
Aveces resulta paradójico el
desarrollo tecnológico del deporte de alto
rendimiento. En busca de ser el nadador más rápido, las marcas
fabricantes
de mallas fueron inventando elementos cada vez más pequeños
para que el
rozamiento con el agua fuera menor y los tiempos siguieran
bajando.
Después llegó el turno de las depilaciones de cuerpo entero,
las cabezas
rapadas, los aceites para la piel... todo para llegar más rápido.
Sin embargo,
la moda ahora es cubrirse todo el cuerpo con una nueva
indumentaria que
suscita polémicas pero que el negocio del deporte recibió con
una gran
sonrisa.
Todo comenzó con el maremoto de récords mundiales impuestos el
año
pasado por el australiano Ian Thorpe, una de las grandes
estrellas de este
deporte. Vestido con algo bastante parecido a un traje de buzo,
pero
compuesto de una tela ultrafina conocida como "Fast Skin"
(piel veloz) o
Piel de tiburón, el joven prodigio arrasó con cuanta marca se
propuso y
obligó a que su sponsor, Adidas, le ofreciera un contrato por
cuatro millones
de dólares por usar la nueva malla. Algo similar ocurrió con
otro australiano,
Michael Klim, la cara de la adversaria Speedo. Por el contrario,
el ruso
Alexander Popov anunció que mantendrá su slip tradicional. Se
rumorea que
no llegó a un acuerdo económico con Arena para que le
desarrolle una...
De inmediato, diversos sectores salieron a criticar la flamante
indumentaria
con el argumento de que violaba la regla 10.7 de la FINA (Federación
Internacional de Natación Amateur) que "prohíbe la
utilización de cualquier
mecanismo que aumente la velocidad y la resistencia durante la
competición".
La misma FINA se mostró reticente en un principio a aprobarlas,
pero las
presiones comerciales de las empresas pudieron haber influido
para que
finalmente las habilitase.
Orlando Moccagatta, entrenador del equipo argentino de natación,
le explicó a
Clarín que esta malla otorga ventajas en tres aspectos, según
investigaciones ya publicadas: 1) mejora la flotabilidad; 2)
mantiene la
sensibilidad del nadador con el agua porque tiene dos espesores
distintos; 3)
por la compresión, retrasa los procesos de fatiga. En total, los
tiempos se
mejorarían en un dos por ciento. "Soy partidario de una
malla que cubra cierto
porcentaje del cuerpo porque hay que preservar la pureza del
deporte", dijo
Moccagatta.
Pero como en el alto rendimiento las medallas se definen por centésimas
de
segundo, no se pueden dar ventajas. José Meolans, el mejor
nadador
argentino y una de las esperanzas en los Juegos Olímpicos de
Sydney, le
pidió entonces a su patrocinante, Arena, que le trajera una del
exterior ya que
aquí no se fabrican. "En el Mundial de Atenas, seis de los
ocho finalistas
tenían esa malla. No sé si es mejor porque nunca la probé,
pero si me
convence la usaría en Sydney porque sería bueno que estemos
todos en
igualdad de condiciones", señaló el cordobés.
Para el entrenador internacional Osvaldo Arsenio, su utilización
produce
diferencias a favor. "Creo que representa una ventaja
indebida porque es un
elemento que no está al alcance de todos. Es como un traje hecho
a medida
para cada nadador, que puede ser decisivo en carreras con tanta
paridad",
declaró.
Más allá de las ventajas deportivas, la aparición de estas
mallas producirá
una revolución de récords en las piletas y en la faz
publicitaria. Siempre fue
complicado "emparchar" a un nadador porque no había dónde
hacerlo, salvo
en el gorro o las antiparras. Incluso hubo fugaces intentos de
tatuarle la
espalda. Pero ahora existe una gran superficie para "estamparlo".
"El lugar
más usual es el pecho porque es la zona mejor captada por las cámaras
de
televisión subacuáticas cuenta la nadadora María del
Pilar Pereyra. En los
otros lugares es más difícil por el movimiento del cuerpo y del
agua."
La nueva moda obligó a que Australia designe su equipo olímpico
dos días
después de su torneo selectivo. Se teme que lluevan protestas
por el uso de
la Fast Skin. Pero parece difícil que le den lugar. Las
presiones de los
sponsors serán asfixiantes, así que no será raro que casi
todos los finalistas
en Sydney ya se hayan convertido en nadadores del siglo XXI.
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