Odiseo: Rumbo al Pasado, 22,
Abril 2002
Depósito Legal: MA-691-2002
ISSN:
1579-5705
CONOCER EL MÉTODO ICONOGRÁFICO E ICONOLÓGICO.
Rocío León Mariscal
(Historiadora del Arte)
RESUMEN: En esta ocasión trataremos de dar a conocer uno de
los métodos de análisis de la obra de arte que más auge y difusión está
teniendo en los últimos años. Muchos han intentado definir ambos conceptos
(Iconografía e Iconología) y aún el debate sigue en pie. Aquí expondremos una
visión clara y sencilla.
MÉTODO ICONOGRÁFICO:
A lo largo de la Historia, la imagen ha supuesto un cauce de expresión y comunicación de todos los pueblos. Precisamente por ello constituye un lenguaje autónomo con sus propias normas y códigos de interpretación. Las imágenes pueden presentarse a través de diversas técnicas ( pintura, escultura, grabado...) y en multitud de estilos. Todo depende de la sociedad que la engendre, del sistema de valores del momento y del artista que ejecute la obra. Así pues están dispuestas bajo un orden que es susceptible de ser estudiado y analizado para descifrar las claves de su representación.
Los diferentes métodos que
sirven como instrumentos de análisis han variado a lo largo de la Historia del
Arte. Algunos han tenido más éxito que otros pero todos han evolucionado y se
han enriquecido mutuamente para hacer más completo y profundo el conocimiento
de la obra de arte.
En la misma palabra
Iconografía encontramos la raíz de su significado. Se construye a partir
de dos vocablos griegos: “eikon”
(imagen) y “graphien” (descripción). Así que en un primer momento diríamos que
se trata de la descripción de imágenes. Antes de profundizar más podemos
rastrear la presencia y significado de este concepto en la Historia del Arte.
En el Renacimiento se entendía como un repertorio de retratos de personajes
ilustres. En 1701 aparece con un significado cercano al actual en el
“Dictionnaire” que publicó Furetière. En España se incorporó en 1787 en el
diccionario publicado por Esteban de Terreros y Pando. En el siglo XIX, la
Iconografía fue aplicada a la Historia del Arte por el francés Seroux
d’Agincourt. Hasta mediados del siglo XIX no se popularizó realmente en el
resto de Europa. Ya en el siglo XX ha tenido un gran auge con estudiosos de
renombre como Emile Mâle, Guy de Tervarente o Raimond van Marle.
Aunque el término se presta
a múltiples definiciones seguiremos a González de Zárate que es uno de los
máximos representantes de este tipo de estudio. Para él se trata de: “ La
ciencia que estudia y describe las imágenes conforme a los temas que desean
representar, identificándolas y clasificándola en el espacio y el tiempo,
precisando el origen y evolución de las mismas.” Podríamos simplificarlo en:
descripción, identificación, clasificación, origen y evolución de la imagen en
concreto.
Siguiendo a este
investigador habría que plantearse los distintos aspectos que pueden integrarse
dentro del estudio iconográfico. La imagen es fuente de numerosas
interpretaciones que a su vez establecen variadas relaciones: La primera de
ellas sería con la arquitectura, que para muchos porta una significación
simbólica mediante la combinación de sus formas. Por ejemplo la relación que se
suele plantear entre una planta centralizada y el círculo como forma
sagrada; La iconografía natural se
ocupa de las representaciones en las que las imágenes no tienen sentido
figurado alguno: La iconografía simbólica incluye variedad de atributos y
signos que convierten a cualquier motivo visual en un tema iconográfico. Los
símbolos y alegorías se vuelven imprescindibles en la Historia del Arte puesto
que hace de ésta algo más que un lujo estético convirtiéndola en una
intelectualización de la propia historia del hombre:
[i]“Él símbolo es el elemento
iconográfico que permite la lectura de la obra artística. Tras su descripción se ha de llegar a identificar
los elementos, ponerlos en parangón con otros similares que establezcan una
misma lectura estando sujetos a idéntico contexto semántico”.
Este método de investigación requiere que una vez que se han descrito, identificado y clasificado las imágenes busquemos su origen y evolución. Para ello hay que utilizar una serie de fuentes. Lo primero sería buscar la propia fuente del artista ya que en ocasiones es él mismo el que describe el tema de su obra. Otra veces es el comitente (el que encarga la obra) el que dispone qué y cómo representarlo. En este caso es fundamental la labor de investigación en los archivos, búsqueda de contratos y todo tipo de documentos. Las fuentes literarias en las que el artista ha podido inspirarse son abundantes: por ejemplo, en los temas religiosos acudirían a la Biblia, Evangelios Apócrifos, literatura ascética y mística, etc. Tampoco hay que olvidarse de la literatura clásica ni de la propia de la época. La lectura de estas fuentes debe ser rigurosa, no podemos darles el sentido que creamos sino el que realmente tenía en su época. Para que esto sea así:
“Se hace necesario en la
Historia del Arte y fundamentalmente en
Iconografía, establecer un repertorio visual ordenado, una clasificación
fundamentada en el espacio y el tiempo, en similitudes y variaciones temáticas
que centren los motivos visuales”.[ii]
Este tipo de repertorio
visual era utilizado por el artista como inspiración iconográfica. Fueron
múltiples los grabados y estampas que se difundieron y que sirvieron de modelo
a muchos artistas.
