El concierto de Vivaldi.
El primer movimiento puede iniciarse con una introducción lenta, a voluntad del compositor, que Vivaldi emplea en contadas oportunidades. A continuación, el movimiento se descompone en tiempo de Allegro en una sucesión de ritornellos y solos. Llamando A al ritornello y B al solo, una secuencia típica vivaldiana seria A - B - A - B - A - B - A - B - A; esto es, 5 ritornellos y 4 solos. El material empleado en todos los ritornellos se deriva siempre del primero de los mismos; el empleado en cada solo acostumbra ser diferente. Los ritornellos son interpretados por el ripieno o tutti, en oposición a los solos, confiados a los solistas. En Vivaldi el ritornello nunca es un tema, a la manera clasico-romántica, sino un conjunto de breves motivos, muchas veces simples diseños.
La música de los solos puede adoptar tres alternativas: 1) libre improvisación del solista sin relaciones temáticas con el ritornello; 2) material temático tomado del ritornello (caso poco frecuente); 3) material temático absolutamente nuevo. En Vivaldi el solo cumple dos funciones básicas: demostrar la capacidad técnica e inventiva del solista y modular de una tonalidad a otra. En cuanto al movimiento lento. Vivaldi suele adoptar fórmulas mucho más variadas que las que emplea para los tiempos extremos. Formalmente, los movimientos intermedios del concierto vivaldiano adoptan esquemas propios de arietta, pastorale, chacona, siciliana y ritmos típicos de danza. Las formas más recurridas son la siciliana y chacona.
Son los movimientos lentos de Vivaldi los más bellos y apasionantes de toda su contribución al campo del concierto: el tiempo lento permite a Vivaldi concentrarse exclusivamente en el desarrollo de la melodía.
Por lo que se refiere al último movimiento, su estructura es paralela a la del primer movimiento, siguiendo por lo general la misma secuencia de ritornellos y solos y derivándose, en ocasiones, su material temático del mismo movimiento inicial, lo que obliga a conferir a Vivaldi el título de pionero en lo que al uso de la forma cíclica concierne. Hay una característica nueva, con todo, y es que Vivaldi dedicaba sus últimos movimientos a probar los recursos técnicos de sus solistas, haciéndolos pasar por pruebas de virtuosismo escalofriantes. Y esto no sólo en el terreno del violín, donde él mismo era un consumado maestro, sino también en el campo de los de viento. El concierto Il cardellino exige un instrumentista que respire por branquias, y algo parecido se podría decir del Concierto para fagot en mi menor. En la parcela exclusiva de la cuerda, Vivaldi se permite diabluras técnicas que lo emparientan a un siglo de distancia con Niccolo Paganini; así sus Bariolage (alternancia veloz de dos notas en dos o más cuerdas); Funken (parecido al anterior y consistente en trémolos sobre notas distanciadas); Vögelchen (trinos sobre las notas sobreagudas); Scordatura (cambios anormales en la afinación del instrumento); o Raketen (secuencias de fusas y semifusas).
Roger Alier
de "Enciclopedia Salvat de los Grandes Compositores"
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