Nicolo Paganini, modelo romántico.
La escuela violinística actual puede ser considerada un resultado de Paganini, en la misma medida que el piano moderno debe su mayor impulso y acabada técnica a Liszt. Hasta su aparición y pese a la larga y luminosa serie de grandes virtuosos de todos los países que lo cultivaron, el violín no había sido aprovechado aún en el máximo de sus posibilidades. Fue Paganini el que, advirtiéndolas, las expuso a la consideración de los músicos y ejecutantes ensanchando tan extraordinariamente los recursos y aptitudes del instrumento, que puede afirmarse, sin exageración, que la historia completa del violín se divide en dos grandes épocas: antes y después de Paganini.
Por otra parte, la
contribución de Paganini no se limitó a la mera ejecución, sino que dejó una serie de
obras que unen a cierto interés musical el más alto interés instrumental. Muchas de
esas obras se mantienen sin decaer en los programas de concierto, y el cuerpo de ellas
constituye la Biblia de todo violinista que se precie, así como los Estudios y Preludios
de Chopin, forman el núcleo de toda carrera seria en el piano. De entre todas, se
destacan los Veinticuatro caprichos, que resultan algo así como la suma de los
conocimientos violinísticos de la época en que fueron escritos, y que, además, no
carecen de valor artístico, al punto que muchos de ellos han contribuido con temas para
obras de mayor aliento realizados por distintos compositores, tal como las Variaciones
sobre un tema de Paganini, de Brahms.
La técnica de Paganini se adelantó tanto a su época que muchas de sus conquistas se mantienen incólumes en la escuela moderna. Entre otras, cabe destacar el empleo de los armónicos, pues fue Paganini el primero en utilizarlos con un sentido integral, no como mera ornamentación, dando así libre paso a los recursos de dobles cuerdas y acompañamientos que son de constante uso en la actualidad. Su contribución el uso del pissicato, que en sus manos adquirió un vuelo y expresión sin antecedentes, es otra de sus valiosas e inmortales herencias.
Paganini encarnó en vida el arquetipo del artista romántico, lleno de misterio, de exaltación y fantasía. Su nombre está tan indisolublemente unido al del violín que se ha transformado en sustantivo. Desde el punto de vista de la historia de la cultura, Paganini es una figura de relieves singulares, definitorio de una época y de un ideal artístico.
Jorge D´Urbano
Del número 42, año 4 de la revista Clásica.
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