González de Zárate defiende
que este método es válido por sí mismo a pesar de que constituye la primera
fase del método Iconológico: “completa las investigaciones propias del
formalismo , otorgando a las imágenes otros valores precisos en este campo de
estudio”.
Mientras que la Iconografía
es esencialmente descriptiva, la Iconología profundiza hasta alcanzar el
significado último de las imágenes. Se busca el significado histórico,
filosófico, social...
Al igual que el término
Iconografía es conocido desde hace siglos, el de Iconología se remonta hasta el propio Platón que le da el
significado de lenguaje figurado. Más cercano en el tiempo aparece en 1593, en
Roma un libro publicado por Cesare Ripa con el título “Iconología”. Consistía
en un catálogo de imágenes referentes a
virtudes, vicios , dioses, cada uno de ellos acompañado por una figura femenina
que los representa. Muchos artistas lo tomaron como fuente de representación de
estos temas. Sin embargo, su intención era claramente iconográfica. No fue
hasta finales del siglo XVII y principios
del XVIII cuando algunos autores lo toman como representación alegórica y ya en
el siglo XIX se incluye con este significado en los diccionarios. Aby Warburg
consideró que sólo tras un estudio profundo del pasado se podían explicar
muchas de las grandes obras renacentistas. Él y sus discípulos Panofsky,F Saxl,
y E Wind incorporan este método a sus estudios.
En España Angulo Íñiguez en
1952 con su obra “ La mitología en el arte español del Renacimiento” abre un
camino nuevo en este sentido. Julián Gállego, Santiago Sebastián y el propio
González de Zárate siguieron la estela de este tipo de estudios.
MÉTODO ICONOLÓGICO:
Panofsky, uno de los grandes
estudiosos de la Historia del Arte , expone en su libro “Estudios sobre
Iconología “ su propia concepción del método, siendo uno de los escritos al
respecto más estudiados y revisados desde su publicación. Su afán es explicar
el por qué de las imágenes en un contexto determinado. Según él en la obra de
arte la forma no se puede separar de su contenido, teniendo un sentido que va
más allá y que comporta valores simbólicos. No sólo hay que estudiar la obra de
arte como algo estético sino como un hecho histórico. Para conseguir
fructíferos resultados en estas investigaciones el iconólogo debe ser un
humanista con la máxima amplitud de conocimientos y el máximo rigor en sus
indagaciones.
Según Panofsky el estudio de
una obra seguiría tres pasos:
1-
Análisis
preiconográfico: Se analiza la obra dentro del campo estilístico ubicándola en
el periodo artístico que el tratamiento de
sus formas indiquen.
2-
Análisis
iconográfico: Analiza los elementos que acompañan a la obra, sus diferentes
atributos o características, siguiendo los preceptos que este método impone.
3-
Análisis iconológico: Analiza la obra en su
contexto cultural intentando comprender su significado en el tiempo en que se ejecutó.
Está claro que la Iconología
debe apoyarse en la Iconografía para poder identificar y clasificar la imagen
que se estudia, ver su origen y evolución en el tiempo. Sin embargo, esta última
puede constituir por sí sola un propio método.
Lo que se deja de manifiesto
es que en el estudio de la obra de arte se hace imprescindible la aplicación de
distintos métodos y análisis para que podamos comprender en su totalidad lo que
significó en su tiempo.
Uno de los campos donde estos métodos son más utilizados es el del arte religioso. Todas las religiones hacen de la imagen la forma más básica de adoctrinar y aleccionar a todo individuo, independientemente de la clase social de la que provenga. Es por ello que aplicaremos una imagen religiosa como ejemplo de este estudio:
Santa Águeda o también llamada Santa Ágata:
La virgen Águeda nació en el año 230 d.c. y fue miembro de una ilustre familia
de Catania. Adornada de gran belleza y atractivo fue muy devota y santa en el
ejercicio de su fe. Un cónsul de Sicilia llamado Quintiliano, de origen
plebeyo, libidinoso, avaro e idólatra quiso conseguir los favores de la
doncella.
Primero mandó llamarla para
convencerla de sus proposiciones, pero ella muy firmemente le rechazó. Para
intentar doblegar su ánimo Quintiliano la encerró en un burdel durante 30 días
para que las rameras le corrompieran en su fe y en sus sentimientos. Sin
embargo, a pesar de los placeres que le prometían y las amenazas de tortura no
consiguieron hacerla cambiar de conducta.
