Mendelssohn dirigiendo la Pasión según San Mateo.
En Alemania la primera fuerza que prevaleció sobre el estrado fue ese músico perfecto que se llamó Felix Mendelssohn. El niño prodigio que tenía el nivel de un Mozart se convirtió en un adulto para quien todas las formas de la música parecían accesibles, con desenvoltura y libertad exquisitas. Su oído y su memoria eran legendarias, y Hallé estaba absolutamente convencido de que Mendelssohn conocía todos los compases de toda la música que se había compuesto jamás, y lo que era más, que podía reproducirla inmediatamente. Es difícil concebir que en la historia haya existido un músico que poseyera las cualidades naturales de este hombre. Nacido en el seno de una familia adinerada y culta, tuvo la fortuna de que sus dones merecieran una educación muy atenta: en su caso no hubo aprovechamiento, como había sucedido con Mozart, Beethoven, Webern. Los padres alentaron el desarrollo del joven genio, incluso hasta el extremo de suministrarle una pequeña orquesta. Algunos niños tienen soldados de juguete y muñecas; Mendelssohn tuvo una orquesta de cámara, La dirigió en su propio hogar de 1821 a 1824 -tenía doce años en 1821- y desde el comienzo misma usó una batuta. Se convirtió en una figura clásica, un músico total, un músico sans peur et sans reproche, con una tendencia al clasicismo y la integridad, una figura decidida a elevar los niveles, a interpretar únicamente la mejor música, a combatir la mediocridad y la hipocresía en la música.
Sus gustos se manifestaron desde temprano y ocuparon un lugar principal con su famosa reposición de La pasión según San Mateo, de Bach, el 11 de marzo de 1829. La partitura había caído en el olvido y Mendelssohn la reintrodujo en Europa, de ese modo imprimió ímpetu al renacimiento de Bach (aunque es un error creer que hasta ese momento Bach era desconocido; en realidad, nunca de le había olvidado, y fue el alimento cotidiano de todos los músicos desde 1750 hasta el gran renacimiento del siglo XX). Con respecto a la resurrección de la partitura gracias a Mendelssohn: si el acontecimiento ilustró que Mendelssohn poseía el instinto musical mas puro y noble, también demostró el hecho de que era un hijo de su tiempo. Como todos los músicos contemporáneos, no vaciló en modernizar la música más antigua; y modernizo completamente La pasión según San Mateo de modo que fuese más grata a su público. Cortó, recompuso, combinó, confirió toques románticos e introdujo efectos especiales, por ejemplo en el recitativo und der Vorhang mi Tempel zerriss, donde un luminoso relámpago sonoro recorre la orquesta. Mendelssohn utilizo un coro de 400 personas y una orquesta muy ampliada.
Parece que se suscitó cierto resentimiento porque un joven de veinte años, a además judío, asumía la dirección de una fuerza tan importante en una obra tan "cristiana". Pero la ejecución fue un triunfo. Se repitió el 21 de marzo y de nuevo en Semana Santa. Eduard Devrient, amigo de Mendelssohn, describió un aspecto de la dirección de Mendelssohn que muchos habrían de destacar durante los años siguientes: "En muchas secciones completas a menudo se marcaban los tiempos, pero Felix… cuando había amplios segmentos que se desarrollaban sin tropiezos, bajaba la batuta y escuchaba con una expresión de éxtasis seráfico, haciendo señas ocasionales con el ojo o la mano". Naturalmente, conocía de memoria la partitura; y en efecto, había dirigido de memoria todos los ensayos. Por esa época se consideraba descortés y una irrespetuosidad frente al compositor, ejecutar o dirigir de memoria; y por eso en le representación pública Mendelssohn volvía gravemente las páginas, de modo que nadie se sintiera sorprendido.
Del libro "Los grandes directores"
de Harold C. Schomberg
Javier Vergara Editor.
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