubres al faraón o en forma
antropomórfica con grandes cuernos y
siendo muy frecuente su representación cerca del rey. Mención especial merecen
las columnas hathóricas, cuyo capitel no es sino la cabeza de la diosa,
fácilmente identificable por las orejas estilizadas.
LOS DIOSES MENORES
Hasta ahora
hemos tratado de los principales mitos que existen entre los dioses egipcios,
lo cual nos ha dado pie a tratar el tema de la representación de los principales.
Pero contrastando con ellos existen un sinfín de divinidades de
rango menos elevado pero que, por lo mismo, fueron más accesibles a los
habitantes normales.
El dios Bes
alcanzó una gran popularidad, dado su poder: alejar los influjos peligrosos,
por lo que existen una gran variedad de estatuillas consagradas a él. Se le
representa como un enano, con espantosa mueca y con un tocado de plumas
La diosa Tueret
o Thueris, de la que ya hemos hablado, también simbolizaba una gran protección
mágica.
La diosa
Renenutet, aseguraba cosechas abundantes por lo que se ponía su imagen en el
lindero de los campos. Tenía partes de serpiente.
BIBLIOGRAFÍA
BAINES, J; MÁLEK,J.: Dioses,
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GALLEGO RODRIGUEZ, J.; LARA PEINADO, F.; STORCH DE GRACIA, J.: Grandes
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