Viendo el cónsul que sus
deseos no se cumplían, mandó llamar a la doncella a su presencia, pero la joven
no cedió en sus creencias. Quintiliano decidió encerrarla en un calabozo. Él
fue a verla al día siguiente y al no prestarle mucha atención la muchacha,
mandó a los verdugos que le sometieran al tormento del potro. Seguidamente
ordenó que lacerarán a la joven en uno de sus pechos y que luego se los
arrancaran lentamente. Dispuso que nadie acudiera a ayudarle ni a ofrecerle pan
ni cura. Esa misma noche se presentó en el calabozo San Pedro que la sanó
completamente recuperando también el pecho que le arrancaron.
Al ver Quintiliano, días
después, su extraña curación y al negarse ella de nuevo a renunciar a su fe,
mandó que la quemaran en una gran hoguera. En el momento de aplicarle este
tormento se produjo un terremoto y el pueblo se amotinó contra el cónsul
haciéndole culpable del temblor por su crueldad con Águeda. Por este motivo y
asustado mandó a la doncella de nuevo a prisión. Allí pidió la muchacha
descansar en el seno de Dios y expiró.
Este tipo de historias de
doncellas ardorosas en su fe en Dios, que fueron torturadas y humilladas para
corromperlas, han sido muy abundantes en la literatura religiosa. Casi todas llevan
como signo identificador el objeto con el que fueron torturadas. Estaríamos
hablando de lo que se denomina atributo personal de la mártir, en este caso.
La tradición ha adjudicado a
la mártir Águeda los siguientes atributos: La palma en su diestra y la corona
real o de flores como los mártires ilustres. Le corresponde la túnica talar,
ceñida, de las damas romanas, con la cabeza descubierta como las doncellas. Su
atributo más personal es un plato, bandeja de plata, fuente o frutero con los
pechos cortados, que fue su tormento más singular. También se le ha
representado con unas tenazas o unas tijeras en la mano, instrumentos con los
que la torturaron.
Ocasionalmente con un ascua encendida, tormento también soportado
por ella. En el centro de Europa, donde tiene bastante culto, se la ha
representado sobre las llamas, con un tronco de árbol entre las manos, o en
menor medida con un frasco de perfumes. A veces va acompañada de tres criadas
suyas, Digna, Eunomia y Eutropia, también mártires.

Todo esto es lo que nos
dicen los libros, pero ¿qué nos dice la imagen?:
Lo primero sería realizar un
análisis preiconográfico describiendo la imagen, identificándola, haciendo un
estudio del lenguaje formal utilizado en su realización y ubicándola dentro de
su periodo artístico. En este caso estamos ante una obra del barroco español
ejecutada por el maestro Zurbarán.
A continuación a través del
análisis iconográfico estudiaríamos los atributos y elementos propios de la
imagen. Así Zurbarán habría utilizado como atributo una bandeja con los pechos
cortados de la mártir. Este es el motivo principal y el que nos proporciona la
identificación como Santa Águeda. En este caso está bastante claro puesto que
es un atributo no compartido con ninguna otra imagen. En otras ocasiones
resulta más complejo puesto que hay representaciones que se pueden prestar a
confusión por compartir atributos o por no aparecer de manera clara en la obra.
Zurbarán suele representar a
estas santas y mártires con la vestimenta propia de sus modelos, o sea de una
mujer contemporánea al artista, no recreando el tiempo histórico en que se
supone que existieron como ocurre en esta ocasión.
Para finalizar veríamos el
análisis iconológico en el que debemos entender qué función tiene la
representación de este tipo de mártires, su acción ejemplarizante y cómo en el
barroco el arte religioso se acerca al pueblo, humanizando sus formas y su expresión para hacer la identificación
con el pueblo algo más real. Esto lo podemos observar en la caracterización de
estas santas como damas de la sociedad del barroco.
Este sería el esquema básico para interpretar la imagen desde el punto de vista iconológico, que a su vez incluiría el iconográfico. El estudio completo aportaría apreciaciones de todo tipo y por supuesto un análisis realmente profundo. Quizás en otra ocasión traigamos un estudio donde de la teoría se pasase a la práctica.
BIBLIOGRAFÍA:
GONZÁLEZ de ZÁRATE, J.M. Método iconográfico. Vitoria. Ed. Ephialte (Institutos de estudios iconográficos), 1991.
JOCKLE, C. Encyclopedie of Saints. Ed. Alpine
Fine Arts Collection,1995, (UKLTD)
JONES, A. Iconografía de los
santos. Barcelona. Ediciones Omegas, 1950.
PANOFSKY, E. Estudios sobre
iconología. Madrid. Alianza
editorial,1994.
REAU, L. Iconografía del arte
cristiano, (introducción general). Barcelona. Ediciones del Serbal, 2000.
ODISEO, RUMBO AL PASADO